miércoles, 4 de octubre de 2017

Frank William Taussig | 1859 - 1940



Este artículo, del economista J. A. Schumpeter, sobre Frank William Taussig, fue publicado en el Quarterly Journal of Economics, vol. LV, n.º 3.

Frank William Taussig y economistas

- Los primeros años de Taussig (1859-1880)


Sea cual fuera nuestra opinión acerca de la importancia relativa de la naturaleza y de la educación, o más correctamente, de la herencia y del medio ambiente en la formación de los hombres eminentes, no puede existir la menor duda de que en el caso de TAUSSIG ambas se combinaron en una felicísima alianza. Aún más que en otros casos nos damos cuenta de que al bosquejar la figura del hombre, del ciudadano, estudiante, profesor y funcionario público –porque TAUSSIG ha sido todo esto– se hace necesario seguir el método de los biógrafos y describir el hogar de sus padres y a las dos excelentes personas que lo crearon.

El padre de FRANK WILLIAM –WILLIAM TAUSSIG–, nació en Praga en 1826. Disgustándole evidentemente el ambiente en el cual la lucha entre checos y alemanes iba ensombreciéndose cada vez más, decidió emigrar a los Estados Unidos en 1846, donde encontró empleo en el comercio de productos químicos, primero en Nueva York y después en San Luis. Este fue el comienzo de una carrera de éxitos y (por aquel entonces) típicamente americana. Después de unos cuantos años abandonó los groseros productos químicos, de venta al por mayor, para dedicarse a los más refinados de la escuela de medicina de San Luis, se licenció y se estableció para ejercer su profesión en Carondelet –ahora South San Luis–, visitando a sus pacientes a caballo, con las medicinas y la pistola en la silla (1). Progresando rápidamente en la comunidad llegó a ser alcalde, juez en la corte del condado y finalmente presidente del mismo tribunal. El ejercicio de la medicina le dio buenos resultados, pero la guerra civil provocó una tensión excesiva en aquel Estado limítrofe. Por lo tanto, TAUSSIG, profundamente antiesclavista y partidario de la Unión, aceptó el nombramiento de recaudador de impuestos federales en el distrito (1865) de acuerdo con las leyes sobre la renta de 1862 y 1864, y con los emolumentos correspondientes –toda vez que los recaudadores trabajaban en base de un porcentaje y no recibían nada a menos que tuvieran la suficiente paciencia y energía para ir a Washington e insistir, en cuyo caso percibían una cantidad considerable– (2) comenzó su cuarta profesión, la de banquero. El "Traders' National Bank of St. Louis", del cual TAUSSIG fue vicepresidente, alcanzó un éxito moderado. Sin embargo, entre sus clientes figuraba una compañía constructora de puentes, constituida con el propósito de tender un puente a través del Mississipi. TAUSSIG participó en dicha compañía, llegando a ser sucesivamente tesorero y director general. Y éste fue el comienzo de su quinta carrera, la que le proporcionó nombradía y prosperidad. La empresa fue un éxito desde su comienzo y acabó convirtiéndole en la "Terminal Railroad Association of St. Louis", que construyó la "Union Station" para todas las vías que entraban en San Luis, y que por medio de sus propias locomotoras llevaba el tráfico, procedente del Este, desde la estación "East St. Louis" hacia la terminal. Fueron la energía y la resolución de TAUSSIG (3) los que triunfaron de todos los obstáculos interpuestos por los magnates de la ciudad y por las empresas ferroviarias. Cuando todo estuvo conseguido y realizado y el período de lucha quedó superado, fue elegido presidente, una posición digna y tranquila, de la cual se retiró en 1896 a la edad avanzada de setenta años. Todavía ocupado en una gran cantidad de actividades cívicas, universalmente popular, admirado y respetado, vivió hasta 1913.

La madre, ADELE WUERPEL, fue la hija de un pastor protestante en un pueblo del Rhin, expulsado durante la revolución de 1848, y que emigró con su familia. TAUSSIG se casó con ella en 1857. El matrimonio fue singularmente feliz. Ella debió de ser una mujer encantadora, dispuesta y amable, de buen aspecto y de buen carácter, alegra y cariñosa, un consuelo en la adversidad y una compañera deliciosa en el éxito. Poseía una fina voz de mezzosoprano y compartía el gusto de su marido por la música. Ningún problema surgió en el foyer, caldeado por su radiante personalidad. Es muy fácil imaginar la clase de hogar que, primero en circunstancias modestas y después con amplitud de medios, creó para su esposa y para sus tres hijos –el protagonista de este ensayo, un hermano menor que murió antes que él y una hermana que le sobrevive–, todos íntimamente ligados a ella. Fue un hogar que se bastó a sí mismo, que sostenía a una familia completamente consciente de su existencia corporativa. No debe sorprender, por lo tanto, que FRANK WILLIAM saliera de dicho hogar como un hombre de familia, para quien la vida de familia y las responsabilidades familiares eran elementos esenciales en su esquema de las cosas.

Tal como podemos suponer, él disfrutó de una infancia muy feliz. Además, como señala su hermana, "no existieron dudas acerca de sus adelantos en la escuela y en sus estudios; muy pronto se manifestó la fuerte constitución física conocida por todos. Le recuerdo bajo su aspecto de muchacho robusto. Recuerdo, también, que jamás faltaba un libro en sus manos, ya fuera para estudio, ya para diversión, y que nada era capaz de distraer su atención mientras leía, a menos que se le interpelara directamente. Su costumbre consistía en trabajar y estudiar en la sala de estar de la familia. En cuanto a las escuelas que frecuentó, estoy seguro de que fueron escuelas públicas hasta que tuvo alrededor de once años. Después de alcanzar dicha edad asistió a una escuela llamaba "Smith Academy". En nuestra familia la música ocupaba un lugar muy importante. Habíamos conocido a artistas como RUBINSTEIN y WINIAWSKI, y THEODORE THOMAS paraba en nuestra casa cada vez que visitaba St. Louis. FRANK comenzó sus lecciones de violín muy pronto. El violinista más famoso de St. Louis en aquellos días era un amigo íntimo de la familia, además de su maestro, por ello no es de extrañar que FRANK estuviera ya muy avanzado como violinista cuando ingresó en el colegio, donde tocaba regularmente en un cuarteto de cuerda, siendo también miembro de la "Pierian". La música fue una de las alegrías y diversiones de su vida. No viajábamos mucho... excepto en algunas vacaciones veraniegas" (4).

En 1871 comenzó la amistad, prolongada a través de toda su vida, entre FRANK TAUSSIG y CHARLES C. BURLINGHAM, cuando eran compañeros de clase en la "Smith Academy". Ingresaron juntos en la Universidad de Washington, y juntos pasaron, en 1876, a la de Harvard. El decano, CHARLES F. DUNBAR, dio pruebas de su excelente sentido al admitirles sin examen al grado superior de sophomores, a pesar de que ellos habían imaginado que tendrían que examinarse para ser admitidos en el grado elemental (freshman). TAUSSIG, instalándose en un departamento en Oxford Street, que a BURLINGHAM le pareció "principesco", demostró ser un estudiante fuera de serie. Participó en todos los cursos de Economía –Economía Política, como se denominaba entonces–, y una gran cantidad de Historia, obteniendo su graduación en 1879 en la última disciplina con premio extraordinario. Contribuyó a uno de los "commencement parts", disertando sobre "El nuevo imperio alemán", y fue elegido miembro de Phi Beta Kappa. Pero no por ello hacía vida retirada, aun cuando existen pruebas de que en 1878 y 1879 tomó en préstamo de la biblioteca una cantidad prodigiosa de libros, principalmente de Historia y Filosofía. Formaba parte del equipo de baseball de su clase, remaba en una canoa de seis remeros en las regatas, era socio de una media docena de clubs y sociedades estudiantiles, y conseguía nuevos amigos en todas partes. Y, por supuesto, tenía, además, su violín.

Después de obtener el B. A. (Bachelor of Arts), llegó el instante del viaje a Europa. Con otro amigo de toda su vida, E. C. FELTON (5), se embarcó en septiembre de 1879. "Después de haber pasado algunas semanas juntos en Londres, nos separamos", escribió poco más tarde TAUSSIG. "Yo fui a Alemania, y empleé un invierno, desde octubre a marzo en la Universidad de Berlín, estudiando Derecho Romano y Economía Política (6). En marzo abandoné Alemania y me reuní con FELTON en Italia. PAsamos dos meses juntos en Italia y fuimos después a París, vía Ginebra. En París, y ya en mayo, nos separamos nuevamente; FELTON marchó a Inglaterra de regreso a su hogar, mientras yo viajé por diversas partes de Europa, especialmente por Austria y Suiza" (7). Algunos artículos, publicados en la Nation, de Nueva York, durante sus viajes por Europa, atestiguan, si fuera necesario un testimonio, la seriedad del joven.

Cuando regresó a Harvard, en septiembre de 1880. Lo hizo con la intención de ingresar en la Facultad de Derecho. Todavía no había escogido la Economía como profesión. El Derecho ejercía para él igual o superior atracción. Pero le ofrecieron, y aceptó, el puesto de secretario del presidente ELIOT, un cargo pesado, aun cuando no le robaba todo su tiempo, pero que le permitió penetrar en el arcano de la administración y de la dirección universitarias (8), y así dio comienzo la tarea, que constituyó la ocupación principal de su vida durante los sesenta años siguientes.

