martes, 20 de junio de 2017

La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (II): la aduana conservadora y las fundaciones coloniales


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La repoblación del valle del Mississipi tuvo lugar en condiciones distintas de las anteriores colonizaciones. Si hasta ahora, e incluso en América, los que se establecían tenían que ocuparse de obtener terrenos en propiedad y que produjeran lo suficiente para atender a sus necesidades, los explotadores de la Pradera se preocuparon desde luego de trabajar para la venta en países remotos. Todavía en el decenio del 30 se miraba con duda a los primeros que se aventuraron a pasar del monte a la pradera. Aún se utilizaba el arado de madera, pues creían que el hierro emponzoñaba el suelo. Los éxitos del arado de hierro en el suelo pratense iniciaron una nueva época. Hacia 1840 todos los esfuerzos se encaminaron hacia estas comarcas que todavía en 1822 había declarado el Presidente Monroe ser tierras de indios. Después de la guerra civil comenzó una colonización del país con mayor intensidad y amplitud. Las tierras del Gobierno se dividieron en cuadriláteros de 65 hectáreas. El comercio organizó el cultivo que había de suministrar suertes iguales en lo posible. Vías férreas franquearon las tierras. En sus estaciones se alzaban silos de cereales. El trigo era llevado en masas uniformes a estos graneros o transbordado del ferrocarril a los barcos, y podía negociarse en la Bolsa de Chicago de un modo abstracto. El granjero americano hubo de recurrir a las máquinas por falta de brazos. Con auxilio de aquéllas él mismo cultivaba sus campos doquiera fuese posible.

Fundaciones coloniales y economia

A la baratura de esta producción, no gravada por ninguna elevada renta territorial, se añadió la baratura de los transportes por tierra y mar. Con el trigo americano afluyó también al mercado europeo el de Rusia meridional por vía de Odesa. No sólo se vieron expulsados de los mercados occidentales los agricultores alemanes, sino que hasta en su propio país deprimió los precios la competencia del Extranjero. Especialmente, esto fue lo que dio lugar a que los grandes hacendados del Este alemán dejaran de ser librecambistas, convirtiéndose en proteccionistas. También se podía afrontar la inundación de trigo extranjero de modo indirecto, como en Suiza y Dinamarca, donde a sabiendas se trasladó el centro de gravedad a los productos de la ganadería, mantecas y quesos: el fomento de la educación agrícola y mejoramiento de la red de comunicaciones protegieron aquí a la agricultura. Mas en Alemania el arancel cerealista, especialmente beneficioso para los grandes propietarios del Este, sirvió para fomento de la agricultura.

Pero los labradores alemanes no hubieran podido lograr su propósito abandonados a sí propios, porque habían quedado en minoría al desplazarse la población hacia la industria. Todavía en 1873 se interesaban por el libre cambio al reclamar la supresión de los derechos sobre el hierro; se conducían como principales consumidores de la industria siderúrgica. Cierto que habían adquirido gran importancia las máquinas agrícolas, pero la industria del hierro tenía todavía un gran mercado en los ferrocarriles y en la industria misma. Los derechos sobre el hierro hubieron de quedar completamente suprimidos hasta 1877, medida que afectó a la industria siderúrgica alemana en un momento muy desfavorable: acababa de perjudicarla considerablemente la crisis de 1873. Se añade a ello el tener que sufrir la competencia de los hierros inglés y francés, favorecida por el Estado mediante primas a la exportación. Las ventas extranjeras a bajo precio que la industria acostumbra a efectuar en épocas de crisis para aliviar sus cargas, dan motivo con frecuencia a que el país tomado como lugar de venta implante las correspondieres medidas político-aduaneras de defensa. La industria siderúrgica alemana, siempre orientada en sentido proteccionista, se colocó entonces a la cabeza del movimiento proteccionista: se unió con la indigente agricultura y solicitó el arancel proteccionista como medida nacional para conservar las fuerzas productoras del país. Este movimiento no podía invocar directamente a LIST, que había repudiado expresamente los aranceles cerealistas y sólo reclamaba un derecho protector educador. De todas maneras, se calificó de medida meramente transitoria al derecho conservador. Podía confiarse en que al aumentar la densidad de la población en los Estados Unidos, aquel mismo país se convertiría en principal consumidor de sus productos, perdiendo gradualmente su capacidad exportadora.

