lunes, 5 de febrero de 2018

Lo acertado de enfocar nuestras inversiones en bolsa como propietarios, y no como rentistas


Pasa el tiempo, y no deja de sorprenderme ver que la mayoría de accionistas de empresas cotizadas que conozco, no se imaginan seguir siéndolo si no cobrasen dividendo (de hecho, muchos ni se acaban de creer que existan empresas cotizadas solventes que no lo hagan). Con lo atractiva que es, desde mi subjetivo punto de vista, una empresa que dedique sus beneficios a crecer, o a reducir deuda si no puede crecer... en definitiva, a valer más (y a valer más sin necesidad de que pagues tú al fisco por ello mientras seas accionista, como sí pasa con los dividendos). Y lo peor que se pueden encontrar, sin duda, son las empresas cotizadas que recompran acciones (recientemente, cuando se lo comenté a un amigo, me respondió: "¿eso es legal?, ¡pero si cobrar un dividendo es el único derecho del accionista!". Esto nos pasa, creo, por varios motivos, vamos a verlo.

Propietarios y rentistas en el mundo de la inversion

- ¿Somos rentistas o propietarios cuando tenemos acciones?


Me temo, y digo me temo porque no creo que nos beneficie, que pensamos que somos rentistas. Queremos nuestro dividendo, y vemos nuestras acciones no como porciones de propiedad de negocios que existen en la realidad, sino como meros derechos inatacables a cobrar una renta (si pensamos así, tenemos otra opción muy legítima: la renta fija).

Cuando eres propietario de un bar, no subes desorbitadamente los precios para cobrar mucho hoy. No lo haces, porque el día de mañana los clientes no acudirán a nuestro establecimiento, sino al de enfrente. Pues es curioso que con las acciones no tendemos a tener esta percepción, queremos que nos den siempre, y por norma, nuestros dividendos, y que sean crecientes cada año, y ello con independencia de la empresa en cuestión y su situación financiera.


- ¿Invertimos a largo plazo?


Muchas veces me da la sensación de que, aunque hay bastante ahorradores que compran sus acciones pensando en mantenerlas a largo plazo, y en ocasiones así lo hacen, nuestras expectativas, lo que esperamos de nuestra relación con la empresa de la que somos accionistas, es del todo cortoplacista. ¿De qué nos sirve que una empresa cuyo negocio se ha deteriorado, por los motivos que sean, nos siga pagando nuestro dividendo al mismo nivel que antes? Si tuviésemos un bar, volviendo al ejemplo anterior, que acumula deudas, y que se está quedando atrás en cuanto al mobiliario respecto a la competencia, ¿tendría sentido que siguiésemos percibiendo tantas rentas vía dividendo que cuando todo iba estupendamente y estábamos en la cresta de la ola? No parece sensato, lo sensato sería reducir nuestras rentas (tampoco eliminarlas, si vivimos del bar) y dedicar una parte a reducir nuestro apalancamiento, nuestra deuda (que además de tener un coste financiero vía intereses nos resta capacidad de maniobra para cuando vengan mal dadas), y otra parte a ser más competitivos (en este caso, a reemplazar esas sillas que se caen a pedazos).

Por supuesto, si nuestro bar va bien, no tenemos mucha deuda, o ninguna, y nuestra posición competitiva es buena, pues sí tendrá sentido retribuirnos ampliamente de nuestro beneficios. Aquí sí, pero no en el supuesto comentado en el anterior párrafo.

- Los pagos de dividendos en acciones: ¿por qué nos gustan tanto?


Existen empresas cotizadas –por suerte, creo, cada vez menos–, que gustan de pagar todos o parte de sus dividendos en acciones. Lo curioso es que suelen dar a elegir al accionista, y la mayor parte de los mismos eligen las acciones.

Y podría verle el sentido si la empresa adquiriese en el mercado bursátil sus propias acciones, las integrase en su autocartera, y luego las repartiese como dividendos. Pero en la mayor parte de los casos no sucede así, sino que realizan ampliaciones de capital, y son esas nuevas acciones las que se reparten entre los accionistas que así lo han elegido.

Como decía el economista e inversor Daniel Lacalle en una ocasión, es un poco como si te invitasen con tu propia cartera. Si hay más acciones en circulación, y las ampliaciones de capital se caracterizan por poner más acciones en circulación, pasas a ser propietario de un porcentaje menor del total (salvo que hayas elegido recibir tu dividendo en acciones, pero en ese caso simplemente te quedas igual –bueno, igual no, porque ese dividendo tributará igualmente–).

- Las benditas recompras de acciones


A mí me encantan las empresas que, si no tienen posibilidad de invertir para crecer, y no tienen deuda, recompran sus acciones si creen que la empresa cotiza por debajo de su valor. Es estupendo, porque cada año eres propietario de un porcentaje mayor, al haber más acciones en circulación, y retrasas el pago de IRPF (o el correspondiente Impuesto sobre la Renta de cada país) hasta que no vendas tus acciones (y si estás a muy largo plazo, pues no pagar ese 20% aproximadamente de los dividendos en impuestos se nota y mucho).

Por desgracia en nuestro país, en España, no hay demasiadas empresas que lleven a cabo esta política, pero tendría todo el sentido que lo hiciesen más a menudo.

En fin, tratemos de ser racionales, imaginémonos esto como un negocio más del que somos propietarios, como el dueño del mencionado bar.

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Por Javier García de Tiedra González, Graduado en Derecho por la Universidad de Cádiz.