lunes, 8 de enero de 2018

Aprender a nadar y aprender a invertir: analogías


De igual forma que no se aprende a nadar en un sólo día, y que no es muy recomendable empezar a nadar en un mar embravecido, sin chaleco salvavidas y sin supervisión, so riesgo de hundirnos, debemos plantear la inversión como un proceso paulatino con vistas a acostumbrarnos a la volatilidad. Así lo ha entendido, y suya es la analogía, Miguel de Juan Fernández en su obra "El inversor español inteligente".

Navio en el mar e inversion

- ¿Cómo debe un inversor novel acostumbrarse a la volatilidad?


Coincidiendo plenamente con Miguel de Juan en su analogía, no acabo de coincidir con el proceso que propone para que el inversor que empieza se vaya acostumbrando a la volatilidad de los mercados. Don Miguel, experto en finanzas y en los diferentes tipos de bonos habidos y por haber (que es otro mundo aparte, pero que éste domina tras su experiencia, en la primera parte de su carrera profesional, como asesor de banca privada), propone que el español de a pie, que comienza a invertir sus ahorros, los invierta progresivamente en activos de nula volatilidad, pasando más tarde por otros con una volatilidad moderada, hasta llegar a la renta variable, donde podría encontrar la máxima volatilidad (hay que recordar, por mucho que se insista en lo contrario, que volatilidad no es necesariamente igual a riesgo: de hecho, puedes perder todo tu dinero con volatilidad cero, como alguna vez comentó el gestor Iván Martín, de Magallanes Value).

No sé si será por desconocer el universo de los bonos, o quizás simplemente que lo enfoco de otra manera, pero desde mí punto de vista me parece más atractivo, cuando se empieza, ir directamente a la renta variable, pero con un porcentaje muy pequeño de aquel patrimonio que no vamos a necesitar en muchos años (si pensamos que vamos a necesitarlo, mejor no invertirlo, o no en renta variable). Con el paso del tiempo el nuevo inversor irá adaptándose a los vaivenes diarios de las cotizaciones [que con el tiempo aprenderá a, entre comillas, ignorar (salvo que tenga que hacer nuevas adquisiciones, por tener liquidez, o haya tenido que readaptar el precio objetivo de algunos de los activos en los que ha invertido, p. ej. por la presentación de un informe trimestral por la empresa o empresas en cuestión)]. Y los vaivenes, entiendo yo, se sufren menos al principio si lo que está en juego es un porcentaje muy pequeño de nuestros ahorros (no se sobrelleva igual tener un 5% de nuestros ahorros invertidos, que un 90%).

Son diferentes formas de enfocarlo en cualquier caso, se podría decir que complementarias (también se puede invertir una pequeña parte en renta variable, en acciones de empresas cotizadas o participaciones de fondos de inversión, y la mayor parte ir invirtiéndolo, como propone Miguel de Juan, en activos con menor volatilidad).

- La volatilidad puede ser una aliada para el inversor


En cualquier caso, y como ya escribí en su momento, la volatilidad puede llegar a ser una aliada, y no una enemiga, al permitirnos comprar más barato (bien acciones de empresas cotizadas, bien participaciones de fondos de inversión). Lo cual no quita el hecho de que los gestores de fondos estén contentos de tener (sobrevenidamente, a ser posible: estoy radicalmente en contra de que la busquen sacrificando rentabilidad) una volatilidad baja, ya que no todos sus partícipes estarán igual de inmunizados contra sus vaivenes (y si se marean, siguiendo con el ejemplo del mar, tenderán a reembolsar en un intento por buscar aguas más calmadas).

----------

- Otros artículos introductorios sobre inversión


+ Cómo no empezar a invertir en bolsa

+ La inversión en empresas cotizadas

+ Empresas a evitar a la hora de invertir en renta variable

+ Fondos de inversión en renta variable: factores a la hora de invertir

+ La inversión como proceso de descarte

+ Inversión y especulación: concepto, funciones y ventajas

+ La volatilidad en la inversión: ¿positiva o negativa?

+ Resultados y suerte en la inversión en renta variable

+ La inversión a través de fondos de inversión y su ventaja fiscal frente a la inversión directa

----------

Por Javier García de Tiedra González, Graduado en Derecho por la Universidad de Cádiz.