miércoles, 19 de octubre de 2016

La economía occidental de la Edad Media (IX): la unión de la potestad política y el crédito en el siglo XVI


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Ya en la Edad Media comienzan los intentos del Poder político para obtener beneficios mediante el dominio monopolista de los lugares de producción. En 1301 se concertó un acuerdo sobre venta común de la sal entre las salinas pertenecientes en Provenza al rey Carlos II de Nápoles, cuyos arrendatarios eran los florentinos Bardi, y las salinas del rey de Francia en Aiguesmortes, cuyos arrendatarios eran los Francesi. Análogamente intentó Pisa aprovechar la producción de hierro de Elba. En 1462 se encontró en Tolfa, Estados de la Iglesia, alumbre, mediante cuya obtención se esperaba liberarse de la adquisición del alumbre de Quíos, entre tanto caída en poder de los turcos. El Papa pensaba financiar una Cruzada con estos ingresos. Pablo II, que era veneciano, prohibió el alumbre oriental. El excesivo precio del alumbre hizo que Carlos el Temerario autorizase la entrada en otros en Borgoña. Julio II fulminó anatema en 1506 contra la importación de alumbre oriental, de que los flamencos se proveían a través de Inglaterra.

Edad Media y credito en la economia

El poderío de los Habsburgos pudo apoyarse en la plata encontrada en el Tirol, cuya obtención subvencionaban casas de Habsburgo. Cuando se llegaba a grandes profundidades, las explotaciones mineras exigían cuantiosos dispendios, que a los gremios no les era dable sufragar, ya que sólo podían proporcionar el capital necesario para satisfacer los gastos de despacho y venta de la plata. En estos negocios alcanzó la casa Fugger una situación preponderante. Los Fugger (Fúcar) aparecen dedicados al comercio textil en el siglo XV. Jacob Fugger organizó la compra de plata al por mayor, en parte con recursos extranjeros. Hasta 1494 se habían prestado 624.000 florines a los príncipes tiroleses y obtenido 400.000 de beneficio en números redondos. Además de la plata se ocuparon del cobre. Unido con el cracoviés Thurzo supo Jacob Fugger asegurarse la producción del cobre de la Alta Hungría y dominar la totalidad del mercado. Gran parte de este cobre iba a Amberes. Los servicios de que la casa de Fugger prestó al emperador Carlos V en su elección y que pudo prestar cuando tuvo lugar la apostasía de Mauricio de Sajonia, fueron tan importantes que EHRENBERG habla nada menos que de una Era de los Fugger. Para cubrir los gastos de la elección imperial les fue entregado el arriendo de los bienes de las Órdenes militares españolas, entre los cuales se encontraban las minas de azogue de Almadén. Como los Höchstetter de Habsburgo poseían los pozos de mercurio de Idria, nada más natural que la idea de un monopolio del mercurio, que aceptó Antonio Fugger, causando con ello en 1529 el derrumbamiento de la casa Höchstetter. Más tarde, los Fugger pretendieron lograr mediante el augsburgués Conrado Meyer el monopolio del comercio del estaño bohemio-sajón, negocio que fracasó después de grandes pérdidas, pues los productores sajones de estaño se negaron a unirse a los bohemios.

Mediante su enlace con el poderío mundial español llegaron a la posición rectora de la vida económica las casas de Alemania superior, sobre todo las de Augsburgo y Nurenberg, postergando incluso a las italianas. El Papa confió a los Fugger la recaudación de las limosnas de indulgencias que debían financiar la edificación de San Pedro. Los altoalemanes pudieron participar también en los viajes a las comarcas recién descubiertas. Casas alemanas financiaron el viaje de Francisco d'Almeida en las Indias en 1505. Los Welser (Velser) intentaron fundar en Venezuela un imperio propio el año 1528.

A diferencia de la Sociedad Ravensburguesa, que muestra rasgos cooperativos, llevaron a cabo los Fugger una explotación monárquicamente organizada. Una contabilidad exacta y una activa correspondencia tenían a los encargados de la Casa bajo constante intervención de los directivos de la empresa total. El crédito de los Fugger era tan grande que se les confiaban muchos depósitos, y sus letras eran admitidas en todas partes. Pero en las sucesivas empresas mineras fue aportado el capital necesario por Sociedades en que el Estado y los funcionarios del mismo colocaron fuertes participaciones. Los propios Fugger fundieron en 1565 sus intereses mineros con las firmas Haug y Katzbeck en la Sociedad Jenbach. Todavía a mediados del siglo XVII decía el factor de Fugger, Ulrico Truefer: "Enseñanza y concordancia laborean minas". En las organizaciones de la Compañía de comercio de hierro de Loeben y Steyr, en la del comercio de paños de Iglau, las Sociedades del comercio de estaño de Amberg y del de Sajonia, se pueden ver tendencias hacia la sociedad por acciones, pero no hay delinde fijo de suma de capital, ni tampoco responsabilidad limitada de los partícipes. Con todo, se desarrolló un activo tráfico en las participaciones de las minas, en las acciones mineras (Kuxen). El alza y baja de sus cotizaciones daba motivo a la especulación.

En suelo hanseático pugnó la casa Loitze, de Stettin, por lograr una posición de monopolio dominando la sal que para su consumo necesitaban los Estados lindantes con el Báltico.

En 1512 y 1522 se dirigió el Reichstag contra la posición monopolista de las grandes casas. Pero el emperador, que necesitaba de ellas, las protegió en 1523.

