sábado, 3 de diciembre de 2016

El desarrollo del capitalismo (II): la liberación de los campesinos y la supresión de la esclavitud


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

El logro de la independencia exterior de los Estados trajo aparejado el de la libertad interior. El Estado, que hasta entonces hubo de luchar en primer lugar contra las jurisdicciones intermedias interpuestas entre él y sus súbditos, tuvo que admitir que la libertad de sus súbditos era el mejor cimiento de su poder. Únicamente burgueses libres pudieron lograr que Francia resistiera contra la coalición de la Europa feudal. Sólo a un pueblo libre pudo el rey de Prusia exigir el gigantesco sacrificio con que defendió su independencia frente al conquistador extranjero. El siglo XVIII conceptuaba la libertad de la persona, de la propiedad y la contractual como derecho natural inalienable del hombre. Juan Locke (1632-1704) fue el primero en expresar esta idea. Frente a él pudo, a la verdad, ROUSSEAU caracterizar la propiedad privada del suelo como desmedro del estado de naturaleza, y MÖSER escribía por entonces su Etwas zur Naturgeschichte des Leibeigentums. Con todo, se dio a la petición de libertad el carácter de exigencia de la Humanidad. En el año 1525 se había suprimido en Zürich la servidumbre, como contraria al derecho divino; el siglo XVIII reclamó idéntica medida en nombra de la Humanidad; la supresión de los derechos feudales hizo posible el realizarlo; pero se advertía, al propio tiempo, que aquéllos eran obstáculos opuestos al desenvolvimiento económico: los servicios se prestaban mal y de mala gana bajo el señorío territorial. Cabía esperar que la libertad de empresa elevase el bienestar de la comunidad.

Esclavitud e historia de la economia

La Revolución del siglo XVII había derrocado ya en Inglaterra los vínculos feudales. Aseguradas allí de esta manera la libertad y la propiedad, tomó Inglaterra gran delantera a la Europa continental. Allí donde, como en Francia, Suiza, Alemania meridional y occidental, había seguido el labriego siendo portador de la vida económica y sólo sujeto a numerosas exacciones, cuya índole las hacía especialmente opresoras, pudieron tener más fácil efectividad las nuevas normas. En esencia, no se trataba más que de sustituir las cargas anticuadas por una contribución racional sobre el suelo. El 4 de agosto de 1789 suprimió la Asamblea Nacional de Francia los derechos feudales. La propia nobleza era propicia a esa renuncia, porque también ella estaba encadenada por una serie de obligaciones que ahora se derrumbaron. El avance de la Revolución francesa difundió la liberación de los campesinos por Suiza y Alemania occidental, no sin oposición de los antiguos titulares. En Hannover y Hessen electoral volvió a implantarse la servidumbre en 1815. El alzamiento de 1830 fue lo que aquí y en Suiza dio lugar definitiva mudanza. En Alemania del Sur no se completó la liberación hasta después de la sublevación de los campesinos en el año 1848.

En el Este alemán, la nueva ordenación topó con mayores dificultades, porque aquí iban unidas la rescisión de las relaciones señoriales-campesinas y la liberación de los campesinos. Estos tenían, en parte, el carácter de cultivadores independientes y, en parte, el de obreros obligados a servicios en beneficio del señor del suelo. Cabía preguntarse qué vendría a ser del campesino y si la tierra campesina vendría a parar a manos del campesino o del señor. En la ejecución de la reforma, el Estado tenía libertad de acción respecto de sus bienes patrimoniales, al paso que en los de la nobleza había de contar con la resistencia de los señores. De aquí la diversa traza del resultado en cada uno de los países, según fuera la influencia política de las capas sociales. Así, por ejemplo, en Meclenburgo los campesinos desaparecieron completamente en el territorio señorial. Todavía había habido, en 1628, 12.000 campesinos en suelo señorial, y a fines del siglo XVII sólo quedaban 2.000. Cuando, en 1820, fueron emancipados los campesinos, perdieron simultáneamente todo derecho sobre el suelo. Sólo siguió habiendo campesinos en el Domanium y en los bienes monásticos; pasaron a ser enfiteutas en el decenio del 60. En el Schleswig-Holstein oriental, la nobleza había extendido sus tierras incluso a costa de la tierra campesina. Pero en el siglo XVIII hubo hacendados que advirtieron la posibilidad de acrecentar sus ingresos instalando como enfiteutas libres a sus siervos. Así fundó enfiteusis el conde Rantzau, a partir de 1740, en sus haciendas de Aschberg. De la misma manera procedió en 1786 el conde Holck en Eckhof. Entre 1765 y 1787 se parcelaron los campos de las casas de labor en las tierras patrimoniales, entregándolos a los campesinos libres. En 1805 se suprimió la servidumbre también en las tierras nobiliarias; pero se intentó proteger, además, el derecho de los campesinos a la tierra: se dispuso, a tal efecto, que no podría reducirse el número de asentamientos familiares dotados de tierra en cada hacienda.