Bismarck aprovechó esta corriente proteccionista cuando en 1877 procedió a dar base autónoma a la Hacienda del Imperio. Al fundarse éste le fueron útiles las indemnizaciones de guerra pagadas por Francia. En la Constitución del Imperio se habían previsto contribuciones matriculares de los diversos Estados. Pero como el Imperio no podía ser pensionista perpetuo de los Estados, se acudió en primer lugar a la Renta de Aduanas en concepto de ingreso propio del Estado federal. Entre los derechos fiscales debiera haber apelado en primer término a la imposición del café; Bennigsen había propuesto un derecho móvil sobre dicho artículo; pero Bismarck no quiso conceder al Reichstag el derecho de aprobación que el Parlamento inglés poseía en el impuesto variable sobre la renta. No era cosa de convertir en un cubo la gota de óleo democrático con que había sido ungido el emperador. Inclinándose hacia el arancel protector, podía Bismarck confiar en obtener una mayoría segura para su política. Pensó, indudablemente: "Hay que halagar a los proteccionistas; son nuestros aliados más seguros en la reforma tributaria".

Así, se interrumpieron en 1877 las negociaciones con Austria para renovar el fenecido Tratado de Comercio, y en 1878 se hizo proteccionista el Imperio Alemán. Este cambio no perjudicó en un principio a los intereses exportadores de Alemania, porque merced a la cláusula de mayor favor participaba de las obligaciones arancelarias contenidas en los Tratados. Pero en 1879 denunció Francia el Tratado de Cobden. En la propia Inglaterra, la depresión condujo a que frente al dogma del libre cambio, surgiese la petición de Fair Trade, es decir, tratar peor a aquellos países que alejaran de sus mercados a los productos británicos, si bien este movimiento no tuvo éxito alguno en Inglaterra.

Los librecambistas acérrimos habían desaprobado en Inglaterra los medios necesarios para conservar las Colonias; si no querían seguir de buen grado junto a Inglaterra, debía dejárselas en libertad. Pero estos pequeños-ingleses no consiguieron prevalecer en su país; el propio Juan STUART MILL, que, por lo demás, reconocía también el campo propio del arancel protector educador, se pronunció a favor de la misión colonial de Gran Bretaña. Muy lejos de renunciar a colonia alguna, edificó Inglaterra su Imperio mundial de tal suerte que duplicó su superficie en el último tercio del siglo XIX. En 1876 tomó la Reina de Inglaterra el título de Emperatriz de la India. La América del Norte británica quedó agrupada en 1867 en un señorío, Dominion. Igual hicieron en 1900 las colonias australianas, constituyendo el Common Wealth de Australia. Después de la guerra de los boers, se formó la Unión Surafricana.

China quería impedir la importación del opio procedente de las Indias orientales. Pero Inglaterra obtuvo en 1842, mediante la guerra del opio, la supresión del monopolio del Gobierno en el comercio exterior, la apertura de puertos chinos y la entrega de Hong-Kong. En 1854 salió Japón de su aislamiento, bajo el influjo de los Estados Unidos. En 1860 los ingleses y los franceses obligaron a China, mediante la destrucción del Palacio de Verano, a otorgar en la paz de Pekín ulteriores concesiones. Rusia, que se había erigido en protectora de la independencia china, pudo extender a tal efecto sus confines hasta el Océano Pacífico, donde, a partir de 1872, tuvo por puerto suyo a Vladivostok. Así como en el decenio del 20 se aseguró la apertura de América mediante Tratados a favor de Prusia y de las ciudades hanseáticas, de igual manera el envío de una escuadra prusiana en 1861 permitió a Alemania participar del franqueamiento del Asia oriental merced a Tratados que se celebraron con Japón, China y Siam.

