domingo, 30 de octubre de 2016

La época del mercantilismo (V): la trabazón gremial


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Holanda, la primera potencia rectora en el campo del mercantilismo, conservaba rasgos acentuados de la trabazón ciudadana; las siete Provincias podían considerarse como una unión de ciudades; se advertía, sobre todo, la fuerte influencia de Amsterdam. Y, al modo como la ciudad medieval había querido reservarse las vías del tráfico todo lo libres que fuera posible, y sólo a regañadientes permitía a los demás el acceso a ellos, pretendían los holandeses impedir a sus vecinos que se prevalieran de su situación. Así, cuando Amberes cayó en poder de los españoles, cerró Holanda la desembocadura del Escalda; no combatió menos a Enden, que a fines del siglo XVI había vivido un período de gran florecimiento. Debía corresponder a Holanda el comercio del Rin. Ni tampoco discrepó Holanda en lo más mínimo, en punto a limitaciones económico-ciudadanas, al organizar la industria. El capitalismo holandés se desarrolló exclusivamente en las ciudades.

Compañia de las Indias Orientales y economia

Los ejércitos franceses intentaron sojuzgar, en 1672, el poderío comercial holandés. Cierto que entonces se derrumbó la dominación de los patricios; pero Guillermo de Orange logró mantener la independencia de Holanda. Las medidas de Colbert en 1667 habían cerrado a los holandeses el mercado francés. Sin embargo, el Gobierno francés organizó la industria de su reino dentro del marco del gremio. Debían éstos organizarse, no sólo en las ciudades, sino también por todo el país. Los investigadores franceses han demostrado que no fue posible llevar en todas partes a efecto esta idea de la Ordenanza de 1675. Hasta hubo ciudades en que no hay rastro alguno de organización gremial en las industrias; fue sobre todo en el campo donde su formación tropezó con dificultades. Con todo, se confirieron misiones importantes a los maestros gremiales: tenían que celar preferentemente la bondad del trabajo; la admisión de maestros quedó ampliamente en sus manos. Resultó así expuesto el Estado al peligro de que estos órganos administrativos autónomos otorgaran excesivo campo a los intereses locales particulares. El Estado colocó a su lado funcionarios suyos en las Inspecteurs des Manufactures, algunos de los cuales, como Savary padre e hijo, o Vaucanson, conocido por sus perfeccionamientos en la industria de la seda, se acreditaron por el fomento de la industria.

La industria francesa trabajó especialmente para el mercado de lujo de las clases superiores, y se opuso a toda innovación que trajese al mercado artículos más baratos. A fines del siglo XVII llegó a Europa, en un principio a Amsterdam, la estampación de la indiana. La acérrima lucha que Francia emprendió, entre 1686 y 1749, contra esta nueva rama industrial, fue fatal para el progreso de su propia industria; los estampadores se trasladaron a los países vecinos: en Suiza, a Ginebra, Neufchâtel, Mülhausen y Glaris; a Augsburgo y Hamburgo; y cuando dejaron de oponerse a los talleres de estampación, que prepararon el progreso de la industria algodonera, fue ya difícil para Francia recobrar la ventaja conseguida por los vecinos países.

En la industria de París vemos cómo se elevan los grandes gremios mercantiles sobre la masa de las organizaciones profesionales, al modo como antaño en Florencia. Los seis Corps de pañeros, especieros, sederos, merceros, peleteros, sombrereros y aurífices, a quienes en vano intentaron agregarse los negociantes en vinos, se consideraban representantes de los intereses industriales de la capital.

El sistema de empresa se difundió por el país, especialmente en la industria textil. Por término medio, podía un empresario dar trabajo a diez maestros; pero había empresas mucho mayores. En Lyon, los Maîtres Marchands se colocaron frente a los Maîtres Ouvriers, como había ocurrido ya en las ciudades italianas de la Edad Media. Pudo también advertirse un desarrollo capitalista dentro del marco de los gremios de artesanos: así sucedió cuando, en el gremio de carniceros de París, los propietarios del limitado número de tablas existente lo consideraron derecho útil, cuyo ejercicio entregaron acaso meramente a criados de matarifes.

