sábado, 4 de febrero de 2017

El desarrollo del capitalismo (IV): el fomento de la agricultura


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El nuevo derecho que otorgó a cada cultivador pleno dominio sobre el suelo fue la condición previa para métodos de cultivo más intensivos. En el cultivo a tres hojas, el adehesamiento de la tierra comunal y el rebusco producían un ganado desmedrado. Poco abono podía llevarse a los campos. En las proximidades de las ciudades se había establecido en Flandes ya a fines de la Edad Media un laboreo regular sin barbecho, ya que alternaban el trigo con las raíces alimenticias, la avena con el trébol, el trigo con el cáñamo, el trigo con el lino, con la col y con las judías, y se alimentaba el ganado en los establos.

Agricultura y economia

En Inglaterra prevaleció durante el siglo XVIII en los alrededores de Londres este cultivo más intensivo, al objeto de proporcionar mejores pastos al ganado destinado a abastecer de carne a la ciudad. Así se formó la rotación de cultivos de Norfolk, en que alternaban los cereales, trigo o avena, con las raíces y la alfalfa. Resultó que el variar las cosechas, lejos de restar fuerzas, más bien disponía para nuevo cultivo. Hubo otro todavía más intensivo, donde más tarde se introdujeron las raíces en vez del barbecho. La labor de arado más profunda que exigía este cultivo preparaba el suelo también para la siguiente siembra de trigo. Los suelos más arenosos se dedicaban al cultivo de la patata, difundido desde fines del siglo XVIII. En cambio, en las comarcas que por la cantidad de precipitaciones eran más apropiadas, en las proximidades de las montañas o del mar, se dejaron varias suertes de tierra para pasto de ganados. En el cultivo acoplado de Holsten se derribaban los setos próximamente cada ocho años; así podía el sol aprovechar a la siembra en los primeros años del turno, mientras que en los últimos la sombra de los setos, ya crecidos, era útil al ganado que pastaba.

A fines del siglo XVIII se divulgaron en Alemania los métodos ingleses, y THAER enseñaba al mismo tiempo la aplicación de la teneduría de libros en agricultura; adquisiciones ambas que al principio sólo pudieron utilizar los grandes terratenientes. La técnica agraria y las circunstancias del mercado favorecían entonces la gran propiedad territorial, especialmente en la Alemania oriental. Por ello los puntos de vista sociales que reclamaban se otorgase protección a la cuestión campesina, no consiguieron prevalecer frente a consideraciones de técnica productora. Ya vimos el poco amparo que tuvieron los intereses de los propietarios modestos en la emancipación de los campesinos prusianos. La mayor capacidad de crédito que las Landschaften otorgaban a la propiedad mayor la ponía en condiciones de comprar incluso a campesinos jurídicamente bien situados. Los campesinos obligados a prestaciones manuales que se convirtieron en obreros del campo no estaban peor al principio por esa razón. El Inste (1) obtuvo su retribución en especie. Podía mantener una vaca y tenía un campo de una morgen. Pero estos derechos no eran sino consuetudinarios, y dependían de la voluntad del señor, que después retiró al Inste esas tierras en interés del cultivo más intensivo e incluso despidió el Inste y se valió de obreros ambulantes.

ADAN MÜLLER se había lamentado de que el agricultor no viviese sólo para sí mismo y sus sucesores, sino que se preocupara de la salida de sus productos. Los terratenientes próximos al Báltico y al curso de los ríos se habían preocupado desde hacía mucho tiempo de este aspecto comercial de su explotación. La aparición y formación de la economía de haciendas encontró aquí el móvil más importante. La explotación en grande del Este alemán halló después de las guerras de liberación una fuente principal de beneficios en la exportación de lana, madera y cereales. Mientras en Inglaterra el arrendatario capitalista era quien principalmente dirigía la explotación, se encargó en el Este alemán de realizarlo personalmente el dueño de la hacienda en la mayoría de los casos, aunque en verdad auxiliado por un administrador que poseía preparación técnica.

La lana alemana siguió imperando en el mercado inglés hasta el decenio del 40, pero después fue desplazada por la australiana. Además de ésta, que se empleó con más intensidad en el decenio del 30, dominaron en adelante las lanas de las comarcas de La Plata y África del Sur. Alemania había encontrado en Inglaterra un mercado para su trigo después de derogados los aranceles cerealistas ingleses en 1846, y allí siguió predominando hasta que en el decenio del 70 la expulsó del campo el trigo ruso y el de los Estados Unidos, a causa de la baratura del transporte marítimo. En el decenio del 60 pudo LASSALLE denominar indirecto al impuesto territorial prusiano, porque el labrador alemán estaba en condiciones de hacerlo repercutir sobre sus consumidores en el mercado inglés.