En Austria, la reforma efectuada en el reinado de María Teresa benefició a los campesinos. Raab liberó en 1776 del robot (prestación personal eslava) a los campesinos dominicales bohemios, y en 1778, a los moravos. Las Reales administraciones se fraccionaron en asentamientos enfitéuticos campesinos, como sucedió en Schleswig-Holstein, y los antiguos asentamientos campesinos fueron libertados de los servicios antaño prestados a las administraciones. En lugar de los ingresos de las administraciones, recibió ahora el fisco los censos de los enfiteutas. El celo reformador de José II llegó aún más allá. En 1781 suprimió en absoluto la servidumbre, la sumisión hereditaria. La Ordenación agraria de 10 de febrero de 1789 quiso también regular las relaciones señoriales-campesinas en beneficio de los labriegos individuales. Sus obligaciones no sólo habían de quedar amparadas contra elevaciones caprichosas, sino que debía ser posible satisfacerlas en dinero. Las pretensiones del señor no habrían de ser superiores al 18% del ingreso bruto, y aun eso ya no in natura. Fue imposible mantener una medida tan radical que, además, era preciso ejecutar en un año. En 1790 revocó Leopoldo la patente de su hermano; pero los campesinos siguieron siendo libres y amparada su posesión mediante la prohibición de desarraigo dictada en 1785. Las reformas sufrieron una larga paralización después de fallecido José II. Hasta 1848 no tuvo lugar la emancipación de campesinos de las tierras pertenecientes a la Corona bohemia. De las prestaciones satisfechas en dinero, el campesino ya no hubo de indemnizar al señor territorial sino en una tercera parte; un segundo tercio de la indemnización fue de cuenta del Estado, y los señores hubieron de renunciar al resto. Así, aunque tardío, también hubo aquí un rescate favorable a los campesinos.

En 1703 se había pensado llevar a cabo en Prusia una distribución de las tierras dominicales en asentamientos enfitéuticos, al modo de lo que después se hizo en tierra bohemia y en Schleswig-Holstein; pero estos proyectos no llegaron a ejecutarse, e incluso dejó de obtener éxito en lo principal la supresión de la servidumbre decretada por Federico Guillermo I en 1719 respecto de sus dominios. Pero cuando en 1798 se decidió definitivamente emancipar a los campesinos de las tierras dominicales, se conceptuó necesario conservar la explotación en grande de las haciendas. Lo que antes habían garantizado a los arrendatarios de tierras dominicales que siguieran disponiendo de los servicios manuales y de yunta de los campesinos, tuvo que atenderse ahora implementando una explotación agrícola propia. Los campesinos obligados a trabajo manual quedaron como jornaleros en la casa de labor. Hubo que suministrar ganado de tiro para el cortijo, hasta entonces labrado con los servicios de yunta de los campesinos, y para ello fue necesario construir cuadras. Para efectuar estos desembolsos otorgó la Tesorería dominical, que a tal efecto reclamó a los campesinos cantidades como rescate de las obligaciones de labrar con yunta que antes les incumbían. Los labradores de mayor cuantía fueron los únicos en recibir derecho de propiedad, que además hubieron de adquirir mediante una tara de adquisición a que el Estado no renunció hasta 1808. La propiedad libre fue para los campesinos un arma de dos filos, pues al obtenerla perdieron el apoyo que en casos de apuro les había proporcionado la Administración. En 1808 les fue todavía otorgado por dos años más este auxilio. Los campesinos perdieron también el derecho a cortar leña y madera en el monte señorial. El monte fue a manos del Estado en calidad de propiedad libre.

