martes, 4 de octubre de 2016

La economía occidental de la Edad Media (III): la situación de la agricultura bajo el influjo de la economía de tráfico


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

El Sur de Francia y el Norte de Italia, donde durante el siglo XII adquirió gran impulso la ciudad, produjeron también una forma especial de la economía agraria. Parte de los señores de la nobleza trasladaron su residencia a las ciudades, y otros fueron desplazados por las familias burguesas, lo que podemos observar especialmente en Toscana. Desapareció la antigua servidumbre, pero el suelo siguió en poder de los nuevos señores de la ciudad. Los labriegos quedaron establecidos como medieros que debían entregar la mitad del producto bruto al señor.

La agricultura en la economia de la Edad Media

Este sistema de arriendo como apercería a medias (Métayage o Mezzadria) presenta grandes ventajas para ambas partes en circunstancias estabilidad como las que predominaron durante la Edad Media. Si se considera al labriego como un obrero del campo, es favorable su posición bajo este sistema de arriendo a medias, dado que participa plenamente de los productos de la agricultura. Por su parte el dueño de la tierra puede contar con ingresos bastante constantes y justipreciar sus tierras en concepto de patrimonio lucrativo. Es cierto que cada nueva inversión cambia la relación entre arrendador y arrendatario; y de ahí las limitaciones de este sistema para valorizar propiamente el suelo en sentido capitalista, pues no tiene en cuenta el producto neto, sino el bruto.

Forma completamente distinta tuvo el desarrollo agrario en España, donde el progreso de la conquista cristiana hizo adquirir importancia decisiva a la propiedad ganadera de los grandes señores territoriales. Los rebaños eran conducidos a parajes distintos según las estaciones del año. Estas transmigraciones eran perniciosas para los colonos de la tierra, a los que la guerra misma arrastraba. La legislación no se preocupó de ellos, porque el Estado tenía una cuantiosa fuente de recursos en la tributación de los rebaños trashumantes. En el siglo XVI importaban los ingresos procedentes de la Meste:

1513 -> 5,7 millones de maravedís.

1543 -> 10,4 millones de maravedís.

1563 -> 19,6 millones de maravedís.

La lana española gozaba de gran fama a fines de la Edad Media. La vemos exportada a Toscana y Flandes, sedes de la industria lanera. Análoga importancia adquirieron los rebaños trashumantes en la Italia meridional.

Es cierto que en Inglaterra había correspondido el suelo a los nuevos señores territoriales en virtud de la conquista normanda, pero la situación de los labriegos no fue desfavorable en los siglos XIII y XIV. Los señores territoriales renunciaron en gran parte a seguir administrando por sí mismos y se ciñeron a percibir las exacciones de los labriegos. ROGERS ha señalado la influencia que en la situación agraria inglesa tuvo el descenso de la población a causa de la peste negra; se produjo una falta de brazos; ante las demandas de más elevados salarios, fijó la ley jornales máximos, y se prohibió a los siervos el abandonar la comarca. Los señores territoriales intentaron reafirmar sus antiguos derechos, mas lo impidió la rebelión de Wat Tyler, en 1381, que ciertamente no tuvo éxito, pero cuya derrota no dificultó esencialmente la marcha de los hechos. Los señores territoriales se dedicaron a fines de la Edad Media a cercar los prados comunes. Los precios de la lana hacían excepcionalmente rentable la cría de ganado lanar. Se contrajo la economía campesina, que, al perder la dula, veía desaparecer una de sus bases esenciales. Parte de los labriegos pudo llegar, como arrendatarios, a convertirse en empresarios capitalistas. Otros retrocedieron a la condición de obreros del campo. Gran parte emigró a las ciudades.

En Francia se adelantó la Corona a suprimir la servidumbre. Pero es bien claro que esta renuncia de derechos propios de una época de economía natural había de proporcionar ganancias al Estado. El edicto de Luis X en 1315 habla ciertamente del estado natural de libertad, la gran benignidad del rey y las ventajas del edicto para los labradores; pero no otorga la libertad sino a cambio de una suma de 200 libras; es que el rey necesitaba recursos para sus campañas militares. El labriego siguió siendo el sostén de la agricultura, pero intentó en 1358, aunque vanamente, defenderse contra la opresión de las múltiples exacciones, mediante la sublevación de la Jacquerie.