- Hacia arriba (1881-1900)


Durante algún tiempo sus deberes como secretario interfirieron los planes de TAUSSIG para estudiar Derecho, sin embargo, le restó la suficiente energía para trabajar en su tesis doctoral en Economía (Ph. D. in economics). El tema que eligió fue el de la historia de la legislación arancelaria americana, y ya en esta elección dio muestras de la importancia que revestía en su mente el aspecto histórico, así como de la jerarquía que asignaba entre sus intereses científicos a las grandes cuestiones de política económica. Es necesario aquí –y lo será también después– insistir sobre ambos puntos. Sin duda, TAUSSIG fue un teórico eminente y un gran profesor de teoría. La oposición institucionalista que apareció más tarde contra el tipo de teoría que él enseñaba, pareció haber olvidado que una gran parte de su obra se desarrolló sobre líneas institucionalistas, y que bajo ciertos aspectos, habría sido más correcto considerarle un "leader" que un adversario. Para él la Economía fue siempre Economía Política. Su primera formación y su preparación en general, no sólo revelan la presencia equiparada de teoría y de historia, sino que fueron primordialmente históricas. Los problemas prácticos en sus aspectos histórico, jurídico, político, es decir, en su aspecto institucional, le atrajeron mucho más que cualquier refinamiento teórico. Y todos los que le conocieron no han dejado de admirar su capacidad para ver los problemas en su marco sociológico y en su perspectiva histórica (9).

Fue, pues, con un espíritu netamente histórico como se planteó el tema elegido: el comercio internacional. El trabajo, premiado en 1882, y titulado "La protección a las industrias jóvenes en los Estados Unidos", que sirvió de tesis para su doctorado y que en 1883 fue publicado como libro –libro que alcanzó un éxito de bastante consideración, pues fue necesaria una segunda edición en 1884–, contenía muy poca teoría, pero, en cambio, sobresalía en el análisis de los hechos. Incidentalmente es necesario señalar otro aspecto de su primera obra, demasiado característico para ser pasado por alto, un aspecto que permite prever la futura superioridad de TAUSSIG en el campo de la política arancelaria. Se trata del equilibrio y de la madurez de su juicio, que constituye una parte tan importante de su grandeza como economista, y de los cuales, en aquel libro escrito cuando TAUSSIG tenía veintitrés años, se encuentran en una proporción sorprendente. Tanto por razones de moralidad política como de conveniencia económica, TAUSSIG no simpatizó jamás con la legislación arancelaria de su país. Estaba muy lejos de ser un proteccionista en el sentido corriente de la palabra. Pero tampoco era un partidario del librecambio. Con toda franqueza reconoció cuanto le parecía sólido en los argumentos proteccionistas –singularmente, pero no exclusivamente, el argumento de las industrias jóvenes– y jamás intentó minimizarlo como suelen hacerlo los economistas librecambistas. Este no era su procedimiento habitual. Se acercó a ese problema, como siempre, con un espíritu a la vez práctico y de juez.

Durante un decenio o más aún, su obra creadora siguió la dirección iniciada tan felizmente. El libro Protection to Young Industries (Protección a las industrias jóvenes), fue seguido por la History of the Present Tariff, 1860-1883 (1885) (Historia de las tarifas actuales) y ambos dieron origen a la clásica The Tariff History of the United States (1888, con varias ediciones subsiguientes hasta la octava en 1931), los cuales establecieron su reputación como primera autoridad americana en éste campo, y que como análisis político-económico no cede ante ninguno realizado en cualquier otro tiempo. La mayor parte de los artículos que escribió en aquella época. La mayor parte de los artículos que escribió en aquella época se refería también a problemas arancelarios, pero los restantes acontecimientos públicos de aquellos años no dejaron de atraer la atención de su mente inquieta, y con relación a dos de ellos, TAUSSIG realizó significativas aportaciones. Los aspectos políticos y económicos de la cuestión de la plata le interesaron vivamente. Dominando la materia con su habitual maestría comenzó a escribir abundantes artículos sobre esta cuestión en 1890, y un año más tarde publicaba su libro The Silver Situation in the United States (La situación de la plata en los Estados Unidos), que se convirtió en la obra clásica de la escuela contraria al mantenimiento del bimetalismo, y que ejerció una gran influencia sobre todo el mundo civilizado. También en 1891 publicó en The Quarterly Journal of Economics un artículo titulado Contribution to the Theory of Railroad Rates (Contribución a la teoría de las tarifas ferroviarias). Este artículo es el único entre todos los escritos hasta 1893 que indica una tendencia hacia el razonamiento teórico puro, pero incluso éste trataba de un problema de "economía aplicada". Sus escritos exhiben, sin lugar a dudas, el dominio del aparato analítico de la Economía tal como existía en su tiempo. Pero aun cuando estaba capacitado para emplearlo fácilmente no parece que se sintiera atraído profundamente hacia el mismo hasta después de haber cumplido los treinta años.

En relación con esto es necesario conceder un gran interés biográfico al prefacio que escribió en 1884 a la traducción de los Eléments de Economia Politica de EMILE DE LAVELEYE (10). Este prefacio constituye, probablemente, la única fuente disponible para conocer las concepciones metodológicas sostenidas por TAUSSIG en aquella época, y sirve para completar cuanto sabemos a través de otras fuentes con respecto a sus concepciones sobre la política económica en general. Por otra parte, dicho prefacio sirve para exhibir una característica importante del hombre. La mayor parte de nosotros, si tuviéramos que escribir un prefacio a una obra como aquélla, nos limitaríamos a formular unas cuantas alabanzas y cumplidos o nos negaríamos a escribirlo. No reaccionó de ese modo TAUSSIG; como es natural formula también sus cumplidos y alabanzas, pero en un número muy reducido; en el resto no deja de mostrar, siempre dentro de formas corteses, sus criticismos y disentimientos. Señala todo lo que le parecen errores. Y lo expresa claramente cuando opina que una determinada opinión de LAVELEYE "no es autorizada". Alaba a LAVELEYE, porque se había separado menos que otros "del que puede denominarse sistema clásico", y aprueba, con cierta cautela, las críticas de aquel autor al laissez-faire y su defensa de la intervención del Estado, aun cuando –en opinión de TAUSSIG– los sentimientos humanitarios habían "llevado a LAVELEYE demasiado lejos". La "concreción" y la "atención a los hechos reales" merecieron su aprobación, pero en un pasaje, por lo menos, critica el razonamiento de LAVELEYE –con toda justicia, desde luego– por falta de "agudeza".

En cuanto se refiere a la obra publicada de TAUSSIG, las primeras señales del interés del teórico hacia la teoría aparecen en 1893. Dos artículos que escribió para las Publications of the American Economic Association de aquel año, la Interpretation of Ricardo y Value and Distribution as Treated by Professor Marshall definen claramente dónde deseaba echar sus anclas. El primer artículo nos dice claramente que para TAUSSIG, RICARDO había sido el más grande de todos los economistas; y de esta "interpretación" de aquel teórico eminente se puede deducir por qué –entonces y a través de toda su vida– fue así y por qué el único rival de RICARDO fue BÖHM-BAWERK (11). Existe una afinidad fundamental en las estructuras mentales de aquellos tres grandes hombres, lo cual permitió a TAUSSIG penetrar en las mismas y apreciar los puntos de vista –los estilos teóricos en su verdadera naturaleza– y las contribuciones de aquellos dos economistas, hasta un grado que no alcanzó con respecto a ningún otro teórico. El segundo artículo expresa, con igual claridad, los términos bajo los cuales trabó relación con las enseñanzas marshallianas, adoptándolas como una de las fuentes principales de su tarea como profesor. Más adelante volveremos sobre esta cuestión.

Ahora nos limitaremos a señalar que otros dos artículos publicados en los Proceedings of the American Economic Association, en 1894, nos dan el tono dominante de la labor creadora de TAUSSIG en el campo teórico. The Relation between Interest and Profits (La relación entre interés y beneficios) y The Wages Fund at the Hands of the German Economists (La doctrina del fondo de salarios tratada por los economistas alemanes) son fragmentos de la obra que estaba realizando sobre el tema de salarios y capital y prepararon el camino hacia el libro que publicó en 1896 con el título de Wages and Capital (Salarios y Capital). Un artículo sobre la The Quantity Theory of Money (La teoría cuantitativa de la moneda) que apareció en los Proceedings del año siguiente, completó los fundamentos de la que puede denominarse específicamente teoría de TAUSSIG.

Pero volvamos a la carrera universitaria de TAUSSIG. Los años entre 1881 y 1896 fueron años muy duros, lo cual resulta obvio si añadimos a sus actividades estrictamente profesionales su participación en el Consejo editorial del Civil Service Record, sus artículos en el Boston Herald, el Advertiser y la Nation, así como su participación en las sesiones del Cobden Club y del Massachusetts Reform Club. Sin duda la dureza de dichos años fue excesiva para un hombre que, aun siendo de constitución vigorosa y sana, no era de aquellos cuya vitalidad desconoce la fatiga. No tuvo demasiadas oportunidades para descansar o divertirse, aun cuando parece que encontró el tiempo suficiente para continuar sus aficiones musicales.