Fue después de caer el Estado antiguo cuando los labriegos individuales recibieron también la libertad en Prusia. El Edicto de 9 de octubre de 1807 suprimió la sumisión hereditaria. El rescate de la relación señorial-campesina resultó en Prusia más beneficioso para los señores que para los campesinos. Los campesinos modestos, obligados a servicios manuales, se convirtieron en trabajadores del campo. Únicamente los de mayor importancia, obligados a llevar yuntas, fueron los que pasaron a ser propietarios libres; pero también éstos hubieron de redimir este derecho de los señores; abandonando las tierras. Considerado en detalle, el Edicto regulador de 1811, dictado a instancia del partido de guerra, más bien fue adverso a los campesinos. También se declaró incluidos en el Edicto regulador a los arrendatarios; pero los que estaban establecidos hereditariamente debían entregar como indemnización al señor una tercera parte de la tierra; los no establecidos hereditariamente y los arrendatarios habían de renunciar a la mitad. Después de la victoriosa conclusión de la guerra, la Declaración de 1816 fue todavía más adversa a los señores territoriales. Limitó la regulabilidad a las haciendas de antigua existencia catastradas como rurales y susceptibles de laboreo de yunta. Mientras el Edicto de 1811 había previsto una regulación de oficio, se disputo ahora que sólo debería efectuarse a petición de uno de los interesados. Además, la obra reformadora se llevó a efecto con lentitud en los decenios siguientes. En esta regulación se otorgó a la gran explotación una peculiar preferencia económica, pero al mismo tiempo se guardaron consideraciones políticas a la clase nobiliaria que había sido fiel al rey. En Posnania, donde no se tuvo ello en cuenta, fue la reglamentación de 1823 mucho más mirada para con los campesinos. Aquí se exigió incluso en las haciendas campesinas susceptibles de trabajo de yuntas una medida mínima de 25 morgen de clase media de terreno. Los trilladores, a quienes se retribuía por el sistema de participación en el producto bruto –una de cada diez gavillas en cereales y la 19.ª fanega en la trilla–, fueron declarados redimibles en 1845, porque esta forma de pago representaba una obligación gravosa para los señores. Tampoco acabó en Prusia la emancipación de campesinos hasta que se dictó la ley de 2 de marzo de 1850.

La Declaración de los derechos del hombre se extendió en Francia hasta los negros. En 1794 fue suprimida la esclavitud en Haití, donde una matanza concluyó con la dominación de los blancos. En Inglaterra había reclamado Wilberforce la supresión de la esclavitud, conforme a las ideas de los cuáqueros. Entretanto, se oponían a ello los intereses de los dueños y traficantes en esclavos, especialmente radicados en Liverpool. La exigencia ideal no podía obtener éxito hasta que tuviera lugar un desplazamiento de intereses bajo una constelación política determinada. En la guerra contra Francia y España había conquistado Inglaterra las colonias de estas potencias en las Antillas. En su suelo, especialmente en Trinidad, efectuaron plantaciones los empresarios ingleses, que prepararon una competencia peligrosa a las explotaciones más antiguas situadas en el suelo menos favorable de Jamaica. Por esta razón los poseedores de esas añejas explotaciones hicieron triunfar en 1807 una prohibición del tráfico negrero, con lo que se quitaría a las nuevas explotaciones la fuerza de trabajo que necesitaban. La prohibición del comercio de esclavos fue dictada por Inglaterra en 1815 como principio de carácter general. Pero a pesar de los Tratados internacionales que prohibían el comercio de esclavos y a pesar de la persecución que iniciaron los cruceros ingleses contra los buques negreros, todavía habían de ser trasladados de África a América en los decenios inmediatos 2 3/4 millones de esclavos. Después de la reforma parlamentaria de 1830 procedió Inglaterra a suprimir la esclavitud. En 1832 fueron declarados libres los esclavos de la Corona; en 1833 lo fueron también los de particulares, indemnizándose a los plantadores. Se vio que Inglaterra había dictado esta medida por motivos doctrinales y sin tener en cuenta las dificultades económicas que pudieran surgir de ella. Los plantadores de las Indias occidentales se vieron privados de su fuerza de trabajo por la supresión de la esclavitud, pues la frugalidad de los negros impedía hallar sustitutivo bastante en el trabajo libre. Los demás países que conservaban esclavos, como Cuba y Brasil, representaban una concurrencia peligrosa; además, la aparición del azúcar de remolacha perjudicó al bienestar de estas colonias, antaño tan importantes. También la supresión de la esclavitud en África del Sur acarreó a Inglaterra dificultades económicas. Los boers empezaron en 1836 a emigrar hacia el Norte para fundar Estados independientes en que poder eludir las leyes inglesas.