La ejecución del edicto imperial contra la autonomía de los gremios condujo en Prusia, no a la supresión de los mismos, sino a su regulación oficial. Así, la industria pañera quedó sometida a una reglamentación uniforme, con una Ordenanza gremial. Análoga conducta observaron los restantes Estados alemanes. Allí donde las ciudades afirmaron su independencia, mantuvieron también sus prerrogativas económicas. Así, los berneses exigieron a su Oberland que sus industrias lácteas les suministrasen manteca, y se dirigieron contra el feiste Käsen, es decir, contra la elaboración de queso para la exportación. En Zürich constituían los gremios la base de la Constitución; pero, como las familias comerciantes podían ser admitidas en los diversos gremios, esta constitución gremial adquirió, como antaño en Colonia, carácter aristocrático. Los "Directorios mercantiles", como los fundados el año 1662 en San Galo y en Zürich, eran organizaciones cuasi gremiales de comerciantes y empresarios, que se ocupaban en cuestiones de común interés, como el correo y el derecho cambiario, y que salían a la defensa de sus privilegios fuera del país, especialmente en Lyon. Industrias que en el siglo XVI todavía se explotaban libremente quedaron en el XVII bajo la férula gremial, o sea, que también hubo aquí "capitalismo gremial".

En Inglaterra, el Statute of Artificers de 1562 no había hecho más que extender a todo el país el tiempo de aprendizaje fijado para Londres. Los jueces de paz debían velar por la observancia de la ordenación industrial y la fijación de salarios, que debían regirse por el coste de la vida; pero en muchos casos siguieron atenidos a colaborar en los gremios.

En los siglos XVII y XVIII, el sistema de empresa se difundió por todo el país, especialmente en la industria lanera. En Londres podemos ir siguiendo el progreso de una gran especialización industrial. En las capitales hallaban mercado provechoso nuevos inventos, como el del reloj. El siglo XVIII vio, sólo en Londres, 29 clases de artes del herrero. Por otra parte, el gremio, que había sido agrupación de camaradas de trabajo con iguales derechos, se convirtió en una oligarquía de capitalistas. Así, los negociantes en pieles abarcaban curtidores, guanteros y bolseros; en los merceros se incluían los sombrereros, gorreros y alfilereros; en los fabricantes de paños, los bataneros y tundidores. De los ciento once gremios de Londres, se separaron las doce Livery Companies, que se distinguían por su peculiar indumentaria, únicamente accesible a los acaudalados. Por debajo de ellos estaban los maestros modestos, los householders y los obreros.

También el comercio exterior se organizó gremialmente en Inglaterra. Sólo un grupo de comerciantes gozaba del derecho exclusivo de viajar en determinadas direcciones, para lo cual tenían que satisfacer ciertos derechos a la Corona. Estos gremios comerciantes se convirtieron en pilar importante del sistema inglés de Hacienda en tiempo de la reina Isabel, al modo como en el siglo XVIII eran en Francia los gremios quienes efectuaban la imposición de la industria.

Entre los gremios comerciales ingleses destacaban los Merchant adventurers. En la Edad Media, los comerciantes ingleses habían exportado principalmente lana. El depósito de lana de Calais era su puerta de salida. La exportación del paño se hallaba principalmente en manos de los extranjeros, especialmente de las Hansas. Ahora invadieron los ingleses el campo de monopolio de la Hansa, por cuanto, al cabo de múltiples luchas, trasladaron de Amberes a Hamburgo su depósito. Los merchant adventurers llevaban a Hamburgo los paños ingleses, a fin de penetrar en el mercado alemán. Podía pensarse que estos comerciantes aventureros eran empresarios individuales; pero también ellos estaban sometidos a severas reglas gremiales. Estaban limitados el número de aprendices que podían tener y la medida máxima del artículo exportable, el llamado Stint. Lo mismo que en los gremios, hallamos aquí también una diferenciación entre los partícipes. En 1622, y de entre tres a cuatro mil miembros, eran unos 40 a 50, los más acaudalados, quienes decidían en definitiva.

El comercio báltico fue transferido a la Eastland Company, que llevaba a Elbing los paños ingleses. La Compañía Rusa gozaba de los privilegios que el Zar otorgó a los ingleses en Arcangelsk. La Levante Compagnie tenía en su mano el tráfico mediterráneo. La Compañía Africana traía oro de la costa de Guinea; la Hudson Bay Company, peleterías de la América Septentrional.