Mientras tanto –más exactamente en marzo de 1882– fue nombrado instructor (lector) de Economía Política para el curso 1882 - 1883; la importancia de dicho nombramiento resultó amplificada por la ausencia, durante aquel año académico, del único profesor titular de Economía, CHARLES F. DUNBAR. Entre otras cosas representó que el curso de introducción (el actual Economics A) fue confiado a nuestro joven hombre.

Con ello hemos encontrado por segunda vez el nombre de aquel hombre excelente que no puede ser omitido en ninguna biografía de TAUSSIG (12). DUNBAR fue, no sólo el maestro que introdujo por vez primera a TAUSSIG en la ciencia donde debía convertirse en uno de los representantes más destacados, sino que su influencia fue mucho más poderosa de cuanto pueda implicar este hecho intrínsecamente. Si comparamos algunos de los ensayos de DUNBAR con los primeros trabajos de TAUSSIG sobre los aranceles, no podemos dejar de advertir una considerable afinidad entre ambos en lo que se refiere al tono, espíritu y método. "Fue el profesor DUNBAR quien formuló el horóscopo de FRANK, y quien le eligió como uno de los suyos. Había sido director del Boston Daily Advertiser y se había retirado al campo cuando el presidente ELIOT logró persuadirle para que aceptara el nombramiento de profesor de Economía Política, que hasta entonces había desempeñado el profesor FRANCIS (FANNY) BOWEN, quien la enseñaba como rama de la Filosofía Moral" (13). Y toda vez que TAUSSIG había colaborado con DUNBAR en uno de sus cursos, se puede suponer que la recomendación de este último influyó decisivamente en el nombramiento de TAUSSIG como profesor.

Como es natural, las perspectivas de carrera universitaria aparecieron con menos brillo después del retorno de DUNBAR. Y cualquier joven capacitado y enérgico que se encontrara en el último peldaño de Harvard, se veía colocado –entonces y ahora– frente a una elección difícil entre permanecer por un tiempo indefinido en una posición insatisfactoria y las posibilidades más lisonjeras contenidas en otras carreras abiertas ante él (14). TAUSSIG solventó el problema provisionalmente, aceptando, en septiembre de 1883, después de haberse doctorado en junio de 1883, un encargo temporal de cátedra (profesando un curso semestral de legislación arancelaria) e ingresando en la Facultad de Derecho de Harvard (Harvard Law School) "con la intención de seguir los tres cursos de enseñanzas y de ejercer la profesión después de haber terminado los estudios" (15). Esta situación permaneció invariada, hasta que en junio de 1886 consiguió el título correspondiente (LL. B.). Sin embargo, unos meses antes la Universidad de Harvard creyó oportuno, después de su negativa a aceptar el encargo permanente (full-time instructorship) de lector, le nombró Profesor Asistente (Assistant Professor) de Economía Política por un plazo de cinco años.

Desde un punto de vista externo la excursión realizada en el campo del Derecho había sido una pérdida, en el sentido de que se trató de una medida de precaución que el tiempo reveló innecesaria. Sin embargo, interesa señalar la contribución que su preparación jurídica aportó a la formación mental de TAUSSIG. Es una cuestión muy discutible la de pronunciarse acerca de las ganancias que pueda obtener un economista moderno del gasto de tiempo y energía que pudieran haber sido empleados en su propio campo. En la época que coincide con la juventud de TAUSSIG, el balance entre ventajas y desventajas era muy diferente. La Economía no poseía técnicas que exigieran varios años para dominarlas. Un conocimiento extendido en varios campos científicos era todavía un objetivo posible y un ideal que se podía perseguir razonablemente. Además, la preparación jurídica era entonces, tal vez, el mejor medio a disposición del economista para poder poner "a prueba" su propia capacidad mental. Finalmente, la especie de hechos que el estudio de la jurisprudencia convierte en familiares son, desde luego, relevantes para los fines perseguidos por el economista. Singularmente si se incluye el Derecho Romano, como ocurrió en el caso de TAUSSIG, la ganancia desde el punto de vista institucional, debe ser siempre considerable. Por otra parte, TAUSSIG fue el tipo de mentalidad susceptible de poder explotar al máximo todas estas ventajas. Y, en efecto, la huella jurídica puede advertirse fácilmente sobre su obra, sobre sus enseñanzas y sobre sus investigaciones, por parte de todos los que tienen los ojos abiertos ante tales implicaciones.

Comenzó a ejercer sus obligaciones –que eran realmente las de un profesor titular– en el otoño de 1886. Continuó el curso semestral sobre legislación arancelaria (16), desempeñando igualmente el curso de introducción general (17); y entonces fue cuando su famoso "Ec II" (como fue denominado más tarde) marcó el comienzo de su brillante carrera (18). Temporalmente le fueron confiados otros cursos (19).

La promoción a profesor titular llegó a su debido tiempo (1892), y en 1901 le fue conferida la cátedra HENRY LEE, creada recientemente. Fue tan sólo entonces cuando escribió: "Puedo esperar vivir en Cambridge y trabajar en Harvard hasta mi muerte" (20). Sin embargo, prácticamente el nombramiento de 1886 fue ya decisivo, y no faltan síntomas de que así lo creyó también, desde un comienzo, el propio TAUSSIG, quien se asentó definitivamente. En el Report de 1890, afirma, con acento de cosa definitiva, que "desde 1886 he vivido la vida tranquila de un profesor universitario". ¿Existe en esta expresión tan sólo satisfacción o también un ligero sentimiento de queja? Podemos citar también otro síntoma de su profunda afección por Harvard, que debía permanecer invariada hasta el fin, contenido en la frase que reproducimos a continuación: "He sido lo bastante afortunado para que mi nombramiento haya tenido lugar en el momento propicio para tomar parte en la celebración del doscientos cincuenta aniversario de la fundación de la Universidad, y siendo entonces el miembro más joven de la Facultad parece que tendré mayores probabilidades que cualquier otro miembro para tomar parte en el trescientos aniversario, cuando llegue dicha fecha".

El 29 de junio de 1888 contrajo matrimonio en Exeter, N. H., con la señorita EDITH THOMAS GUILD, de Boston. En 1889 nació su hijo WILLIAM GUILD TAUSSIG. Durante el verano de aquel año se construyó una casa en (en Scott Street, núm. 2) el terreno conocido entonces como la finca Norton, esperando "vivir en paz y tranquilidad durante muchos años" (21). La hija mayor, MARY GUILD (casada más tarde con GERALD C. HENDERSON), había nacido en 1892; la segunda hija, CATHERINE CROMBIE (esposa del Doctor REDVERS OPIE), en 1896, y una tercera, HELEN BROOKS (doctora en Medicina y pediatra en el hospital John Hopkins, de Baltimore), en 1898.

Aparte de la enseñanza y de la investigación, sus actividades polifacéticas se desenvolvían siguiendo un curso tranquilo y continuo: escribía frecuentemente artículos, tomó parte en la lucha contra la acuñación libre de plata, participó como miembro en los trabajos del Cambridge School Comitte (1893-1894), fue miembro de la Comisión gubernativa que entendía en los impuestos del Estado de Massachusetts, y como delegado de la Asociación de Mercaderes de Boston actuó en la Convención Monetaria de Indianápolis, etc. Tomó parte, también, en las tareas administrativas de la Universidad, tareas que, sin embargo, jamás llegaron a apasionarle (22). En 1888 fue elegido miembro de la American Academy of Arts and Sciences, y en 1895 académico correspondiente de la Asociación Económica Británica (Royal Economic Society) (23). Estas cosas que habrían sido importante en la vida de un hombre de menor calidad, las mencionamos aquí exclusivamente con la finalidad de completar su retrato para los numerosos amigos y discípulos que puedan interesarse por tales detalles. Y para ello añadiremos que el año sabático (1894-1895) lo empleó viajando por el extranjero –dos meses en Capri y otros dos más en Roma –dos meses en Capri y otros dos más en Roma–, durante los cuales aumentó sus conocimientos, aprendiendo a leer en italiano.

Una gran cantidad de trabajo le esperaba a su regreso. El departamento de estudios económicos se había desarrollado grandemente, al extremo de que el curso de introducción comprendía más de quinientos estudiantes. La tarea de explicar para una masa de quinientos jóvenes la encontró singularmente gravosa para sus fuerzas, pero halló en la misma una gran fuente de satisfacción, toda vez que la misma le proporcionó "la alentadora oportunidad de entrar en contacto con la gran masa de los estudiantes que daban sus primeros pasos". Pero lo que resultó ser todavía una fuente mayor de satisfacciones fue su nombramiento como director del Quarterly Journal of Economics (1896), cargo que había desempeñado ocasionalmente durante una ausencia de DUNBAR en 1889-189, y que conservó desde 1896 hasta 1935. Hablaremos de esto más adelante (24). Por lo que se refiere al resto nos bastará concluir nuestro examen de aquellos años con otra cita extraída del Report de 1895:

"Por lo que se refiere a planes de enseñanza universitaria, soy un firme defensor de la reducción de los cursos universitarios a tres años (!) y de la modificación de las condiciones de ingreso, en el sentido de no dar ninguna preferencia al conocimiento del griego... entre las materias que pueden presentar los candidatos... En política me siento como un independiente disgustado, que espera la aparición de un nuevo partido que establezca como piezas básicas de su programa una política arancelaria moderada, una moneda sana y, por encima de todo, la reforma de la burocracia y un Gobierno honesto".


