viernes, 29 de septiembre de 2017

Irving Fisher | 1867 - 1947


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Este artículo, del economista J. A. Schumpeter, fue publicado, en su versión original, bajo el título Irving Fisher's Econometrics, en la revista Econometrica, Journal of the Econometric Society, vol. 16, núm. 3, en julio de 1948.

Irving Fisher y los economistas

J. A. Schumpeter, sobre Irving Fisher

El gran americano que ha desaparecido de entre nosotros, fue mucho más que un economista. Ahora bien, teniendo en cuenta el vasto reino sobre el cual gobernó y el clima intelectual de la época que nutrió su pensamiento han sido ya admirablemente examinados en Econometrica (1), me limitaré aquí a examinar la obra científica de FISHER en nuestro campo. Esto restringirá el ámbito de nuestra tarea, pero no disminuirá su calidad, lo cual tan sólo podría ocurrir por mi culpa. Pese a cualquier otra cosa que FISHER pueda haber sido –filósofo, ingeniero económico, cruzado apasionado de muchas causas que juzgó esenciales para el bienestar de la Humanidad, maestro inventor, hombre de negocios–, me atrevo a predecir que su nombre permanecerá en la Historia como el del economista científico más grande del país.

Limitaré mi tarea aún un poco más. SASULY, que ha sido colaborador muy allegado de FISHER, ha presentado un vívido y adecuado retrato de su obra estadística, y, en particular, ha expuesto la importancia histórica de The Making of Index Numbers y de la contribución más original de FISHER al método estadístico: el "Distributed Lag". No repetiré aquí lo que él escribió. Será únicamente el teórico, no el estadístico, quien será considerado en el texto que sigue. Sin embargo, el estadístico no puede ser enteramente eliminado, incluso dentro del sector de las actividades de FISHER, del cual me propongo tratar. Porque FISHER, a lo largo de la carrera y desde el comienzo, tendió a una teoría que fuese estadísticamente operativa; en otras palabras: a resultados no simplemente cuantitativos, sino también numéricos. Su obra, considerada en su totalidad, se ajusta idealmente al programa de "el progreso de la teoría económica en su relación con la estadística y con las matemáticas" y de la "unificación de los puntos de vista teórico-cuantitativo y empírico-cuantitativo" (2). Considerando la fecha de publicación de su primer libro, debemos contemplarle como el más importante de los descubridores de la Econometría desde WILLIAM PETTY. Esto es lo que yo contestaría si me interrogaran para resumir en una sola frase las razones que tengo para aplicar al calificativo de "grandes", tan categóricamente, a su obra. Substancialmente, esta obra se encuentra contenida en seis libros: Mathematical Investigations, Appreciation and Interest, Capital and Income, The Theory of Interest, The Pruchasing Power of Money y Booms and Depressions (3).


- Las aportaciones de la obra de Fisher


Estoy seguro de que RAGNAR FRISCH sorprendió a su auditorio cuando, en el banquete de homenaje a IRVING FISHER organizado por la "American Statistical Association", describió las Mathematical Investigations como una obra de "monumental importancia" (4). Porque aun cuando la reimpresión de 1926 y otras circunstancias han impedido que esta obra desapareciera de la lista de grandes realizaciones, nunca se le había hecho justicia tan plena por un economista profesional. Corrientemente, incluso teóricos competentes, veían el principal mérito de FISHER en haber presentado, ya en 1892, una versión sucinta y elegante de las teorías de WALRAS sobre el valor y el precio, y en haberla ilustrado por medio de ingeniosos modelos mecánicos. Por ello es necesario recordar al lector en qué consistió realmente la aportación de este libro.

Antes de intentar la definición de esta aportación, hemos de atender a otro deber. Esta es la ocasión de hacer justicia a FISHER personalmente. Con este propósito no debemos limitarnos a aquellos puntos objetivamente nuevos en su obra, sino que hemos de tener en cuenta también todo o que fue subjetivamente nuevo, es decir, todo lo que descubrió ignorando otros trabajos anteriores al suyo. Así lo hicimos en otros casos –por ejemplo, en los casos de RICARDO y MARSHALL–, y tan sólo obrando de este modo podemos tener la esperanza de lograr una concepción verdadera de la estatura intelectual de varias de las mayores figuras de nuestra ciencia. Aplicando este principio a las Mathematical Investigations de FISHER, descubrimos que la valoración ordinaria es inadecuada por lejos que vaya. Es una historia del análisis económico, ningún otro nombre que no sea el de WALRAS debe ser asociado con las ecuaciones del equilibrio general. Pero, para nuestro propósito, es conveniente señalar la afirmación de FISHER (prefacio de la edición de 1892) de que estableció las ecuaciones del capítulo IV, párrafo 10 –las cuales no presentan el sistema walrasiano completo, pero sí su esencia–, en 1890, "cuando no había leído a ningún economista matemático, exceptuando a JEVONS". Por otra parte, fue "tres días después de terminar la segunda parte" cuando "recibió y vio por primera vez la Mathematical Psychics del profesor EDGEWORTH, y a pesar de que las variaciones indiferentes, las direcciones de preferencia, etc., pertenecen ciertamente al nombre de EDGEWORTH y al de nadie más, nosotros tenemos también el derecho de recordar esta declaración de FISHER cuando intentemos formarnos una idea de las potencias intelectuales de nuestro desaparecido amigo. Como punto de partida, y como auxilio, tuvo la obra de JEVONS y la de AUSPITZ y LIEBEN. Pero subjetivamente hizo mucho más que reformular, simplificar e ilustrar a WALRAS.

