viernes, 10 de febrero de 2017

El desarrollo del capitalismo (VII): la fundación y conservación de un sistema monetario estable


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Las prolijidades de producción que trajo la moderna técnica exigieron la aportación de enormes recursos. A la organización de la gran industria tuvo que unirse el desarrollo de la organización financiera.

Oro, plata y sistema monetario en economia

Fue preciso crear valores futuros. Para ello hubo que contar con la permanencia de los actuales: la estabilidad de la moneda hubo de ser básica en todo desarrollo ulterior.

El bimetalismo inglés se había convertido, de hecho, en monometalismo, durante el siglo XVIII, a causa del aflujo del oro brasileño. Cuando cesaron estos aflujos y hubo el riesgo de que sólo la plata se convirtiera en base efectiva del sistema, se degradó la plata: en 1774 se redujo su fuerza liberatoria, y en 1798 se suspendió su acuñación.

El Banco de Inglaterra había recibido el derecho de no reembolsar sus billetes cuando, en 1745, se produjo el pánico por la marcha del Pretendiente católico a Inglaterra. Cuando, en 1797, fue inminente un desembarco francés, volvió a otorgársele ese derecho, que esta vez debía subsistir durante veinte años. BÜSCH creyó que debía predecirse a los billetes la suerte de los asignados. ¿En qué consistió que los billetes del Banco de Inglaterra se mantuvieran como medio de pago, aunque en ocasiones con agio importante? (En 1809, el disagio subió del 3 al 14%; en 1813, los billetes estaban a 71.1%). Detrás de los billetes se hallaba la firma de una administración reconocimiento sólida y la autorización del Estado. Pero no hubieran bastado ambas cosas si los comerciantes de la City no se hubieran declarado solemnemente dispuestos a aceptar los billetes del Banco de Inglaterra como medio de pago. Se añadió a ello que el Estado, que era deudor al Banco, dejó inmóvil esta deuda sin aumentarla: le fue posible dirigirse al mercado de capitales de la Bolsa de Londres para acudir al gasto de guerra. Allí emitió un nuevo 3% consolidado, si bien a cotización muy baja (el interés efectivo resultaba de 5.5% el año 1804). Pero el Banco de Inglaterra no omitía sus billetes sino a cambio de letras de cambio, que le conferían la posesión de una cobertura bancaria a corto plazo.

Sin embargo, fue imposible evitar un exceso de emisión. Seguía descontando el Banco al tipo inalterado de 5%. Bajo la influencia de fuertes pagos al Extranjero que habían hecho necesarios lo desfavorable de la cosecha y los subsidios que habían de pagarse a los aliados, subió el agio, especialmente en los años 1811-1813; pero, terminada victoriosamente la guerra contra Napoleón, retrocedió tan fuertemente, que para el año 1819 pudo preverse el pago a metálico a la antigua paridad. Inglaterra pasó entonces definitivamente al patrón oro. La plata se convirtió en moneda fraccionaria, dinero deliberadamente acuñado a menor ley en cantidad limitada y con fuerza liberatoria también limitada, pero siempre convertible en moneda base.

En la inflación, Inglaterra había tenido que admitir un aumento de precios que favoreció a los empresarios, especialmente a los arrendatarios, pero que desvalorizó todos los ingresos fijos, como rentas y retribuciones. La estabilización volvió a favorecer a los ingresos fijos y perjudicó a los arrendatarios, a quienes por ello se garantizó precios elevados mediante la prohibición de importar trigo extranjero. RICARDO había lanzado el año 1816, en sus Proposals,  la idea de atender a la circulación interior mediante una cantidad determinada de billetes, poniendo el metal preciso únicamente a disposición del tráfico exterior y en piezas mayores. Así había regulado ya Escocia su tráfico desde el año 1763. Los Bancos escoceses conservaban en Londres una reserva en oro y atenían con billetes al comercio interior. Sin embargo, en Inglaterra se optó por la circulación de moneda de oro. Los billetes de Banco servían sólo para grandes cuantías, al lado de la moneda fraccionaria para las menores. La emisión de billetes del Banco de Inglaterra se reguló 1844 de tal suerte que sólo le fue consentido un contingente fijo de billetes no cubiertos en metálico. Como la necesidad de medios de pago es variable, y no sólo aumenta según las estaciones del año, sino que crece considerablemente sobre todo en tiempos de crisis, hubo que rebasar este contingente ya en 1847, después nuevamente en 1857 y 1866, suspendiéndose, por ende, la vigencia de la ley del Banco debida a Peel.

La seguridad de la moneda parecía entonces lo más importante, y a ella se sacrificó la necesaria elasticidad. Ya veremos cómo logró ésta por otro camino el sistema de pagos inglés. Pero la estabilidad monetaria era el supuesto para que Londres pudiera transformarse en el centro del tráfico internacional de pagos. Las letras del mundo entero hallaban en Londres su mercado más seguro.