- El otoño de la vida de Taussig (1901-1919)


TAUSSIG no se sentía viejo a los cuarenta y dos años. No existía nada que fuera desagradable, amargo o irritante en su vida. Su reputación era muy elevada. En gran parte había satisfecho sus ambiciones. Pero a pesar de todo esto, y a pesar de gozar de una salud física perfecta se sintió de pronto incapaz de trabajar. En estos casos hablamos de crisis nerviosa, las cuales son mucho más frecuentes en la profesión académica de cuanto pudiera creerse, teniendo en cuenta las condiciones generales de la vida de un profesor. TAUSSIG solicitó un permiso y marchó al extranjero durante dos años, descansando completamente, y pasando un invierno en Merano, en los Alpes austríacos, otro en la Riviera italiana, y el verano, entre ambos (1902) en Suiza. De este modo evitó la catástrofe, y así pudo en el otoño de 1903 volver a sus clases y a la dirección de Quarterly Journal. Más tarde aceptó el nombramiento de Presidente de la American Economic Association, que desempeñó en 1904 y 1905 (25). Pero esto fue todo: los años que van de 1901 a 1905 son un espacio blanco en la historia de sus contribuciones.

A fines de 1905 se encontró otra vez a sí mismo, por lo menos como profesor y como investigador (en otros aspectos tuvo que ahorrar sus fuerzas durante todo el resto de su vida). Fue entonces cuando desarrolló completamente los métodos y la maestría en el arte de la enseñanza, que establecieron su fama universal como maestro. En el campo de la investigación continuó el trabajo sobre el tema que había elegido en su primera época, el comercio internacional, y la mayor parte de los artículos que escribió durante esos años pertenecían a dicha materia. Los frutos de sus investigaciones fueron recopilados en un libro que constituye un arsenal de observaciones sobre la industria y a la vez una pieza maestra del análisis, libro titulado Some Aspects of the Tariff Question (Algunos aspectos de la política arancelaria), publicado por vez primera en 1915 (la tercera edición, ampliada, es de 1931).

También, en 1915, desarrolló un curso de conferencias en la Brown University, que publicó después bajo el título de Inventors and Money Makers (26). Hasta donde se me alcanza este libro fue el primer resultado tangible de un tipo de investigación que siempre le había interesado y para el cual estaba excepcionalmente dotado. El área general puede ser denomina Sociología económica o Sociología de la actividad económica. El estudio de las instituciones es una parte de la misma. El estudio de la conducta individual o de la conducta de grupo dentro de su marco institucional, es otra. Y en este amplio campo de investigación un análisis realista del tipo y de la conducta del empresario constituía uno de los más importantes grupos de problemas a los que TAUSSIG dedicó, con el transcurso del tiempo, una atención creciente.

Sin embargo, desde 1905 a 1911 el núcleo principal de sus esfuerzos estuvo absorbido por la redacción de sus Principles of Economics –"resultado de ambos años de enseñanza y de reflexión"–. La obra, en dos volúmenes, apareció en 1911. Fue un éxito instantáneo, y de acuerdo con sus méritos se convirtió pronto en uno de los manuales más empleados (27). Pero con esto no basta para dar cuenta ni del propósito ni de la realización. Sin duda se trataba de una obra pedagógica excelente que respondía a la madura sabiduría de un maestra excepcionalmente capaz. Además, TAUSSIG había tomado sobre sus hombros la tarea de enseñar algo más que los hechos y los métodos: enseñaba una actitud y un espíritu. Aceptó completamente la vigencia de una tradición que algunos de nosotros, por lo menos, hemos puesto en tela de juicio; es decir, la tradición que atribuye al economista el derecho y el deber de inspirar y enjuiciar la política, de dirigir la opinión pública y de definir los objetivos deseables. Poseía la opinión más elevada acerca de dicho deber, y por ello intentó cumplirlo con el sentido de responsabilidad innato en su enérgico temperamento. Al igual que MARSHALL, enseñó el evangelio de su tiempo, sin ir más allá del mismo y sin mostrar la comprensión de su relatividad. Pero lo enseñó con toda firmeza y con la mayor elevación de miras. Al obrar de ese modo se unió a la serie de grandes economistas encabezados por ADAM SMITH, que creyeron que enseñar Economía equivalía a enseñar Filantropía.

Pero esto no es todo. Con razón o sin ella se suele creer que un manual es un recipiente de materiales ajenos. Cualquier examen sistemático de toda la materia estudiada debe contener necesariamente dicho material ajeno. Pero el tratado de TAUSSIG contiene, en una proporción absolutamente excepcional, material excavado por él mismo, y por ello sistematiza primordialmente los resultados de su propio pensamiento. Esto es cierto evidentemente en lo que se refiere al libro o sección cuarta, que es una de las cosas de mayor calidad entre todas las que jamás se hayan escrito sobre comercio internacional. En menor grado cabe afirmar lo mismo con respecto a muchos pasajes concretos del tercer libro (Moneda y Bancos), o del sexto (Trabajo), del séptimo (Problemas de organización económica tales como ferrocarriles, combinaciones industriales, propiedad pública y controles, socialismo), y del octavo (Tributación).

El libro primero ("La Organización de la producción": Riqueza y Trabajo, División del Trabajo, Producción en gran escala, etc.), además de servir de introducción al contenido global de la Economía, siguiendo la pauta tradicional, aporta en el capítulo sobre el capital una nota personal que domina luego en los libros segundo y quinto (Valor y Cambio; Distribución). Dichos libros presentan la versión individual de TAUSSIG del sistema que ahora denominamos clásico y que señala la transición o fase intermedia entre las doctrinas de los antiguos clásicos (SMITH-RICARDO-MILL) y la labor teórica de nuestra propia época. TAUSSIG construyó su estructura sobre los cimientos ya contenidos en el volumen Wages and Capital, y que mientras tanto había estado desarrollando ampliamente, como lo prueban algunos capítulos que sirvieron de aproximación a la versión posterior: Capital, Interest, and Diminishing Returns (en Quarterly Journal of Economics, 1908) y Outlines of a Theory of Wages (en Proceedings of the American Economic Association, 1910). El teórico moderno no podría estar de acuerdo con gran parte de lo que allí se afirma; pero lo que aquí importa es el hecho de que conquistó un puesto en la primera línea del grupo que ostenta nombres tales como los de MARSHALL y WICKSELL.

La tarea que permitió dar forma final a los Principles fue realizada en una atmósfera de tristeza. La salud de la señora TAUSSIG había inspirado ciertos cuidados. En 1909-1910 él tomó un año de permiso o excedencia que pasó en Saranac, N. Y., donde falleció su esposa el 15 de abril de 1910.

Sin embargo, la actividad de investigación y de enseñanza continuó sin tregua. Otra cita extraída del discurso de apertura de 1914 servirá para completar el cuadro de aquellos años, que permaneció invariado hasta 1917: "Mi vida durante estos últimos siete años ha sido muy tranquila; los inviernos trabajando en Cambridge, y los veranos descansando en nuestra casa de Cotuit. Continúo encargado casi de los mismos cursos que en años anteriores, y consagro una gran parte de mi energía al curso de "Economics I", el curso de introducción a la materia, actualmente el más nutrido entre todos los cursos electivos. Es una costumbre en nuestro departamento y en general del Colegio la de no confiar los cursos introductorios en manos de los jóvenes ayudantes, encargándolos por el contrario a los profesores más maduros y con mayor experiencia". Y después refiere que en la primavera de 1912 hizo un breve viaje a Europa como representante de la Cámara de Comercio de Boston para asistir a un Congreso Internacional de Cámaras de Comercio, celebrado en Bruselas, y después actuó como presidente del Comité para el programa del Congreso, celebrado en Boston en septiembre de 1912.

A principios de 1917, sin embargo, se embarcó en una nueva carrera tan brillante como breve. La naturaleza le había preparado para el servicio público, y en cierto sentido él fue un gran funcionario –en el mejor sentido de la palabra– durante toda su vida. Pero durante cerca de dos años y medio lo fue en el sentido estricto del término aceptando la presidencia de la entonces recientemente creada Comisión de Tarifas Arancelarias norteamericanas.