De todos modos fue enteramente suya la labor que realizó en el campo de lo que, a falta de una expresión mejor, debo llamar teoría de la utilidad –a menos que el lector me permita usar mi propia expresión: "Economic Potential"–. Encuentro extraordinariamente difícil decir cuanto deseo saber sobre tal labor, y no solamente por falta de espacio. La situación actual en este sector de nuestra ciencia hace casi imposible la puntualización de mis observaciones, de tal modo, que se puedan evitar los equívocos. Ante todo, la aportación de FISHER fue, sorprendentemente, bifronte, como Jano. Consideremos separadamente estas dos caras.

La primera nos recuerda a PARETO. Ocho años, por lo menos, antes de renuncia este último a la utilidad como entidad psíquica (por no decir cantidad) FISHER anticipó en lo esencial, en la segunda parte de las Mathematical Investigations, el desarrollo del razonamiento que va desde PARETO a BARONE, JOHNSON, SLUTSKY, ALLEN y HICKS, GEORGESCU y, finalmente, a SAMUELSON. Tanto la utilidad final de JEVONS como las variaciones indiferentes de EDGEWORTH, estaban inspiradas en los cálculos de BENTHAM (o de BECCARIA) sobre el placer y el dolor; EDGEWORTH se había desviado de su camino, no sólo al obedecer al utilitarismo, sino también al destacar su influencia, introduciendo los "incrementos perceptibles de placer" de FECHNER. FISHER percibió que la "utilidad debe ser susceptible de una definición que la conecte con las relaciones positivas u objetivas entre mercancías" (prefacio, página VI). Pero en la segunda parte fue aún más lejos. Después de explorar los caminos que se abren tan pronto como la utilidad de cada mercancía, se considera como una función de las cantidades de todas las mercancías, concluyó con resultados (replanteados incompletamente en el párrafo octavo del capítulo IV) que sirven para adelantar la sugerencia de operar sin ninguna especie de utilidad; lo que deja entrever es un concepto que carece de cualquier connotación psicológica y que contiene los rudimentos de todas las piezas del mecanismo que surge en el pensamiento de PARETO. Aun cuando FISHER no llegó a emplear el término, fue, realmente, el precursor de la lógica de la elección. Incluso detalles –tales como la cuestión de la integrabilidad– que fueron objeto de las discusiones posteriores se encuentran en esas páginas.

Pero queda otra cara; ésta nos recuerda a FRISCH. Antes de seguir el camino hacia el punto final lógico, en el que descansa el postulado de consistencia de SAMUELSON o, como puede decirse también, la prueba de que la utilidad es, a la vez, una construcción inadmisible y redundante, FISHER, con insuparable simplicidad y brillantez, ofreció la teoría de la medición de esa cosa inexistente y superflua, definiendo su unidad ("útil") bajo la restricción de que la utilidad de cualquier mercancía o, por lo menos, de una mercancía, depende de la cantidad de la misma y es independiente de las cantidades de las demás mercancías (5). Esta restricción puede ser inadmisible. Los defectos del método indicado pueden ser tan numerosos como lo son los defectos de la nave de Colón comparada con un trasatlántico moderno. No obstante, fue una de las mayores realizaciones de la naciente Econometría. Espero que los lectores de Econometrica estén familiarizados con los desarrollos posteriores, asociados principalmente al nombre de FRISCH. Pero deseo volver a la cuestión: ¿cómo fue posible para un hombre capaz de escribir la segunda parte de las Mathematical Investigations concebir la medición de la utilidad marginal como un fin aceptable para la investigación econométrica?, ¿expulsó el concepto por una puerta –como indudablemente hizo en la segunda parte– únicamente para permitirle la entrada por otra? La respuesta parece ser ésta (6). Realmente dejó de lado, de manera completa, la utilidad psicológica –también en la primera parte–, sin volver a ella otra vez, aun cuando, al igual que ocurre en PARETO, conservó giros de expresión que tienden a hacer olvidar hecho. Pero, al revés de PARETO, comprendió que también dentro de la lógica de la elección tiene lugar un significativo problema de medición o, para expresarlo de otro modo, que la utilidad cardinal y la utilidad psicológica no están tan estrechamente unidas, como la mayor parte de nosotros parece creer. Podemos desear medir el calor sin querer –o sin poder– medir la sensación de calor. Estoy seguro, por supuesto, de que la idea completa está oculta tras una nube en la actualidad y que casi nadie está interesado en la misma. Pero ella volverá.