En 1848 se emancipó también Francia a los esclavos de las colonias que le habían quedado, indemnizando a los propietarios. Pero la decisión más importante en la cuestión esclavista fue traída por la guerra civil de los Estados Unidos. Los Estados del Sur, como Virginia y Maryland estaban fundados en el cultivo de plantaciones. Tuvieron gran importancia en las guerras de independencia; pero en 1790, y en consideración a ellos, fue trasladada al Sur la capital federal, Washington. A fines del siglo XVIII se sumó al tabaco el algodón en calidad de artículo de explotación más importante de los Estados Unidos. Los propietarios de plantaciones de los Estados del Sur figuraron en primera línea acaudillando los esfuerzos expansionistas de la Unión, que en 1848 había arrebatado a Méjico las comarcas de Tejas, Nueva Méjico y California. Entretanto, la inmigración y el florecimiento de la industria habían robustecido también a los Estados del Norte. Ambas partes luchaban por la posición de los Estados que ahora estaban formándose en el Oeste. ¿Habían de recibir como Estados esclavistas la preponderancia de los Estados del Sur, u otorgar nuevo cobijo a la libertad de los colonizadores? Cuando Lincoln fue elegido Presidente en 1860, se apartaron de la Unión los Estados del Sur. Los republicanos nordistas luchaban por la conservación de la Unión y contra la propagación de la esclavitud. Pero al principio no fue objetivo de la guerra la supresión de la esclavitud; ésta era considerada más bien incumbencia privativa de cada Estado, de suerte que podía haber Estados esclavistas entre los fieles a la Unión. Pero los éxitos militares de los Estados del Sur obligaron a los del Norte a ver en los negros a aliados suyos. El 23 de septiembre de 1862 se otorgó la libertad a los esclavos de los Estados secesionistas. La supresión general de la esclavitud no se efectuó constitucionalmente en los Estados Unidos hasta 1865. La derogación de la antigua constitución de trabajo significó para el Sur un grave perjuicio económico. De indemnizarles no se habló nada. Además, ellos habían tenido que invertir sus recursos en las deudas públicas de la Confederación, que habían perdido todo valor a causa de la victoria del Norte. Hasta el decenio del 80 no se ofreció al Sur nueva posibilidad de prosperar con la aparición de la industria.

El decenio del 60 trajo también para Oriente la supresión de la antigua esclavitud. La guerra de Crimea había patentizado la debilidad de la organización feudal de Rusia; por ello, en 1861, suprimió Alejandro II la servidumbre; pero a esta medida no siguió, como en Occidente, la rescisión de la relación señorial-campesina: sólo cambió la forma jurídica. Como los campesinos rusos estaban dotados con tierras excesivamente reducidas y además gravadas por las cuotas de rescisión, se vieron después obligados a poner a disposición del señor territorial su fuerza de trabajo; y si pudo el señor aprovechar sus tierras fue únicamente porque lo hizo cultivar aprovechando fuerzas de trabajo campesinas. Fue después de ser nuevamente derrotada Rusia en la guerra japonesa cuando las leyes de Stolypin de 1906 y 1910 completaron la reforma agraria que a la postre trajeron también para Rusia las condiciones fundamentales de una agricultura individualista-capitalista.

Si bien la esclavitud como forma jurídica representó en el Este papel de menor importancia, los trabajadores ambulantes oprimidos cayeron en gran dependencia de los propietarios de plantaciones, a consecuencia de los anticipos que les fueron concedidos. Al modo como antaño el Oeste del Imperio Romano, estaba densamente poblado, había sido el campo principal de la explotación de esclavos, se desarrollaron en las Indias neerlandesas las explotaciones de plantaciones de Sumatra con trabajadores ambulantes bajo "sanción penal", mientras en la más densamente poblada Java hubo que valerse de obreros libres.

En las tierras mahometanas se sostuvieron las formas más suaves de esclavitud doméstica. Pero también ello dio lugar a cazas de esclavos que asolaron especialmente el interior de África. La Confederación africana de Berlín de 1885 acordó en principio la abolición del tráfico de esclavos.

----------

Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 216 - 223.