viernes, 23 de junio de 2017

La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (IV): la orientación política del movimiento obrero; la protección y seguro obreros



El oficial manual podía contar con llegar alguna vez a maestro independiente; al surgir la gran industria, acaso llegara el artesano hábil y laborioso a convertirse en empresario. Pero la masa de los artesanos quedó acomodada en las fábricas, en calidad de obreros. La gran explotación tendía a absorber las explotaciones medias y pequeñas. Si bien es verdad que en el sistema de empresa se dieron también empresas mayores, era lo general que correspondieran a cada empresario unos diez maestros artesanos. El empresario empleó pronto en la fábrica a centenares y miles. Además, las fábricas se acumulaban en las ciudades: los obreros de fábrica llenaban los barrios que iban surgiendo, y este trabajar y vivir juntos les hacía sentirse grupo nuevo, bien procedieran del ambiente rural o del urbano. Ya convertidos en obreros, quedaban sin posibilidad alguna de lograr su independencia: les ligaba la disciplina de la explotación; tenían que sentirse contrapuestos al dueño de la fábrica y de la maquinaria, que les dictaba las condiciones de trabajo. Por otra parte, eran ciudadanos libres; es más, en las localidades fabriles parecían constituir la masa de los ciudadanos. ¿Es que no les sería factible comparecer como masa y aprovechar su poder en el Estado para obtener condiciones más favorables de trabajo?

Seguro del obrero e historia de economia

El esfuerzo de los obreros va, en un principio, ligado a movimientos políticos. En París discurrió Graco Babeuf el año 1795 que la Revolución francesa debía ser encaminada hacia una República de iguales. Pero entonces no le seguían aún masas obreras. Esto cambió en 1830: los obreros lucharon por la libertad, pero experimentaron la sensación de que los frutos de la victoria sólo aprovecharían a los empresarios burgueses. La lucha en pro del Reformbill había conmovido los ánimos en Inglaterra. Los obreros, cuya posición en el decenio del 30 era singularmente difícil, a causa de la economía de maquinismo, reclamaban una nueva magna charta libertatum. Confiaban lograr mediante peticiones al Parlamento una posición más libre en la relación obrera. Los cartistas tomaron en el decenio del 40 una actitud amenazadora, y hubo que enviar tropas contra ellos; pero entonces se vino abajo el movimiento. A partir del decenio del 50 intentaron los obreros ingleses ir avanzando por vías pacíficas: confiaron la representación de sus asuntos en el Parlamento a los partidos allí dominantes. Los conservadores, los tories, que estaban indignados contra los fabricantes, a causa de la implantación del librecambio, hicieron suya la cuestión de los trabajadores. Mediante su apoyo, se implantó en 1847 la ley de las diez horas, que en realidad sólo prohibió al principio, en la industria algodonera, que fuese mayor la jornada de trabajo de mujeres y niños. Asimismo, se logró en 1871, con auxilio de los conservadores, aprobar la Trade Unions Act, mediante la cual, y después de minuciosas pesquisas, obtuvieron amparo legal las asociaciones obreras.

Fue en el decenio del 90 cuando los obreros ingleses se decidieron a actuar independientemente en política, y en el nuevo siglo cuando adquirió más intensidad este movimiento, al producirse resistencias contra la ejecución de sentencias desfavorables para las Trade Unions. En 1903 pisaron el Parlamento inglés los primeros representantes obreros. Pero el partido obrero inglés no pretendía derrocar la situación existente, como en la época del cartismo; cuéntese además que en él figuraban los fabianos. Operaba más bien dentro del marco de la Constitución existente, que se esforzaba por acomodarse a las nuevas circunstancias. Después de la guerra alcanzó mayor importancia el partido obrero inglés; su jefe, Mc Donald, pudo ponerse al frente del Gobierno nacional.

En Francia declaraba Luis Blanc que, pues las revoluciones de 1789 y 1830 habían colocado a la burguesía por delante de la nobleza, era llegada la hora en que el proletariado fuese llamado a mandar en vez de la burguesía. Pretendía que las grandes explotaciones, como las ferroviarias, pasaran a ser propiedad del Estado con administración obrera autónoma. En 1848 pudo establecer en París los Atéliers Nationaux, cuyos obreros recibieron el encargo de fabricar uniformes para la Guardia Nacional. Pero Blanc hubo de advertir cómo los obreros no poseían mayoría más que en París, mientras en el resto del país predominaban los intereses rurales en las elecciones. En 1871 fue reprimida la sublevación de la Commune, en París. Los socialistas franceses entraron en el Parlamento el año 1893, y en 1899 llevaron al cargo de ministro a Millerand, cuyo oportunismo combatieron más tarde Jaurès y Briand.