- La obra "Naturaleza del capital y la renta" (Nature of Capital and Income) de Fisher


El sistema walrasiano presenta ecuaciones de conducta (o de maximización) que comprenden teoremas de la lógica de la elección, efectuándose las elecciones bajo las restricciones que proceden de una parte de las ecuaciones de conducta y de otra de las ecuaciones de balance. Este sistema es muy general y admite diferentes interpretaciones; en otras palabras: es susceptible de producir "teorías" diferentes, según la forma de conceptualizar los fenómenos, de los cuales se sirve como modelo. Para tener un significado único (7) debe, por consiguiente, ser complementado por algo que es, en lógica estricta, nada más que un código semántico, pero que, para el economista, implica su visión total de la estructura del universo económico que ha de analizar, y prejuzga gran parte de los resultados que surgirán de su análisis. Pero los conceptos implican relaciones, ya que la teoría, en cuanto consiste en establecer esquemas racionales, es esencialmente una teoría del cálculo económico, podemos, en vez de decir que el sistema walrasiano presupone la resolución de un problema de conceptualización, decir también que presupone un esquema de contabilidad económica. Nosotros sabemos, por experiencia antigua y reciente, que esta conceptualización o esquema de contabilidad se centra en los temas de los valores del capital y de la renta. Por dicha causa WALRAS incluyó en sus Eléments d'économie politique pure unos cuantos párrafos que podrían haber sido titulados: principios elementos de contabilidad. Y por la misma razón, FISHER completó las Investigations con un volumen sobre la Nature of Capital and Income. Hasta donde yo he podido comprobarlo, este volumen alcanzó también tan sólo un éxito moderado. Muchos no vieron en él más que la continuación de la ya tan prolongada discusión sobre aquellos dos términos, de la cual tenían razón para sentirse fatigados. Unos cuantos, PARETO entre ellos, lo admiraron sobremanera, sin embargo (8).

En primer lugar, FISHER realizó una tarea, descuidada durante mucho tiempo. Yo no sé si otras personas están tan impresionadas como yo lo estoy por el hecho histórico de que los economistas habitualmente suelen dejar de aprovechar las oportunidades claras y de tomar el camino obvio. El destino del sugestivo folleto de D. BERNOULLI es un ejemplo a este respecto. El fracaso de los economistas para unir sus fuerzas con los ingenieros es otro. Pero nada ilustra mejor esta actitud que el olvido en que incurrieron los economistas del siglo XIX de las oportunidades para aprender la práctica contable y actuarial, y a la vez intentar su racionalización desde el punto de vista de la teoría económica. Se han hecho esfuerzos en este sentido de origen relativamente reciente, y los más importantes entre ellos, aun cuando lo hagan, sin duda, inconscientemente, siguen el ejemplo de FISHER. La respuesta de los contables fue favorable; otros se limitaron a criticar. Pero no importa; lo esencial es que FISHER rompió el hielo.

En segundo lugar, los resultados alcanzados por FISHER en este campo pueden ser parangonados con los que obtuvo en el campo de la teoría de los números índices. Cuando penetró en este último había transcurrido casi un siglo y medio desde CARLI, o cerca de dos siglos desde FLEETWOOD. Una gran cantidad de trabajo se había realizado sobre la materia. La contribución de FISHER consistió, de una parte, en sistematizar, y de otra, en racionalizar; por ejemplo, estableciendo un número de condiciones que los números índices debían satisfacer. Del mismo modo procedió en las cuestiones de capital y de renta. Partiendo del significado corriente de estos conceptos, dedujo racionalmente una serie de definiciones de Riqueza, Propiedad, Servicios, Capital y Renta, que fue nueva en virtud del mero hecho de que se ajustaba a un esquema racional. El resultado no fue del gusto de todos. Nuevamente es el procedimiento ejemplar lo que importa, el cual, entre otras cosas, dio origen al énfasis moderno sobre la distinción entre "fondos" y "flujos" (funds y flows). También dio lugar a la definición: renta ganada = renta realizada, menos depreciación, o más apreciación del capital (pág. 238), la cual, tomando cada término en el sentido que les dio FISHER, se relaciona con la tan debatida proposición de que los ahorros no son materia apropiada para la tributación sobre la renta o que la imposición sobre los ahorros entraña doble imposición (9).

En tercer lugar, la obra despejó el campo para el progreso de la teoría del interés. El principio implicado es, por supuesto, de BÖHM-BAWERK o, si se prefiere, de JEVONS. Pero sólo se necesita observar y purificar analíticamente los procedimientos de descuento de la práctica mercantil para llegar a la concepción de la relación entre los valores del capital y de la renta que el libro elaboró. Esta relación sugiere, además, la idea de que el interés no es una retribución a una clase especial de medios de producción, sino el resultado de aquel proceso de descuento, aplicable –como principio lógico– a todos. Ya había sido visto, por ejemplo, que la "renta de la tierra" no debía coordinarse con el "interés del capital", aún cuando MARSHALL, cuyo concepto de la cuasi renta apunta en esta dirección, no lo había dicho con tantas palabras. Fue FETTER quien lo estableció explícitamente; pero FISHER fue quien destacó todas las implicaciones y erigió sobre esta base una estructura netamente original y propia.

