viernes, 4 de noviembre de 2016

La época del mercantilismo (VII): estadística y seguros


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Con el nombre de capitalismo podría yo designar la infiltración de la contabilidad en la economía. Pudieron hallarse elementos de ella ya en la antigua Babilonia, y después en la antigüedad clásica y en la segunda mitad de la Edad Media. Pero siempre era un solo aspecto de la economía el abarcado en forma capitalista. Al principio, lo decisivo era la posesión del suelo, y así continuó mientras subsistió la falta de libertad en el trabajo. Frente a los poseedores del suelo pudo alcanzar en la Edad Media importancia propia la fuerza de trabajo organizada. Fue en el comercio donde primeramente se desarrolló la peculiaridad de la economía capitalista, evaluación contable de cada proceso concreto, reunión de todos ellos en la dirección de la empresa orientada por los precios del mercado. El capital comercial fue la primera forma del capital, es decir, de un patrimonio determinado que se evaluaba en dinero y debía producir una ganancia susceptible a su vez de sacarse de ese mismo capital. Lo que hasta entonces se había desarrollado en un campo limitado, aunque importante, de la economía, vino a ser ahora norma de toda la vida económica. Demanda y producción fueron simétricamente atraídas a la organización capitalista.

Estadistica, seguros y economia

Con ello no se hizo en un principio sino hallar un nuevo marco para la economía. No cabe decir que apareciese el capital como un tercer factor de la producción junto a la tierra y al trabajo. Pero es cierto que merced a la contabilidad capitalista se consiguió una visión de conjunto que incitó a nuevas disposiciones y permitió un fructífero aprovechamiento de las fuerzas productivas. Para los clásicos el capitalismo era una forma natural dada. MARX indicó su contingencia histórico y vio la esencia del capitalismo en el antagonismo entre capital y trabajo. No le parecían posibles las ganancias de la economía capitalista más que negando al obrero la posesión de los medios de producción y entregándosele así para ser explotado. Sin embargo, no hay cuestión alguna obrera en los umbrales del desarrollo capitalista, sino tan sólo empresarios independientes que trabajan para el mercado ya por sí mismos o ya lo hagan valiéndose de fuerzas obreras extrañas, modestos cultivadores independientes y artesanos que no piensan en obtener su sustento, sino en conseguir lucro. El patrimonio que estos grupos necesitaban como capital de explotación podía ser obtenido mediante el crédito. Así CANTILLON habla de un obrero rural que se hace independiente y de un oficial sombrerero que abre un negocio propio. A ambos se prestaba sólo a interés elevado, del 20 al 30 por 100, a causa del gran riesgo. Pero con maña y habilidad pudieron obtener tales beneficios, que este crédito les ayudó para independizarse. De hecho, los parientes y los maestros que se retiraban por su avanzada edad, otorgaban créditos más baratos. Por otra parte, el deber de pagar intereses pesaba de manera especialmente gravosa precisamente sobre los grupos que se habían hecho independientes en épocas desfavorables.

El interés no es posible sino mediante sobrantes de explotación. Significa una deducción hecha de la ganancia y que se da al poseedor del capital en atención a que con auxilio de éste es como se ha obtenido tal ganancia. Pero, por su forma, representa el interés una obligación fija que ha de satisfacerse en todo caso; si al contraerse la obligación puede la esperanza de lucro hacer que parezca insignificante, también se corre el riesgo de que la desgracia o torpeza conviertan la ganancia en pérdida y la obligación de pagar interés se transforme en carga opresora. De ahí la necesidad de que el interés se acomode siempre a las ganancias. Los siglos XVI y XVIII contemplaron tan grandes posibilidades de lucro derivadas de la ampliación de las relaciones comerciales y del perfeccionamiento de las formas de proceder, que el cálculo capitalista abarcó todos los círculos.

Hasta la tierra se convierte en capital en la economía de circulación cuando es enajenada, gravada o arrendada libremente. Vimos cómo en la economía inglesa la tierra permaneció sujeta por lo general, pero podía ser arrendada. El arrendatario capitalista es para los fisiócratas, aunque también para ADAN SMITH e incluso para RICARDO, el tipo del empresario capitalista. El fermier que trabaja con caballerías y se preocupa del aprovechamiento más intensivo de su capital de explotación, es, a juicio de los fisiócratas, el único que puede obtener los sobrantes con que habrá de contar la economía nacional para seguir progresando; a diferencia del métayer, como su padre, de atender al sustento suyo y de su señor territorial. Así, junto al artesano de tiempos pasados, únicamente atenido a su fuerza de trabajo, como "Juan, el alegre jabonero", se halla el hombre de negocios calculador, que vuelve a aprovechar sus utilidades como capital de explotación, el small tradesman de ADAN SMITH.

La economía capitalista no fue estimulada únicamente por la vida del negocio; el propio Estado procuró valerse de ella como de medio importantísimo para acrecentar su poderío. No se trató ya sólo de abarcar con la mirada los ingresos y gastos del Estado, sino que se quiso alcanzar a todas las fuerzas de la economía nacional. Este esfuerzo guarda relación con el desarrollo de las Ciencias naturales desde la época del Renacimiento. Así, cuando se advirtió cierta regularidad en la marcha de los astros, se creyó poder reconocer también ciertas leyes ordenadas por Dios en los sucesos terrestres, hasta entonces admitidos como dádivas de la Divinidad.

