jueves, 20 de octubre de 2016

La época del mercantilismo (I): la era de los descubrimientos y de las fundaciones coloniales


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La Edad Moderna se manifestó en tres campos de la vida económica. En primer lugar se dilató el territorio económico de Occidente por los países ultramarinos. Además se afirmó la política económica del Estado en vez de la municipal. Por último, la dirección de la vida económica pasó de las comarcas meridionales a las potencias marítimas evangélicas, Holanda e Inglaterra.

Descubrimientos e historia de la economia

Veamos ante todo la expansión económica de Occidente.

Las Cruzadas habían quebrantado el poderío marítimo de los árabes en el Mediterráneo occidental franqueando a las ciudades italianas el camino hacia Levante. Se sostenían los árabes tan sólo en la España del Sur y en África; y en el siglo XV el avance de los turcos arrebató a los italianos la posición privilegiada que hasta entonces poseyeran en Levante. Los esfuerzos unidos de Aragón y Castilla lograron en 1492 conquistar el último reino árabe de España, Granada; pero las expediciones al Norte de África no tuvieron éxito duradero; es más: los potentados de aquellas comarcas conseguían perturbar continuamente los mares.

Como los árabes, y más tarde los turcos, obstruían el acceso directo a los tesoros de Oriente, se trató de dar un rodeo. Así como los genoveses habían intentado en el siglo XIII trasponer el Estrecho de Gibraltar, emprendieron los portugueses en el siglo XV viajes de descubrimiento a la costa occidental de África. Enrique el Navegante organizaba a partir de 1438 viajes desde el Observatorio situado en el Promontorio de Sagres, al extremo Suroeste de Portugal; hasta su muerte, acaecida en 1460, se extendieron hacia Guinea, de donde llevaban a Portugal esclavos y oro en polvo. En 1486 consiguió Bartolomeu Dias doblar el Cabo de Buena Esperanza; quedaba así marcado el camino hacia las Indias. En 1498 desembarcó Vasco de Gama en Calicut, en la costa occidental indostánica. En el segundo viaje a la India descubrió Cabral el año 1500 hacia el Oeste el Brasil, que recibió su nombra de la preciada madera tintórea allí abundante. En 1502 se proporcionaron los portugueses puntos de apoyo en la costa oriental africana. Hubieron de combatir para ello la prepotencia de los árabes en el Océano Indico, y a tal fin no solamente se apoderaron de Mozambique y Sofala, sino que tropezaron con los árabes en la India y en las rutas a través del Golfo Pérsico y del Mar Rojo. En 1505 fue nombrado virrey de India Francisco d'Almeida; derrotó en 1509, junto a Diu, la escuadra árabe que se había unido con la del sultán de Egipto y de los príncipes indios. El sucesor de D'Almeida, Alfonso de Alburquerque, conquistó en 1510 a Goa, que se convirtió en centro de las posesiones portuguesas en la costa occidental de India, la cual dominaron desde Bombay hasta Ceilán. Su poderío no penetró en el interior, porque sólo les interesaba conservar en sus manos el comercio con artículos indios que traían negociantes del propio país. En 1515 fue conquistado Ormus a la entrada del Estrecho Pérsico. En 1524 se sometió el emir de Aden a la soberanía portuguesa. Se emprendieron entonces relaciones con Abisinia, que no tuvieron consecuencia alguna.

Alburquerque avanzó también hacia la Indochina en 1511, conquistando Malaca. Los portugueses se afianzaron en las Malucas. Un primer intento de establecerse en China no obtuvo éxito, pero en 1557 consiguieron permiso para establecer una colonia y proteger al Gobierno contra la piratería. Y en 1542 pudieron establecer en el Japón factorías de comercio y misiones, que hubieron de ser abandonadas al robustecerse el poder central del Chogun a fines del siglo.

Bajo el poderío de los mongoles habían podido avanzar por tierra los italianos hasta China. En el siglo XV había conseguido Rusia la independencia. La conquista de Novgorod y la autorización a los ingleses en Arkangelsk dio lugar a las relaciones hacia el Oeste. La conquista del Canato de Sibir les abrió en el siglo XVI la vía mercantil oriental.

En pugilato con Portugal, quería España tener acceso a India por la vía de Occidente. Al intentarlo descubrió Colón las Indias occidentales el año 1492. Resultó ser una nueva parte del mundo, a quien se dio el nombre de América por el geógrafo italiano Amerigo Vespucci.

