viernes, 30 de junio de 2017

La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (IX): la influencia de la ordenación estatal



En la Primera Guerra Mundial hubo de ponerse la Economía completamente a disposición del Estado. Pero el Estado se vio en la obligación de atender al sustento de la población, cosa de que antaño no necesitaba preocuparse en las épocas propicias para el lucro. Además de organizarse la economía de primeras materias tuvo que surgir la economía de alimentación de guerra. El Estado reguló la distribución, dado que empezó fijando precios máximos; pero después se vio precisado a emitir cédulas de abastecimiento, cartas de pan, de carne, de grasas, etc., para que las exiguas existencias no aprovecharan únicamente a los que mejor pagasen. De la regulación del reparto hubo que pasar al fomento de la producción, parte asegurando precios favorables, en algunos países también mediante el cultivo obligatorio. Se agrupó a los diversos grupos de la economía para lograr el abastecimiento de sus miembros y fijar las utilidades de sus servicios.

Ordenacion estatal e historia de la economia

Allí donde el Estado pudo echar mano de una economía bien desarrollada resultó facilitado el abastecimiento. Así aprovecharon a la Administración militar las existencias de café acumuladas en Hamburgo mediante el comercio a plazo. Desgraciadamente, era en Rotterdam donde se hallaban los correspondientes acopios de trigo. Ya en el verano de 1914 se fomentó la exportación de trigo alemán por el sistema de las cédulas de importación. Fue fatal que la Hacienda del Imperio se apoyara especialmente en los derechos aduaneros sobre el trigo, que a principios de la guerra hubieron de derogarse para facilitar la importación extranjera. Se dejó de financiar la guerra mediante impuestos: todo se obtuvo por vía de empréstitos que disimulaban la gravedad de la situación financiera.

También después de la guerra se mantuvo la regulación del comercio exterior para que una excesiva importación no vaciase al país de medios de pago, o una exportación desmesurada hiciera desaparecer lo necesario para la vida. Lo reducido de las provisiones hizo que siguiera subsistiendo la carta de pan. Como al principio no se sabía cuánto tiempo habría de continuar, se dictaban medidas para cada caso concreto, y sólo más tarde tomó la organización traza ordenada. Pero, por fin, se tuvo la fortuna de que pudieran cesar las trabas del comercio exterior y que en la producción agraria volvieran a encontrarse directamente enfrentados productor y consumidor.

De igual modo que en el ferrocarril había surgido una explotación estatal uniforme, en vez de las empresas privadas individuales, parecía posible que llegaran a manos del Poder público grandes explotaciones de otras esferas que trabajaban con una gran cantidad de empleados particulares. La socialización debía iniciarse en 1919 haciéndose cargo de las explotaciones carboníferas, siderúrgicas y eléctricas. En la economía del carbón se otorgó representación a empresarios, obreros, consumidores y Reich. El comisario del carbón fijaba el precio de éste. Pero se vio claramente que en estas organizaciones resultaban ser más influyentes los empresarios, merced a sus conocimientos profesionales. La agrupación económica siderúrgica no estaba en condiciones de actuar compensadoramente entre proveedores y consumidores de hierro, entre empresarios y obreros. Aquí se limitaron después a celebrar contratos libres entre las industrias siderúrgicas productoras y transformadoras, y especialmente a otorgar bonificaciones a las últimas en la exportación de sus productos.

La técnica no permaneció quieta: antes bien, se consagró a los perfeccionamientos. Reducciones artificiosas del tipo de interés y elevaciones también artificiosas del jornal obrero, como las suscitaciones por la política económica de los Estados Unidos, trajeron como consecuencia un excesivo aprovechamiento económico de los nuevos inventos. No se creyó oportuno en Alemania cerrar el paso a esta tendencia a la racionalización, por motivos de concurrencia. Para ello hubieron de apoyarse, a la postre, únicamente en créditos exteriores a corto plazo. Los Bancos fomentaron agrupaciones como las de las Acererías Unidas en 1926, en que se agruparon Rhein-Elbe-Union, Phönix, Thyssen y Rheinstahl. Con setecientos millones de marcos dominaban el 40,4 por 100 de la comunidad de acero en bruto y el 28,66 por 100 del Sindicato carbonero.