- La obra "La teoría del interés" (The Rate of Interest) de Fisher


Del mismo modo que The Nature of Capital and Income fue, en un sentido, un volumen compañero de las Investigations, The Rate of Interest fue la consecuencia de ambos y, por supuesto, de Apreciation and Interest. En su forma revisada, a la que se refieren exclusivamente los comentarios siguientes (10) –publicada bajo el título de The Theory of Interest, en 1930–, el libro es una maravillosa realización, la más alta realización, en cuanto concierne a la perfección dentro de su propio marco, de la literatura del interés (11). Primero, aun cuando no sea lo más importante, la obra es una pieza maestra desde el punto de vista pedagógico. Nos enseña, en una medida que no alcanza ninguna obra que yo conozca, cómo satisfacer las exigencias tanto del especialista como del lector en general, sin relegar las matemáticas a las notas a pie de página o el apéndice, y la manera de conducir a los profanos desde los fundamentos firmemente establecidos hasta los más importantes resultados por medio de acertados resúmenes y ejemplos ilustrativos. Segundo, la obra es explícitamente econométrica en algunas partes. Lo que esto significa puede comprenderse comparándola a cualquier otra obra sobre la teoría del interés. Tercero y principal: la obra constituye una teoría casi completa del proceso capitalista considerado en su conjunto, poniendo de manifiesto las interdependencias que existen entre el tipo de interés y los restantes elementos del sistema económico. Y con todo, la acción recíproca de los innumerables factores está cimentada poderosamente sobre dos pilares: la Impaciencia (descuento del tiempo) y la Oportunidad de Inversión (tipo marginal de rendimiento sobre el coste) (12). El libro está dedicado "a la memoria de JOHN RAE y de EUGEN VON BÖHM BAWERK, quienes establecieron los fundamentos sobre los cuales yo he intentado edificar". Así es; pero no todos lo habrían dicho, ni tampoco habrían renunciado a la pretensión de originalidad en lo fundamental. Hagamos una pausa para expresar nuestros respetos a la manera de ser de FISHER, pero a la vez reconozcamos la originalidad de la estructura que edificó sobre aquellos fundamentos.

El núcleo de la obra en su tercera parte, en la cual se lleva a cabo, con admirable elegancia, el programa contenido en las proposiciones de que la teoría del interés es realmente idéntica al conjunto de la teoría del "valor y distribución", y que el interés no es una rama separada de la renta, como los salarios, rentas y beneficios, sino tan sólo un aspecto de la totalidad de los flujos de renta. La segunda parte trata de la misma cuestión y va dirigida a los lectores no matemáticos. La primera parte une el argumento al aparato conceptual desarrollado en Nature of Capital and Income. La cuarta parte es un receptáculo para la impedimenta que podría haber estorbado la marcha de las tropas y contiene, entre otras cosas, el importante capítulo XV –el cual, más que el capítulo XXI, constituye el resumen del argumento de la obra–, el sorprendentemente original capítulo XVI –Relation of Discovery and Invention to Interest Rates–, en el cual FISHER roturó nuevas tierras, y el capítulo XIX, que presenta el resultado de trabajos estadísticos no menos originales, como ya se ha dicho (13). Espléndido trigo, todo esto, con muy poca paja de por medio (14).

El análisis del interés es, en FISHER, análisis de la renta esencialmente, en el sentido de que el principio de la elección entre flujos de renta alternativamente disponibles queda convertido en el eje alrededor del cual debe girar el análisis económico en general. Este análisis de la renta se apoya sobre términos reales, básicamente, y trata el elemento monetario como un vehículo del cambio de los ingresos en el tiempo más que bajo el aspecto de los activos líquidos. Cualquiera que lo desee, puede seguir este último, aun cuando habríamos adelantado más si hubiéramos elegido la obra de FISHER como punto de partida, lo cual no se ha llevado a efecto en proporciones apreciables.

- La obra "El poder adquisitivo del dinero" (Purchasing Power of Money) de Fisher


Por consiguiente, un amplio sistema de teoría económica habría sido parcialmente logrado y parcialmente esbozado en The Rate of Interest. Especialmente todo lo esencial de una teoría del dinero estaba allí. Sin embargo, al igual que muchos grandes constructores de sistemas, FISHER sintió el impulso de tratar los problemas monetarios con toda la ceremonia y detalle de un tema central. Eso es lo que hizo en su Purchasing Power of Money. De nuevo permítasenos hacer notar que la obra reclama, en orden a reconocer su importancia histórica, señalar que fue otra de las grandes aventuras de FISHER como explorador de la econometría. Allí apareció su primer trabajo sobre los números índices; allí apareció su índice del "volumen del comercio" y otras creaciones, entonces nuevas, entre las cuales destaca su ingenioso método de estimación de la velocidad de la moneda (15). También se encuentra allí un intento muy elaborado para verificar estadísticamente sus resultados (16). Todas estas piezas de investigación figuran entre los clásicos de la econometría primitiva. Lo realmente importante es, sin embargo, que el argumento completo del libro está conectado con el criterio de la estadística operativa y que evita cualquier concepto o proposición no susceptible de medición estadística. Una vez más, para bien o para mal, FISHER clavó su bandera en el mástil de la Econometría.

