lunes, 20 de febrero de 2017

El desarrollo del capitalismo (IX): el crédito a la producción y las crisis económicas



La lentitud del crecimiento en la gran industria británica permitió que su medro fuese financiado holgadamente por los superávits disponibles y procedentes de anteriores explotaciones lucrativas. Además, como desde los años 60 la ampliación de las empresas trabajo consigo la necesidad de investir a los nuevos capitales con el derecho de accionistas, la mayoría de tales acciones permaneció en el círculo de los propietarios del negocio y sus amigos. Cosa completamente distinta sucedió en el Continente, donde la gran industria hubo de ser implantada como cosa nueva y reclamó inmediatamente una gran concentración de recursos. A las inversiones en capital de la época anterior, a los fondos públicos y a las cédulas hipotecarias, se agregó a partir de los años 50 del siglo XIX, con grandes y crecientes pretensiones, las acciones de empresas industriales. Las acciones habían hallado su desarrollo en las empresas coloniales; Bancos y Sociedades de seguros se habían servido especialmente de ellas. En la era de los ferrocarriles, su pretensión, abstracta, y numéricamente concretada, se convirtió en medio principal de la organización industrial.

Crisis economicas y economia

En la Bolsa hallaron mercado ante todo, una vez terminadas las guerras napoleónicas, los empréstitos de Estados, consecuencia de la liquidación de las mismas. Las grandes casas financieras, los Hope en Amsterdam, los Baring en Londres, además de los Bethmann y sobre todo de los Rothschild de Francfort, alcanzaron, en su virtud, una posición completamente distinta de los grandes proveedores de dinero en tiempo de los Fugger, dado que podían apoyarse en la oferta del público poseedor de capitales, aportada en Bolsas bien organizadas. Nadie acertó a valerse de este instrumento mejor que la casa Rothschild, cuyos hermanos se habían distribuido en las diversas capitales, en Londres, París, Viena y Nápoles. El Landgrave de Hessen había confiado al viejo Rothschild su patrimonio, que la casa supo salvar de las turbulencias de la guerra en Inglaterra. Después había mediado cerca de los ingleses para pagar las necesidades militares suyas y de sus subsidios en el Continente. Como también podían abonarse en libras esterlinas los intereses de los empréstitos recién emitidos, estaba asegurado su mercado en la Bolsa de Londres. No fue sólo el Viejo Mundo el auxiliado por tales empréstitos: desde el decenio de los 20 años prestó la casa Rothschild el mismo servicio a los Estados suramericanos recientemente surgidos. También ellos quedaron encadenados al mercado de Londres por la necesidad financiera que inmediatamente se presentó. Al modo como antaño la casa Fugger había servido a la antigua fe, apoyó la ortodoxa casa Rothschild a los Gobiernos de la Restauración. En el período hasta 1848 fue también trascendental su influencia en el orden político. Cuando en 1830 surgió la amenaza de una guerra europea por causa de la sublevación de Bélgica, pero también cooperaron a este resultado las influencias financieras de la casa Rothschild.

