sábado, 29 de octubre de 2016

La época del mercantilismo (IV): plantaciones y propiedad territorial


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Como época de transición que es, conserva el mercantilismo toda una serie de instituciones antiguas, junto a las novedades que aporta. HECKSCHER, que trata con mucho detenimiento de la economía inglesa y francesa de este período, muestra que tampoco pudo lograr aquí plena efectividad la tendencia unificadora de lo económico. Como restos del mundo feudal que penetraron en la nueva era, conceptúa en primer término los poderes aislados que se afirmaron frente a la potestad central. SOMBART indica la transformación interna que sufrieron los señores feudales en los siglos XVII y XVIII. Advinieron nuevas capas procedentes de la burguesía enriquecida o de la reciente burocracia. La propia nobleza quedó más sujeta a la Corte por el mayor gasto palatino. Lo que ahora adviene es lo que hace a SOMBART hablar de una época de "protocapitalismo". Creo importante destacar el hecho de que la economía de circulación que iba formándose, no siempre relajó los antiguos vínculos; antes bien, traía aparejadas su agudización o su reimplantación en alguno de sus aspectos. En la periferia de la economía occidental, únicamente la clase superior disfrutó de las ventajas propias de la nueva modalidad circulatoria; la masa de la población quedó sumida en la más dura dependencia. Precisamente el siglo XVI vio surgir, en el Nuevo Mundo, la economía de esclavitud; en el Levante europeo, la servidumbre.

Plantaciones e historia economica

Las ciudades italianas de la Edad Media habían conocido la esclavitud doméstica. Los esclavos de la Rusia meridional habían llegado a constituir un importante artículo de comercio de que se abastecían las Cortes de los soberanos árabes, llevando al propio tiempo fuerzas de trabajo. La suerte del esclavo doméstico no era desfavorable en modo alguno: después de servir fielmente obtenían, por lo general, la libertad. Cosa distinta ocurría donde los esclavos eran dedicados al trabajo agrícola, lo que ocurría en la Península Ibérica con los infieles conquistados en la guerra. Pero la esclavitud tuvo significación completamente distinta donde se les empleó para obtener productos con fines lucrativos: aquí se convirtió el esclavo en un instrumento de producción, del que se procuraba obtener los mayores rendimientos posibles. Tal ocurrió, sobre todo, en el cultivo de la caña de azúcar y la obtención de azúcar susceptible de transporte.

La caña de azúcar es originaria de Bengala. El primer cultivo de exportación tuvo lugar probablemente, como ya demostró RITTER, en la provincia persa de Chusistan, la antigua Susiana, hacia el 900 de la Era cristiana. Otros artículos coloniales, como la pimienta, eran susceptibles de ser entregados directamente a los traficantes por las pequeñas explotaciones de los indígenas. Cosa distinta ocurría donde el producto agrícola requería un complicado proceso técnico antes de ser producido en condiciones de ser expedido, lo que ocurría con el azúcar. La elaboración del azúcar no podía hacerse sino al por mayor y unida a molinos de azúcar. La explotación de plantaciones tuvo, por tanto, el carácter de enlace de actividades agrícola e industrial, que requerían un capital mayor y, en su virtud, exigían trabajo intensivo. En la Edad Media se difundió la producción del azúcar más allá de las costas mediterráneas, hacia Chipre, Sicilia y Sur de España. Adquirió gran pujanza en las islas del Africa occidental, donde se emplearon esclavos negros. La obtención de éstos y el cuidado exigido por los establecimientos convirtieron a la plantación en empresa capitalista que dio lugar a una de las primeras transformaciones del capital comercial en capital de producción. En las Islas Canarias y en Madera, así como en la región mediterránea, hubo que montar un sistema de riegos con destino al cultivo de la caña de azúcar. No hizo ello falta en los trópicos, por lo cual pudo el azúcar producirse en condiciones notoriamente más favorables en las Indias occidentales y en el Brasil. Aquel cultivo proporcionó pronto a españoles y portugueses la oportunidad para aprovechar más lucrativamente el suelo del Nuevo Mundo.