En Alemania disminuyó en los siglos XII y XIII la explotación administrada por los propios señores territoriales. El villicus, el mayordomo, se ve muchas veces concretado a recaudar las exacciones. El palacio del señor, antaño centro de la economía señorial territorial, no es ahora más que el sitio donde se custodian esas exacciones. Así como ya antes se daba en cesión libre gran parte del territorio señorial, se extiende ahora este sistema incluso a la parte hasta entonces explotada por el propio señor. También aquí vemos que la transformación de las tierras dominicales en aldeanas acensuadas se debió a la esperanza abrigada por los señores de obtener más elevados rendimientos.

El labriego se encontró en Alemania frente a variadísimas exacciones. Además de lo que había de pagar como censo al señor territorial el no libre tenía que abonar en determinadas circunstancias una exacción al señor corporal; finalmente, había de satisfacerse al señor jurisdiccional su Rauchhuhn y otras gabelas. Como los labriegos hallaban salida para sus productos en las ciudades recién surgidas, podían hacer frente a todo ello. En la Alemania occidental les favoreció el que frecuentemente eran personas distintas el señor, el propietario y el titular de la jurisdicción. Además estaba sumamente fraccionada la soberanía territorial que iba preparándose. No era nada extraño que en una aldea estuviera repartida la soberanía judicial. Junto al señor jurisdiccional había muchas veces en las aldeas diferentes palacios de señores territoriales.

Sólo fue posible el avance del señorío territorial allí donde el propio señor, como jefe de la Marca, poseía privilegios en el monte comunal. Contra éstos y contra la cuantía de las exacciones, implantadas especialmente por los nuevos señores territoriales, fue contra lo que en lo esencial se dirigió la guerra alemana de los campesinos de 1525, cuya derrota les dejó, sin embargo, seguir siendo sostenes de la explotación agrícola.

Francia había otorgado también franquicias especiales a los pobladores fronterizos. Suiza presenta asimismo durante el siglo XIII tendencias hacia la formación de un señorío territorial. Lograron los labriegos sacudir estas cargas, dado que la prepotencia territorial de los Habsburgos no supo mantener la dignidad imperial. En Uri, Schwyz y Unterwalden asumieron los Municipios la soberanía jurisdiccional; las cargas señoriales fueron rescatadas por separado. En Glaris se redimieron colectivamente los derechos del Monasterio de Säkkingen el año 1352, después de la victoria alcanzada junto a Näfels. Cuando los habitantes de Appenzell se alzaron contra su señor, el abad de San Galo, no se habló de indemnización alguna. Este ejemplo suizo produjo efecto en los campesinos alemanes: "Todos queremos ser de Appenzell", se decía en la Alemania del Sur en el siglo XV.

También en Alemania adquirieron propiedad territorial las ciudades y las fundaciones ciudadanas. La propiedad y el señorío territoriales podían ser no sólo enajenados, sino también hipotecados. Al hacerlo recibía el acreedor el usufructo de la garantía. Frecuente era una hipoteca de largos años, precursora de una transmisión posesoria. Las exacciones territoriales podían conceptuarse como usufructo permanente de un capital invertido en el suelo. Pero como la Iglesia prohibía el interés, se eligió la forma de una compra de rentas. A cambio de la entrega de una suma determinada, adquiría su poseedor el derecho a una renta permanente del suelo. Tal compra de rentas no constituía sólo una posibilidad de inversión: podía ser utilizada como instrumento de crédito por el cultivador agobiado por los tributos o por epizootias y malas cosechas causantes de pérdidas.

No se han conservado todas las localidades que hasta el siglo XIII se fundaron en territorio alemán. Más de una fundación resultó ser desfavorable. Pero los despoblados, de que ya se habla a fines de la Edad Media, se explican a veces por la concentración de tierras de labor. Más de una aldea mayor, más de una ciudad pequeña, pudo surgir como en la antigüedad, por synoikismos, por reunirse la población al amparo de las murallas. Por el contrario, la mayor seguridad en el campo hizo deseable el alivio de las aldeas para más cómodo laboreo del suelo. Al reconstruir los cortijos hubo de repartirse de nuevo el suelo para obtener heredades más redondeadas frente al fraccionamiento excesivo, como ocurrió en la desploblación de Allgäu. Hasta entre los cistercienses vemos que se reducen los cultivos directamente explotados. El primer arrendamiento de un cortijo en Eberbach tiene lugar el año 1242; con todo, en 1500 había aún 14 cortijos, o sea 2/5 del total, administrados por el propio monasterio; en 1600 estaba todo arrendado. En la comarca del Rin hallamos cortijos arrendados en que al principio se concierta la entrega de la mitad del producto bruto en especie, al paso que más tarde se encuentran pactos fijos en dinero.