Francia, cuyo sistema monetario había sufrido, en interés del Fisco, frecuentes alteraciones bajo el Ancien Régime, recibió en 1803 una base firme de su moneda. El bimetalismo entonces previsto actuó de hecho, en un principio como circulación de plata, hasta que, a mediados del siglo, los hallazgos de yacimientos de oro, primero californianos y luego australianos, hicieron que éste fuera el metal más barato, de suerte que en los decenios de 50 y 60 los napoleones de oro colmaron la circulación francesa. En 1865 concertó Francia con Bélgica, Suiza e Italia la Unión Monetaria Latina. Cuando, a principios del decenio del 70, amenazó un drenaje del oro por haber aumentado la producción de la plata, se empezó limitando la acuñación de ésta, y se suspendió por completo en 1878. La Unión Monetaria Latina pasó con ello a un "bimetalismo incompleto o cojo". Las monedas de plata de 5 francos siguieron siendo medio legal de pago. Podía suceder que el Banco de Francia no diera sino con prima el oro que le fuera pedido. Con todo, y en lo principal, este sistema funcionó como patrón oro.

En 1806 había dado Napoleón al Banco de Francia su Constitución definitiva. Se dedicaba, como el de Inglaterra, a emitir sus billetes a cambio de letras. En 1848 alcanzó el monopolio de emisión de billetes para toda Francia. En 1870 pudo prestar al Estado los mayores auxilios. Sus billetes se recibían por todo su valor, como los del Banco de Inglaterra después de 1797. El cupo de su emisión se determinó por módulo muy elevado, a tal extremo, que metálico y billetes siguieron integrando ampliamente la circulación de pagos.

En Alemania trascendió también la diseminación política incluso a lo monetario. Sin embargo, el tálero prusiano fue prevaleciendo cada vez más como medio de pago. En el Sur dominaba el gulden, que era algo distinto del austriaco. En 1838 se había intentado establecer el doble tálero para el Zollverein. En 1857 fue aceptado por Austria y el Zollverein el tálero de la Unión (Vereinsthaler), en calidad de moneda común. Hasta 1871 no pudo procederse a unificar el sistema monetario alemán. La indemnización francesa de guerra permitió entonces al Imperio Alemán implantar al propio tiempo el patrón oro. Las nuevas monedas de oro, que ostentaban en una de sus caras el águila imperial y en la otra la marca de la Casa de Moneda local concedida a cada Estado, simbolizaban la Constitución del Imperio. La plata debía convertirse en moneda fraccionaria. Pero las dificultades surgidas ya en la recogida, por haberse procedido con excesiva precipitación en la emisión de las nuevas monedas, condujeron a que, por de pronto, se prescindiera de llegar a la completa supresión del tálero: éste fue retirado en 1909, de suerte que hasta entonces el sistema alemán fue el de patrón oro incompleto, aunque con una parte de plata notablemente inferior a la de la Unión Latina.

En 1847 se reorganizó el Banco Prusiano según el modelo de las instituciones inglesa y francesa, y pudo cumplir plenamente en los años inmediatos su misión como centro del tráfico de letras. El Gobierno prusiano se oponía a la libre emisión de billetes que entonces se pedía, pero en los Estados menores próximos se fundaban Bancos cuyos billetes circulaban fuera de aquellos Estados, al modo como en tiempos ocurría con la moneda mala. Sajonia-Meiningen y Sajonia-Coburgo tenían patrón de gulden, pero emitían cédulas de táleros, porque éstos gozaban de perspectiva de más amplia circulación. El Banco privado de Gotha, el Banco de Gera y el Banco de Baja Sajonia en Bückeburgo recibieron el derecho de emisión ilimitada de billetes. Cierto es que la circulación, ya más extensa, reclamaba otros medios de pago aparte de las monedas. RICARDO había dicho que establecer un Banco que se cuidara de esto equivalía a descubrir una mina en el Estado. Pero la gran variedad de papel alemán en circulación durante los decenios del 50 y del 60 hacía, al mismo tiempo, que aquél fuese base insegura del tráfico. El nuevo Imperio puso fin al dinero de papel de los diversos Estados y lo sustituyó por los bonos de la Caja del Imperio; en primer lugar, se fundó el Banco del Imperio, en 1875, que se encargó de los negocios del Banco Prusiano. El Banco Hamburgués había conservado hasta entonces su antigua forma para funcionar como instituto de crédito únicamente en tiempos de dificultad, dando lugar con ello a que en el propio Hamburgo le aventajaran dos instituciones fundadas en 1856, el Vereinsbank y el Norddeutscher Bank, que se dedicaban al negocio regular de letras de cambio. Ahora se encargó de sus negocios el Banco Imperial, no sin ir organizando por su parte y respecto de todo el Imperio el negocio de giro, en cuya dominación había consistido el principal servicio del Banco Hamburgués. Este tráfico de giro alcanzó en Alemania gran importancia junto a la emisión de billetes.

