domingo, 19 de febrero de 2017

El desarrollo del capitalismo (VIII): el perfeccionamiento del tráfico de pagos y crédito mediante los bancos



Para el tráfico dinerario moderno, además de la legislación en materia de moneda, ha tenido mucha más importancia la constitución de los Bancos centrales. Su posición es especialmente difícil, por cuanto, mediante sus emisiones de billetes, no sólo influyen en la cantidad de medios de pago, sino que, al entregarse estos billetes a cambio de letras y análogos efectos, se hallan al propio tiempo en el centro del tráfico crediticio. Desde mediados del siglo XIX ha advertido el Banco de Inglaterra este cometido y procurado favorecerle mediante su política de descuento. El Banco central no debe hacer negocio a cualquier precio: antes bien, su misión económica nacional consiste en regular en determinadas circunstancias el mercado, renunciando al lucro. Law había llevado la especulación a punto de ebullición, frenando después súbitamente. La moderna política de descuento da una señal de alarma elevando sus tipos de descuento cuando vacila la especulación, y, recíprocamente, está dispuesta a auxiliar en el momento de depresión fijando condiciones módicas. Con todo, tal deferencia para con la economía tiene sus límites en los miramientos debidos a la seguridad de la moneda. Si ésta es ante todo base del tráfico mercantil internacional, sus deseos de otorgar créditos deben sacrificarse a la producción. Así se explica la diversidad de la política de descuentos en cada país.

Banco Central Suizo y economia
Banco Central Suizo. Imagen: Público

A comienzos del siglo XX, Londres había tenido que ceder a los puertos continentales una parte de su posición como centro del tráfico mercantil y marítimo internacionales, pero siguió siendo centro del comercio internacional de pagos y capitales. De ahí que para el Banco de Inglaterra fuera totalmente primordial la seguridad de la moneda. En la guerra boer se había asegurado Inglaterra el dominio del manantial más importante de oro. Este oro afluía a Londres, pero tenía que ser retirado nuevamente para las obligaciones de pago de Inglaterra. Cuando tales retiradas empezaron a parecer graves, el Banco de Inglaterra elevó el tipo de su descuento para así atraer en lo posible a la nación el oro. Estas fluctuaciones obligaban al Banco de Inglaterra a variar con frecuencia sus tipos. La riqueza que por el ahorro de sus nacionales se iba acumulando, y que no tenía inversiones posibles en la nación, permitió a Francia mantener constantemente bajo su descuento. El tipo de descuento alemán fue siempre más alto antes de la guerra, en parte porque era menor la potencia de capital de Alemania, y además porque el mayor espíritu de empresa de Alemania suscitaba apremiantes demandas de crédito. Alemania tenía que alterar su descuento con más frecuencia que Francia. Pero los miramientos hacia su industria le hacían efectuarlo más morosamente que en Inglaterra. En Bélgica predominaban los intereses de la industria exportadora, que obligaban a que la política belga de descuento pospusiera incluso la consideración de estabilidad de la moneda. A pesar de la Unión Monetaria Latina, pudo el franco belga estar en peor situación que el francés.

Así como la política de descuento tenía que renunciar a los beneficios en determinadas circunstancias, también iba unida a sacrificios la política de divisas que los países dependientes se veían en la necesidad de practicar. El Banco Austrohúngaro tuvo que adquirir a costa de sus utilidades el dominio del mercado de divisas en los años 1894 a 1896, si bien es cierto que tales utilidades volvieron a subir en cuanto se hubo logrado ese dominio.