Pero no en todas partes era factible un cultivo más intensivo. Cuando el barón de Voght, que en Klein-Flottbek, junto a Hamburgo, tenía a su disposición el estiércol de las calles de la ciudad principal, hubo introducido los métodos ingleses y trataron de imitarle cultivadores alejados de la ciudad, hubieron de advertir que no era remunerador el realizar mayores gastos. Esto condujo a que, auxiliado por los datos que arrojaban las cuentas de explotación, hiciese notar I. H. von THÜNEN que sólo podía apelarse al cultivo de máxima intensidad en las cercanías de la ciudad, de la gran plaza consumidora, mientras que a mayor apartamiento, la cuantía de los gastos de transporte reclamaba cultivo más extensivo. Expuso esta experiencia representándola por círculos cuyo centro era la ciudad. En realidad, la forma teórica de círculo quedaba deprimida por la presión que ejercían las dificultades del transporte, montaña o marismas, mientras que por el contrario la dilataban los medios de transporte, como ríos. Así el círculo más inmediato a la ciudad debía recibir el cultivo más intensivo, la producción de leche y el cultivo de huerta y hortalizas. Ya en el segundo círculo colocaba THÜNEN la economía forestal; sin embargo, en épocas anteriores las ciudades habían otorgado la máxima importancia a tal monte en sus proximidades para atender a sus necesidades de leña y maderas de construcción. Recuérdese el bosque de Sihl, cerca de Zürich, el de la ciudad de Friburgo, el de Francfort o los derechos de Hamburgo sobre el Sachsenwald. En época más reciente, la económica vía fluvial había conducido a abastecerse de más lejos; así, la Selva Negra proveía ya de mástiles a los holandeses. Después de las talas de Inglaterra hubieron de cubrir sus necesidad de madera las tierras del norte y Canadá.

En los círculos 3, 4 y 5 habían de tener lugar la rotación de fruto, el laboreo acoplado y el cultivo a tres hojas. De hecho, éste se ha conservado mucho tiempo en regiones más apartadas de Alemania; es más: en los páramos del Noroeste y en la selva bávara persistió hasta principios del nuevo siglo el sistema de dehesas que Tácito hizo notar entre los antiguos germanos. El círculo más remoto era para THÜNER el dedicado a la ganadería, y ya completamente al borde sólo podía haber cazadores de pieles: recordemos Canadá y Siberia.

Como la lana y, a partir del decenio del 70, los cereales, dejaron de tener decisiva importancia para la agricultura alemana, la adquirieron cada vez mayor las producciones animales, leche y carne. Para ellas se mostró como más apropiada la pequeña explotación, sobre todo cuando consiguió, merced a la agrupación cooperativa, proporcionarse las ventajas de la gran explotación para la elaboración y despacho de sus productos. La mantequilla de los cortijos había sido antes la mejor; la obtenida por los campesinos resultaba más irregular y peor. Pero desde los años 80 logró alcanzar máxima fama la manteca gremial. Con el perfeccionamiento del sistema cooperador, tomado de Holstein, alcanzó Dinamarca gran fama en el mercado de Londres después de la crisis del decenio del 80, y pudo volver a servir de modelo a Alemania. Al crecer las ciudades adquirió mayores posibilidades de mercado la agricultura. Desde principios de los años 50 hasta fines de los 70 aumentó la renta de la tierra en Inglaterra de 47 a 60 millones de libras esterlinas. En Alemania el número de cabezas vacunas subió entre 1873 y 1912 de 15.8 a 20.2 millones, mientras que al propio tiempo el ganado lanar retrocedía de 25 a 5.8 millones.

Al mejoramiento del suelo ayudó la industria que iba desarrollándose. Si antaño los molinos holandeses habían servido para avenar el terreno, ahora se utilizaron al efecto los tubos de drenaje. Precisamente allí donde eran escasas las fuerzas de trabajo, en América, es donde se perfeccionó la maquinaria agrícola. Ésta no aísla, como la industrial, cada uno de los productos del trabajo, sino que procura enlazarlos. Así van reunidos el arado y la máquina sembradora, la segadora y la agavilladora, y aun hoy la trilladora. Tal unión favorece el cultivo extensivo, al paso que el más intensivo, la horticultura, el cultivo en tablas o bancales como en China, no son posibles sino con abundancia de trabajo manual. Así como el parar mientes en el mercado comercializa la explotación agrícola del suelo, le industrializa la aplicación cada vez más intensa de las máquinas.