Ateniéndose a las experiencias hechas en Inglaterra, no se fijó un contingente concreto al Banco Imperial: únicamente había de satisfacer al Imperio un impuesto del 5% si se rebasaba cierta cantidad de billetes. El Banco de Inglaterra se organizó como sociedad privada por acciones, que, sin embargo, siempre estuvo en íntimo contacto con el Gobierno. También se escogió en Francia y Alemania la forma de sociedad por acciones para dejar sentada su independencia frente a la Hacienda del Estado. Con todo, el Estado nombraba en Francia al gobernador, y en Alemania al presidente del Banco.

Los decenios del 50 y del 60 transcurrieron bajo el signo de precios crecientes suscitados por la mayor producción de oro. Desde 1873 descendieron los precios, fenómeno que se explica, en parte, por la sobretensión que hubo en la especulación al comenzar el decenio de los 70, a la cual tenía que seguir un retroceso. También se explica por cuanto se había llegado a un cierto término en las grandes inversiones aparejadas por la construcción de la red ferroviaria europea y la obligada renovación de material bélico después de la guerra. Pero, al propio tiempo, disminuyó también la afluencia de oro a tal extremo que, especialmente en los Estados Unidos, se trató de completar mediante el bimetalismo la cobertura, que era excesivamente exigua. La ley Bland de 1878 previó fuertes acuñaciones de plata con fuerza liberatoria limitada, a razón de dos millones de dólares mensuales. La ley Sherman de 1890 prescindió de la acuñación de plata, pero obligó al Estado a efectuar más compras de importancia, a tal punto que adquirió casi la tercera parte de la producción mundial. A cambio de la plata depositada debían emitirse certificados de plata.

Al organizarse la producción de oro en Transvaal, perdió su base la agitación bimetalista. Es cierto que en el decenio del 70 había hablado el geólogo Suess del fallo de la producción de oro, que de hecho se observaba respecto del oro de los ríos; pero no debe olvidarse que ahora pudo efectuarse la explotación al estilo minero. No sólo resultó haber gran abundancia de oro –en un año veinte veces lo que antes se beneficiaba en Brasil–, sino también regularidad de explotación. A partir del decenio del 90 volvieron a subir los precios. Pero tampoco aquí fue causa única el movimiento del oro. De igual manera que las invenciones del decenio del 50 habían influido en la balanza, lo hicieron ahora las que tuvieron lugar en los campos de las industrias eléctricas y químicas. Entonces había ampliado el mercado una política más liberal; ahora lo hicieron unas leyes sociales mejores. Pero era imposible desconocer la influencia de una base oro más robustecida en el sistema monetario del mundo. No es que se abaratase el oro con relación a la plata, cual hubiera correspondido a los nuevos costes de producción, sino que, como varios Estados pudieron pasar al patrón oro y disminuyó así la demanda de plata, empeoró la cotización de ésta. La plata, que hasta entonces había sido siempre un metal monetario importante, no conservó ya esta posición sino casi únicamente en Chino. De la clásica relación de 1:15 bajó su cotización a 1:40 en el año 1902.

Austria y Rusia habían incidido en la economía del papel moneda, a causa de sus complicaciones bélicas. Los pagos metálicos no se apoyaban en la antigua base de plata, sino en la de oro. El descenso del precio de la plata había dado lugar a que Austria renunciara en 1879 a la libre acuñación de la plata: no quería ligar su sistema monetario a este valor, que iba declinando. Así, el gulden de papel alcanzó una cotización más elevada que la correspondiente a su cobertura en plata. En 1892 se agenció el Banco Austrohúngaro una reserva oro mediante empréstitos de oro; pero la desfavorable coyuntura de aquel momento impidió al Banco reanudar los pagos en oro. Por ello empezó en 1894 a intervenir el mercado de divisas. Como sus existencias de oro y divisas oro cubría las necesidades del tráfico en punto a medios exteriores de pago, ajustó la cotización de la corona a la de los países de patrón oro. A veces pudo también el Banco actuar en el Extranjero mediante envíos de oro, como hizo a fines de marzo de 1907.

Rusia pudo efectuar pleno pago en oro merced a las más favorables circunstancias de 1896. De hecho, y a tal efecto, el rublo, cuya antigua paridad había sido la de 3.24 marcos, fue desvalorizado a 216 marcos, cotización que había prevalecido como promedio de los años 1884-1895. Permitió a Rusia llevar a cabo esta devaluación no sólo la acumulación de un gran tesoro de oro, sino también el que la especulación a la baja en billetes de rublo era atajada por la Casa Mendelssohn mediante el célebe "escobón ruso de deshollinar".