El comercio de Occidente halló su centro en Amberes, que ocupó el lugar de Brujas, ahora postergada a causas del enarenamiento de su puerto. Aquí vendía el rey de Portugal la pimienta traída de las Indias orientales. Las Hansas tenían su casa en Amberes junto a las españolas e italianas. Los merchant adventurers ingleses convirtieron a Amberes en depósito para exportación de los paños ingleses. Aquí tenía su mercado el azófar altoalemán, que en su mayoría iba a parar a las colonias. Pero Amberes no era sólo centro del comercio de mercaderías: también se negociaban en su Bolsa los créditos de los príncipes. En esos negocios destacan las casas de Alemania superior. Todavía en 1572 se dirige el rey Felipe II de España a los Fugger con el ruego de que autoricen a su factor en Amberes para otorgar a España un crédito hasta la suma de un millón de ducados que necesitaba el rey para dominar la rebelión.

Los altoalemanes no prestaban sólo a los Habsburgos, sino también a sus adversarios los reyes de Francia. Mientras la casa Fugger siguió fiel a la causa católica, las casas evangélicas preferían apoyar a los franceses. Al modo como el nuremburgués Lázaro Tucher supo lograr predicamento en Amberes, así supo "el buen alemán" Hans Kleber granjearse en Lyon la más alta estimación.

Cuando Francia era devastada por la guerra de los Cien años contra Inglaterra, las ferias de Ginebra habían servido de intermediarias entre Norte y Sur bajo la protección de Saboya. Al robustecerse otra vez la potestad real en Francia, fue esgrimido Lyon contra Ginebra. Los reyes franceses supieron atraer tejedores de seda italianos a Lyon y aclimatar allí la industria de la seda; merced a sus ferias se convirtió Lyon en centro del tráfico de mercaderías en que los altoalemanes y suizos se enfrentaron con los italianos. Aquí pudo concertar su empréstito el rey de Francia.

Frente a Lyon estableció Carlos V ferias en Besanzón; allí figuraba en primera línea la representación genovesa. Estas ferias se caracterizaron por el hecho de haber pasado en ellas completamente a segundo término de mercaderías; en cambio, se concentraban aquí las letras de todo el campo económico habsburgués. Las ferias no sirvieron sólo para efectuar liquidaciones: pudo también la Corona española aprovecharlas para servirse del crédito cambiario. Las ferias le eran indispensables a fin de utilizar en los escenarios de la guerra flamenca los recursos procedentes del Nuevo Mundo y de sus ingresos en España e Italia. Eran decisivas para toda la vida económica las cotizaciones que se hacían en estas ferias, que se habían proporcionado una moneda fija con el escudo-marco. Sólo Lyon se hallaba en condiciones de fijar frente a éste un curso propio y firme. En estas ferias, más tarde trasladadas a Piacenza, ve EHRENBERG el último esplendor de la técnica comercial romano-medieval.

Las ciudades ponían su fuerza financiera a disposición de los príncipes: Génova, desde que Andrea Doria se hubo decidido en favor de España, a la de los españoles; Florencia, a la de los franceses; de entre los augsburgueses, los Fugger ayudaban a los españoles; los Neidharts, a los franceses. Pero las guerras de las casas de Habsburgo y Borbón tragaban más de lo que estos recursos consentían. En 1557 suspendieron pagos, tanto los españoles como los franceses. Se llegó a un acomodo: los españoles convirtieron sus obligaciones a corto plazo en rentas, Juros, que ciertamente tenían peor mercado y se cotizaban más bajos. En 1575 sobrevino una nueva quiebra en España. Todavía pudieron sostenerse entonces los Fugger por medio de nuevos empréstitos; pero en la quiebra de 1607 fueron terriblemente maltratados. Se agotó la riqueza minera, las demandas del Estado fueron canceladas. Siguieron viviendo los Fugger como ricos hacendados que hasta lograron jurisdicción exenta imperial. Suerte parecida corrieron las restantes casas altoalemanas.

Las ferias de Besanzón pudieron florecer porque el Franco Condado logró mantenerse neutral y seguro merced a su alianza con Friburgo, de Suiza. Cuando Felipe II, llevado de su celo religioso, deshizo esta alianza, el Franco Condado se convirtió en teatro de las luchas más furiosas, que lo aniquilaron por completo. Así, la decadencia económica suscitada por la sobretensión de los recursos políticos, se completó con el sojuzgamiento de Amberes por los españoles y finalmente por los horrores de la guerra de los Treinta años en Alemania.

El centro de gravedad de la vida económica se desplazó desde el interior de Europa hasta la costa atlántica. Está claro que no se trataba sólo de un hecho geográfico debido a los descubrimientos: los Estados occidentales habían conseguido unir su fuerza política mientras análogos esfuerzos habían fracasado en Alemania y en Italia. Ya en la Edad Media habían sido Brujas y Amberes centros del tráfico, pero los decisivos en aquellas plazas habían sido los extranjeros, primeramente los italianos y las Hansas, después los altoalemanes, y ya también los ingleses. Cuando ahora asumió Amsterdam la dirección, no es que meramente se puso en el lugar de Amberes, sino que los holandeses, convertidos de navegantes en negociadores por su propia cuenta, heredaron también a los italianos y a las Hansas gracias a haber penetrado en el Báltico y en el Mediterráneo.

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- La economía occidental de la Edad Media


+ La economía rural

+ El señorío territorial

+ La situación de la agricultura bajo el influjo de la economía de tráfico

+ La fundación de la ciudad medieval

+ La esencia de la economía de ciudad en la Edad Media

+ Infiltraciones capitalistas en la ciudad medieval

+ El Estado y la economía de circulación en la Edad Media

+ Los empréstitos municipales y el mercado de capitales

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 141 - 145.