St. Simon había propuesto la fundación de un Banco central para fomento de la industria. En 1852 creyeron los hermanos Pereire poder dar efectividad a sus ideas instituyendo el Crédit Mobilier. Con un capital acciones de 60 millones de francos y el derecho de emitir 600 millones en obligaciones, pensaba reunir el capital de Francia y ponerlo a disposición de las nuevas grandes empresas, de los ferrocarriles y de la industria siderúrgica, que medraría con la consecución de aquéllos. De hecho, el Crédit Mobilier ha contribuido poderosamente en los años 50 y 60 a la expansión del capitalismo francés. Pero no fue sólo en Francia donde se efectuaron fundaciones. A ejemplo del Crédit Mobilier, surgieron la Institución de Crédito austriaca y la suiza. Bancos y ferrocarriles tomaron la forma de Sociedades anónimas, cuyas acciones eran tomadas en primer lugar por el propio Instituto, y lo mismo acaeció en España. La lenta construcción de la red ferroviaria española y los resultados de sus líneas por bajo de las esperanzas concebidas hubieron de ser fatales en los años 60 para el Crédit Mobilier. Se agregó a ello una extremada utilización de la especulación bursátil. La cotización de las acciones, que habían sido emitidas a 1.100 francos, subió en 1856 a 1.982 francos; pero en junio de 1866 y noviembre de 1867 había descendido a 420 y 145 francos, respectivamente. Las causas principales de sus dificultades eran las inversiones inmobiliarias ilíquidas en el mercado de la construcción de París. Ya antes de las grandiosas actividades del Crédit Mobilier, la Société Générale, fundada en Bruselas en 1822, se había dedicado al negocio de las inversiones. Más previsor que el Crédit Mobilier, continuó en Francia el Crédit Lyonnais cultivando simultáneamente el negocio de depósitos.

También para la Banca Alemana fue decisiva esta unión del negocio de depósitos y la colocación de capitales. Mevissen, que tampoco estaba lejos del sansimonismo, volvió a fundar el año 1848 en Colonia, como sociedad anónima, el Schaffausenscher Bankverein; y en 1853, frente al de Rothschild en Francfort, el Banco de Darmstadt. En Berlín fundó Hansemann la Discontogesellschaft, en un principio para la pequeña industria, pero después de su nueva fundación en 1856, también para la gran explotación. Se adhirió la Berliner Handelsgesellschaft. En 1870 fundó G. v. Siemens el Banco Alemán, que se dedicaba con especialidad a los depósitos; el Banco de Dresden constituyó la quinta gran institución. Todos estos Bancos tuvieron su sede principal en la recién fundada capital del Imperio. Francfort, que en tiempos de la Confederación alemana había constituido el centro del negocio bancario alemán, fue superado por Berlín en el decenio del 70. Los Bancos alemanes hallaron su inversión principal en las grandes explotaciones de las industrias pesadas. La Berliner Handelsgesellschaft apoyó más tarde principalmente a la industria eléctrica. Pero tampoco el negocio extranjero quedó descuidado: los Bancos alemanes tuvieron desde luego sus sucursales en Londres.

Por doquiera se llevó a efecto un intenso proceso de concentración de la industria bancaria. El número de empresas disminuyó cada vez más, mientras se dilataba el alcance de cada una mediante la fundación de filiales. Así, en Inglaterra, 38 banqueros privados se redujeron a ocho entre los años 1890 y 1903; los Bancos por acciones pasaron de 104 a 43, y, en cambio, aumentó en el mismo tiempo de 2.203 a 5.802 el número de sus oficinas.

En Alemania e Inglaterra, las instituciones de la capital se unieron con los Bancos surgidos en las provincias. Así se fundieron el London and Westminster y el London and County Bank, que tenían sus clientes especialmente en los distritos agrícolas. En Alemania se enlazó en 1897 el Deutsche Bank con el Bergisch-Märkische Bank de Elberfeld y con el Schlesischer Bankverein de Breslau, poniendo pie así en los distritos industriales principales de Renania, Westfalia y Silesia. Respaldó la fundación del Banco de los Ferrocarriles Orientales en Zürich, fundado en 1890 para la construcción del ferrocarril de Anatolia, empresa a la cual se confirió también el año 1901 la concesión para construir el ferrocarril de Bagdad. La Disconto-Gesellschaft se ocupó del saneamiento de los ferrocarriles rumanos emprendidos por Strousber. En la financiación de la producción petrolera rumana se encontraron el Deutsche Bank y la Disconto-Gesellschaft.

