miércoles, 28 de diciembre de 2016

Marie Esprit Leon Walras | 1834 - 1910



Este artículo, sobre WALRAS, cuyo autor es el economista SCHUMPETER, fue publicado en su versión original bajo el título "Marie Esprit Léon Walras", en la revista Zeitchrift für Volkswirtschaft und Sozialpoltik, Vol. XIX (1910), págs. 397-402. Fue traducido del alemán por el Doctor WOLFGANG F. STOLPER, que fue discículo del profesor SCHUMPETER en Bonn y en Harvard.

Leon Walras y economistas en la historia
Marie-Esprit-Leon Walras | 1834 - 1910

- J. A. Schumpeter, sobre Marie Esprit Leon Walras


La sencilla grandeza que reside en una entrega incondicional a una tarea es lo que nos impresiona hoy, cuando contemplamos esta vida científica. Su lógica inherente, inevitabilidad y fuerza nos impresionan como un fenómeno de la Naturaleza. La meditación exclusiva sobre los problemas de la economía pura integraron su contenido. Nada más. Nada perturba la unidad total del cuadro. Ningún otro elemento tiene importancia; sólo aquél nos afecta. Lentamente, pero sin pausa, casi por su propio peso, el fruto de una vida laboriosa llega a imprimirse sobre nosotros.

Los acontecimientos externos de dicha vida se cuentan rápidamente. Extraigo de la autobiografía de WALRAS el material para el modesto marco que rodea al cuadro cargado de significado para la historia científica. WALRAS nació el 16 de diciembre de 1834 en Evreux, departamento del Eure. El curso de sus estudios muestra la inhabilidad del pensador para las cuestiones prácticas: fracasos que se pueden prever pensando en que se preparó para la École Polytechnique estudiando a DESCARTES y a NEWTON; falta de entusiasmo hacia los caminos trillados, como experimenta cada mentalidad investigadora. No logró ingresar en la Escuela de Minas. Entonces se dedicó al periodismo, trabajó para varias empresas, siempre con una falta de éxito característico. Desde nuestro punto de vista, sin embargo, es importante señalar que ya en su primera publicación en 1859 –un intento de refutación de las ideas básicas de PROUDHON– se convenció de que la teoría económica podía ser tratada matemáticamente. Desde aquel momento supo lo que deseaba; desde aquel momento todas sus energías se consagraron a un fin. Ahí –en el método y no en cualesquiera problemas específicos– se encuentra el origen de su obra. Se sintió impelido en esta dirección, aun cuando no se dio cuenta inmediatamente de cuán lejos llegaría por este camino. Entonces también se vio privado de la estabilidad y el ocio necesarios; en su autobiografía describe con amargura cáustica la atmósfera en los círculos científicos franceses; en general, no tuvo éxito en el intento de arraigar allí.

En esta coyuntura, la suerte prestó un gran servicio a la ciencia. En 1860, WALRAS había participado en un "Congreso tributario" en Lausana –cuyas discusiones inspiraron su segunda gran publicación–, y las relaciones que entabló con tal motivo le llevaron, diez años más tarde, a la recién fundada cátedra de Economía. Esto significó mucho, tanto para la ciencia como para WALRAS. Y todo aquel que tenga una elevada opinión de la obra de WALRAS se sentirá profundamente conmovido ante aquella parte de su Autobiografía, en la cual él describe, no sin solemnidad, cómo se dirigió a la prefecture para obtener el permiso (necesario a causa de la amenaza de movilización) para abandonar el país, y como entonces emprendió el viaje, el 7 de diciembre de 1870, desde Caen hasta Lausana, vía Angers, Poitiers, Moulins y Lyon. Una vez llegado a su destino comenzó a trabajar, y continuó trabajando hasta que la tarea de su vida fue realizada y le faltaron las fuerzas.

En 1892 se retiró de su cátedra, pero conservó su relación con la Universidad como Profesor Honorario. Continuó trabajando en su pequeño departamento en una casa cercana a Clarens. Allí murió el 4 de enero de 1910.