Pudo ocurrírsele al soberano averiguar la intensidad de la oferta y los límites de la recaudación de tributos en su reino. En el siglo XVI se desarrolló la Estadística como descripción del país, si bien pronto se quiso obtener un material aritmético lo más exacto posible. En Alemania, el hijo del landgrave Felipe de Hessen, Guillermo IV, fue un precursor, no sólo en la fabricación de instrumentos astronómicos, sino por haber dado lugar a que se trazase una especie de croquis estadístico de su país. Con razón se custodiaba como una joya de la casa de Hessen el volumen donde estaban consignados los datos del libro forestas, de la ordenación de aldeas y del presupuesto landgravial. Todavía en el siglo XVI, el Príncipe Elector Augusto de Sajonia pretendía abarcar su territorio cartográficamente y asegurar un abastecimiento regular mediante una Ordenanza de cereales. Un Wallenstein supo organizar hasta el último detalle la potencia económica de su Ducado de Friedland. La Ordenanza económica de 1628 llega al extremo de contabilizar los huevos puestos al año por cada gallina y la cantidad de leche que cabe esperar de cada vaca, así como las cantidades de mantequilla y queso que podrán obtenerse. Después de la guerra los Treinta años, es SECKENDORFF el primero en dar en su Teutche Fürtenstaat una descripción exacta del país. En Austria reclamaban BECHER, HÖRNIGK y VON SCHRÖDER una estadística industrial. El "Inventario de manufacturas" había de comprender, según VON SCHRÖDER, los gastos de cada industria, su venta y sus ganancias. Del inventario habrían de resultar los defectos y quejas actuales cuya remoción permitiera esperar un aumento de las posibilidades de lucro. Los grandes Hohenzollern Federico Guillermo I y Federico II exigían a sus funcionarios que trazaran cuadros exactos.

En la Edad Media se entregaban rentas vitalicias de las ciudades sin atender a las expectativas de supervivencia. La renta vitalicia no significaba para la ciudad una forma favorable de contraer deudas sino porque el deber de satisfacer renta expiraba al morir el titular, con lo cual quedaba atendida la amortización de la deuda. Pero en el siglo XVII se empezó a aplicar a estas cuestiones el cálculo de probabilidades. Aunque en cada caso concreto la muerte quedaba abandonada al azar, la reunión de un número suficientemente considerable de casos del pasado autorizaba a deducir conclusiones sobre la presumible duración ulterior de la vida. El astrónomo HALLEY obtuvo en los libros parroquiales de Breslau los datos relativos al movimiento de la población de la ciudad, y con ellos calculó las probabilidades de vida de las diversas clases de edad. SÜSSMILCH estableció más tarde cálculos análogos respecto de la población rural, valiéndose de los libros parroquiales de la Marca Electoral. Dicho capellán castrense publicó en Berlín el año 1714 su obra relativa a Die göttliche Ordnung in den Veränderungen des menschlichen Geschlechts aus der Geburt, dem Tode und der Fortpflanzung desselben erwiesen ("La divina ordenación mostrada en las alteraciones del género humano por razón de nacimientos, defunciones y propagación de la especie"). En la era de la ilustración palidecía el fondo teológico de esta investigación: predominaba la complacencia en la ordenación como tal, pero se creía en la existencia de una armonía incluso en las cuestiones humanas, pues se había descubierto que existía no sólo en el curso de los astros, sino también en la circulación de la sangre. Un investigar que se interesaba no sólo por la descripción exacta de la economía existente, sino también por la depuración de las tendencias de su desarrollo, PETTY, escribió así su Anatomía de Irlanda y su Aritmética política.

Para los arriesgados negocios del comercio de Ultramar se había practicado siempre la agrupación. Para interesar más círculos en los negocios se dio ocasión a participar con porción concreta de bienes. la Sociedad por acciones proporcionó el marco adecuado al efecto. En el siglo XVII la Sociedad por acciones se estimó menos como oportunidad para colocación segura de capitales que como posibilidad de tomar parte con una postura determinada en el juego de azar en pos de elevadas ganancias. La aventura excitaba a los hombres. No había sólo merchant adventurers, sino también planters adventurers que se ocupaban de roturar páramos o fundar colonias. Pero todas estas empresas tenían en el fondo cierto cálculo y se procuraba asegurarse contra riesgos excesivamente elevados.

El seguro había surgido en el siglo XIV como seguro de transportes. El siglo XVII presenció su ampliación, especialmente en materia de incendios. Después del gran incendio de Londres en 1666, Barbon, hijo de un dependiente singularmente piadoso, instituyó un seguro de incendios. Ya había existido antiguamente en Hamburgo, en primer lugar para las cervecerías, una institución semejante. Una vez asegurada su casa, se hallaba el hombre de negocios en condiciones de hipotecarla para, con lo así obtenido, ampliar su explotación. Desde fines del siglo XVII se cultivó también como negocio el seguro de vida. El individuo pudo atender metódicamente de esta manera no sólo al presente, sino también a un porvenir remoto. Si tal cosa no había sido antaño factible más que acumulando tesoros muertos o, en casos de apuros, contrayendo deudas respecto de tercero, ahora proporcionó el seguro la posibilidad de conservar capitales. Las sumas que mediante el seguro se reunían se convirtieron en factor importante de la formación de capitales.

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- La época del mercantilismo


+ La era de los descubrimientos y de las fundaciones coloniales

+ La fundación de una política económica del Estado

+ La influencia del movimiento espiritual en la vida económica de la Edad Moderna

+ Plantaciones y propiedad territorial

+ La trabazón gremial

+ El Estado y la iniciativa particular en la era mercantilista

+ El dinero y el balance comercial

+ Deudas del Estado y formación de capitales

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 182 - 186.