También se quiso utilizar como esclavos a los indios, en la misma forma que a los negros de la costa occidental africana. Pero resultó que el tránsito al cultivo intensivo sólo era posible ocasionando enormes pérdidas en aquel pueblo, que sólo había llegado a la etapa de los recolectores y cazadores, y a lo sumo a la del cultivo de azada. Los indios de las Islas morían bajo el látigo de los españoles. Los Dominicos, especialmente el noble Las Casas, surgieron en defensa de los indígenas. El Gobierno dictó, en 1543, la oportuna ley. Cierto que ni ellos ni los propios virreyes podían oponerse a toda explotación de los indios. A los conquistadores se asignaban territorios determinados, con cuyas exacciones habían de atender a su sustento. En tales Encomiendas se encontraban los indios sometidos a una especie de esclavitud. También eran llevados al trabajo de las minas. Pero al trabajo de las plantaciones se destinó a los negros, que eran más resistentes. En el siglo XVI comenzaron los transportes de esclavos, que habían de durar hasta el siglo XVIII, transportándose a la fuerza cada año unos quince millones de negros.

Los esclavos se obtenían en la costa occidental africana, donde las constantes luchas de los indígenas proporcionaban siempre nuevos esclavos a los vencedores. Los portugueses llevaban en sus pequeñas carabelas hasta 500 negros. Hacinados, en condiciones higiénicas desfavorables, se hallaban expuestos a una gran mortandad. A pesar del riesgo, acrecentado por tales defunciones, el comercio de esclavos se convirtió en uno de los negocios más lucrativos, en que también participaba la Corona. España no permitía el tráfico negrero sino mediante un permiso especial, los llamados asientos. En el siglo XVI pasaban unos cuatro mil al año; en 1528 se comprometió la Casa Welser a transportar en cuatro años 4.000 negros a las colonias españolas; además debían ser llevados 50 obreros alemanes como maestros y capataces. Más precisas son las noticias relativas a importación en el Imperio colonial del Brasil. Allí se transportaron, entre 1636 y 1645, hasta 23.000 negros, que se vendieron en 6,7 millones de florines.

Además del azúcar, se convirtieron café y tabaco en artículos importantes del cultivo de plantaciones. Los ingleses cultivaron en Virginia un tabaco que no era, ciertamente, comparable con el de las colonias españolas, pero al otorgárseles el monopolio del mercado inglés vino a ser base del florecimiento económico de la colonia. En rigor puritano, se había querido, al principio, prohibir por completo el "siniestro humo"; pero prevaleció la consideración económico-nacional hacia los colonos. Hasta el siglo XVII no adquirió mayor importancia en los Estados meridionales de los Estados Unidos el cultivo del algodón, que hasta entonces se había efectuado especialmente en la isla de Tobago.

Por otra parte, la expansión hacia el Este y el Sur había conducido, en el Imperio Ruso, a la disminución de las tierras libres y a la decadencia de la libertad campesina. Las conquistas habían dado al Imperio Moscovita extensiones tan grandes, desde fines del siglo XV, que ya no bastaba la población para colonizarlas con regularidad. La marcha de la población a las comarcas recién adquiridas acarreó la despoblación del primitivo país. Se agregó a ello que el príncipe otorgada a sus vasallos tierras cuyos pobladores quedaban obligados a prestaciones respecto del señor territorial. En los siglos XVI y XVII, las tierras negras de los municipios rurales y las tierras del Estado fueron presa de las propiedades de servicio otorgadas vitaliciamente, de las llamadas Pomestje. En la región de Novgorod ocupaban estas propiedades dos tercios de la superficie, en los años 80 del siglo XVI. También en el Sur era muy grande su extensión. Algo mayor era la participación de los campesinos libres en la región central; en el territorio de Moscú figuraba en primer lugar la propiedad territorial eclesiástica. Sólo el Norte y el Nordeste quedaron libres de la formación de tierras de servicio.