Es más difícil demostrar que el libro constituye el lazo de unión más importante entre las viejas teorías monetarias y las actuales. Según su costumbre, no reivindicó su originalidad. El libro está dedicado a NEWCOMB; fácilmente se podrían mencionar otros predecesores. Sin embargo, los capítulos centrales IV, V y VI representan una aportación que fue algo más que una síntesis. FISHER aceptó sin reservas lo que entonces era todavía una teoría nueva del crédito bancario. Asignó un papel central al "lag" del tipo de interés en el ciclo del crédito. Reconoció explícitamente la variabilidad de la velocidad –recuérdese que el postulado de la constancia de la velocidad se consideró, y se considera incluso ahora, como la característica principal de la imperfección de las "viejas" teorías monetarias–. Y también tomó en cuenta una serie de factores (varios de ellos agrupados bajo la denominación de "condiciones de la producción y del consumo") que permiten determinar el poder adquisitivo. Todo esto no equivale a una integración completa de la teoría del dinero con la teoría de los precios y de la distribución, y todavía menos con la teoría de la ocupación. Pero constituye un atajo entre el dinero y la ocupación.

Si esto fue así, ¿cómo se explica que tanto los amigos como los enemigos de The Purchasing Power of Money no vieran en el libro más que otra presentación, adornada estadísticamente, de la más antigua de las viejas teorías cuantitativas, esto es, un monumento a una teoría que iba cayendo en desuso y que antes de mucho tiempo lo estaría totalmente? La contestación es sencilla, porque el mismo FISHER lo manifestó ya en el prefacio y después, repetidamente, en diversos puntos de la obra. Pero esto no es todo. El dirigió todos sus esfuerzos a la tarea de conseguir una teoría cuantitativa, según la cual, por lo menos, "uno de los efectos normales" de un incremento en la cantidad de moneda sea un "incremento exactamente proporcional en el nivel general de precios". En atención a su teorema, ignoró deliberadamente su reconocimiento del hecho de que las variaciones en la cantidad de moneda pueden ("temporalmente") ejercer influencia sobre la velocidad y basó después todos sus razonamientos sobre la hipótesis de que esta última era una constante institucional. Por la misma razón dio como supuesto que los depósito monetarios tienden a variar proporcionalmente a la moneda corriente (en reserva). Toda la rica variedad de factores que actúan influyéndose recíprocamente la hizo desaparecer –como influencias "indirectas"– detrás de los cinco factores (cantidades de dinero y de depósitos, sus dos velocidades y el volumen de tráfico), a los cuales reservó el papel de "influencias directas" sobre el nivel de precios, que vino a convertirse de este modo en la variable dependiente de su famosa Ecuación de Cambio. Fue esta teoría la que él elaboró con insuperada riqueza de ejemplos, mientras que las valiosas intuiciones exhibidas en los capítulos IV, V y VI las utilizó casi desdeñosamente como simples perturbaciones que tienen lugar en los "períodos de transición", cuando, en realidad, la teoría cuantitativa "no es estrictamente cierta" (cap. VIII, párrafo tercero). Para llegar al núcleo de su aportación, es preciso rascar la fachada, la cual fue lo más importante tanto para él, que prodigó sus esfuerzos sobre la misma, como para sus amigos y adversarios.

Pero, ¿por qué echó a perder su obra de este modo? Su propia verificación, aun siendo satisfactoria, no sirve para fundamentar sus más rígidas formulaciones (vid., por ejemplo, el resultado alcanzado para 1896 - 1909, página 307 de la edición revisada). Varios de sus argumentos en The Theory of Interest y en sus escritos sobre los ciclos económicos se contradicen entre sí. No puede afirmarse precipitadamente que gran parte de su teoría o de cualquier otra teoría cuantitativa puede, en efecto, ser salvada interpretándola estrictamente como un problema de equilibrio (17), válido, por decirlo así, para una especie de largo plazo normal de tipo marshaliano. Puesto que a través de la propia exposición de FISHER no se llega a este equilibrio por un mecanismo que pueda ser entendido en su totalidad por medio de sus cinco factores solamente. Únicamente puede ser descrito, pero no "explicado casualmente", en función de aquéllos. Además, aplicó la ecuación de cambio año por año y en condiciones bastante lejanas de cualquier equilibrio. No puedo evitar el pensar que el científico fue desviado por el cruzado. Él abrigó grandes esperanzas en el "Dólar Compensado". Su temperamento de reformista estaba en ebullición. Su plan para estabilizar el poder adquisitivo tenía que ser simple –como lo fueron las ideas que adoptó más tarde sobre el Dinero Estampillado y el Cien por Cien– para poder convencer a la Humanidad recalcitrante, y así debía de ser también a su base científica. Esto es suficiente para sugerir mi propia solución a lo que siempre me había parecido un enigma (18). No deseo llevar adelante el análisis de la conducta de los economistas-cruzados. Sin embargo, permítaseme preguntar al lector: en este caso, por lo menos, si no en otros, ¿qué ganó el propio FISHER, o la economía, o este país o el mundo con esta cruzada?