Debo señalar aún otro extremo de su biografía: la sombra que arrojó sobre los últimos treinta años de su vida la indiferencia general hacia su obra escrita. Se trata de una vieja historia. El destino de la verdad, al igual que el de la belleza, es un triste destino en esta Tierra. Y cuando, además, la novedad consiste esencialmente en la manera de considerar las cosas y no en descubrimientos e invenciones que suscitan el interés y la comprensión de círculos amplios; cuando, finalmente, la "visión" está tan alejada de los intereses de la profesión como lo fue en el caso de WALRAS, se comprende fácilmente que el éxito externo no llegue ni con facilidad ni con rapidez. Si tenemos todo esto en cuenta, no debemos sentirnos insatisfechos por lo que realmente aconteció; tal vez nos sorprenderá un éxito tan grande en vez de uno tan pequeño. WALRAS fundó una escuela y, principalmente a través de MARSHALL, su influencia extendió más allá. Hace mucho tiempo sabemos, sin duda, quien fue juzgado cuando la Académie des Sciences Morales et Politiques rechazó su obra. Y, sin alharacas, los efectos profundos y amplios de su obra continúan desarrollándose y creciendo. Aun cuando durante mucho tiempo WALRAS careció de defensores vivió lo suficiente para entrever la época en la cual sus ideas no necesitaban ninguna defensa y en la que ya habían superado el estadio de la moda científica. Pero él no pensaba de este modo ni llegó a superar nunca el recuerdo de sus luchas y fracasos. Su autobiografía acaba con palabras amargas y parece que incluso se abandonó a pensamientos sombríos; con lo cual se extiende una sombra de tragedia sobre una vida externamente tan tranquila.

La celebración de su jubileo en la primavera de 1909, le afectó como un rayo de sol después de un día lluvioso. Le llegaron manifestaciones de simpatía y de admiración, de los cuales él no sabía nada. Recibió un homenaje de respeto, superior a cuanto había llegado a imaginar. Fue el gran momento de su vida.

La teoría del equilibrio económico constituye el título de WALRAS para la inmortalidad; esta gran teoría, cuya idea límpida como un cristal ha iluminado la estructura de las relaciones puramente económicas a la luz de un único principio fundamental. El monumento con el cual la Universidad de Lausana le ha honrado, no tiene otra inscripción que: équilibre économique. En realidad su idea fundamental le llevó a muchos resultados de importancia práctica. Nadie ha abogado con mayor convicción por la nacionalización de la tierra, y pocas contribuciones en el campo de la política monetaria pueden compararse con la suya. Pero todo esto no es nada al lado del conocimiento que nos ha proporcionado. Los tres volúmenes en los cuales sintetizó los escritos de toda su vida pertenecen a la categoría de los libros más grandes de nuestra ciencia, pero el contenido conceptual de las Secciones II-VI del volumen primero son aere perennius.

WALRAS partió de COURNOT. Muy pronto descubrió, así nos lo afirmó él mismo, que la curva de la demanda de COURNOT, que representa las cantidades como función del precio, es aplicable estrictamente sólo al cambio de dos bienes, pero que ofrece tan sólo una aproximación cuando se trata del intercambio de más de dos bienes. En un principio él se limitó al primer caso y derivó de manera exacta la curva de oferta de un bien de la curva de demanda del otro: entonces derivó los precios de equilibrio para los dos bienes del punto de intersección de las dos curvas. De estas curvas, que se refieren a las cantidades totales de los bienes en el mercado estudiado, derivó la demanda individual y las curvas de utilidad para las cantidades de cada unidad económica individual, y así llegó a la piedra fundamental de su estructura, el concepto de utilidad marginal. En este grado de desarrollo la teoría fue publicada en 1873, y fue desarrollada en los años siguientes. La coincidencia de sus resultados con los de MENGER y JEVONS es tan chocante como lo son las diferencias en sus puntos de partida y métodos. Se trata de una realización de importancia fundamental contenida en aquellos simples teoremas.

A través de una cadena de razonamientos sin solución de continuidad se desprenden otros problemas del primero. En primer lugar se desprende el problema del cambio de más de dos bienes, problemas que plantea mayores dificultades para su formulación científica de las que pueda imaginar el profano. En segundo lugar, WALRAS llegó al problema de la producción yuxtaponiendo al mercado de una cantidad dada de bienes de consumo, que hasta entonces había considerado aisladamente, un mercado construido en forma análoga de los factores de la producción. Ambos mercados fueron conectados primero mediante el entrepreneur faisant ni bénéfice ni perte, y segundo, mediante el hecho de que los ingresos totales obtenidos de las ventas de los medios de producción deben, en el supuesto de concurrencia pura y de equilibrio, igualar al total de los ingresos obtenidos de las ventas de los bienes de consumo. Si se tiene en cuenta, de una parte, de la condición de que la utilidad debe ser maximizada por cada persona que participe en el cambio, y de otra, de los llamados coeficientes de producción varían de manera definida, la teoría de la interacción entre "coste" y "utilidad", y con ella el principio fundamental del funcionamiento del proceso económico, resulta con una sencillez brillantísima.