El descubrimiento del camino marítimo hacia las Indias orientales dio a los portugueses los lucros comerciales de este tráfico, que hasta entonces habían hecho suyos los árabes y los italianos, y pudieron así ofrecerse mucho más baratas en Europa las plantas de las Indias orientales. En el Nuevo Mundo, llegó Balboa el año 1513 a las orillas del Pacífico; en 1519 pasó Cortés de Cuba a Méjico. El Imperio de los Aztecas estaba trastornado por luchas intestinas; Cortés apareció a los pueblos oprimidos como el retornado dios blanco tolteca, Quetzatcoatl. Así pudo él conseguir con sólo 400 españoles, aliados con el Tlaxcala, que en vano intentaron someter los aztecas, conquistar en 1521 la capital, México, rodeada por las aguas y sólo accesible a través de diques. También el Imperio de los Incas estaba perturbado por una contienda dinástica entre los hermanos Huáscar y Atahualpa, ganada por éste cuando Pizarro desembarcó en Perú el año 1531; la prisión de Atahualpa permitió a los españoles desbaratar a los indios. En 1533 fue ocupada Cuzco; Quito en 1534, y en 1535 fue fundada la nueva capital, Lima.

En las islas habían encontrado oro los españoles, y consiguieron mayores tesoros al conquistar el gran Imperio de los Incas y de los Aztecas. El transporte de estos tesoros a la victoriosa España puede recordar la conquista de los tesoros del Imperio Persa por Alejandro o la explotación de los tesoros de Oriente por los romanos. Pero el Nuevo Mundo tuvo para Europa importancia mayor, porque en este aflujo de metales preciosos no se trataba sólo de una repartición única de tesoros lentamente acumulados, sino que los españoles pudieron traer permanentemente de Europa grandes masas de plata merced a la fundación de explotaciones mineras, primero en el Perú y luego especialmente en Méjico. Utilizando mercurio que los propios españoles poseían fue posible beneficiar mayores cantidades de metal puro. La cantidad de meta precioso que afluyó hacia Europa halló en parte nueva derivación hacia las Indias orientales para pago de los productos que de allí procedían y que sólo en mínima proporción podían compensarse mediante artículos europeos; la mayor parte de las cantidades traídas de Europa quedó allí y se difundió desde España por los restantes países europeos. La presencia de cantidad mayor de dinero condujo a un alza de los precios que aprovechó en todas partes a la naciente clases de empresarios.

Los españoles no renunciaron al intento de llegar a las Indias propiamente dichas rebasando América. Magallanes logró doblar el extremo meridional de América y alcanzar las islas del Asia oriental. En 1521, los restos de la expedición de Magallanes se encontraron con los portugueses en las Malucas. Parecía necesaria la partición del Mundo entre españoles y portugueses. Ya en 1493 había atribuido el Papa Alejandra VI a los españoles las rutas occidental y meridional, y la oriental a los portugueses. En 1529 intentaron fijar españoles y portugueses, mediante el Tratado de Zaragoza, una línea de demarcación, cuyos puntos de referencia eran en verdad sumamente inexactos por la imperfección de que adolecían las medidas geográficas; así, por ejemplo, hasta Humboldt no se fijó con exactitud la situación de Méjico. El Nuevo Mundo tuvo importancia para Europa no ya por sus metales preciosos, sino porque allí se empezó a cultivar productos hasta entonces traídos de Levante. Los géneros coloniales, azúcar, café y algodón, y además los que fueron conocidos en el Nuevo Mundo, tabaco y cacao, se convirtieron desde el siglo XVII en objetos cada vez más codiciados por el europeo. Los españoles fomentaron antes que nadie el cultivo en las islas de las Indias occidentales, así como en el continente; los portugueses lo hicieron en el Brasil.

En el aprovechamiento económico de los territorios recién adquiridos se adhirió Portugal a la política usual de los venecianos durante la Edad Media. El rey de Portugal no pudo prescindir del capital extranjero en sus primeros viajes; pero las ganancias obtenidas en éstos le permitieron emprender los ulteriores a India con recursos propios. Lo mismo que durante la Edad Media, iban las galeras de la República de Venecia con toda regularidad a Constantinopla, Beirut, Alejandría y Brujas, se despachaban ahora con rumbo a las Indias orientales los navíos del rey de Portugal. Las mercaderías de allí traídas eran almacenadas en Lisboa. En la Bolsa de Amberes era el factor del rey de Portugal quien marcaba el precio de la pimienta.

