lunes, 29 de enero de 2018

Predecir con éxito un aumento de los beneficios futuros de una empresa cotizada: cuándo aporta escaso valor


La observación, como fuente de ideas de inversión, es ciertamente útil. La utilizan hoy día gestores reputados, como p. ej. Iván Martín, de Magallanes Value, siguiendo a otros, como el genial inversor Peter Lynch (en su estupendo libro "Un paso por delante de Wall Street" lo explica muy bien con ejemplo reales). Pero una cosa es, mediante la observación, encontrar empresas excelentes a precios razonables, y otra cosa es, mediante nuestra propia experiencia, tratar de predecir que a una determinada empresa le va a ir genial, que va a hacerse con buena parte de la cuota de mercado de un determinado negocio, aumentando con ello sus beneficios, y en base a ello invertir. Como veremos, hay veces que podemos encontrarnos ante trampas de valor, podemos meter la pata.

Tesla e inversiones
Elon Musk, CEO de Tesla, presentando un nuevo modelo de coche eléctrico. Imagen: CNBC

- La valoración del riesgo / beneficio en estos casos


Personalmente no me resultan atractivas las predicciones como base de ninguna inversión (como mucho, y al estilo Buffett, para empresas con fuertes ventajas competitivas). Puestos a actuar de esta guisa, hay que tener en cuenta que no sólo necesitamos acertar acerca de que la empresa en cuestión lo va a hacer genial en el futuro, y que sus beneficios van a aumentar extraordinariamente, sino que necesitamos que la mayoría de sujetos que actúan comprando y vendiendo en los mercados bursátiles no hayan pensado lo mismo que nosotros.

Pensemos en Tesla, por ejemplo. Es una empresa innegablemente muy innovadora, que llama mucho la atención (¿a quién no le gustaría probar uno de sus coches?), y existe un cierto consenso acerca de que va a acabar por monopolizar el mercado del coche eléctrico. El problema, como hemos comentado, no es sólo que lo logre (algo que, humildemente, y reconociendo que no soy un experto, veo harto complicado), sino que, incluso en el caso de lograrlo, al haberse ya descontado por todos aquellos que han invertido en ella a precios muy altos, podríamos no rentabilizar demasiado nuestra inversión. Y el problema es que existe la posibilidad de que no lo logre, y si no lo logra perderemos mucho, porque ya muchos han apostado fuerte a que sí que lo va a lograr.

En definitiva, si acertamos, ganamos poco; si no acertamos, perdemos mucho. ¿Dónde está el atractivo de este tipo de inversiones? Pues a priori, tratando de ser sensatos, de ser racionales, no hay atractivo ninguno, pero a veces nos pasa eso, que no fundamentamos nuestras decisiones, no preparamos previamente una fuerte tesis de inversión (y por eso, si no somos capaces de hacerlo, tenemos la opción de delegar en un profesional que sí sea capaz, que sea riguroso y sensato).

En otras ocasiones, sin embargo, podemos, en base a datos objetivos, descubrir que una empresa lo va a hacer, muy probablemente, genial en el futuro. Y lo hacemos sin que todavía lo haya descubierto la mayoría. Aquí sí podemos sacarle partido, porque su cotización, su precio, todavía no reflejará nada, y a diferencia del caso anterior, si acertamos, podremos ganar mucho, y si no acertamos, no perderemos demasiado.

Sobre esto, Benjamin Graham, maestro de inversores, ya decía en su obra "El inversor inteligente", que: "en su esfuerzo por elegir las acciones más prometedoras ya sea a corto o largo plazo, el inversor [...] puede equivocarse en sus estimaciones sobre el futuro; o incluso aunque acierte, es posible que el precio de mercado actual ya refleje plenamente lo que el inversor está anticipando".

BMW y empresas de coches
Frente a Tesla, que cotiza a múltiplos muy exigentes, el resto del sector de la automoción cotiza a la inversa, a múltiplos muy bajos. Imagen: BMW

- La pregunta clave a la hora de invertir: cuánto gano si acierto, cuánto pierdo si yerro


Los que estamos habituados a seguir, a través de sus conferencias y charlas, a gestores de fondos de inversión, habremos escuchado a menudo esa reflexión, cuando a los gestores se les pregunta al respecto. Suele ser como lo anteriormente mencionado: se valora cuánto podemos ganar si nuestra tesis es acertada, y cuándo podemos perder si finalmente resulta que no. Hay ocasiones en que el resultado, p. ej., puede ser doblar o triplicar lo invertido si sale bien, y perderle un 10-20% si sale mal: en esos casos, adelante.

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Por Javier García de Tiedra González, Graduado en Derecho por la Universidad de Cádiz.