sábado, 13 de enero de 2018

El objetivo del ahorro y la inversión: la libertad financiera

Vivimos tiempos extraños. El ahorrador, sobre todo entre las personas más jóvenes, está considerado una persona incómoda (incómoda, porque tácitamente, al mencionar lo deseable de ahorrar en lo posible, o al comentar lo ahorrado, el indisciplinado en sus gastos personales se siente culpable, se siente mal); al inversor, peor aún, se le tacha de ser un acaparador, un acaparador dispuesto a todo para acaparar más riqueza (incluso a convertirse en propietario de empresas que, dicen, recurrentemente explotan a sus trabajadores). Yo no lo veo así. La riqueza existe porque hay quien decide hacer más con menos (el empresario), arriesgando su dinero y porvenir, y porque hay personas que deciden retrasar el disfrute de lo que podrían comprar con su dinero, para ahorrarlo e invertirlo, financiando empresas que crean valor (empresas cotizadas que, casi por norma, y por lógica, tienden a pagar más y mejor a sus trabajadores que empresas más pequeñas –no por nada, sino porque son más eficientes y productivas y se lo pueden permitir–).

Libertad financiera, ahorro e inversion

- Ser ahorrador e inversor no debe ser motivo de vergüenza


Hay que sentirse orgulloso de ser ahorrador, y más aún de ser también inversor. Y no hay que avergonzarse de reconocerlo, porque no hay motivo alguno para ello. El ahorro e inversión de hoy son las plusvalías del mañana, y sin esas plusvalías difícilmente aumentará nuestro poder adquisitivo (y sólo con un aumento generalizado del poder adquisitivo podrá la ciudadanía, como el propio nombre del concepto indica, adquirir más y mejores bienes y servicios). Es curioso que se hable de que es el consumo el que levanta la economía... a corto plazo, quizás, pero a medio y largo plazo nunca; la economía es exitosa y dinámica porque sus gentes son ricas (y la riqueza, salvo expolio al vecino, difícilmente se logra sin ahorro e inversión).

- La búsqueda de la libertad financiera como objetivo del ahorro y la inversión


El concepto de libertad financiera tiende a estar generalmente mal entendido. Libertad financiera no es, per se, tener el suficiente patrimonio como para poder jubilarnos y dejar de trabajar. No, libertad financiera es llegar a un punto en el que tengas la capacidad para decidir sobre qué hacer con tu vida, para decidir sin que el dinero y la necesidad de obtenerlo para vivir sea un obstáculo (y, sobre todo, para decidirlo sin necesidad de robarle al de al lado).

Una vez obtenida la libertad financiera, que cada uno, según sus necesidades, establecerá en un listón más o menos alto, pues decidirá qué hacer (o decidirá no decidir y seguir como siempre).

Yo no creo que trabajar deba considerarse un castigo bíblico. Habrá trabajos mejores y peores, y en determinados países sin duda podrá llegar a ser un suplicio. Pero en España... no sé, creo que es razonable aspirar a un trabajo que nos llene y que razonablemente disfrutemos.

Y si no se logra, si no encontramos una dedicación que nos convenza, pues ahí entra la libertad financiera: te retiras a hacer lo que estimes conveniente, a hacer lo que sea que te llene. Y ojo, no estarás vagueando, ni serás un parásito para la sociedad ni mucho menos, porque te lo has ganado: mientras el resto se gastaba lo que le correspondía por el valor aportado a través de su trabajo (lo cual es también perfectamente legítimo), tú ahorrabas ese valor, y lo invertías en que otros creasen aún más valor, así que si llegado el momento te retiras, porque has creado el suficiente valor para ello, bien merecido y razonable será.

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Por Javier García de Tiedra González, Graduado en Derecho por la Universidad de Cádiz.

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