domingo, 25 de junio de 2017

La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VI): las organizaciones de explotación



Aunque el obrero logró influir en la fijación del contrato de trabajo mediante sus secretarios sindicales, su vida se desenvolvía, sobre todo en la explotación donde se hallaba, no frente al director de la empresa, sino a los subdirectores, como maestros de obras y capataces. Precisamente aquí podía haber rozamientos, por ejemplo, en minería, donde el decidir sobre la capacidad de salida de los cargamentos o la nulidad de los carros cargados era cosa que resolvían meros representantes del empresario. ¿De qué podían servir al obrero la organización política y la sindical, si no iban a tener eficacia en la explotación para servir a sus propios intereses?

Organizaciones de explotacion e historia de la economia

Así como en Alemania no se dio a los Tribunales industriales sino la posibilidad de actuar en calidad de oficinas de conciliación, la Novela a la Ordenanza industrial de 1891 no instituyó, como se esperaba, Comisiones obreras obligatorias, sino meramente discrecionales. Con todo, algunos empresarios procedieron por sí mismos a otorgar a los obreros derechos independientes en la explotación.

Se trataba aquí de dos cosas: primeramente, de otorgar a los obreros influencia en la ordenación del trabajo. Es evidente que, para asegurar el empresario la capacidad de rendimiento de su explotación, había de atender a aplicar la fuerza obrera de la manera más económica. Pero sobre ciertas cuestiones, como división de la jornada, si había de ser continua o interrumpirse con una suspensión mayor al mediodía, eran los propios interesados quienes mejor podrían resolver. Así es que luego se trató de aumentar el interés de los obreros en la explotación, de suerte que recibieran participación en las utilidades. En algunas explotaciones, la prosperidad de la empresa dependía tanto de la participación de los obreros, que Freese afirmaba respecto de su fábrica de persianas, que debía gran parte de los buenos rendimientos del negocio al hecho de haber instituido la participación en las ganancias.

Dos empresas de singular éxito fueron modelo para atraer a sus obreros. Los talleres Zeiss de Jena fueron transferidos por Abbe, en 1891, a la fundación Carlos Zeiss. La obra gigantesca se convirtió así en hechura, no sólo del genial inventor, sino asimismo de sus colaboradores y de la Ciencia; a ambos aprovecharon ampliamente los resultados económicos. En Francia, el implantador de los hornos de fundición de hierro, Godin, instituyó en su Familistère de Guisa una organización semejante. Influido por FOURIER, construyó junto a su fábrica, en 1859, el Palais Social, la gran vivienda; en un edificio anejo se alzaron casas-cunas y escuelas infantiles; se sumaron a ello baños y campos de juego. En 1880 instituyó Godin su Fundación, que completó por su testamento de 1887. Es muy curioso que, aun preocupándose tanto ambas fundaciones por el bienestar de los obreros, tanto la dirección de la empresa como la de la fundación quedasen confiadas a algunas personas especialmente responsables. Godin estableció un Administrateur Gérant que, ciertamente, sería elegido por la Assemblée Générale, pero en condiciones muy particulares, pudiendo ser depuesto si su dirección ocasionaba pérdidas en el negocio, si tenía lugar una inspección no satisfactoria del Consejo o su interés personal se anteponía al del familisterio. Abbe manifestó en una reunión de asociados celebrada en 1897 que sería ventajoso que no colaborasen en la administración todos los partícipes, pues ya el lograr acuerdo unánime no más que entre dos a cuatro personas daría lugar a bastantes dificultades. No faltaron explotaciones con instituciones semejantes, como las que introdujo Chaix en su imprenta en el año 1872 y Patterson en Dayton (Ohío) en su fábrica de cajas registradoras.

En todos estos casos se trata de empresas excepcionalmente afortunadas. Como medida general, topa con grandes dificultades el problema de participación en las ganancias. Por de pronto, tienen que existir éstas. Al obrero no le interesa en modo alguno verse excesivamente afectado por las oscilaciones de los rendimientos. Cierto que, en último término, también los jornales vienen determinados por la coyuntura, pero precisamente porque se fijan de antemano tienen mayor constancia que la retribución del empresario, sometida a todas las oscilaciones en alza y baja. Si se mantiene bajo el salario fijo y se le completa con suplementos de eventuales ganancias, se siente perjudicado el obrero: le interesa más un jornal más elevado y regular. En Francia y América se ha intentado captar a los obreros convirtiéndolos en accionistas de la empresa; pero estas acciones obreras no significan para el obrero una ventaja en caso de no marcha satisfactoriamente el negocio, y además le sujetan excesivamente a la explotación; preferiría llevar sus economías a una Caja de ahorros. De ahí que las acciones obreras hayan obtenido menos resonancia en Alemania.