En Rusia, el derrumbamiento trajo la dominación de los bolcheviques, que se apoyaron en el obrerismo industrial y anularon a la burguesía. Al Estado correspondía, en primer lugar, la regulación total de la economía. En la Nueva Política Económica (Nep) modificó Lenin, en el año 1922, el programa primitivo, por cuanto, junto al sector colectivista en la industria y comercio exterior, subsistió el individualista, especialmente en la agricultura. La masa de labriegos pareció ahora llamada por vez primera a una economía independiente, merced a la desaparición de los grandes terratenientes y de las antiguas cargas de rescate vigentes, incluso cuando se trataba de meros usufructuarios del suelo. Pero en 1928 procedió también Stalin a colectivizar la agricultura. Invade a Rusia una pugna fanática en pos de la técnica más reciente. Sobre todo, hay que estructurar con toda energía la industria de los medios de producción. Pero en la agricultura hay también que roturar las dilatadas extensiones de tierras del Estado con auxilio de tractores. La pujanza de los Zares había aniquilado ya en Rusia a la clase media tal como se había formado, por ejemplo, en Novgorod. Después de que la Revolución hubo ahuyentado a la burguesía, pudo formarse entre los labradores más ricos una tendencia hacia una nueva clase media. Precisamente contra éstos, los kulakos, que acaso tenían alguna mayor cantidad de ganado que los demás, se dirigió la colectivización de la agricultura. Así, mientras en el Oeste se apoyaba el desarrollo económico precisamente en las capas medias, faltan éstas en el Este. Se añade que el empleo de máquinas reclama dirección profesional incluso en las fábricas agrícolas. ¿De qué esferas habrían de sacarse los ingenieros que Rusia necesitaba en tan gran proporción?

El fascismo italiano se apoya precisamente en la masa de pequeños labradores independientes. La iniciativa privada se caracteriza en el campo de la producción como el instrumento más eficaz y útil en interés de la nación. En la Carta del Lavoro se agruparon, en 1927, las organizaciones profesionales de patronos y obreros. En las contiendas decidía el Tribunal del Trabajo, la Magistratura del Lavoro. En 1930 quedó coronada la organización corporativa mediante el Consejo Nacional de Corporaciones.

También en los Estados Unidos se había entrometido considerablemente en la economía, durante la Primera Guerra Mundial, la potestad estatal. Así, había sometido a su administración los ferrocarriles. Para esquivar la crisis, emprendió Roosevelt en 1933 una reorganización de la industria. Conforme al National Industrial Recovery Act, debían instituirse para cada profesión organizaciones de empresarios y obreros y dictarse, con su colaboración, códigos referentes a las condiciones de trabajo. Hubo, ciertamente, en los Estados Unidos un movimiento sindical que, sin embargo, sólo pudo darse en determinados campos. En otros, los empresarios, como, por ejemplo, el trust del acero, se negaron a reconocer los sindicatos. Ahora, a causa de la N. I. R. A., se crearon sindicatos por doquiera. Pero en 27 de mayo de 1935 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos declaró inconstitucionales estas disposiciones. En su virtud, el presidente ha de limitarse a vigilar las condiciones de trabajo en las empresas que reciban encargos del Gobierno. Al derrumbamiento de los precios agrícolas, singularmente en el trigo y en el algodón, se intentó oponer un dique encargándose de las existencias la autoridad y combatiendo mediante primas la reducción del área de cultivos. Había de salirse al paso del endeudamiento del agricultor mediante la organización confederada de los Federal Land Banks, que ofreciendo condiciones de mayor baratura favorecieron la desgravación.

En la regulación de la oferta de primeras materias se da el peligro de que la concurrencia nuevamente surgida convierta en ineficaz el acuerdo, aunque abarque comarcas diversas. La valoración del café en el Brasil, que en 1906 absorbió la superoferta excesiva de los plantadores de cafetales, apartando del mercado grandes existencias almacenadas, obtuvo éxito, en definitiva, merced al aumento de consumo del café. Durante la guerra se efectuaron diferentes acopios de existencias de esa índole. Las plantaciones de caucho en la Indochina proporcionaron a Inglaterra un modo de pagar a los Estados Unidos los intereses de su deuda con el caucho que necesitaban para su industria de automóviles. Se intentó mantener precios altos, mediante las limitaciones del plan Stevenson; pero en 1928 quebró este plan, principalmente a causa de la competencia de las Indias neerlandesas. En la Conferencia Económica Mundial de 1933 no se consiguió más que la valorización del té. También se dispuso en 1933 llevar a cabo una reducción de la superficie destinada a cultivo del trigo, mediante acuerdo entre 16 países, pero la actitud de Argentina suscitó dificultades. La Conferencia del Azúcar había regulado en Bruselas, en 1902, el mercado del azúcar suprimiendo las primas a la exportación. Durante la guerra, el azúcar de caña postergó al de remolacha. Cuba se convirtió en productor principal de azúcar, merced a la influencia americana, siguiéndole Java. El plan Chadbourne, que en 1931 intentó regular el cultivo, no pudo ser renovado en 1935.