En 1863 fundaba Lassalle un partido obrero alemán. Al modo como Napoleón se había aproximado a Luis Blanc cuando era pretendiente, se acercaron en oposición común frente al liberalismo Bismarck y Lassalle. Bismarck esperaba atraerse las masas obreras mediante el sufragio universal de la Confederación nortealemana, y más tarde el del Imperio. Además de la Unión Obrera de Lassalle, fundaron el año 1869, en Eisenach, el Partido Obrero Socialdemócrata Bebel y Liebknecht, adeptos de Carlos Marx. En 1875, la persecución policíaca fundió en el Congreso de Gotha a los partidarios de Lassalle y a los de Eisenach, hasta entonces en acerba lucha. La actitud radical del partido, que crecía considerablemente por consecuencia de la crisis, indujo a Bismarck, en 1878, a dictar la ley del Socialismo, que hasta 1890 dificultó el movimiento obrero, pero no el aumento de votos socialistas.

Bismarck favoreció, ciertamente, a los obreros merced a las leyes de seguros. Ya Napoleón III había intentado, mediante instituciones de seguro, proporcionar al obrero una renta cuando cesara en el trabajo; pero esas instituciones eran meramente voluntarias; mas en Alemania había sentado Schäffle el seguro obligatorio como demanda fundamental de la clase obrera, y con ese carácter se implantaron en 1883 el seguro de enfermedad; en 1884, el de accidente, y en 1889, los de invalidez y vejez.

A partir de 1890, durante el reinado de Guillermo II, fue cuando en Alemania empezó a atenderse con más intensidad a la protección del obrero. El Partido Socialdemócrata, que hasta entonces había confiado en una inmediata revolución, aceptó las medidas que contribuían a la gradual elevación de las clases obreras, como gremios y sindicatos.

Los empresarios eran adversos a la injerencia del Estado en las cuestiones obreras, porque querían seguir como señores en su propia casa. A la explotación familiar correspondía, ciertamente, el antiguo artesanado, en que bajo un mismo techo se encontraban, por lo general, taller y vivienda. La fábrica moderna presenta una unidad nueva. El empresario se aloja en su quinta o en su hotel, que no acostumbra a radicar en el distrito fabril. La disciplina necesaria en la fábrica ha dado más bien motivo a compararla con el cuartel: hacia aquí efectúan sus marchas los batallones de obreros, y Carlyle recordaba al empresario sus deberes como capitán de la industria. Con todo, en el Ejército predomina el interés público, mientras la fábrica ha de subsistir por sí misma.

La relación patriarcal entre empresarios y obreros puede conducir a amplia solicitud en pro de los trabajadores. Las explotaciones mineras tienen que preocuparse de procurar viviendas. Se instituyen Cajas de pensión. Algunas empresas se preocupan de la educación y manutención de sus obreros. Así, en 1800 organizó Owen la Nueva Lanark como institución modelo. Sir Tito Saltaire fundó un teatro y una piscina, aunque en tiempo de sus sucesores resultaron los salarios de Saltaire inferiores a los que se pagaban en las cercanías. Había el peligro de que por efecto de la beneficiencia del empresario resultasen los obreros excesivamente encadenados a la explotación. Incluso se llegó a hablar de que había surgido un nuevo feudalismo.

No siempre utilizaban los empresarios su preponderancia en sentido humanitario. Ya en 1674 había intervenido el Gobierno de Zürich para oponerse a que los empresarios disminuyeran el salario de los obreros de la seda, y dictó, en la Ordenanza fabril de 1717, una amplia tarifa de salarios. La naciente industria mecánica actuaba ya tan avasalladoramente a fines del siglo XVIII, que los médicos reclamaban una intervención. En 1802 se dictó en Inglaterra la primera ley "para proteger la salud y moralidad de los aprendices en las fábricas de algodón"; pero no tuvo grandes resultados. Sólo desde 1833, en que se crearon inspectores de fábrica, pudo procederse enérgicamente contra los abusos. La intromisión para combatir malas condiciones higiénicas no encontró sólo resistencia en los empresarios, sino también, y no poca, entre los obreros. A éstos, lo que más les importaba era percibir jornales más altos y tener jornadas más breves. El trabajo de los niños aprovechaba muchas veces a los padres como suplemento de ingresos familiares. Son los maestros quienes se manifiestan contra el trabajo de los niños cuando, por causa del mismo, sobreviene la excesiva fatiga de sus alumnos. Así, la ley alemana de protección infantil dictada en 1903 se debe al maestro Agahd. Es principalmente el clero quien se opone al trabajo en domingo.