- La teoría de la deflación de la deuda de las grandes depresiones en la obra Booms and depressions


El reformista monetario contribuyó también a perjudicar tanto el valor científico como el práctico de las contribuciones de FISHER a las investigaciones del ciclo económico. Pero en sí mismas son mucho más importantes de lo que a la mayoría de nosotros nos parece (19). Son, una vez más, modelos de investigación econométrica y han influido tal vez sobre el desarrollo de su técnica. La Econometría de FISHER toma aquí un giro definitivamente dinámico: el artículo de 1925 sugería un modelo explícitamente dinámico (vid. la nota 19) varios años antes de que irrumpiera el auge de los modelos de semejante clase. Finalmente, con admirable intuición, registró todos los demás importantes "iniciadores" (starters) del movimiento cíclico, cuyo modus operandi necesita tan sólo ser desarrollo para que ser convierta en un esquema explicativo satisfactorio.

Pero para comprender esto es preciso llevar a cabo otra vez la operación de "rascar la fachada". Los starters no están donde les pertenece, es decir, en el sitio del honor, al comienzo; nos son mostrados en el capítulo IV. En la superficie nos encontramos con las deudas excesivas y el proceso de su deflación concebidos como "la raíz de casi todos los males". O, en otras palabras, todo queda reducido a un fenómeno superficial, mecánicamente controlable, con el resultado de que FISHER realmente impetró el uso del término "ciclo" para aplicarlo a cualquier acontecimiento histórico real (pág. 58). Y la expansión y la contracción de la deuda, asociadas como están con la elevación y la caída del nivel de precios, nos llevan otra vez a la reforma monetaria, cuestión ésta en la que realmente estuvo interesado FISHER cuando escribió el libro. En esta ocasión, el "Dólar Compensado", aun cuando era recomendado, lo fue con modesto énfasis. En vez de la vigorosa defensa de este plan particular, que encontramos en The Purchasing Power of Money, hallamos en la tercera parte de Booms and Depresions [titulada "Factual" (Hechos)] un sencillo y popular análisis de los medios de control monetario, en el cual cualquier economista difícilmente encontrará materia de discrepancia y que prácticamente incluye todas las políticas de "reanimación" que fueron propuestas o adoptadas en los años siguientes. No quiere empequeñecer el mérito o dudar de la sabiduría de casi todo cuanto FISHER escribió allí. Por el contrario, considerando la fecha de publicación, creo que tiene derecho a un mayor reconocimiento del que le ha sido concedido. Pero deseo destacar que éste no fue el único mérito del libro y que, aún imperfectamente esbozado, algo mucho más amplio y profundo aparece detrás de la fachada (20).

- Irving Fisher y las razones por las que no formó escuela


Las Investigations, Appreciation and Interest, The Nature of Capital and Income, The Theory of Interest, The Purchasing Power of Money, Booms and Depressions, son los pilares y los arcos de un templo que jamás fue construído. Pertenecen a una estructura imponente que el arquitecto nunca presentó como una unidad arquitectónica. Desde CANTILLON hasta A. SMITH, J. S. MILL y MARSHALL, los líderes del pensamiento económico dejaron su huella sobre su época y sobre la posteridad por medio de tratados sistemáticos. FISHER nunca expuso su pensamiento en esta forma. Ocupado en sus cruzadas, no tuvo tiempo para ello. Y, sin embargo, éste habría sido el único camino para reclutar a sus colegas economistas de América bajo su magisterio. Sea cual fuere la razón, él no formó escuela. Tuvo muchos alumnos, pero no discípulos. En sus cruzadas juntó sus esfuerzos con muchos grupos e individuos. En su obra científica estuvo casi siempre solo. Así, tuvo que prescindir de todos los beneficios que las escuelas, protegiendo, interpretando y desarrollando cada palabra del maestro, confieren a su protagonista. No existen fisherianos en el sentido en que han existido ricardianos y marshallianos, y existen keynesianos. Por extraño que pueda parecer en el caso de un hombre de una pureza de intuición monolítica, de tan amplias simpatías sociales, de tan incondicional adhesión a uno de los slogans en boga durante su tiempo –la estabilización–, permaneció siempre al margen de la corriente y nunca logró convencer a sus contemporáneos, ni tampoco a las generaciones nacientes. pero aquellos arcos y pilares se mantendrán en pie por sí mismos. Permanecerán visibles mucho después de que la arena habrá cubierto gran parte de lo que ocupa la escena actual.

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(1) Vid. Max Sasuly, "Irving Fisher and Social Science" Econometrica, vol. 15, octubre de 1947, págs. 255 - 278. Para otros análisis sobre el hombre y su obra, y acerca de los factores externos de su carrera, se recomienda al lector la consulta de los "Memorials" por los profesores R. B. WESTERFIELD y P. H. DOUGLAS, publicados en la American Economic Review, vol. 37, septiembre de 1947, págs. 656 - 663.

(2) Artículo 1.º de los estatutos de la "Econometric Society".

