jueves, 15 de febrero de 2018

Primar lo racional, frente a lo potencialmente emocionante, a la hora de decidir cómo invertir


En el mundo de las inversiones, de los negocios en general, siempre debe prevalecer la racionalidad en nuestras decisiones frente a todo lo demás. A veces, sin embargo, es tentador optar por lo emocionante, aún cuando sea difícilmente defendible, frente a una opción más aburrida, pero mas fundada.

Para un inversor aficionado, las bolsas son la 1ª división, y todo el mundo puede participar, pero hay que valorar si debemos delegar.

Los que gustamos de invertir, y de seguir a los protagonistas de los mercados, tendemos a disfrutarlo, es algo que nos gusta. Y que nos agrade es algo positivo, muy positivo, ya que es un empeño que tiende a requerir de ingentes cantidades de tiempo, y o te resulta en parte un entretenimiento, o difícilmente lo vas a sobrellevar.

- Invertir por nuestra cuenta, o delegar en gestores de fondos de inversión


Prácticamente todos los mejores inversores de la historia, presente y pasada, tienden a coincidir en algo a la hora de aconsejar al inversor particular: o aspiras a hacerlo mejor que el mercado, o mejor delega (bien en un fondo indexado, bien en un fondo de gestión activa que entiendas lo va a hacer bien), porque sino estarás dedicando tiempo y esfuerzo a perder dinero (o a dejar de ganar, en cualquier caso).

A la primera conclusión a la que uno llega, cuando lleva unos años informándose, leyendo libros de inversores de mérito e incluso invirtiendo por nuestra cuenta, es que es una actividad que si quiere hacerse bien nos va a requerir mucho tiempo. La inversión en empresas cotizadas es muy meritocrática, o al menos es la percepción que tengo yo, y al igual que premia al que se ha esforzado y realizado un buen trabajo, castiga al incompetente.

Aunque resulte considerablemente más aburrido invertir a través de fondos de inversión, hay que ser honesto con uno mismo y tratar de ser racionales: hablamos de dinero, de negocios; si no tenemos tiempo, o lo tenemos pero no queremos comprometernos a dedicarlo a estos menesteres, lo mejor es dedicar una menor cantidad de tiempo y delegar (tampoco es que podamos o debamos desentendernos si delegamos nuestras inversiones, hacer un seguimiento es perfectamente lógico).

- La excusa más utilizada para no delegar cuando debemos: "si invierto por muy cuenta, aprendo"


Con el tiempo, uno se va dando cuenta, aunque lo hayamos incluso afirmado en el pasado, que podemos seguir aprendiendo perfectamente aunque actuemos en un segundo plano. Ir leyendo libros sobre el tema, escuchar conferencias, leer las cartas de nuestros gestores, algún informe anual de empresas que nos resulten atractivas... cuando te gusta puede ser eso, un hobbie. Si más adelante constatamos que tenemos más tiempo, o bien los conocimientos que ya tenemos nos permiten invertir con ciertas garantías dedicándole una menor cantidad de tiempo, pues siempre podremos empezar a invertir por nuestra cuenta, bien con todo nuestro patrimonio o bien con lo que vayamos ahorrando (manteniendo, o no, una parte en fondos de inversión u otros vehículos financieros).

- El control de las emociones, otro requisito a tener en cuenta


No todo el mundo vale para invertir en activos sujetos a cotización. Puedes tener el tiempo suficiente para preparar tus inversiones, y dedicar esos esfuerzos, que si luego cuando las aguas se tornan turbulentas te pones nervioso y tomas decisiones precipitadas vas a obtener el mismo resultado: un desastre, financieramente hablando.

No todos los gestores, en cualquier caso, tienen esta capacidad de aguantar, o al menos esa es la sensación que uno percibe al observar el día a día de las bolsas. Si queremos delegar, tendremos que localizar a un gestor que, aparte de utilizar su tiempo debidamente para fundar bien las tesis de sus inversiones futuras, tenga probada capacidad de controlar sus emociones (o, incluso, y ya esto es perfecto, que sea capaz de aprovechar los momentos en los que la masa pierde los nervios, ante las bajas, o se viene arriba, ante las subidas).

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Por Javier García de Tiedra González, Graduado en Derecho por la Universidad de Cádiz.