La dirección de una nueva oficina pública, la formación de su espíritu y de su retina, la creación del núcleo de su tradición, constituyen una de las más difíciles entre todas las tareas que comprende la administración pública. Así ocurre en cada país, pero con mayor relieve todavía en este país donde son tan raros los "viejos expertos" en tareas burocráticas de cuya práctica beneficiarse al fundar un nuevo departamento administrativo. No fracasar bajo las condiciones que reinan en la administración norteamericana equivale a suministrar una prueba irrefutable de personalidad vigorosa, decidida y excepcional. TAUSSIG fue el hombre adecuado para las funciones semicientíficas y semijudiciales propias de aquella oficina, y en ambas logró un éxito total. Su idea acerca del funcionamiento correcto de la Comisión consistió en acentuar el aspecto de sus deberes relativo a la investigación de los hechos, pasando después paulatinamente de la investigación a la formulación de recomendaciones de política económica, que esperaba podrían llegar, con el tiempo, a reemplazar las afirmaciones ex parte sobre las cuales se basaba la acción legislativa en materia de tarifas. En consecuencia la Comisión Arancelaria emprendió, bajo su dirección, un estudio sistemático de todas las mercancías importantes incluidas en la ley de tarifas, de tal modo, que se pudiera suministrar información de buena calidad al Congreso cada vez que se presentara la oportunidad de una revisión. En otro proyecto se proponía una revisión de las leyes administrativas de Aduanas, que eran una herencia de los días de las diligencias de 1799, y además engorrosas hasta un grado increíble. Las recomendaciones de la Comisión fueron aceptadas poco después en su casi totalidad. Otro informe trató de la cuestión de los puertos francos y de las zonas francas, y otro examinó la cuestión de la reciprocidad y los tratados comerciales; ambos constituyeron excelentes piezas de trabajo y no dejaron de marcar una gran influencia sobre la política del país. Todos los estudios e informes mencionados fueron en gran parte obra personal suya, así como la expresión de muchas de sus opiniones personales. Con su mentalidad abierta y pronta a aceptar cualquier punto de vista razonable, y con su autoridad eminente se convirtió de modo natural en el leader de su grupo en un sentido que no suele estar implicado en una posición oficial de aquella naturaleza. No podemos hacer nada mejor que citar el pasaje añadido al Third Annual Report de la Comisión, presentado poco después de su dimisión:

"Con la dimisión del Dr. F. W. TAUSSIG, acaecida el 1 de agosto de 1919, la Comisión ha sufrido una pérdida irreparable. Durante muchos años su conocimiento de la historia arancelaria y de la política aduanera de los Estados Unidos superó al de cualquier otro hombre en el mundo entero. Sus libros y sus numerosos artículos sobre estas materias forman una colección de informaciones hábilmente interpretadas que estudiantes y legisladores han consultado con frecuencia. Al mismo tiempo su obra y sus opiniones no han reflejado en absoluto la estrechez de miras habitual en los especialistas, gracias a que su conocimiento en otros campos científicos, así como su familiaridad con el mundo de los negocios y con los hombres de negocios le han permitido ver en su verdadera perspectiva el significado de la política arancelaria y los detalles de las medidas arancelarias. El ha combinado en grado sumo la visión del docente y del teórico con el sano juicio y el sentido común del hombre de negocios práctico. Y a estas cualidades se suma una poderosa personalidad y una gran energía. Su designación por el presidente de los Estados Unidos como presidente de la Comisión Arancelaria, produjo satisfacción general e inspiró confianza en todas partes con respecto a la honestidad, corrección y utilidad de la tarea de la Comisión. A costa de importantes sacrificios personales durante más de dos años, la Comisión pudo aprovechar la ayuda indispensable para dar forma a su organización, para iniciar y planear sus investigaciones, orientando sus consejos y dirigiendo sus actividades".

Al entrar los Estados Unidos en la guerra, las responsabilidades de TAUSSIG excedieron pronto de las derivadas de su participación en la Comisión. Se convirtió en miembro del Comité de Fijación de Precios del Departamento de Industrias Bélicas, y durante cierto tiempo prestó sus servicios en la División de Molturación de la Administración de Alimentos, así como en la Subcomisión de dicha Administración, encargada de la inspección de la industria conservera. La carga resultó muy pronto excesivamente dura para él, y no tuvo más remedio que procurar poner cortapisas al despilfarro de sus energías. Sin embargo, a petición del presidente WILSON, conservó su cargo en el Comité de Fijación de Precios juntamente con la presidencia de su propia Comisión.

El presidente WILSON se dio perfecta cuenta del valor de la cooperación de un consejero tan capacitado y entregado al servicio de sus compatriotas. La relación entre ambos llegó a ser lo bastante íntima como para que TAUSSIG se sintiera autorizado, ya en enero de 1918, para presentar al presidente sus puntos de vista acerca de cuestiones que excedían notablemente de sus deberes oficiales, tales como los objetivos de guerra de este país. Por lo tanto, fue casi natural que fuera invitado a formar parte del Comité asesor sobre la paz. No hace falta decir que el Subcomité que se ocupaba específicamente de aranceles y tratados comerciales le fue atribuido especialmente, pero él participó en las reuniones del Comité general, actuando como relator del mismo. Igualmente aportó su ayuda y consejos sobre otras cuestiones, internas y externas.

Fue a París firmemente resuelto a sostener la causa de la justicia y de la lealtad, y con una disposición mental completamente exenta de cualquier sentimiento de venganza. No existe la menor duda de que en muchos puntos concretos que entraron dentro de la esfera de su competencia, TAUSSIG ejerció realmente una influencia decisiva y benéfica, suavizando con destreza muchas exigencias irrazonables (28). Pero jamás sabremos con precisión hasta dónde llegó su influencia. Ni tampoco podremos averiguar lo que llegó a pensar y a sentir con respecto a las cláusulas más ominosas del Tratado, aparte de cuanto dijo en una conferencia pronunciada ante la Unitarian Society de Boston, conferencia titulada A human Story of the Peace Conference (29). En las cartas que escribió a su familia durante aquellos meses, cartas deliciosas y casi infantiles, se limitó a referirse a sus preocupaciones y observaciones diarias. Una parte de lo que hizo y pensó podría reconstruirse a través de sus conservaciones con sus íntimos. Pero él jamás insistió sobre su participación, y a la vez se mostró muy reservado en sus comentarios críticos. Varios de nosotros podemos lamentarlo, pero ello era una característica del hombre. Siempre en todo cuanto hizo y dijo planeaba un gran sentido de profunda responsabilidad. Jamás "echó por tierra" a nadie que hubiera cooperado con él.

Antes de regresar, en junio de 1919, presentó su dimisión de presidente de la Comisión Arancelaria, dimisión que tuvo efecto en agosto. Sin embargo, continuó participando en la Conferencia Industrial del presidente en 1919-1920, y hasta 1926 en el Sugar Equalization Board (30).

- El gran anciano (1920-1940)


A los sesenta años, TAUSSIG regresó a Harvard, a su labor docente y a sus investigaciones, con fama y autoridad todavía, aumentadas y con entusiasmo casi juvenil, decidido evidentemente a realizar sus propósitos lejanos de "vivir en Cambridge y trabajar para Harvard hasta el final".

Nuevamente su vida transcurrió por los viejos cauces. Sus días estaban llenos de un trabajo que le proporcionaba placer, interrumpido por paseos breves y rápidos, y en los veranos, en Cotuit, por largas horas de natación y de baños de sol. Por la noche le apetecían los conciertos y aún más la reunión con algunos amigos, especialmente universitarios, reuniones a las cuales su fuerte personalidad acababa por impartirles un poco del ambiente de las aulas. Gracias a su natural encantador y generoso, envuelto siempre en una reserva digna, se convirtió en el maestro amado que vive en nuestra memoria con sus brillantes virtudes y con sus deliciosas afectaciones (31). En 1918, contrajo matrimonio con la señorita LAURA FISHER, cuya amabilidad iluminó su hogar durante diez años, contribuyendo a dar una acogida risueña a los jóvenes que acudían para rendir su tributo de admiración, afecto y respeto al gran maestro.

Dentro de sus actividades profesionales la dirección del Quarterly Journal of Economics ocupaba más que nunca un lugar prominente. Y tanto por lo que el Journal significó para él, como por lo que él significó para el Journal, conviene que nos detengamos un instante para considerar su labor y sus éxitos. Desde 1896 a 1936 –con pocas y breves interrupciones, exceptuando los dos años en que se ausentó por su agotamiento nervioso– se dedicó con extraordinario celo a leer y juzgar manuscritos, a solicitar colaboraciones y a suministrar sugerencias para mejorarlas. Hasta que en 1929 el profesor A. E. MONROE inició su colaboración en las tareas de dirección, trabajó con muy poca ayuda, exceptuando la de tipo administrativo. Su éxito fue sorprendente. No existen dudas acerca del nivel en que mantuvo el Journal, ni acerca de la contribución que él mismo ha soportado al desarrollo de la economía científica en todo el mundo.

Semejantes éxitos son raros. En realidad no sería fácil señalar otro ejemplo en nuestro campo de un director de revista que hubiera alcanzado el nivel de TAUSSIG. Definir el secreto de su realización en esta tarea equivale a definir su personalidad, en la cual la energía y el carácter abierto de su mente se fusionaron de manera insuperable. Guió al Journal con mano firme y no permitió que obstaculizaran su labor los distintos Comités. En alguna ocasión solicitó consejos, pero las decisiones las tomó siempre personalmente, independientemente de tales consejos. Un hombre que se comporte de ese modo y dispuesto a mantener sus opiniones corre el peligro de convertirse en dictatorial y mezquino. Pero él ni fue ni lo uno ni lo otro. Supo percibir la calidad tan pronto como se enfrentaba con ella, y la exigía siempre. Pero se mostraba totalmente indiferente ante el hecho de que los métodos empleados por los autores o los resultados alcanzados por los mismos, fueron o no de su agrado. Un ejemplo destacado de esto lo encontramos en el modo como dio acogida a las contribuciones matemáticas. Su propia actitud hacia la teoría económica matemática fue una actitud de escepticismo e incluso de disgusto. Sin embargo, acogió en el Journal los artículos de HENRY L. MOORE, y en el último año de su dirección aceptó cordialmente uno de los artículos más técnicos que se hayan escrito desde aquel punto de vista. Y esto no es todo. Supo afrontar los problemas que presentan para todo director los artículos sobre temas de interés general y actual de un modo singularmente feliz. Deseaba, por supuesto, mantener al Journal en contacto con los problemas ordinarios de su tiempo; pero alentaba las contribuciones al estudio de problemas que permitieran ser tratados a la luz de principios generales, persiguiendo con ello, y consiguiéndolo casi siempre, artículos que tuvieran un interés permanente. Y por lo que se refiere a las notas críticas y reseñas sus preferencias se inclinaban por artículos dedicados al examen de libros cuidadosamente elegidos, evitando con ello otra de las dificultades que tiene ante sí la tarea del director.