A principios del siglo XIX se abstuvo el Estado, deliberadamente, de regular la economía. Al surgir la maquinaria cayeron en desuso las antiguas organizaciones y se creyó que el desarrollo económico debía ser abandonado a sí mismo, atendiendo principalmente al interés de la industria. A mediados del siglo pudo brotar la idea de que estas fuerzas productoras que, ciertamente, habían alterado, a la par que la economía, tanto la vida privada como la pública, eran el verdadero factor que iba plasmando la sociedad. En la guerra, estas fuerzas sirvieron de elemento perturbador. Como la política de la trasguerra no acertó a crear un nuevo equilibrio de poderes, se volvió durante algún tiempo a fiar todo a la economía. Los conductores de la economía debían arreglar lo que los políticos habían desgarrado. Pero se vio que no podían lograrlo. En la economía no se tenía a la vista sino la expansión de la producción, sin pensar en la nivelación indispensable entre producción y necesidad, formación de capitales e inversión. Así, hubo de volver nuevamente la dirección a manos de la política.

El seguro había revelado su impotencia para luchar contra el paro obrero, pero tampoco podía pensarse sólo en el subsidio. Los intentos ya hechos por Gobiernos anteriores para crear trabajo fueron emprendidos en Alemania con carácter de cometido preferente, por el Gobierno nacional-socialista. Logró, efectivamente, disminuir fundamentalmente el pavoroso número de parados. El número de los inscritos en las oficinas de colocación descendió desde seis millones a fin de enero de 1933 hasta 2,3 millones a fines de 1934. Ya dijimos cómo en Alemania, a diferencia de Italia, se trasladó el centro de gravedad de la constitución obrera a la explotación. La decisión sobre el litigio obrero, en que ya antes colaboraban esencialmente los organismos públicos, se confió a los fiduciarios del trabajo, es decir, a una organización regional.

El nacional-socialismo se opone a la acumulación de las organizaciones capitalistas. Mientras el Reich intentaba todavía en 1932 influir en las Acererías Unidas mediante compra de un paquete de acciones, se dividieron aquéllas, en noviembre de 1933, en 12 sociedades explotadoras. De modo análogo se procedió con los intereses de empresas de navegación agrupados bajo la influencia del capital bancario. Mirando al interés de los negociantes individuales independientes, se combatió a la gran industria en el campo del mercado. En 1928 correspondía a los almacenes y agrupaciones de consumo todavía el 9 por 100 del negocio total; en 1935 su alícuota había descendido al 5 por 100.

La política económica anterior había favorecido el latifundio, en parte merced a su posición prepotente, y también, después de la guerra, porque se creía que sólo él era capaz de asegurar el abastecimiento de las grandes ciudades. Ahora se estimuló preferentemente a la clase campesina: para conservarla, se dictó la ley de Reserva familiar. Al mismo tiempo se atacó el problema de la desgravación de deudas de la agricultura. La ley de Clases Productoras del Reich sustrajo la producción agrícola al mercado libre y trató de mediar entre productores y consumidores, dictando normas obligatorias. Cuando sobrevino la buena cosecha de 1933 se combatió el derrumbamiento de los precios, y al tener lugar la cosecha desfavorable de 1934, se impidió la elevación excesiva de los mismos.

Pero la esencia de la nueva ordenación no descansa en estos pormenores, sino en la nueva posición del dirigente respecto a la economía. Ha de considerarse como servidor de la Nación. Con ello toma sobre sí el Estado una gran responsabilidad. Pero apela a la colaboración de todos sus miembros. Lo que falte a Alemania de artículos extranjeros debe ser sustituido por el esfuerzo individual y por la agrupación de todas las fuerzas en la organización nacional. Siempre hubo de insistirse en la relación existente entre la organización económica y la política: es claro que la economía ha de ser distinta en los días de los hoplitas helenos y los legionarios romanos, otra en los días en que los regimientos territoriales prusianos salieron de los bosques para decidir la batalla de Waterloo, y otra hoy, en la época de los tanques. La economía nacional debe reconocer la primacía de la política, y aún le queda misión bastante amplia que realizar. Puede repetir, con aquel ministro de Hacienda: "Dadme buena política, yo os procuraré buena hacienda".

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- La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista


+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (I): la reconstrucción económica mediante los aranceles educadores

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (II): la aduana conservadora y las fundaciones coloniales

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (III): el aislamiento como medida permanente

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (IV): la orientación política del movimiento obrero; la protección y seguro obreros

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (V): sindicatos y cooperativas

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VI): las organizaciones de explotación

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VII): las uniones de empresarios

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VIII): brotes social-capitalistas

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 320 - 325.