Los Bancos ingleses de depósito se dedicaban sólo a los negocios de créditos a corto plazo. Financiaban a los que operaban en letras y a los que lo hacían en Bolsa, los Stockbrokers. La financiación de empresas mayores era efectuada en la Bolsa de Londres por promotores especiales. Se facilitó la afluencia de capitales, por cuanto se podía participar con cuantías muy pequeñas, de una libra esterlina. Así se reunieron a partir de 1889 los capitales de la Chartered Compañy, que ayudó a Cecilio Rhodes a conquistar el África del Sur. La Bolsa de Londres ejercía una severa inspección para autorizar los empréstitos de Estados extranjeros. Pero, si bien únicamente le incumbía la seguridad financiera de los acreedores, se utilizaba también a las Bolsas en interés político. Cuando Bismarck prohibió a los empréstitos rusos el acceso al mercado alemán, se dirigió Rusia a París, donde fueron todo oídos para sus deseos. Pero los empréstitos concedidos por Francia no iban a servir sólo para la construcción económica del país.

No pudo menos de suceder que hubiera fracasos en los préstamos concedidos a la industria. Inglaterra, que en los primeros decenios del siglo XIX se había remontado a la máxima altura, fue también sacudida por las crisis más violentas. En 1815 hubo de reconocerse que la venta de géneros en el Continente, agotado como estaba por las guerras, no correspondía a las esperanzas concebidas. El franqueamiento de Suramérica hizo que los ingleses enviaran allí confusamente toda suerte de cosas, lo cual condujo en 1825 a un estancamiento comercial. La crisis de la Banca americana repercutió en Inglaterra a fines del decenio del 30. Al propio tiempo, la quiebra del Banco de Bélgica afectó a Londres. La crisis de 1847 siguió al apasionamiento por la fundación de ferrocarriles (railway mania). En los Estados Unidos, las crisis estuvieron íntimamente relacionadas hasta 1907 con la construcción de la red ferroviaria: la fabricación de artículos de orden lejano no podía llevarse a cabo sin trastornar la marcha normal de la economía. En la construcción de un ferrocarril, de un túnel, de un canal y, más tarde, de una fábrica de electricidad, quedaban vinculados para cierto tiempo fuerzas de trabajo y capitales. ¿Volvían a encontrar colocación inmediata estas fuerzas de trabajo? ¿Correspondía a los capitales invertidos una inmediata utilización de las instalaciones que asegurase su rentabilidad? ¿No era frecuente cometer gravísimos errores de cálculo en el cómputo de costes y la ulterior posibilidad de aplicación? En toda obra hay que contar ciertamente con rebasar el coste primitivamente fijado, sobre todo si la Naturaleza cruza obstáculos inesperados. El Canal de Suez costó el doble de lo presupuesto. En el ferrocarril de San Gotardo se había consumido casi por completo la suma total antes de construir los accesos al San Gotardo a través del pantanoso Tesino, y fueron necesarias una nueva subvención y una reducción del primitivo programa de construcción, a fin de poder terminar la construcción. Enrique Villard construyó el Northern Pacific Bahn; pero precisamente cuando se fijaba el último perno de oro en presencia de un cabecillo indio, le fue notificado que, por haber rebasado el programa de construcción en 14 millones de dólares, era imposible iniciar el funcionamiento del ferrocarril.

Es verdad que en tiempos de plétora de dinero se fundaron no pocas empresas fraudulentas. Se concedía dinero aun cuando no pareciera seguro el éxito. Pero la rítmica repetición de las crisis, que parecía unida al desarrollo del capitalismo, ha de referirse a causas más profundas. Depende del desarrollo del aparato de producción. Cabía esperarse que mediante una observación amplia, mediante la comprensión estadística del movimiento comercial y productor, se pudiera llegar a dominar cada vez más estas oscilaciones. No había de estar forzosamente interrumpida por crisis la marcha de la economía; podía efectuarse en el alza y baja de las coyunturas.