Los Estados Unidos se vieron obligados a derogar la ley Sherman cuando cesó en India la acuñación de plata. La victoria de Mc. Kinley sobre Bryan en 1897 les trajo el patrón oro, que se proclamó en 1900. Japón obtuvo con la indemnización de guerra satisfecha por China los recursos para adoptar en 1897 el patrón oro.

Los Estados que se adhirieron al comercio internacional de pagos sobre base de oro no necesitaban atender con él a su circulación nacional, como Inglaterra, los Estados escandinavos, Alemania y Rusia. Bastaba, cuando los Bancos centrales tenían a su disposición recursos en oro, conservar la cotización del sistema nacional realizando los pagos necesarios. Así, en Holanda, que en 1874 había suspendido la libre acuñación de la plata, los florines plata y los billetes de Banco eran los medios de pago en el comercio interior, mientras Holanda podía en todo caso brindar oro merced a la actividad de su Banco entre los países de patrón oro: Inglaterra y Alemania. Los países de fuerte circulación plata habrían tenido que efectuar excesivos gastos si hubieran querido sustituirla ampliamente por oro. Ciertamente, el papel hacía los mismos servicios, como ya sabía RICARDO, Austria demostró y KNAPP puso de relieve.

El Oriente asiático había acopiado desde la antigüedad el metal precioso de Occidente. India se había convertido en uno de los más fuertes consumidores de la plata que, procedente de Europa, afluía desde los años 50. Pero el descenso del valor de la plata puso en grave peligro su Hacienda. Muchos pagos a Inglaterra, como los haberes pasivos de sus funcionarios y los intereses de los empréstitos ferroviarios, habían de satisfacerse en oro, y por ello representaban en plata una creciente opresión. De ahí que India suspendiera en 1893 las acuñaciones de plata: se confiaba conseguir así una cotización fija respecto de la libre esterlina. De hecho, esta cotización de 16 peniques por rupia no se logró hasta 1898. En 1899 se otorgó fuerza liberatoria legal a la moneda de oro inglesa. Análoga norma se dictó para Indochina. Ya antes, en 1877, había sido implantada en las Indias neerlandesas. Los Estados Unidos hicieron acuñar plata para la circulación interior de las Filipinas, en tanto que la cotización permanecía vinculaba al dólar oro.

La América del Sur había echado mano del papel en sus múltiples disturbios políticos. En Argentina, el peso papel había descendido a la treinteava parte del peso oro. En 1880, cada 25 pesos se refundieron en uno, a pesar de lo cual, en 1891, volvía a producirse un fuerte agio. Pero entonces se iniciaba la prosperidad económico del país. En 1899 se fundó una Caja de Conversión, que había de estabilizar a 227.27 el cambio descendido al 460, si bien no se logró el propósito hasta el año 1902. Pero en 1910, y gracias a la gran exportación de Argentina, disponía la Caja de Conversión de una reserva oro sólo superada por los Estados Unidos, Rusia y Francia. Al mismo tiempo siguió el papel sirviendo para pagos en la circulación interior. Brasil y Chile imitaron el ejemplo argentino, aunque no con igual éxito.

El resultado fue que, según los cálculos del director americano de Moneda, había en el mundo una reserva oro de unos treinta mil millones de marcos; casi la mitad, aunque no cabales, 15.000 millones de marcos en plata, y 18.000 millones de marcos en papel sin cobertura. Los Estados Unidos eran, en realidad, con 6.7 miles de millones, los más fuertes poseedores de oro. Pero la mayoría del oro, 18.6 miles de millones, se encontraban en Europa. Respecto de la plata, preponderaba singularmente la participación del Asia oriental; en punto a papel, la suramericana. Pero en la práctica el tráfico mundial había encontrado en el oro la base para la compensación de sus pagos.

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- El desarrollo del capitalismo


+ El desarrollo del capitalismo (I): el derrumbamiento del mercantilismo, la formación de la Unión Aduanera ("Zollverein")

+ El desarrollo del capitalismo (II): la liberación de los campesinos y la supresión de la esclavitud

+ El desarrollo del capitalismo (III): la abolición de los vínculos gremiales y la formación de la clase obrera

+ El desarrollo del capitalismo (IV): el fomento de la agricultura

+ El desarrollo del capitalismo (V): la penetración de la maquinaria en la industria

+ El desarrollo del capitalismo (VI): la revolución de los medios de transporte y la creación del mercado mundial

+ El desarrollo del capitalismo (VIII): el perfeccionamiento del tráfico de pagos y crédito mediante los bancos

+ El desarrollo del capitalismo (IX): el crédito a la producción y las crisis económicas

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 248 - 254.