WALRAS introdujo el problema de la capitalización asumiendo que algunos vendedores de servicios productivos ahorran e invierten dichos ahorros en "nuevos bienes de capital", los cuales, en razón de esa demanda, llegan al mercado en cantidades definidas. El precio de esos "nuevos bienes de capital" se forma sobre la base de los servicios que pueden prestar. Y dicho precio, a su vez, constituye la base de los valores de capital de los "bienes de producción viejos", lo cual resuelve el problema de la capitalización, o sea de la derivación de los valores de capital de todos los bienes. Esta interpretación no está exenta de deficiencias. Pero si nos damos cuenta de ello es únicamente porque la comparamos con la de BÖHM-BAWERK. Bajo algunos aspectos esta teoría comparte con otras teorías anteriores del interés muchas culpas, sin embargo, bajo otras aspectos difiere de las mismas ventajosamente. La teoría del interés de WALRAS podría compararse a la de RICARDO, aun cuando la relación entre ellas es la misma que existe entre un edificio y sus cimientos.

Entre todas las partes de su sistema la que ha sufrido mayores cambios en el curso del tiempo ha sido su teoría del dinero, hasta que ha sido reconocida como una de las más importantes realizaciones en dicho campo. Una buena parte de la obra de WALRAS, entre 1876 y 1899, estuvo consagrada a la teoría del dinero. Mientras que en la primera edición de los Eléments partió todavía de la "circulación necesaria" (circulation à deservir), más tarde construyó su teoría monetaria sobre la necesidad individual de medios de pagos (encaisse désirée). La diferencia es esencial. Es imposible hablar de la necesidad económica de un medio de cambio en el mismo sentido en que se habla de la necesidad que un hombre siente de pan; es algo que puede ser comprendido dentro de la ley de la utilidad marginal decreciente. Entonces desarrolla brillantemente este principio, y como resultado se obtiene, partiendo de las "ecuaciones de circulación", una magnífica teoría de la formación del precio del dinero. Toda vez que no puedo entrar aquí en detalles, me limitaré a afirmar que el modo en que WALRAS aborda el problema del bimetalismo no es inferior al de los clásicos y permanecerá como definitivo durante mucho tiempo.

La totalidad de la economía pura se apoya, según WALRAS, en dos condiciones: que cada unidad económica desea maximizar su utilidad y que la demanda de cada bien iguala la oferta. Todos sus teoremas se desprenden de estas dos hipótesis. EDGEWORTH, BARONE y otros pueden haber completado su obra; PARETO y otros pueden haberle superado en algunos puntos concretos; sin embargo, el significado de su obra queda intacto. Todo aquel que conozca el origen y el desarrollo de las ciencias naturales exactas sabrá, también, que sus grandes realizaciones son, en método y en esencia, de la misma especie que la de WALRAS. Descubrir formas exactas para los fenómenos cuya interdependencia nos viene dada por la experiencia, reducir dichas formas a cada una de las demás, para derivar una de otras; esto es lo que hacen los físicos, y esto es lo que hizo WALRAS. Y WALRAS lo hizo en un nuevo campo del conocimiento, en el cual no existía la posibilidad de apoyarse en trabajos preparatorios realizados durante varios siglos. Llevó a la práctica su tarea rápidamente y con resultados muy favorables; y ello a pesar de dificultades internas y externas. Trabajó sin ayuda y sin colaboradores, hasta que él mismo los creó, y sin obtener el menor aliento, exceptuando el que encontró en sus propias fuerzas. Obró de ese modo aun cuando sabía, aun cuando debía saber, que no podía esperar el éxito o el reconocimiento de su propia generación ni por parte de los economistas ni por parte de los matemáticos. Recorrió una senda solitaria sin el apoyo moral con que cuentan normalmente tanto el hombre práctico como el hombre de ciencia. Por todas estas razones su retrato muestra todas las características que distinguen a la mente verdaderamente creadora de las mentes que son creadas. Todo esto se refiere al hombre. La obra encontrará el reconocimiento debido, más pronto o más tarde.

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- Grandes economistas en la historia


+ Karl Marx

+ Wesley Clair Mitchell

+ Carl Menger

+ Alfred Marshall

+ Vilfredo Pareto

+ Eugen von Böhm-Bawerk

+ Frank William Taussig

+ Irving Fisher

+ John Maynard Keynes

+ Georg Friedrich Knapp

+ Friedrich von Wieser

+ Ladislaus von Bortkiewicz

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Fuente:
"Diez grandes economistas", J. A. SCHUMPETER, páginas 99 - 105.