Parte de estas Compañías abandonaba el negocio a los distintos partícipes individuales, limitándose a regular las condiciones generales de la expedición, y se las llamaba Regulated Companies; eran principalmente los merchant adventurers. Otros se reunían para llevar en común el negocio; a tal fin aportaban capital, y las ganancias se distribuían entre los propietarios de fracciones de este capital. Eran denominadas Joint Stock Companies. La Compañía Rusa se fundó en 1555 como tal "Sociedad por acciones". Cuando llegaba el momento oportuno se aportaba capital común para un solo viaje, liquidándose al terminar felizmente. Tal cambio entre Joint Stock y Regulated Company puede observarse en la Compañía Africana y la de Levante.

La Compañía de las Indias Orientales, fundada en 1600, fue, en su principio, una Regulated Company. El capital se aportó para un solo viaje, después para varios, como, por ejemplo, en 1613, para cuatro. Hasta 1657 no alcanzó la Compañía una financiación estable. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales se fundó en 1602 con un capital fijo de seis y medio millones de florines; la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales lo fue en 1621, con un capital de siete millones de florines. Precisamente la Compañía Holandesa de las Indias Orientales refleja en su organización la Constitución de la ciudad. Se dividía en seis Cámaras, cada una de las cuales gozaba de cierta independencia, aunque entre ellas preponderaba la Cámara de Amsterdam, poseedora de la mitad de las participaciones totales. Delft, Rotterdam, Horn y Enkhuizen tenían cada una 1/16; Zelanda, otro cuarto. Así como el Ayuntamiento gobernaba a la ciudad, dirigían la Compañía los "17 señores", Comisión de los grandes partícipes, de los Bewindhebber. En la Compañía de las Indias Occidentales tenían mayor influjo en el "Consejo de los 19" los accionistas y el Estado: había cinco Cámaras: a Amsterdam correspondían 4/9; a Middelburg, 2/9; las tres restantes, a la comarca del Mosa (Rotterdam, Dordrecht, Delft), a la del Norte (Horn y Enkhuizen) y a Groninga. El monopolio comercial de la Compañía de las Indias Occidentales fue infringido el año 1634 a favor del Brasil, y en 1638 quedó limitado a la importación de negros y material de guerra y a la exportación de palo del Brasil, pues para abastecer a Nueva Holanda pareció necesario implantar el libre cambio.

En las Joint Stock Companies, que hallamos en Inglaterra dedicadas también a la minería, hay que ver, en realidad, los precursores de la sociedad por acciones. Pero, por otra parte, procede afirmar que cada una de estas sociedades debía suposición a un privilegio especial que le otorgaba derechos exclusivos. ADAN SMITH llegó a decir que únicamente a tales privilegios debían las grandes explotaciones su capacidad para competir.

Las sociedades privilegiadas, como las que singularmente hallamos en la minería alemana durante el siglo XVI, y después en Inglaterra, en el XVII, no muestran aún, a decir verdad, la uniformidad de organización que se ha desarrollado en las sociedades más modernas. Se muestra, sobre todo, en la imperfección de su contabilidad: el reparto de ganancias no se hacía siempre con relación al capital entregado, sino que no rehuían dedicar también el capital a tales dividendos. Los privilegios que se otorgaban a un grupo determinado convertían las organizaciones así formadas en precursoras de las modernas asociaciones de empresarios: ello resalta especialmente en la organización del comercio del carbón en Newcastle.

En Newcastle supieron los Hostmen atraer a sus manos el negocio. Fijaban los jornales, en su calidad de poseedores de los yacimientos, y además, como organizadores del comercio, señalaban los precios del carbón. En 1603 se encuentra la Limitation of the vend. Veintinueve partícipes fijan la cantidad de carbón que ha de obtenerse. A esta organización correspondía en Londres una regulación del despacho. Como los productores eran tenidos al corriente de las condiciones de aquél, podían regular su producción teniendo en cuenta los posibles precios futuros. Esta prepotencia de la Unión carbonera de Newcastle subsistió hasta los años 40 del siglo XIX, en que se dejó sentir la competencia de otros carbones que en lo sucesivo pudieron llegar por ferrocarril al mercado de Londres.

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- La época del mercantilismo


+ La era de los descubrimientos y de las fundaciones coloniales

+ La fundación de una política económica del Estado

+ La influencia del movimiento espiritual en la vida económica de la Edad Moderna

+ Plantaciones y propiedad territorial

+ El Estado y la iniciativa particular en la era mercantilista

+ Estadística y seguros

+ El dinero y el balance comercial

+ Deudas del Estado y formación de capitales

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 170 - 175.