jueves, 18 de enero de 2018

Warren Buffett y su costumbre de regalar acciones en Navidad



Relataba Mary Buffett, ex-nuera de Warren Buffett, en uno de sus libros ("Buffettología"), la costumbre de éste último, en el Día de Navidad, de regalar a sus familiares acciones de las últimas empresas en las que había invertido. Estos, al principio, no acogieron el cambio con demasiado entusiasmo (antes, solía regalarles dinero en efectivo), pero cuando, cuando con el paso del tiempo, vieron cómo éstas se revalorizaban, empezaron a seguirlas, a informarse, e incluso a comprar más.

Warren Buffett en Navidad
Warren Buffett, en época navideña –presumo– con una estudiante de MBA del Boston College. Imagen: The Wall Street Journal


- Las ventajas de recibir acciones como regalo


A mí personalmente, regalar acciones, al estilo Buffett, me parece un acierto total de cara a aumentar la educación financiera de quien recibe el regalo. Como decía Walter Schloss (inversor avezado y exitoso –que obtuvo durante sus 47 años de carrera rentabilidades medias del 20%– y amigo íntimo de Buffett), uno nunca conoce realmente una empresa hasta que es dueño de una parte de ella (o, en otras palabras, y por experiencia propia: uno se informa con muchas más ganas de una empresa cuando es propietario –realmente habría que informarse antes de invertir en ella, pero bueno, hablamos de una posición simbólica en el caso del regalo–).

Y bueno, ni que decir tiene que estamos regalando porciones de propiedad de empresas estupendas (idealmente, creo que lo mejor aquí es regalar acciones de empresas asentadas, financieramente desahogadas y con fuertes ventajas competitivas: para el largo plazo, vaya).

Acciones como regalo de Navidad
Regalar una acción de la empresa que dirige Buffett –al menos la clase más cara–, Berkshire Hathaway, nos costaría unos 300.000$. Imagen: Time

- Las trabas a la hora de regalar acciones


Recuerdo haber escuchado en una conferencia (de la II Jornada de Finanzas Personales del Instituto Juan de Mariana, muy probablemente), que en EE.UU. existe una empresa dedicada a facilitar este tipo de regalos. El agraciado o agraciada recibe una suerte de documento, que le acredita como propietario de acciones (o una acción, que hay empresas cuya cotización es bien alta) de una determinada compañía.

Por desgracia, hasta donde yo sé, no disponemos de este servicio en España. Aquí, necesitas, para que se te transfieran acciones, una cuenta de valores (asociada a la cuenta de la entidad bancaria del agraciado). A priori crearla no supone demasiado problema, pero claro, acabas con toda sorpresa a los efectos de regalar la acción. Una opción que se me ocurre, es no decir nada al respecto, elaborar al estilo americano un "vale por una acción de X", de un diseño decente, y a posteriori ayudar a quien recibe el regalo a habilitar la cuenta para poder recibirla.

Otras trabas, si depositas las acciones en una cuenta de valores tradicional, es que hay mínimos a los efectos de comisiones. Si tienes muchas acciones las comisiones de mantenimiento, o las aplicables cuando recibes dividendos, no son tan gravosas, pero si tienes muy pocas se aplican los mínimos, y al final le sale más cara la cuenta al nuevo propietario de las acciones que las acciones en sí.

En el caso de querer regalárselas a tus hijos, es más fácil: les creas tú las cuentas, les compras las acciones, y luego les das el mencionado documento simbólico. Ni que decir tiene que a un niño, por muy bueno que pensemos que pueda ser para su futura educación financiera, no podemos regalarle esto como regalo principal, deberá ser algo simbólico (ya si más adelante vamos invirtiendo para que tenga un futuro patrimonio, para sus estudios y demás, pues estupendo, pero los niños son niños, también necesitan disfrutar).

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Por Javier García de Tiedra González, Graduado en Derecho por la Universidad de Cádiz.

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