Además de Inglaterra, había podido alzar Francia en el siglo XIX un gran Imperio colonial. Aliada con Inglaterra durante la Monarquía de julio, procedió en 1833 a pasar, de la lucha con los berberiscos, a la conquista de Argel. Pero hasta 1847 no quedó definitivamente sojuzgado Abdelkader. Desde Senegal avanzó Francia hacia el Níger, de suerte que se formó un gran Imperio oeste-africano. Bismarck no solamente dejó intactas estas posesiones en 1871, sino que excitó a los franceses a que las ampliasen para que este campo de actividad le consolara de la pérdida de Alsacia-Lorena. Además de las posesiones africanas, adquirieron especial importancia para Francia las del Asia oriental. En 1884 pudieron redondear sus posesiones en Tonquín, merced al reconocimiento del protectorado de Anam, efectuado por China. Desde fines del decenio del 70 se redujo el espacio vital de la tierra. Precursores alemanes como Godeffroy habían montado sus factorías en el Mar del Sur y en la costa africana. Sufrieron la decepción de que todos aquellos establecimientos fruto de sus trabajos quedaran sometidos a pabellón extranjero y no se reconocieran los derechos de posesión del suelo adquirido, como ocurrió en las Islas Fiji y en Gabón, en África occidental. Fracasó el intento de trasladar a Samoa las posesiones de la casa Godeffroy. Pero en 1884 se dedicó Alemania a adquirir colonias en África y en el Mar del Sur. Era por entonces cuando Rusia se había aproximado a los linderos afganes al extender sus posesiones del Asia central. Al modo como ya en 1878, cuando los rusos acampaban delante de Constantinopla, les había salido al encuentro la escuadra inglesa, pareció ahora inminente por causa de India un conflicto entre las mayores Potencias de tierra y mar. Bismarck aprovechó este instante difícil para Inglaterra. El pabellón alemán fue izado en el Suroeste de África, en Togo y Camarones. La Compañía de Nueva Guinea pudo ocupar la costa Nordeste de esta isla. Peters obtuvo en 1885 para la Sociedad de Colonización Alemana del África Oriental la única colonia alemana cabal que defendida por Lettow Vorbeck pudo sostenerse en la Guerra Mundial.

El rey de los belgas había aprovechado los viajes de exploración de Stanley. En 1885 fue reconocido el Estado del Congo, de que Bélgica se hizo cargo en 1908. En 1880 se habían afirmado los ingleses en Egipto. Al extenderse esta posesión hacia el Sur topó Kitchener en 1895 con las guarniciones franceses, que desde su Imperio del África occidental buscaban acceso al Mar Rojo; en Fachoda hubieron de ceder los franceses a las pretensiones inglesas sobre el Sudán. El resultado fue que en el año 1900 se enfrentaran en África posesiones francesas e ingleses de 10,2 y 9,2 millones de kilómetros cuadrados, con colonias alemanas y belgas de 2,3 y portuguesas de 2 millones de kilómetros cuadrados. En Asia había, junto al Imperio Británico, que se había extendido hasta Indochina, con unos 300 millones de habitantes, el Imperio insular neerlandés, con 37 y medio millones de habitantes.

Aunque también se evitó en el decenio del 80 el conflicto entre Inglaterra y Rusia, el decenio del 90 trajo nuevos desplazamientos, debidos a la conducta de Japón y Estados Unidos. Japón logró predominar sobre Corea mediante su victoria sobre China. Pero en 1895 hubo de entregar a los rusos la Manchuria en el Tratado de Shimonoseki. Alemania pudo adquirir Kiatchu. El año 1900 vio aparecer fuerzas de combate de las potencias europeas unidas bajo mando supremo japonés y dirigidas contra los boxers chinos. Pero en 1905, después de su victoria sobre Rusia, se asentaron también los japoneses en la Manchuria meridional. Los Estados Unidos atacaron Cuba en 1898, y después de vencer a España, se apoderaron de los restos de su poderío colonial, Puerto Rico y las Filipinas, mientras quedaba Cuba nominalmente independiente.

Los gastos que el aumento de armamentos iba haciendo necesarios exteriorizaron su influjo en el mercado de capitales, junto a las demandas que ya desde el decenio del 90 iba formulando la pujante industria eléctrica. El tipo de interés, que ya en el decenio del 80 había llegado a estar por debajo del 3 por 100, como antaño en el siglo XVIII, mostró ahora tendencia a subir.

Mientras se repartían los territorios todavía libres en el mundo, se agudizaba la tensión entre las Potencias. Francia había otorgado a favor de Alemania, en la Paz de Francfort, la cláusula de mayor favor con carácter permanente. Precisamente para alejar a Alemania de su mercado había elevado considerablemente sus tarifas en 1892. Los viticultores de Francia meridional, que hasta ahora habían sido en general favorables al libre cambio, se vieron inclinados del lado de la protección, a causa de las devastaciones de la filoxera, que les expusieron a la competencia de los vinos italiano y español. El arancel de Méline dificultó las negociaciones, porque, imitando al español, contenía derechos mínimos, por bajo de los cuales no se podía negociar; si no se lograba ningún acuerdo arancelario, regían los tipos de la tarifa máxima. Así llegó Francia a encontrarse en guerra aduanera con su vecino más próximo, Suiza, situación que sólo pudo terminar aviniéndose Francia a concertar por bajo de su tarifa mínima. Los Estados Unidos llegaron a establecer con los aranceles Mackinley, de 1890, unos elevadísimos derechos protectores, que hacían imposible la exportación de muchos artículos europeos.