La utilización de la máquina trilladora representó una revolución social, especialmente en las proximidades de las grandes propiedades territoriales. La trilla con mayal en la era había llenado antaño los meses de invierno. Ahora podía hacer lo mismo en pocos días la máquina, a que los obreros no tenían más que acercar los manojos. Se agregó a ello que el trabajo industrial, que había ocupado también los meses de invierno, como el hilado y el tejido, podía ser hecho ahora más barato en las fábricas. Por ello fueron ahora menos necesarias en las haciendas las fuerzas de trabajo permanentes: sólo parte de los obreros de las haciendas, a saber, los que atendían al ganado, hubieron de tener colocación continua; el resto podía ser atendido con obreros ambulantes más baratos. En Inglaterra, las mejoras agrícolas habían liberado ya a fines del siglo XVIII una gran cantidad de fuerzas obreras del campo. En Alemania este proceso empezó a advertirse con mayor intensidad en el decenio del 60. Fue ante todo el arrendatario quien hubo de tener interés en aprovechar más racionalmente el suelo durante el tiempo de arriendo; desaparecieron las antiguas chozas de barro de los Kossäten, pero no para dar lugar a viviendas rurales higiénicas, pues en lugar de aquéllas se construyeron barracas de maderas para los obreros transeuntes. Donde el señor administraba por sí mismo, se conservó más tiempo la relación patriarcal, pero al fin desapareció también allí. Las nuevas relaciones económicas restaron, a partir del decenio del 80, cada vez más importancia a las haciendas señoriales.

A partir de los años 40 los trabajos de Liebig sobre química agrícola contribuyeron esencialmente a efectuar una explotación más científica del suelo. El cultivo más intensivo se dio en los campos de remolacha de Alemania central. En las fábricas de azúcar, a cuya construcción habían cooperado los agricultores como accionistas, obligándose además a suministrar una cantidad determinada de remolacha, se llegaron a obtener aprovechamientos cada vez mayores merced a los triunfos de la industria química. Si en 1870 hacían todavía falta 12 kilogramos de remolacha para obtener uno de azúcar, en 1910 bastaban ya seis kilogramos. Los residuos del triturado de la remolacha proporcionaban un valioso pienso. El abono de verde permitió obtener mayores rendimientos, incluso en terrenos arenosos. Las patatas, que en tiempos se había creído en Francia eran buenas únicamente para los pobres, no sólo se convirtieron en alimento del pueblo, sino que se utilizaron también para la cría del ganado de cerda, y llegaron a constituir base de la industria de aguardientes. Además resultó que sus desperdicios eran un pienso excelente.

En el abono del suelo, y aparte de los detritus animales, adquirieron mayor eficacia los elementos minerales; en Alemania, la potasa, y a partir de los años 80 los residuos del proceso siderúrgico, las escorias Thomas, y más adelante los fosfatos. La técnica agrícola podía exhibir grandes éxitos al comenzar el siglo XX: mayores rendimientos del suelo, razas de ganado mejoradas, aprovechamiento perfeccionado de los dones de la Naturaleza. Cabía preguntarse si a este progreso técnico no irían unidas graves deficiencias respecto de la articulación social en la agricultura. Ya en los años 70 indicaba VON DER GOLTZ los peligros que aquí se cernían.

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(1) Clase determinada de obreros, en el Nordeste alemán, a veces obligados a trabajar para el señor con otros miembros de su familia, y que obtenían ciertas ventajas, como tenencia de tierra, algún ganado, etc.

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- El desarrollo del capitalismo


+ El desarrollo del capitalismo (I): el derrumbamiento del mercantilismo, la formación de la Unión Aduanera ("Zollverein")

+ El desarrollo del capitalismo (II): la liberación de los campesinos y la supresión de la esclavitud

+ El desarrollo del capitalismo (III): la abolición de los vínculos gremiales y la formación de la clase obrera

+ El desarrollo del capitalismo (V): la penetración de la maquinaria en la industria

+ El desarrollo del capitalismo (VI): la revolución de los medios de transporte y la creación del mercado mundial

+ El desarrollo del capitalismo (VII): la fundación y conservación de un sistema monetario estable

+ El desarrollo del capitalismo (VIII): el perfeccionamiento del tráfico de pagos y crédito mediante los bancos

+ El desarrollo del capitalismo (IX): el crédito a la producción y las crisis económicas

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 228 - 233.