En España no se encargó de la navegación el propio Gobierno, pero la reguló minuciosamente con auxilio de la Casa de Contratación fundada en Sevilla el año 1503. El pasaje a América, prohibido a los extranjeros, se limitaba en España a un pequeño grupo de grandes casas privilegiadas de Sevilla. Solamente protegidas por buques del Estado podían zarpar sus naves. En 1543 se dispuso que en cada expedición debían ir, por lo menos, diez barcos, ninguno de ellos menor de 100 toneladas, dimensión que aun entonces era pequeña. Desde 1564 salían regularmente dos expediciones al año: la primera en abril, hacia las Islas y Méjico; la segunda en agosto, para Cartagena y Panamá. En las ferias de Jalapa, tierra adentro de Veracruz, respecto de Nueva España, y en Portobello, junto a Panamá, respecto del Perú, se liquidaba el tráfico del Nuevo Mundo con la metrópoli. En el viaje de retorno debían reunirse ambas flotas en la Habana, volviendo de allí a Sevilla en marzo. Al regresar podía ser menor la flota, pues mientras entonces se llevaban a América víveres, y especialmente vino y aceite de España, amén de tejidos, constituían con preferencia el flete de retorno los metales preciosos, necesitados de poco espacio. Pero este transporte de la flota de la plata tenía especiales peligros. Piratas de todas las naciones lo acechaban. El apresamiento de la flota española de la plata era un objetivo capital de los marinos ingleses, y la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales debió la mayor parte de sus ganancias a empresas contra aquellos barcos coronadas por el éxito.

A diferencia de la práctica portuguesa, las potencias marítimas septentrionales otorgaban, como los genoveses, a corporaciones privilegiadas, el comercio colonial. En Holanda se fundó en el año 1602 la Compañía de las Indias Orientales, y en 1621 la de las Indias Occidentales, que también dominó en Brasil entre 1636 y 1645. Ya en 1600 había sido fundada la Compañía Anglo-India Oriental. También la costa norteamericana fue otorgada en 1066 a diversas Compañías londinenses: la de Virginia en el Sur; a vecinos de Plymouth la del Norte, donde en 1630 los puritanos, favorecidos con una carta de franquicia, fundaron en Massachussets; y en 1643 se agruparon las colonias frente a los indios con la denominación de "Nueva Inglaterra". En 1664 estimuló Colbert en Francia fundaciones análogas. Las demás potencias siguieron también esta política en la medida en que procuraron participar del negocio ultramarino. Los holandeses supieron convencer a los suecos para que estableciesen una colonia en la costa norteamericana. Dinamarca montó con fortuna puntos de apoyo en las Indias orientales, Guinea y Antillas. También el Gran Elector procuró hacer fundaciones coloniales en Guinea. El duque de Curlandia se afirmó con éxito en Tobago. Durante algún tiempo, de 1722 a 1731, consiguió participar en el comercio de las Indias Orientales una Compañía fundada en Ostende con auxilio de fugitivos ingleses al amparo del pabellón imperial. Con todo, parecía conveniente por una parte procurar la comunicación directa con las Indias orientales, y luego, valiéndose de artículos de la metalurgia española y otros análogos, adquirir en Guinea esclavos para las plantaciones americanas y traer de allí artículos coloniales a Europa. Todavía vemos ocupado en este tráfico a Nettelbeck: viaja de Amsterdam a Guinea, describe muy animadamente la travesía de los negros allí adquiridos hasta la Guayana holandesa, de donde regresa con cargo de azúcar y café.

En Rusia había sido al principio iniciativa de los particulares la expansión hacia Oriente. La casa de Stroganov, oriunda de Novgorod, procuró difundir sus actividades, que especialmente consistían en el comercio de peletería y sal. En 1558 le fue otorgada una concesión colonial; prevalido de ella conquistó Jermak a Siberia, en 1579-81. Arrebató a los tártaros su capital, Sibir, en el Tobol, en cuyo emplazamiento se alzó más tarde Tobolsk. Pero en 1586 se entregaron estas conquistas a los zares. Lo mismo que en el Canadá los peleteros de la inglesa Compañía de Hudson, así avanzaron cada vez más en Siberia los traficantes en pieles y los establecimientos del Gobierno. Subsiguieron las fundaciones de ciudades y los asentamientos en el campo. Hacia Pekín se dirigían, desde el Tratado de 1653 con China, caravanas de la Corona, que después de una interrupción de cinco años fueron autorizadas nuevamente en 1727. Así el té chino no llegó únicamente por Cantón a Europa sirviendo de intermediaria la Compañía Anglo-India Oriental o la Holandesa de la India Oriental, sino también traído por las caravanas rusas.

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- La época del mercantilismo


+ La fundación de una política económica del Estado

+ La influencia del movimiento espiritual en la vida económica de la Edad Moderna

+ Plantaciones y propiedad territorial

+ La trabazón gremial

+ El Estado y la iniciativa particular en la era mercantilista

+ Estadística y seguros

+ El dinero y el balance comercial

+ Deudas del Estado y formación de capitales

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 147 - 152.