El Imperio Moscovita se apoyaba en los círculos dotados con feudos de servicio; a ellos estaban sometidos los campesinos. De igual modo que no es posible señalar la fecha precisa en que se implantó el colonato romano, tampoco es dable hacerlo respecto del origen de la servidumbre rusa. Era nota esencial la de que el campesino se hallara sometido a la jurisdicción del señor feudal; a él tenía que pagar las exacciones. También aquí vemos cómo va penetrando la economía dineraria: las prestaciones naturales se transformaron en monetarias. Pero se agregaron otras personales que eran desmesuradas. Fue decisivo el hecho de que se arrebatase a los campesinos la libertad de mudar de residencia. Ante la escasez de fuerza de trabajo, cada hacienda procuraba quitar a la otra los suyos, siendo precisamente los señores territoriales menores quienes sufrieron los peligros de tal emigración. En interés suyo se llevó a cabo la adscripción de los labriegos al terruño. Ya en 1497 se limitó el plazo de retirada de los campesinos. En 1607 se determinó que los campesinos inscritos desde 1592 en los registros de la propiedad no tenían derecho de ausentarse, sino que pertenecían a la hacienda correspondiente.

Análogo fue el desarrollo en Polonia y en el Este de Alemania. Aquí el beneficio de una carga de trigo embarcado hacia Europa occidental se convirtió en motivo para que el señor territorial no quedase satisfecho con las exacciones aportadas por sus campesinos, sino que tratara de agravar los servicios exigibles al dedicarse a la explotación directa de sus tierras. Pudo hacerlo la nobleza porque tenía potestad jurisdiccional sobre los campesinos, lo cual le permitía elevar demasiadamente las prestaciones de los labriegos. Aunque durante la Edad Media la situación de los campesinos alemanes había sido más favorable en el Este que en el Oeste, pudieron fraguarse ahora, de esta manera, nuevas formas de dependencia, a medida que iba progresando la economía de tráfico. El labriego no disponía en calidad de labrador independiente sino de una fracción de su jornada de trabajo: gran parte había de dedicarla a servicios para el señor de la hacienda, y esa parte fue cada vez mayor. La despoblación del país por la guerra de los Treinta años, y más tarde por la del Norte, proporcionó al señor coyuntura para ampliar las tierras de sus alquerías incluyendo las de labor despobladas. Ello hizo cada vez más opresores los servicios de los campesinos que quedaban: tenían que ponerse, con sus yuntas, a disposición del señor o de su encargado para labrar las granjas de aquél.

Las fuerzas obreras jóvenes habían tenido en un principio por costumbre ofrecerse en el palacio del señor para servir como lacayos y doncellas. Andando el tiempo, la costumbre se convirtió en un servicio doméstico obligatorio. Como las prestaciones personales y el servicio doméstico obligatorio daban lugar a que muchos huyesen del país, se implantó también la adscripción al terruño en la Alemania oriental. Prestaciones, servicio doméstico coactivo y servidumbre de la gleba constituyeron la sujeción hereditaria, que encadenaba a los labriegos de Alemania oriental, mientras en el Oeste la antigua servidumbre se había convertido en mero deber de pagar renta.

La situación de los campesinos era notablemente peor en las comarcas en que podía disponerse de ellos directamente, aun sin tener en cuenta su vinculación al suelo, cual ocurría en Rusia en tiempo de Catalina. Pero también en Alemania creía Husanus, el año 1590, que podían aplicarse los principios del Derecho romano sobre esclavitud a los campesinos no libres. Entretanto, el mismo Derecho romano ofrecía a los juristas en el Oeste, en Hessen, la posibilidad de mejorar la posición de los campesinos aplicándoles los principios jurídicos en la enfiteusis.

La aparición del señorío rural en el Este se produjo de manera distinta en cada caso, según la densidad de la repoblación y la situación en punto al tráfico. La administración por cuenta propia dio lugar a que los señores extendieran en el Nordeste, todo lo posible, las tierras de sus casas de labor; tenían el mayor interés en combatir todo lo posible las pretensiones de los campesinos en este particular. En el siglo XVI, los débiles Hohenzollern abandonaron a la Nobleza los derechos posesorios de los campesinos. Por otra parte, los grandes soberanos del siglo XVIII intentaron llevar a cabo una protección del campesino como no era posible en Meclenburgo o en Holstein, donde la Nobleza tenía importancia decisiva. En Bohemia, la escasez de fuerzas de trabajo permitió que los señores otorgasen a sus labriegos condiciones posesorias singularmente favorables, pero dejándolos obligados a fuertes exacciones. Los señores trataron de aprovechar la relación de los campesinos con la economía de circulación: sólo ellos podían disponer lucrativamente de los sobrantes; nada más a ellos habían de acudir incluso, por ejemplo, para los regocijos en los bateos.