Al crecer las empresas, la adhesión del obrero individual a una explotación determinada adquirió mucha más importancia que su interés profesional especial. Un obrero de Krupp, o de la A. E. G., o de Sulzer, en Winterthur, se sentía en primer lugar como perteneciente a esa explotación. Así pudo llegar a tener el problema de organización en la explotación más importancia que otro alguno. Cuando éste se planteó se advirtieron, lo mismo que en punto a organización política y entre los comprofesionales, dos tendencias acerca del modo de otorgar representación al elemento obrero. Una, radical, esperaba poder arrancar a los empresarios el manejo de la empresa; esta orientación extremista se difundió por todas partes durante la guerra, cuando, por ejemplo, fuerzas obreras adiestradas en el torneado de granadas proporcionaron ganancias desproporcionadas a empresarios que tenían asegurado el despacho del artículo. En Inglaterra y América actuaron en este sentido los Shop Stewards. En Rusia faltaba una organización sindical y política de los obreros; cuando salieron de los grandes talleres, lo único que les dieron fue una organización en concepto de Consejos de explotación. En la propia Alemania fue así como aparecieron los empleados de almacenes y Bancos.

Los Consejos de explotación se convirtieron en Rusia en base de la constitución política. Tampoco en Alemania faltaron tendencias semejantes. El movimiento espartaquista quería que en lugar del Parlamento procedente de elecciones generales se estableciese una representación nacional apoyaba en los Consejos de obreros y soldados; pero el Poder del Estado reveló aquí tener más fuerza de lo que hubiera convenido a tal representación de interesados. En la estructura económica supieron mantener los sindicatos una posición más fuerte: les fortaleció el que también por parte de los empresarios cedió la tendencia intransigente, que no quería oír hablar de negociaciones con los obreros. Stinnes, como representante de los patronos, coincidió con Legien, caudillo de las grandes asociaciones obreras organizadas, en la idea de la comunidad de trabajo, que preveía la regulación mediante pactos comunes de las organizaciones obreras y patronales. Pero ya en 1916 la ley de Servicio auxiliar, contenida en el programa de Hindenburg, que apelaba al mayor esfuerzo de la industria, instituía Comisiones obreras en las explotaciones que ocuparan más de 50 obreros. Los Consejos de explotación persistieron como institución de la industria, aunque sólo actuaron para que los obreros colaborasen en la organización explotadora y no para desplazar a los empresarios; más tarde sólo hallaron expresión en Alemania en el "Consejo provisional de Economía del Reich".

En Inglaterra, sobre la base del dictamen de Whitley de 1917, se instituyeron Works Committees, que, a diferencia de los Shop Stewards, fueron llamados a colaborar con los empresarios. La idea de que los obreros habían de dedicarse incluso a dirigir la explotación, estuvo representada por el socialismo gremial. Según él, los obreros debían organizarse en grandes grupos profesionales, ajustándose a las estadísticas correspondientes, y encargarse en lo posible de todas las funciones administrativas. En la práctica se ha manifestado la actividad del Socialismo gremial en la industria de la construcción, donde acudieron en su auxilio los medios necesarios mediante el estímulo cooperativo de consumo o por mandato de la autoridad.

Es inevitable que en organizaciones de gran envergadura la masa de los partícipes no puede manifestarse por punto general sino en torno a la elección de representantes. Éstos constituyen después un grupo con centro de gravedad propio. Entre la nación y la representación del Estado se intercalan los intereses de partido, que, a fin de prevalecer, obstruyen el acceso a fuerzas e ideas más recientes. La administración de grandes asociaciones de consumo o sindicatos fue a parar a manos de un Cuerpo de funcionarios expuesto al peligro de la rigidez burocrática. El movimiento nacional socialista ha vuelto por ello a echar nuevamente mano de la organización en la explotación, donde se afirma la comunidad de intereses de empresarios y obreros y su responsabilidad conjunta frente a la comunidad nacional.

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- La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista


+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (I): la reconstrucción económica mediante los aranceles educadores

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (II): la aduana conservadora y las fundaciones coloniales

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (III): el aislamiento como medida permanente

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (IV): la orientación política del movimiento obrero; la protección y seguro obreros

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (V): sindicatos y cooperativas

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VII): las uniones de empresarios

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VIII): brotes social-capitalistas

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (IX): la influencia de la ordenación estatal

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 304 - 307.