(3) Mathematical Investigations in the Theory of Value and Prices, su tesis doctoral, 1892, (reeditada en 1926); Appreciation and Interest, Publications of the American Economic Association, serie tercera, vol. XI, núm. 4, agosto de 1896; The Nature of Capital and Income (1906); The Rate of Interest (1907), que aquí citamos en su versión definitiva: The Theory of Interest (1930); The Purchasing Power of Money (1911, edición revisada con H. G. BROWN, 1913); Booms and Depressions (1932). No consideraremos en este trabajo las siguientes obras, dirigidas al gran público (principalmente The Money Illusion, 1928); Stable Money, 1934, y 100 Percent Money, 1935), ni tampoco algunas obras pedagógicas magistrales, como su Brief Introduction to the Infinitesimal Calculus y sus Elementary Principles of Economics. Pero, en cambio, cuando la oportunidad lo aconseje, mencionaremos algunos de sus artículos.

(4) Vid. Econometrica, vol. 15, abril de 1947, pág. 74.

(5) El lector conoce ya de qué modo desarrolló FISHER esto en la más penetrante de sus piezas maestras: el artículo titulado "Measuring Marginal Utility", con el que contribuyó a los Economic Essays in Honor of John B. Clark, 1927. El método para llevar a cabo mediciones reales puede no ser satisfactorio, desde el punto de vista estadístico; pero ilustró a la perfección la idea y además consiguió otra cosa: indicó la posibilidad de mitigar la condición de independencia, una posibilidad que fue desarrollada en otra dirección por A. WALD (The Approximate Determination of Indifference Surfaces by Means of Engel Curves, Econometrica, vol. 8, abril de 1940, págs. 97 - 116). Acerca de la relación entre la conocida obra de FRISCH y la de FISHER, véase la introducción del primero a sus New Methods of Measuring Marginal Utility, 1932.

(6) En parte viene dada por las afirmaciones de FRISCH en su "Sur un Probléme d'Economie Pure" (Norsk Matematik Forenings Skrifter, 16, 1926) que va más allá de FISHER. Es curioso, sin embargo, que ni FISHER ni FRISCH avanzaran más lejos en una cuestión en la que estuvieron, evidentemente, muy interesados. FISHER, particularmente, si consideramos su predilección por las analogías mecánicas, era de esperar que hubiera, por lo menos, intentado hacer presa en unos problemas que surgen del hecho de que las relaciones que entran en cualquier teoría satisfactoria de la utilidad, además de ser "nonholonom" (que contiene ecuaciones diferenciales entre las mercancías coordinadas, que no necesitan ser integrables: FISHER fue el primero en destacar esto) son seguramente "rheonom" (que contienen explícitamente el tiempo).

(7) Este carácter unívoco del sentido no tiene, por supuesto, nada que ver con el carácter unívoco del conjunto de valores que satisface, por ejemplo, con la cuestión de si el sistema está o no unívocamente determinado que tanta atención atrajo más tarde. Los teóricos de la época formativa de Fisher, y él mismo, tuvieron la costumbre de tomar esta cuestión casi a la ligera. Todavía en menor proporción que sobre la cuestión de la existencia de un conjunto único de soluciones, se molestaron sobre la cuestión de si existe en el sistema una tendencia a evolucionar hacia dicho conjunto, en el caso de que éste exista.

(8) No sé si PARETO expresó en letra impresa su elevada opinión sobre el libro; pero, desde luego, la expresó en la conversación privada.

(9) No debemos esperar que un acuerdo conceptual que produce resultados tan impopulares se recomiende por sí mismo a los economistas. Lo más importante es destacar que FISHER hizo una rigurosa defensa del mismo (vid. especialmente el cap. XIV, párrafo 10). El resultado impopular es también inevitable si aceptamos su concepto psíquico de la renta (cuya idea y terminología se deben a F. A. FETTER); FISHER triunfó invariablemente, gracias a su lógica impecable, en las controversias que surgieron sobre la cuestión. Pero es para mí una fuente de admiración el comprobar que él pudiera haber creído –como lo hizo evidente– que esta lógica podría convencer a cualquier que deseara ver gravados los ahorros o ser necesaria a cualquiera que no lo deseara. Las opiniones sobre tributación son racionalizaciones ideológicas de intereses y resentimientos, e incluso si fueran algo más que esto, nosotros deberíamos, ciertamente, hacer depender la cuestión de gravar o no los ahorros de consideraciones distintas (tales como los efectos benéficos de una exención tributaria de los ahorros en una inflación) a las de las implicaciones lógicas de una definición. Menciono esto porque la creencia en la razón –incluida la lógica formal– fue tan característica de este moderno Parsifal. Esta tendencia de su mente, junto con su costumbre de tomar los slogans, programas, políticas, instituciones (tales como la Sociedad de las Naciones), por su valor nominal, hizo de él, tal vez un mal consejero de los asuntos de la nación o del mundo. Pero también lo hizo más admirable de lo que un FISHER con mayor mundología habría sido.