En el Noroeste alemán habría sido posible, después de la guerra de los Treinta años, desbaratar las alquerías; pero los señores territoriales tenían gran interés en la conservación de granjas mayores susceptibles de rendimiento, porque en ellas se fundaba el deber tributario; de ahí que reclamaran en la legislación de "reintegración" que se restaurasen los caseríos. Por ello se caracteriza todavía hoy en las tierras güelfas la economía agraria por la preponderancia de las grandes explotaciones rurales.

En el Sur alemán habían intentado los labriegos, a ejemplo de los suizos, liberarse de las exacciones señoriales. La guerra alemana de los campesinos se dirigió, en primer término, contra el incremento de las pretensiones de los señores territoriales eclesiásticos. El fracaso de la guerra campesina impidió que se cumplieran tales deseas; sobre todo, el señor resultó muy molesto para la economía campesina, por su calidad de jefe de la marca y en razón de sus derechos sobre el monte y el prado. Pero la economía campesina como tal permaneció intacta en el occidente alemán, lo mismo que en Francia. Padeció las exacciones territoriales, que dificultaron su oportuno desarrollo; pero aquí fue menos peligroso que en el Oeste el aumento de la administración señorial directa.

En la Alemania central es donde representa papel decisivo el señorío territorial. Los señores locales dificultaron la evolución hacia el señorío de haciendas en el sentido que tuvo en el Este. Comparada con el Suroeste, se distinguió la Alemania central por la ausencia de servidumbre: aquí estaban asentados campesinos libres en suelo señorial; pero el señor no renunció a practicar la explotación por sí mismo, como ocurrió muchas veces en el Oeste, sino que, dotado desde un principio con más abundosa posesión, se valió frecuentemente del colonato. La falta de fuerzas de trabajo, atraídas por perspectivas más favorables hacia la industria doméstica, dio lugar a que se implantara en Sajonia, el año 1651, el servicio doméstico obligatorio. En 1766 se dispuso que los nacidos en el país vinieran obligados a servicio obrero rural obligatorio de cuatro años, norma que subsistió hasta 1833.

En Inglaterra, la Revolución había suprimido todos los vínculos feudales de los hombres. También el suelo pasó a ser propiedad libre. Los reyes habían intentado amparar a los campesinos contra los acotamientos que trajo consigo el progreso de la ganadería desde fines del siglo XV. Ahora se derrumbó esta barrera. La clase rural fuerte, que había constituido la médula del ejército revolucionario, fue quien reclamó los acotamientos. El reparto de los bienes municipales y la disolución de la antigua comunidad rural permitieron al individuo redondear su propiedad y administrarla con uniformidad. Sin embargo, precisamente en el siglo XVIII vemos desaparecer a los propietarios menores. Los acotamientos, que hasta ahora sólo habían afectado a algunas partes de Inglaterra, se hicieron ahora generales, sobre todo en la región central, y beneficiaron esencialmente a la gran propiedad. Dependió ello de que se dio, en la agricultura, mayor importancia al aspecto de la técnica productora que al de la política de repoblación. La agricultura no había de servir exclusivamente para sostener a la población agrícola, sino que, como explicaba ARTURO YOUNG, debía ser una industria que proporcionase al Estado los más altos rendimientos posibles. La coyuntura favorecía la explotación en grande, al subir los precios del trigo; pero la gran propiedad que se formaba con ella se mantuvo también indivisa. La libertad sucesoria venía limitada porque se daba al poseedor la posibilidad de designar heredero, no a su hijo, sino a su nieto, mientras que al hijo se otorgaba sólo el derecho de usufructo; tales Entails produjeron el efecto de un fideicomiso, porque se renovaban constantemente. La propiedad inmueble quedó limitada al promogénito de la familia. Con ello se introdujo en Inglaterra, precisamente donde regía la mayor libertad en personas y propiedad, una nueva traba feudal para la propiedad del suelo.

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- La época del mercantilismo


+ La era de los descubrimientos y de las fundaciones coloniales

+ La fundación de una política económica del Estado

+ La influencia del movimiento espiritual en la vida económica de la Edad Moderna

+ La trabazón gremial

+ El Estado y la iniciativa particular en la era mercantilista

+ Estadística y seguros

+ El dinero y el balance comercial

+ Deudas del Estado y formación de capitales

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 164 - 170.