En sus circunstancias se decidió Alemania, bajo Caprivi, a moderar su arancel para asegurar mediante Tratados de Comercio las posibilidades de expansión de su exportación. Los derechos sobre cereales establecidos en 1878 no habían tenido efecto sensible sobre los precios interiores; únicamente lo fueron para el consumidor las elevaciones hechas en 1885, de uno a tres marcos, y en 1887 a cinco marcos por cada 100 kilos. A ejemplo de Inglaterra en el decenio del 40, aprovechó Alemania para su reducción la carestía ocasionada por una cosecha desfavorable. Incluso muchos cultivadores se vieron precisados a convertirse en adquirentes de trigo extranjero. Se llegó a plantear el problema de supresión del arancel triguero, medida a que la propia Francia hubo de decidirse respecto de sus altos tipos, si bien transitoriamente. En vez de ello, se atenuó en Alemania el arancel del trigo por los Tratados que en 1891 se concertaron, primero con Austria, después con Italia, Bélgica y Suiza, y finalmente, en 1894, con Rusia, reduciéndolo a 3,50 marcos. Estos Tratados se fundaron en que Alemania había de exportar hombres o mercancías. El decenio del 90 trajo un fuerte aumento de la exportación alemana, mientras disminuía la emigración, e incluso se llamó a trabajadores extranjeros, penetrando en el Este cientos de miles de campesinos polacos, y en las minas, obreros italianos.

Con el arancel de 1902 siguió Alemania el modelo francés de derechos mínimos, que estableció para los productos agrícolas. Los tipos, que se elevaron a 5,50 marcos para el trigo, 5 para el centano y la avena y 4 para la cebada, no podían ser motivo de reducción en las negociaciones. Se declararon dispuestos a admitir elevaciones aduaneras procedentes del Extranjero. El Consejo Federal Suizo hizo saber: "El libre cambio mutuo fue rechazado por Alemania; ingresamos muy a disgusto en el principio de las recíprocas dificultades a la importación". Es significativo que el primer Tratado en que rigieron estos aranceles no se concertó con el país amigo, Austria, sino por vez primera, en 1904, con Rusia, debilitada por la guerra japonesa. Rusia conceptuó este Tratado como un perjuicio económico. De igual manera contribuyeron a que surgiesen ambientes de enemistad las guerras aduaneras que Austria-Hungría realizó contra Servia y Rumanía por causa de la importación del ganado de cerda. Las aduanas rumanas arrebataron a la industria de Transilvania una gran parte de su mercado. De ahí que se desarrollase en Rumania una industria cuyos directores eran su mayoría alemanes de Transilvania.

Con todo, una investigación inglesa demostró en 1904 que el gravamen arancelario de artículos ingleses era en Alemania del 25 por 100, en Italia el 27 por 100, en Francia el 34 por 100, en Austria el 35 por 100 y, en cambio, en los Estados Unidos el 73 por 100 y en Rusia el 131 por 100. Sin embargo, por ingratos que resultasen en cada caso los derechos aduaneros, no eran en muchas ocasiones sino un contrapeso del abaratamiento de los transportes por los modernos de tráfico. Hasta en los Estados Unidos podían concurrir las mercaderías europeas en el Oeste, porque el encarecimiento de los artículos del Este, por el gasto de transporte terrestre, era mayor que el representado por el gravamen arancelario de los géneros extranjeros.

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- La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista


+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (I): la reconstrucción económica mediante los aranceles educadores

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (III): el aislamiento como medida permanente

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (IV): la orientación política del movimiento obrero; la protección y seguro obreros

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (V): sindicatos y cooperativas

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VI): las organizaciones de explotación

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VII): las uniones de empresarios

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (VIII): brotes social-capitalistas

+ La lucha contra las parcialidades de la organización capitalista (IX): la influencia de la ordenación estatal

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 275 - 281.