(10) Esto no significa que el especialista pueda prescindir del libro anterior. El esbozo de la historia de la teoría de la apreciación y el interés, en el apéndice al capítulo V de The Rate of Interest y el apéndice a la sección 3 de este capítulo, por ejemplo, no figuran en la obra posterior.

(11) El lector podrá entender esto y apreciarlo, si, a través del apartado, yo hablo desde el punto de vista del cuerpo del pensamiento que culmina en la pieza magistral de FISHER, y si yo modero lo que podría decir sobre ello desde mi propio punto de vista. En cambio, espero que el lector tendrá la amabilidad de no interpretar lo que leerá como una repudiación de lo que yo mismo he escrito sobre esta materia.

(12) Lord KEYNES dejó sentado explícitamente (General Theory, págs. 140 - 141) que FISHER "usa su tipo marginal de rendimiento sobre el coste, en el mismo sentido y precisamente con el mismo objeto que yo empleo la eficiencia marginal del capital". Creo que esta afirmación debe ser admitida, pese a las protestas de algunos discípulos de KEYNES. Más importante es aún que el mismo KEYNES también aceptó (ibid., págs. 165 - 166) el factor descuento temporal y, con ello, la totalidad de la teoría de FISHER. Identificó el descuento temporal (con su propia propensión al consumo), casi del mismo modo que identificó su eficiencia marginal del capital al tipo marginal de rendimiento sobre el coste. Solamente como una corrección y sobre el fundamento de que es "imposible deducir el tipo de interés simplemente del conocimiento de estos dos factores" (¿a corto plazo?), introdujo además la preferencia por la liquidez. En sí mismo esto no introduce grandes cambios. Pero los ocasionó realmente a consecuencia del gran énfasis que KEYNES y sus seguidores pusieron sobre este elemento de la cuestión. Con ello lograron servir al propósito de hacer del tipo de interés una función de la cantidad de dinero, resultado éste que FISHER siempre repudió. Una razón para esta diferencia viene dada por el hecho de que el modelo de FISHER no fue un modelo de subempleo.

(13) Este capítulo conserva su importancia histórica, en cuanto es un descubrimiento, aparte de lo que pensemos hoy de sus métodos a la luz de los últimos desarrollos de la teoría estadística. Además contiene sugestiones para la construcción de modelos dinámicos, algunos de los cuales no han sido explotados todavía.

(14) La crítica de las enseñanzas de BÖHM-BAWERK acerca de la "superioridad técnica de los bienes presentas" en el párrafo 56 del capítulo XX, temo que habrá de clasificarse con la paja. Por aquel tiempo debería haberse visto con claridad que, pese a lo que pudiera decirse sobre la técnica de BÖHM-BAWERK, no existió una diferencia fundamental entre él y FISHER. Las otras críticas, por ejemplo, la de la espera considerada como un coste (pág. 487), constituyen brillantes piezas de razonamiento.

(15) El primer artículo de FISHER sobre la materia –la cual se remonta a PETTY, pero que fue nuevamente considerada por KEMMERER– apareció en diciembre de 1909 en el Journal of The Royal Statistical Society. La obra de KINLEY estuvo ampliamente inspirada en la de FISHER.

(16) FISHER publicó posteriormente estimaciones de los elementos que entran en la ecuación de cambio, durante varios años.

(17) No hemos de olvidar, para hacer justicia a FISHER, que la mayor parte de las objeciones corrientes se derivan de fenómenos que pertenecen a los períodos de transición de FISHER.

(18) El hecho de que su mente fuera esencialmente "mecanicista" es también relevante, por supuesto.

(19) Las primeras contribuciones de FISHER en este campo se encuentran en The Rate of Interest y en The Purchasing Power of Money. Vienen luego varios artículos importantes, principalmente "The Business Cycle Largely a Dance of The Dollar" (Journal of the American Statistical Association, diciembre de 1923) y "Our Unstable Dollar and the so-called Business Cycle" (idem., junio de 1925). Me admira y a la vez creo acertar que el último artículo fue la primera publicación económica que presentaba un esquema dinámico –T (t + w) = a + m2 P' (t)–, en el cual las fluctuaciones se mostraban como consecuencia de factores que no fluctuaban a su vez ("osciladores"). Se produjo un curioso equívoco cuando FISHER escribió en 1932 (Booms and Depressions, prefacio) que el campo de los ciclos económicos era "uno en el cual yo había entrado rara vez anteriormente". Su nombre habría permanecido en la historia de tal campo, aun cuando hubiera dejado de escribir en 1925.

(20) Esto puede comprobarse de manera más convincente en su artículo "The Debt-Deflation Theory of Great Depressions" (Econometrica, vol. I, octubre de 1933, páginas 337 - 357). En sí, la deflación de la deuda, no es sino una pieza del mecanismo, la espiral familiar que todos conocemos bastante bien. Si el artículo se limitara a esto, no merecería la pena dar cuenta del mismo.  Pero esto no es todo. En efecto, la teoría de los starters y sus implicaciones está mucho más desarrollada que en el libro.

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Fuente:
"Diez grandes economistas", J. A. SCHUMPETER, páginas 281 - 299.