En Inglaterra, las imperfecciones de la constitución bancaria habían agudizado las crisis de los decenios del 30 y del 40. Inglaterra superó con relativa rapidez la crisis de 1857, nuevamente suscitada por excesiva concesión de créditos en América, gracias a que al fallar obligaciones americanas se abrió el mercado de las Indias orientales. La crisis de los años 60 había de atribuirse a motivos políticos. La guerra de Sucesión interrumpió las remesas de algodón americano a Inglaterra. La crisis de 1873 estalló en Viena cuando se hubieron exagerado las posibilidades de la nueva época en un desmesurado programa de construcciones. Los años 80 vieron en Francia el crac Bontoux, que había intentado agrupar los capitales católicos contra la finanza judía en París. La crisis Baring de 1890, provocada por haber fallado el mercado argentino, fue combatida asumiendo el Banco de Inglaterra, al frente de otras casas de Banca londinenses, las obligaciones de la casa temporalmente envuelta en dificultades. En esta solidaridad de las instituciones bancarias del país director se pudo atisbar acertadamente un signo de la posibilidad de dominar los peligros. La última crisis anterior a la guerra mundial, la de 1907, que conmovió a los Estados Unidos, fue fatal, sobre todo por causa de la imperfecta constitución bancaria de aquel país.

El entralazamiento capitalista había unido íntimamente a las diversas partes del mundo. Donde hacía su aparición la penuria podía intervenirse inmediatamente. En 1817 había habido en Europa otra hambre. Desde mediados del siglo ya no se habló más de ello en Europa y cada construcción de ferrocarriles liberaba de tal peligro amplios territorios, incluso en Asia. Además, hubo que pasar por la eventualidad de que todo atasco del despacho afectaba incluso a los miembros más alejados de la comunidad de cambios. Los derrumbamientos americanos de 1857 fueron sentidos hasta en la última aldea suiza. Pero puesto que la crisis de 1907 había afectado a los Bancos europeos a causa de la necesidad de enviar oro a América, ¿no podría cegarse este foco de crisis mediante una reforma del sistema bancario americano?

De hecho, se había llegado a erigir en los Estados Unidos, el año 1913, mediante el Federal Reserve System, no ciertamente un Banco central, pero sí a lo menos una institución análogamente operante. Atendido el amplio ámbito del país, hubo que crear alrededor de una docena de Bancos de Reserva Federal, que podían operar a tipo distinto de interés. Ciertamente, el interés podía ser en Nueva York más bajo que, por ejemplo, en el agrario Oeste. No se suprimieron los Bancos existentes: antes bien, debían constituir la base del sistema. Los Bancos nacionales debían, y los restantes podían, ser accionistas de los Bancos de la Reserva su coronamiento. Los billetes de la Federal Reserve debían tener, como era usual en Europa, su cobertura bancaria en letras de cambio. Así como las dificultades del sistema monetario de América tuvieron fin en 1897, era ahora cuando con el Federal Reserve System se había creado la constitución bancaria que permitiese a los Estados Unidos engarzarse en el tráfico internacional de pagos y crédito. Pero la institución recién creada no iba a emplearse mucho tiempo para le trabajo común general; fue más bien el medio que ayudó a los Estados Unidos a convertirse durante la Guerra Mundial en el mayor país acreedor.

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- El desarrollo del capitalismo


+ El desarrollo del capitalismo (I): el derrumbamiento del mercantilismo, la formación de la Unión Aduanera ("Zollverein")

+ El desarrollo del capitalismo (II): la liberación de los campesinos y la supresión de la esclavitud

+ El desarrollo del capitalismo (III): la abolición de los vínculos gremiales y la formación de la clase obrera

+ El desarrollo del capitalismo (IV): el fomento de la agricultura

+ El desarrollo del capitalismo (V): la penetración de la maquinaria en la industria

+ El desarrollo del capitalismo (VI): la revolución de los medios de transporte y la creación del mercado mundial

+ El desarrollo del capitalismo (VII): la fundación y conservación de un sistema monetario estable

+ El desarrollo del capitalismo (VIII): el perfeccionamiento del tráfico de pagos y crédito mediante los bancos

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 259 - 265.