La ley inglesa de 1847 estableciendo la jornada de diez horas en la industria algodonera fue extendida a otras, y se aplicó en 1867 a las explotaciones menores. En 1878 se hizo una codificación de las diversas leyes, pero todavía se notan en ella las tres etapas de aparición de la protección obrera. La legislación inglesa se limitaba a proteger a mujeres y niños, porque se creía incumbir a los adultos el cuidar de sí propios. De hecho, la limitación del trabajo femenino en las industrias textiles cercenó también el de ellos. En cambio, se dispuso en Suiza, el año 1877, que también rigiera para los obreros la jornada máxima de once horas, prohibiendo el trabajo nocturno de niños y mujeres. Ya antes el cantón de Glaris y otros se habían decidido a dictar medidas protectoras del trabajador.

En 1848 había dirigido Carlos Marx, en el Manifiesto comunista, un llamamiento a la unión de los proletarios de todos los países. El movimiento político que tenía lugar en cada uno de los Estados creyó, al principio, que lograría influencia ejerciéndola sobre los Poderes centrales. Pero en todas partes se vio que, aun contando con el derecho de sufragio democrático en las diversas regiones, y aun en los diferentes Estados, los obreros no representaban más que una minoría, a pesar del aumento de su número. En un principio, sólo pudieron conseguir influencia directa en los municipios, donde fueron llamados a realizar labor práctica. De allí pudo remontarse su influencia a las unidades políticas mayores. Así, en Suiza, sólo en municipios aislados se dictaron al principio algunas disposiciones favorables a los obreros; en otros sitios se dictaron en los cantones. Hasta 1908 no se atribuyó a la Confederación el derecho de inmiscuirse en las pequeñas explotaciones industriales. De la inspección obrera, en cuanto no viniese regulada por los propios partícipes, se habían encargado al principio, en Alemania, asociaciones privadas; siguieron después el camino algunas ciudades, y finalmente provincias y regiones, hasta que en 1903 se estableció una Oficina del Imperio.

Frente a la protección obrera limitada localmente, cabía objetar que en las explotaciones situadas al otro lado de la línea donde faltasen tales limitaciones podría producirse una concurrencia desleal con sus mercaderías frente a las empresas mejor ordenadas. Macaulay había recomendado el año 1847 la protección del trabajador, porque cabía esperar que el robustecimiento de la clase obrera así logrado fuese la mejor arma en la lucha de competencias. Las situaciones obreras desfavorables en el Extranjero serían a su vez causantes de una producción defectuosa, que Inglaterra no tenía por qué temer. De todas maneras, era deseable una reglamentación internacional, por la cual debía tener Suiza especial interés, dado su proceder ejemplar. En 1890 fue convocada en Berlín una Conferencia Obrera Internacional que había de impulsar el asunto especialmente mediante excitaciones. Pero se creó en Basilea un Instituto Internacional con el cometido propio de reunir y difundir las leyes de los diversos Estados. Mediante tal comparación internacional se estimularía la competencia en el campo de la protección obrera. En 1906 se llegó a Berna a un Convenio internacional prohibiendo el trabajo nocturno de la mujer y el empleo del fósforo blanco, nocivo para la salud.

En Alemania habían sido las autoridades militares quienes por vez primera hacían notar la debilidad de las generaciones procedentes de comarcas fabriles. En 1891 se implantó en Alemania una protección obrera más enérgica. Se prohibió el trabajo en domingo; se limitó la jornada femenina a once horas, reducidas a diez en 1908, e igualmente se reguló el trabajo de los menores. El Bundesrat quedaba autorizado para dictar Ordenanzas contra abusos en determinadas industrias. Así lo hizo cuando, por ejemplo, en 1896 prohibió el trabajo nocturno en las tahonas.