El director exigente que impone unos niveles en vez de aceptarlos, se convierte en un maestro de la profesión. Pero es en el maestro de Harvard en quien pensamos al recordar los años que estamos comentando. Hemos señalado más arriba que él se entregaba en cuerpo y alma a aquella tarea, en la que no tenía rival. TAUSSIG tuvo –no nos duele admitirlo–, no sólo quienes le igualaron, sino también quienes le superaron en la formación de escuelas de pensamiento, aun cuando él mismo formó una en el campo del comercio internacional, y aun cuando la influencia de su visión general del problema económico pueda ser reconocida en amplitud y en profundidad; sin embargo, no tuvo rival ni en éste ni en otro país en el arte de enseñar. Ha llegado ya el momento de que hablemos de su método.

Hemos señalado ya que enseñó diversas materias. Actuó también como tutor (32) y fue un conferenciante activo y estimulante. Pero su fama mundial como maestro va unida con la enseñanza de teoría, a la cual se dedicó exclusivamente desde 1928, especialmente con su curso favorito para graduados "Ec II", un curso que formó la mentalidad de muchos discípulos americanos y que fue ampliamente imitado en los colegios y Universidades americanas. Su éxito personal en esta cuestión se debe al método de las discusiones en clase. Tanto su método como el material que eligió se adaptaban perfectamente a la situación de la ciencia económica tal como él la encontró y como ayudó a formarla.

Fue uno de los primeros en darse cuenta de que la teoría económica, al igual que la parte teórica de cualquier otra materia, no es un recetario práctico ni una filosofía, sino un instrumento con el cual analizar las estructuras económicas de la vida real. Por ello la tarea del maestro consiste en impartir un cierto modo de ver las cosas, un hábito mental, un arte de formular las preguntas que hay que dirigir a los hechos. Pero no basta con comprender el instrumento; el estudiante debe aprender a manejarlo. El sistema empleado por TAUSSIG para alcanzar este fin fue lo que él mismo denominaba el método socrático. En sus clases comenzaba la discusión con un problema concreto, discusión a la que sabía impregnar de un gran interés, y entonces permitía a los estudiantes que discutieran dicho problema, conduciendo el debate con una autoridad natural que no tuvo ni tendrá su igual. Después de una de sus lecciones dijo en una ocasión a un amigo suyo: "No estoy satisfecho de mi labor de hoy. He hablado demasiado".

Al elegir los temas de discusión procuraba tomar un camino intermedio entre las doctrinas del pasado y las doctrinas del futuro. En su época, lo que habitualmente se llama "economía clásica" (es decir, las opiniones y los métodos de los principales economistas británicos entre 1776 y 1848) iba desapareciendo lentamente de escena. Sin embargo, pese a que en realidad enseñaba la teoría más moderna, especialmente la marshalliana, tuvo siempre en cuenta el fondo clásico. También en su época comenzaron a aparecer nuevas tendencias que han producido, en la actualidad, un nuevo tipo de teoría económica. El siguió el desarrollo de las mismas con cautela y sin dejar de pisar terreno seguro. Y este procedimiento guarda estrecha relación con su tremendo éxito como maestro. Evitaba refinamientos teóricos que habrían interesado a muy pocos, y al mismo tiempo se alejaba resueltamente de lo que estaba convirtiéndose definitivamente en anticuado.

No basta afirmar que los estudiantes le adoraban y que él hablaba con la autoridad que dan la sabiduría y la experiencia. Lo realmente trascendente es consignar que él conseguía imprimir algo de la amplitud de su espíritu y de su elevado sentimiento del deber público sobre todos cuantos le rodeaban.

Al igual que hemos visto con relación a su época anterior, los frutos de su investigación en los últimos decenios de su vida se dividen en tres grupos. En primer lugar, debemos señalar que la gran mayoría de las sesenta publicaciones que realizó entre 1920 y 1934, se refería a problemas de comercio internacional. Los resultados de su labor en la Comisión de Aranceles y los problemas de la guerra y la postguerra, fueron, como era de esperar, de gran envergadura; en realidad, aquellas experiencias le ofrecieron abundantes oportunidades para aplicar y verificar sus opiniones (las cuales, debemos señalar de pasada, alcanzaron mayores éxitos de cuanto los detractores de las doctrinas "clásicas" acostumbraban a admitir), e incluso dieron lugar a nuevos progresos (33). En 1920 publicó un volumen que contenía una recopilación de muchos de sus ensayos sobre la materia: Free Trade, the Tariff and Reciprocity (34); más tarde se despidió de la enseñanza de dicha materia, aun cuando no de su interés por la misma, publicando una pieza maestra, su International Trade, en 1927 (35).

Dicho tratado contiene diversas contribuciones que no pueden ser examinadas aquí; baste decir, sin embargo, que resumen con insuperable claridad y vigor la mayor parte de la labor y de las enseñanzas de TAUSSIG en el mencionado sector de la teoría. Para poder apreciar en todo su valor la imponente estructura de aquella obra, conviene, en primer lugar, reducir a sus exactas dimensiones la importancia de lo que a ojos de los teóricos modernos se presenta como una fuente de errores. La teoría pura del comercio internacional se encuentra, sin duda, en un proceso de reconstrucción radical que acabará necesariamente por eliminar mucho de los instrumentos empleados por TAUSSIG; éste partió, incluso, de la teoría del valor-trabajo, que le fue útil para resolver ciertos problemas básicos, pero que no puede ser mantenida sin un cierto número de hipótesis auxiliares de naturaleza muy peligrosa. Esto le convierte en "clásico" en opinión de mucha gente. Pero es necesario recordar que las técnicas jamás le interesaron intrínsecamente. El procuraba mejorar su visión científica con cualquier instrumento que encontrara a su disposición, y si este último era ricardiano, quien lo empleaba estaba, en ciertos aspectos, muy por encima de su tiempo, como lo demuestra, por ejemplo, su grandioso plan de distribución internacional de materias primas. Sus éxitos al afrontar los problemas prácticos que le interesaron realmente, fueron siempre sorprendentes. Los críticos deberían maravillarse ante la eficacia que pueden alcanzar los instrumentos anticuados en manos de un maestro, antes que asombrarse de la repugnancia del maestro a abandonar los instrumentos anticuados.

Sin embargo, la teoría no constituye toda su aportación. Ni siquiera es la parte más importante de la misma. Prescindiendo de sus amplios horizontes, de su profunda sabiduría, de la aguda valoración de las implicaciones políticas y limitándonos al aspecto puramente científico de la obra, no podemos dejar de admirar el modo en que trabajó, y llevó a varios de sus discípulos a trabajar en el espíritu de la Econometría; la "teoría" es seguida por los "hechos" o, en sus propias palabras, por los "problemas de la verificación"; y de ahí surgen, naturalmente, los análisis de las series temporales, aun cuando de naturaleza muy sencilla. Pero fue mucho más allá de los tópicos corrientes del econometrista. Hizo de su análisis un instrumento de historia económica, conduciéndonos así a un futuro lleno de promesas, en el cual la ignorancia de la teoría deje de ser un distintivo honorífico para el historiador de la Economía, y la ignorancia de la historia un distintivo honorífico para el teórico.

En segundo lugar, abrió nuevas rutas con su obra sobre el Origen of American Business Leaders, publicada en 1932, en colaboración con el Dr. C. S. JOSLYN. Hemos señalado ya el creciente interés de TAUSSIG hacia lo que hemos denominado sociología económica. Lo primero que le atrajo fue la conducta o la motivación individual. Después se orientó en otra dirección. El fue uno de los pocos economistas que se dio cuenta de que el procedimiento mediante el cual una sociedad elige sus líderes para la que, desde el punto de vista de su estructura concreta, constituye la función social fundamental –como lo fue, por ejemplo, la función de guerrero en la sociedad feudal– es uno de los aspectos más importantes de una sociedad, y la más importante para su funcionamiento y para su destino. Y, en consecuencia, realizó una tentativa, atrevida y original, para dominar dicho problema, recopilando, a través de un cuestionario, abundante información acerca del problema del verdadero papel desempeñado en la industria americano por los self-made man o por sus herederos. Sea cual fuere nuestra opinión acerca de los métodos empleados por TAUSSIG al extraer inferencias del material que reunió, no podemos dejar de advertir que bajo el amplio punto de vista que da a la tentativa su verdadero significado, su estudio fue la obra de un innovador y una muestra de genio.