Al Banco central se sumó gran número de otras organizaciones que se desarrollaron en el siglo XIX con especial abundancia. El comerciante realizaba, a la par del tráfico de mercaderías, el de dinero, y en el siglo XVIII se calificaban a sí propios de banqueros muchos de estos comerciantes, con el fin de hacer resaltar la importancia de esta rama de su negocio. En las plazas de venta se añadía al cuidado del transporte el negocio bancario. Se rogaba al corresponsal en tal plaza que vendiera allí la mercancía o la reexpidiera atendiendo a los pagos necesarios. Comisión, expedición y cambio se ven por ello reunidas en una mano en plazos como Francfort y Basilea. El banquero efectuaba pagos en la plaza, con lo cual éstos podían llevarse a cabo mediante asientos en los libros cuando tenían lugar entre depositantes suyos. La letra servía para el tráfico de pagos con plazas extranjeras. Las casas de negocios conocidas de las grandes plazas comerciales mantenían activo tráfico cambiario recíproco, y ello permitía otorgar crédito a los clientes, tanto en el tráfico de cuentas corrientes dentro de la plaza como en el exterior.

Además de los banqueros privados aparecieron los Bancos de depósito, que se desarrollaron con especial intensidad sobre todo en Inglaterra. El primer Banco por acciones que se estableció en Londres en el año 1834, el London and Westminster Bank, tropezó con fuerte oposición del Banco de Inglaterra y de los banqueros particulares de Londres. Éstos habían montado desde 1773 un tráfico de liquidación recíproca. Del haber que se tenía en los Bancos podía disponerse mediante cheque que, o llegaba a ser pagado, o conducía a un asiento de contabilidad si quien lo recibía era también cliente del Banco. Ahora, en vez de hacerse pago recíproco de estos cheques, se reunían los dependientes de algo más de cuarenta Bancos para liquidar las cantidades que se compensaran mediante saldo, de suerte que sólo el saldo tenía que ser pagado. En este clearing podían evidentemente efectuarse mayores pagos con una pequeña cantidad de medios de pago. En 1854 fue cuando se autorizó a los Bancos por acciones para efectuar este clearing, que así adquirió gran pujanza. No sólo el negociante, sino también el particular, se acostumbró a confiar a los Bancos su caja y disponer mediante cheques de ese haber. El cheque aislado no excusa el pago más que la letra aislada: se circunscribe a desplazarlo. Pero como se generalizó el círculo de los que participaban en este tráfico, extendiéndose de la ciudad al campo, pudieron liquidarse mediante asientos la mayor parte de las cantidades. Estos asientos no dejan de causar gastos, pero ahorran moneda. La limitación de los medios de pago prevista en la ley del Banco de Peel de 1844 quedó así derogada, por cuanto desde los años 50 el tráfico de cheques dominó la masa de los pagos ingleses. Así no hubo que elevar hasta 1914 el contingente del Banco de Inglaterra. Sólo creció porque fueron a parar a él los derechos de emisión de billetes de los banqueros particulares y de los Bancos por acciones que renunciaron a ellos. En cambio, en los países donde estaba menos desarrollado el tráfico de cheques, como en Alemania y en Francia, hubo que aumentar repetidamente el contingente conforme crecía el tráfico.

Vemos, por tanto, que se creó aquí una organización del tráfico de pagos que atendió a la acrecentada necesidad casi con tanta eficacia como el aumento de medios de pago mediante mayor producción de oro. No es que la moneda corriente pudiera ser reemplazada completamente: siguió siendo necesaria en el pequeño tráfico, especialmente para pago de salarios. Mas en el de negocios puede economizarse considerablemente la circulación de moneda corriente: sólo sigue siendo necesaria para cubrir ese tráfico; parte de él, las sumas mayores que circulan en la vida de los negocios dan, generalmente, lugar a transferencias. Ya en los años 60 pudo observarse en Inglaterra el retroceso del uso de los billetes de Banco de gran valor. Se comprobó que en los negocios mayores el 97 1/4 por 100 de la circulación se cancelaba mediante letras y cheques, el 2 por 100 con billetes y sólo 3/4 por 100 mediante dinero. El tráfico inglés de clearing halló desde 1864 su apoyo en los billetes del Banco de Inglaterra, que así vino a ser centro de este tráfico.