La protección obrera se había desarrollado singularmente en Australia antes de la guerra. Los obreros aprovecharon aquí su poderío político para reglamentar obligatoriamente, no sólo la jornada, sino también los salarios, cosa que en Europa no se había intentado más que respecto de los grandes abusos que se daban sobre todo en la industria doméstica. El trabajo en la fábrica ofrecía al obrero retribuciones no sólo más elevadas, sino también más seguras. Mientras el empresario o el intermediario podía suspender en todo momento su demanda de trabajo, interesaba al fabricante no tener paradas sus máquinas, que le consumían intereses. Era mucho más fácil vigilar las grandes explotaciones de las fábricas que los talleres, sumamente diseminados, de la pequeña industria, en que la efectividad de la protección obrera tenía que luchas con las mayores dificultades. Por eso los obreros ingleses habían exigido ya el decenio del 80 que se realizara en las fábricas el trabajo de la industria de géneros de punto. Marx veía el año 1864 los síntomas de una nueva época en la protección obrera inglesa, a la que en su Capital había atribuido la regeneración física y moral de la clase obrera inglesa, y en la cooperación. Mientras Alemania no siguió hasta más tarde el ejemplo inglés en el campo de la protección obrera, tomó la delantera en el seguro obrero. Al principio se habían remediado imponiendo a los empresarios un deber mayor de responsabilidad (ley de responsabilidades de 1871), y se facilitaba a los obreros la constitución de Cajas particulares (ley de Cajas auxiliares de 1876). El seguro obrero obligatorio se introdujo en 1883 con el de enfermedad, echando el peso mayor sobre las Cajas locales de enfermedad, dirigidas por representantes de obreros y empresarios, que, ante las proporciones de su explotación, se vieron en el caso de regular esquemáticamente cada caso, mientras las Cajas auxiliares libres fueron deliberadamente relegadas a segundo plano. Como los distintos miembros de las mismas ejercían en ellas mayor vigilancia sobre la administración, el interés peculiar de cada asegurado habría podido oponerse mejor a todo abuso del seguro. La ley de Seguro de accidentes de 1884 agrupó a los empresarios por profesiones, para mayor capacidad en el cumplimiento de las obligaciones correspondientes en los casos de accidentes en la explotación. Fue en 1889 cuando nació el seguro de vejez e invalidez; en él, además de las aportaciones de obreros y empresarios, se concedía a cada renta un subsidio oficial de 50 marcos. El seguro de invalidez se completó con el de viudedad y orfandad, después de la elevación de los aranceles de Aduanas de 1902, efectuada en 1911. Sin embargo, cada vez eran mayores las demandas de perjudicados por accidentes, y se planteó el problema de si habían de considerarse accidentes los que no sobrevenían directamente en la explotación, o las enfermedades profesionales que no se presentaran súbitamente. En 1911 se codificaron todas las leyes en la Ordenanza Imperial de Seguros, pero sin que se unificase la multiplicidad administrativa. Se estableció para los empleados un seguro especial, aunque hubieran podido ser incorporados con menor gasto a las instituciones existentes.

En Inglaterra se había confiado a asociaciones privadas, a las llamadas friendly societies, el atender al paro obrero forzoso. Para un estricto liberal como Bright, toda intromisión del Estado en los asuntos del trabajo era una desgracia. Incluso en Alemania se había motejado de socialistas de cátedra a hombres que se pronunciaban a favor de las medidas del Estado en este particular, y que en 1872 se agruparon en la Verein für Sozialpolitik: WAGNER, SCHMOLLER, BRENTANO a la cabeza. En el nuevo siglo se apartó también la política social inglesa del mezquino concepto manchesteriano de la libertad, tomando por modelo el ejemplo alemán, según declaró el propio Lloyd George. Inglaterra dedicó, desde luego, a ello los mayores recursos del Estado. Así, se implantó en 1908 la ley de pensiones de vejez; en 1911, el seguro de enfermedad y de invalidez, y también en 1911, el seguro de paro obrero.

Este último no se introdujo en Alemania hasta después de la guerra. La época de crisis, en que, el año 1932, el número de obreros parados llegó a más de seis millones, demostró que en tales casos era insuficiente el seguro y hubo que completarlo con el apoyo del Estado.

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- La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista


+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (I): la reconstrucción económica mediante los aranceles educadores

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (II): la aduana conservadora y las fundaciones coloniales

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (III): el aislamiento como medida permanente

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (V): sindicatos y cooperativas

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VI): las organizaciones de explotación

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VII): las uniones de empresarios

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VIII): brotes social-capitalistas

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (IX): la influencia de la ordenación estatal

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 290 - 296.