En tercer lugar, debemos mencionar dos aportaciones en su laboratorio teórico. La primera, A Contribution to the Study of Cost Curves, en Quarterly Journal of Economics, 1923, merece ser señalada en razón de la reciente importancia que ha adquirido la cuestión. El ensayo surgió como consecuencia de la labor efectuada en la Comisión de Tarifas y presentaba una teoría de una (Bulk-line cost curve) "curva de costes de línea gruesa". Dicha teoría no alcanzó éxito ciertamente, pero era, desde luego, una tentativa. La segunda aportación, el artículo Is Market Price Determinate? (en la misma revista, 1921) dio un nuevo impulso al pensamiento científico. Hasta donde se me alcanza, TAUSSIG fue el primero en considerar que la teoría económica si tenía que convertirse en un instrumento cuantitativo, más pronto o más tarde tendría que trabajar con líneas más que con puntos, con zonas de extensión finita más que con funciones en sentido ordinario. Dicha tentativa no ha sido proseguida a fondo por la sencilla razón de que exige, para ello, una técnica enteramente nueva. Sin embargo, algún día la "penumbra" de TAUSSIG –un término muy acertado creado por él mismo– recibirá el reconocimiento a que es acreedora.

Pero llegó el día en que la "inevitable" –como él lo llamaba– comenzó a arrojar su sombra. Ninguna contribución importante aparece después de 1932. En sus clases continuaba realizando una labor excelente. Pero pronto fue dándose cuenta del peligro de no estar a su altura acostumbrada. Para un hombre de su temperamento –para quien su trabajo era su vida– debió ser una dolorosa sensación. Pero no dudó lo más mínimo. Renunció a su cátedra en 1935 y a la dirección del Journal en 1936 (36). Poco después escribió, con respecto a su retirada: "Mis colegas y amigos me han dicho que les había entristecido mi decisión, y sus palabras amables me permiten confiar en haber logrado el que desde hace muchos años ha sido mi objetivo: retirarme cuando la gente pudiera decir todavía con cierta sinceridad: "Es una lástima", y no esperar a que pudieran decir con toda franqueza: "Ya era hora"".

Fue una gran suerte que, especialmente cuando el Journal ya no formaba parte de su vida, le esperara una labor en la cual él había puesto todas sus ilusiones. Sus Principles of Economics constituían uno de sus principales intereses desde hacía mucho tiempo. Las revisiones que efectuó al preparar la tercera edición (1921) había sido hecha con prisas y jamás le satisfizo. "Teniendo en cuenta los enormes cambios sociales y económicos acaecidos desde 1914, difícilmente encontraríamos un tema que pudiera ser tratado del mismo modo que anteriormente" (37). En consecuencia dedicó las fuerzas que le restaban a la tarea agotadora de revisar, y en parte reescribir, el total, y de rehacer completamente el tercer libro (Dinero y Bancos) y el quinto libro (Distribución). Gracias a la ayuda que obtuvo de algunos hábiles colaboradores pudo terminar con éxito dicha revisión, pudiendo redactar el prefacio a la cuarta edición en el mes de marzo de 1939. La estructura general, la visión y el método eran los mismos; tampoco varió el fundamento de la estructura teórica.

Y en ello obró sabiamente. La obra de TAUSSIG, como economista, ocupa un lugar propio en la historia de la ciencia, y de dicho lugar no desaparecerá jamás. Y ninguna formulación ecléctica bastaría para borrar los rasgos distintivos de su obra. Son dichos rasgos los que se destacan de manera impresionante si los contemplamos a la luz de la evolución de la ciencia económica en los Estados Unidos. En sus comienzos existieron los viejos maestros con su sabiduría práctica –HAMILTON y otros como él–, pero, como era natural en un medio ambiente, en el cual los hombres tenían otras cosas que hacer antes de poder filosofar, no llegó a florecer ninguna economía científica indígena. Existieron proteccionistas smithianos del tipo de DANIEL RAYMOND, y más tarde, pensadores originales e indisciplinados como HENRY CAREY. Después de la guerra civil, o alrededor de aquella época, las cosas comenzaron a moverse hacia adelante; lentamente al principio y rápidamente más tarde. El nombre de TAUSSIG se encuentra unido más que el de ningún otro individuo con el desarrollo que ocasionó el cambio citado. Pero en sus años de formación, TAUSSIG, al igual que cualquier otro que persiguiera un esfuerzo mental serio, tuvo que aprender la lección de inglés en la forma que MILL la había enseñado. Al igual que MARSHALL, aprendió los elementos de MILL. Sin embargo, nadie que esté dotado de agudeza mental puede leer a MILL sin ver la figura de RICARDO por encima de la cabeza de MILL. Y fue esa influencia –la influencia de RICARDO– la que TAUSSIG se sintió pronto a aceptar, no bajo un espíritu de imitación receptiva, sino con un espíritu de adhesión creadora. Las mismas dificultades que se presentaron a otros que partieron del aparato ricardiano –MARX entre ellos– debieron presentársele también a él. Y mientras luchaba con las dificultades presentadas por la famosa sección cuarta del primer capítulo de la obra de RICARDO, trabó conocimiento con la obra de BÖHM-BAWERK, la cual, sin duda, le permitió elaborar una teoría del capital, que era a la vez una teoría del salario. Al igual que MARSHALL, cuyo camino fue distinto pero fundamentalmente paralelo, no acogió con simpatía el análisis de la utilidad. Pero no encontró dificultades para desarrollar su teoría del salario hasta el punto que indica su frase "productividad marginal descontada del trabajo". Una vez alcanzado este punto, la afinidad entre el MARSHALL inglés y el americano resulta todavía más evidente. Ambos triunfaron en el empeño de construir un organon analítico, que es clásico en el sentido en que este término se aplica a la Física teórica entre 1890 y 1900, es decir, en el sentido que significa belleza y simplicidad de líneas y a la vez limitaciones técnicas. Ambos lograron que aquel organon sirviera a una gran concepción histórica, así como a un deseo ardiente de resolver los problemas más acuciantes de su tiempo. Ambos estuvieron acertados al respetarse mutuamente, como lo hicieron así, como en no ceder en ningún punto concreto.

La publicación de la nueva edición de los Principles dejó un gran vacío en la vida de TAUSSIG, vacío que intentó incesantemente, pero en vano, llenar. No encajaba con su temperamento permanecer ocioso. Nunca cesó de creer que todavía quedaba trabajo por hacer. Y en efecto era así. De muy pocos hombres sería tan interesante poseer su último mensaje como lo habría sido de TAUSSIG. Pero rápidamente estaba perdiendo facultades en orden a realizar un esfuerzo prolongado, y nada nos queda –exceptuando su esquema de la vida de su padre, al cual ya nos hemos referido– de los penosos esfuerzos que acometió en tal sentido. Fue uno de los hombres que deberían morir en plena actividad y para quienes el nunc dimittis jamás llega en el momento oportuno.

Sin embargo, hasta el final estuvo exento en proporciones excepcionales de los inconvenientes que acompañan frecuentemente a la edad avanzada. Disfrutaba de una vista y un oído excelentes, de una gran cantidad para pasear y para andar. No le afectaban preocupaciones personales y era completamente feliz en el seno de su familia, que se reunió a su alrededor, por última vez, en Cotuit, en el verano de 1940. En la época acostumbrada, al comenzar el año académico, regresó a Cambridge. Allí sufrió un ataque que le dejó inconsciente durante una semana. Sin recuperar el conocimiento falleció tranquilamente y sin dolor el 11 de noviembre de 1940.

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(1) Según parece, las pistolas eran muy necesarias en aquel tiempo. Al hijo le gustaba explicar cómo a su padre, cuando dejaron de ser necesarias, invitó a su mujer a salir con él, con objeto de celebrarlo, y "para descargarlas juntos".

(2) El hijo contaba que su padre fue a Washington y que allí con las cuentas en la mano permaneció sentado en las escaleras de la Tesorería hasta que consiguió una audiencia y el dinero que se le debía.

(3) La siguiente anécdota nos permitirá comprender cómo pudo impresionar a un buen conocedor de la aptitud para los negocios. La compañía constructora de puentes compraba sus tubos de acero en la factoría de CARNEGIE. Surgieron algunas dificultades en relación con los suministros, y TAUSSIG se trasladó a Pittsburgh para arreglar la cuestión con el propio ANDREW CARNEGIE. Cualquiera que fuera su punto de vista supo defenderlo perfectamente al extremo de que CARNEGIE le ofreció una participación en sus negocios.

(4) Carta de Mrs. ALFRED BRANDEIS al profesor MASON.

(5) Hijo de S. M. FELTON, fundador de la "Pennsylvania Steel Works" (Fundición de Acero de Pennsylvania).

(6) Conviene recordar que esto implicaba inevitablemente un contacto con los principios del –digamos– reformismo conservador tal como fueron formulados por la Verein für Sozialpolitik, TAUSSIG reconoció siempre la influencia de ADOLF WAGNER y hasta el final conservó sus sentimientos de simpatía y respeto. Ignoramos si llegaron a conocerse personalmente.

(7) Citado de las publicaciones de la promoción de 1879, Secretary's Report, 1882. En el Report de 1885, FELTON añadió sus propios comentarios atestiguando que se habían divertido "enormemente" en Londres.

(8) Entre los primeros frutos de su aprendizaje cabe citar el informe de catorce páginas titulado The University, 1879-1882, publicado por TAUSSIG en el Report de la Promoción de 1879, Commencement, 1883.