El tráfico de cheques adquirió también plena carta de vecindad en América. La cantidad de depósitos, base del tráfico del cheques, creció entre 1866 y 1913, según FISHER, hasta el séxtuplo, desde 600 millones hasta 4,4 miles de millones de dólares, mientras en el mismo período de tiempo no hizo sino duplicarse el número de billetes, de 300 a 700 millones de dólares. La transcripción contable prestó servicio décuplo del efectuado mediante la circulación de moneda efectiva; 35 miles de millones se transfirieron en dinero en los Estados Unidos, 364 mediante cheque, y además anualmente 150 miles de millones mediante clearing. Pero a los Estados Unidos hacía falta un Banco central. Había habido uno, pero en 1836 se dejó caducar su privilegio, porque se temía que dominase capitalistamente la vida del negocio. En un principio, los diversos Estados conferían el derecho de emisión de billetes. En 1863 surgieron los Bancos nacionales, cuya emisión se afianzaba exigiéndoles la cobertura en valores del Estado. Quedaba así la elasticidad de la circulación de dinero tan mal servida como conforme a la ley suiza de 1881, que exigía igual forma de garantía mediante valores. En tiempos de necesidad extraordinaria, como 1860, 1873, 1893 y aun 1907, hubo de auxiliarse el tráfico de clearing con obligaciones emitidas por la asociación. Si bien detrás de esa asociación estaban también los Bancos más importantes del país, su crédito era menor que el de un Banco central con derecho estatal de emisión de billetes. Por ello se comprende que esos clearing-loan-certificates no fuesen admitidos sino con agio.

Como los Bancos de depósito atraían a sí todos los activos patrimoniales asequibles, no sólo hicieron a éstos útiles para el tráfico, sino que abrieron también con ellos una fuente importante de crédito. Merced a ellos quedó incluida toda la economía del país en la explotación capitalista, lo cual significó un gran robustecimiento de las posibilidad de expansión de la economía. No fue tan sólo la técnica, sino también estas facilidades del tráfico de pagos y crédito, las que trajeron gran medro económico a las comarcas que se servían de ellas. Fueron una de las bases del florecimiento inglés de los años 50 a los 70 del siglo XIX. También se debe a la intensa utilización de ellas la prosperidad alemana al finalizar el siglo XIX. Francia supo aprovecharlas menos. Necesitaba para sus pagos aproximadamente el triple de los medios de pago existentes en Inglaterra. Alemania estaba en el centro, y se aproximó cada vez más al ejemplo inglés. Hasta tiempos muy recientes no hay cifras exactas. Según ellas, en 1929, frente a 5,2 miles de millones de marcos en dinero, figuraba un haber de 14.000 millones. Como entre éstos constituían unos 10.000 millones los activos del mundo de los negocios, es también visible en Alemania la predominante importancia de la circulación no dineraria.

La colaboración internacional de los Bancos se patentizó en el hecho de que en 1839 el Banco de Inglaterra tomó prestados 2.5 millones de libras del Banco de Francia y 900.000 de Hamburgo. También hubo de aprovechar al tráfico internacional de pagos el perfeccionamiento del servicio de noticias. Además de las letras y los cheques apareció la transferencia telegráfica, el cable-transfer. Al modo como lo hizo el patrón oro, en su calidad de base del tráfico internacional de pagos, también la organización de las instituciones de crédito, que contabilizaban cantidades continuamente crecientes, ayudó a estrechar cada vez más la red del mercado mundial.

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- El desarrollo del capitalismo


+ El desarrollo del capitalismo (I): el derrumbamiento del mercantilismo, la formación de la Unión Aduanera ("Zollverein")

+ El desarrollo del capitalismo (II): la liberación de los campesinos y la supresión de la esclavitud

+ El desarrollo del capitalismo (III): la abolición de los vínculos gremiales y la formación de la clase obrera

+ El desarrollo del capitalismo (IV): el fomento de la agricultura

+ El desarrollo del capitalismo (V): la penetración de la maquinaria en la industria

+ El desarrollo del capitalismo (VI): la revolución de los medios de transporte y la creación del mercado mundial

+ El desarrollo del capitalismo (VII): la fundación y conservación de un sistema monetario estable

+ El desarrollo del capitalismo (IX): el crédito a la producción y las crisis económicas

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 255 - 259.