(9) Su conocimiento de la historia americana alcanzaba el nivel de un profesional. En 1884, y en ausencia del profesor A. B. HART, dio un curso de historia americana. Precisamente por el hecho de ser dicho conocimiento profesional, no se extendió –por lo menos al mismo nivel– mucho más allá de la historia de su país. Como hemos visto, estudió Derecho Romano y realizó muchas lecturas de carácter general. Pero ni la historia antigua ni la historia medieval fueron jamás para él una realidad viviente.

(10) Escribió también un capítulo suplementario el cual trata exclusivamente (no deja de ser significativo) de cuestiones prácticas. Se titula Economic Questions in the United States, y celarias, la tributación interior, dinero y plata (acentuando a este propósito su disparidad de criterio acerca de las opiniones bimetalistas de LAVELEYE hasta el extremo que es posible hacerlo en el propio libro del autor rebatido), navegación americana y leyes sobre la navegación.

(11) En una ocasión TAUSSIG se expresó de ese modo ante el profesor SCHUMPETER. Toda vez que este último era un austriaco y además discípulo de BÖHM-BAWERK, es probable que la amabilidad pueda haber tenido una cierta participación en dichas afirmaciones. Pero a la vista de la orientación que TAUSSIG dio a su obra teórica, dicha participación no pudo ser muy grande.

(12) Vid. el artículo escrito en su homenaje por TAUSSIG: Charles Franklin Dunbar, publicado en la revista Harvard Monthly, 1900.

(13) Citado del artículo necrológico de Mr. BURLINGHAM dedicado a la memoria de TAUSSIG y publicado en el Harvard Alumni Bulletin, 30 de noviembre de 1940. En este sentido FRANCIS BOWEN (1811-1890) goza de la distinción de haber partido del mismo punto que ADAM SMITH. Fue, en efecto, una especie de polígrafo, lo cual en su tiempo equivalía ya a decir que no podía profundizar demasiado en ninguno de los ramos afectados por aquel término. Sus Principles (1856; nueva edición bajo el título de American Political Economy, 1870) aun cuando no carentes de mérito alcanzaban a duras penas el nivel de los clásicos ingleses cuyas doctrinas rechazaba.

(14) Las posiciones subordinadas en Harvard eran entonces, sin embargo, más satisfactorias, toda vez que era mucho más fácil para un joven conquistar lo que es tan difícil de conquistar en la actualidad: un curso en propiedad.

(15) Del Report de la clase 1879, Commencement, 1885.

(16) Este curso ampliado y convertido más tarde en el de Comercio Internacional, lo explicó como curso semestral en los años académicos (finalizando en el mes de Junio) de 1884-1894, 1896, 1897, 1901, 1906, 1913-1917, 1920, 1921, 1923 y 1925-1927. Se trataba de un curso superior. Un curso de Comercio Internacional introductorio, igualmente semestral, lo profesó en los años académicos de 1921, 1922 y 1924.

(17) TAUSSIG explicaba el curso llamado "Economics A" (entonces llamado "Polecon I") en los años académicos (finalizando en el mes de Junio) de 1887-1894, 1896-1901, 1904-1909 y 1911-1915. Además colaboró como conferenciante especial en los cursos de 1922 a 1928.

(18) Este curso de teoría superior fue profesado en los años académicos (finalizados en Junio) de 1887-1894, 1897-1900. 1904-1909, 1911-1917 y 1920-1935: un récord impresionante.

(19) Aprovechamos la ocasión para enumerarlos: hubo los llamados Cursos de 20 conferencias que dio en 1891-1900, 1907-1909, 1911, 1912, 1915-1917 y 1920-1935. En 1900 se limitó a un curso semestral.

Además intervino en el curso denominado "Investigaciones de problemas económicos" (en realidad problemas escogidos de teoría y de política económica) en los años 1889, 1896 (semestre) y 1899 (un semestre).

Un curso semestral sobre Transportes ferroviarios en 1891-1894 y 1896; un curso semestral sobre Banca, en 1896; un curso semestral sobre Tributación en 1897, 1898, 1900 y 1901; y, finalmente, el curso semestral de introducción a la Economía ("Economics I", como se le llamó más tarde), que dio en los años de 1901, 1904, 1906, 1908, 1916, 1917 y 1930-1935. Los estudiantes lo consideraban como el curso más importante entre los de introducción.

(20) Class Report, Commencement, 1895.

(21) Aquella casa, muy conocida de los hombres de Harvard, fue su hogar casi hasta el fin de sus días [fue en otoño de 1940 cuando la alquiló y se trasladó al domicilio de su hija mayor (la señora HENDERSON), en Francis Avenue). La cuestión de su residencia quedó perfectamente arreglada cuando la familia pudo utilizar una espaciosa casa de veraneo de Cotuit, Massachusetts, situada frente al mar.

(22) Veamos un esquema de las actividades oficiales de TAUSSIG dentro de la administración de la Universidad de Harvard:

COMITÉS DE LA FACULTAD

Estudiantes avanzados, 1890-1891; 1891-1892.

Admisión de alumnos provenientes de otros colegios: 1892-1893; 1893-1894.

Instrucción: 1895/1896-1900/1901.

Commencement Parts: 1896/1897-1900/1901.

Premios BOWDOIN (presidente): 1899/1900-1900/1901.

Instrucción y promoción al Radcliffe (presidente): 1906/1907-1908/1909.

DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA

Presidente: 1892/1893-1893/1894; 1895/1896; 1898/1899-1900/1901; 1910/1911-1911/1912.

DIVISIÓN DE HISTORIA, GOBIERNO Y ECONOMÍA

Presidente: 1896/1897-1897/1898.

(23) En el Class Report, Commencement, 1895, escribió: "Me han dicho que la posición de correspondiente ha dado pie a que me consideren en algunos sectores como un enemigo obstinado y pérfido de la prosperidad americana, pero yo estoy contento de aceptar dicha posición como un nombramiento honorable por parte de un cuerpo de distinguidos hombres de ciencias"; lo cual constituye como puede verse, un pasaje interesante y divertido a la vez.

(24) Todavía cayó sobre él una nueva tarea de dirección al ser elegido en 1896 como presidente del Comité de Publicaciones de la "American Economic Association".

(25) En aquella época fue elegido miembro de la "British Academy" y de la "Accademia dei Lincei". Otros nombramientos honoríficos que le fueron conferidos durante el período que estamos considerando atestiguan que su reputación estaba ya firmemente establecida. Recibió el título de Doctor en Leyes por la Universidad de Brown en 1914, y a pesar de la máxima nemo propheta in sua patria, de la misma Universidad de Harvard, en 1916.

(26) De pasada señalaremos que dio también un cursillo de lecciones en la escuela de verano de la Universidad de California, en 1916.

(27) La tercera edición, revisada para comprender los efectos de la primera guerra mundial, es de 1931. Una traducción japonesa se publicó en 1924. La cuarta edición casi totalmente reelaborada es de 1939. La dedicatoria de la misma reza: Patri Dilecto Filius Gratus.

(28) Una gran parte de las cuestiones de detalles relativas a tarifas arancelarias y a tratados de comercio fueron, por sugerencia británica, dejadas a su libre arbitrio, aun cuando algunas concesiones a peticiones irrazonables parece que se hicieron contra su consejo.

(29) Un resumen de esta conferencia se publicó en el Christian Register, 1920.

(30) Señalaremos también, para no olvidar ningún detalle, que fue nombrado comendador de la Orden belga de la Corona, y Caballero de la Legión de Honor.

(31) Señalaremos aquí que recibió nombramientos honoris causa por parte de la Universidad de Northwestern (Doctor en Leyes, 1920), por parte de la Universidad de Michigan (Doctor en Leyes, 1927); por parte de la Universidad de Bonn (Doctor en Filosofía, 1928); y de la Universidad de Cambridge. Este último nombramiento le proporcionó una gran satisfacción. Fue a Inglaterra a recibirlo, y disfruto muchísimo, tanto por la estancia en general como con la ceremonia en particular, la dignidad de la cual resultó un tanto mitigada por el humorismo del orador. En 1920 fue elegido presidente del capítulo de Harvard de la sociedad Phi Beta Kappa.

(32) Desde 1925-1926 a 1931-1932, TAUSSIG pronunció conferencias para algunos estudiantes destacados, normalmente una conferencia por estudiante. El anuario del colegio se refiere a él como tutor desde 1927-1928 a 1934-1935.

(33) Vid. especialmente su importante artículo International Trade under Depreciated Paper, en Quarterly Journal of Economics, 1917.

(34) Traducción francesa en 1924.

(35) Traducción alemana en 1929; traducción japonesa en 1930.

(36) Se le confirió el título de "Profesor Emeritus Henry Lee". Se le eligió presidente de la "Harvard Alumni Association" para 1936-1937. Sus discípulos y amigos le ofrecieron para conmemorar sus setenta y siete años, un volumen de ensayos titulado Explorations in Economics, 1936.

(37) Del prefacio a la cuarta edición.

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- Grandes economistas en la historia


+ Karl Marx

+ Wesley Clair Mitchell

+ Marie Esprit Leon Walras

+ Carl Menger

+ Alfred Marshall

+ Vilfredo Pareto

+ Eugen von Böhm-Bawerk

+ Irving Fisher

+ John Maynard Keynes

+ Georg Friedrich Knapp

+ Friedrich von Wieser

+ Ladislaus von Bortkiewicz

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Fuente:
"Diez grandes economistas", J. A. SCHUMPETER, páginas 243 - 279.