Peculiar orientación mostró el desarrollo en la Alemania del Noroeste durante la época de las Cruzadas. Los señores territoriales vieron desaparecer sus ingresos al dificultárseles la vigilancia de sus haciendas. En consecuencia, transformaron la posesión de sus mayordomos, que, de funcionarios obligados a entregar exacciones, se trocaron en arrendatarios. Así recibían los señores una cantidad fija. El mayordomo quedó dependiente de ellos, por cuanto debía cultivar el patrimonio como un todo y dejarlo indiviso a uno de sus hijos. Hasta entonces había habido por cada cortijo de mayordomo unos cuatro de siervos que dependían de ellos. El señor no necesitaba ya los servicios de esos siervos. Ahora los declaró libres y agrupó cada cuatro cortijos en una nueva hacienda, que arrendó conforme a estas nuevas normas jurídicas. Esta mudanza explica que preponderen explotaciones agrícolas de mayores dimensiones en el Noroeste de Alemania, en Westfamilia y Hannover. Pero ¿dónde quedaron los siervos? Alguno que otro pudo seguir en el país como granjero, como obrero del campo, como jornalero. Los demás emigraron. La fuerza expansiva del pueblo alemán, que en el siglo XIII hizo florecer a las ciudades y envió multitud de pobladores a las comarcas orientales recién adquiridas, se explicó en parte por este desplazamiento de la situación agraria merced a la formación del derecho de colonato.

Ya a fines de la Edad Media se fue notando la diferencia entre el Estado y el Oeste de Alemania en razón a la diferente densidad de la repoblación. Mientras en el Oeste estaban las ciudades más próximas entre sí, de suerte que el labriego hallaba salida regular a los productos de ellas obtenidos y el señor territorial podía limitarse esencialmente a percibir una renta, no era en el Este posible dar empleo a los sobrantes de explotación como no fuera enviándolos a países lejanos. Las ciudades marítimas situadas en la desembocadura de los ríos se convirtieron en lugares de exportación de cereales, madera, cera, etc., que por vía marítima se encaminaban hacia el Oeste, a los Países Bajos e Inglaterra.

Las Órdenes militares fueron en el medievo quienes principalmente llevaron a cabo el cultivo racional de los señoríos territoriales. En las Cruzadas se transportó a Tierra Santa la constitución feudal de Europa occidental. Más adelante, después de 1204, ésta se aplicó también al Imperio romano de Oriente. Las Órdenes militares supieron aprovechar la economía del tráfico: los Templarios acumularon tesoros que empleaban en préstamos. Ello fue el acicate que impulsó al rey de Francia Felipe el Hermoso a lograr la extinción de la Orden. Más adelante pasaron a la Corona los ingresos de las Órdenes militares españolas y constituyeron en el siglo XVI una base importante del crédito de los soberanos españoles.

La Orden Teutónica, que un principio quiso establecerse en Transilvania, halló después en Prusia campo permanente para su actividad. Organizó el país como propietario y señor territorial. Los sobrantes de explotación se concentraban en los depósitos de Marienburgo y Königsberg. Estos almacenistas al por mayor tenían sus apoderados, sus consignatarios, en el Extranjero, para dar salida por Lübeck y Brujas a los productos del país, como ámbar, peletería, cereales, cera, miel, alquitrán, maderas, pescados, y adquirir en su lugar mercaderías extranjeras, especialmente paños de Flandes. De fines del siglo XIV se han conservado las cuentas de los grandes almacenistas de Marienburgo (1399-1417) y de Königsberg (1400-1423), así como los libros flamencos de 1391-1434, que muestran la multiplicidad de relaciones comerciales de la Orden que, por su parte, se hallaba en condiciones de hacer empréstitos a los duques de Pomerania y Güeldres, a los arzobispos de Riga y Gnesen y a otros príncipes, obispos y ciudades.

----------

- La economía occidental de la Edad Media


+ La economía rural

+ El señorío territorial

+ La fundación de la ciudad medieval

+ La esencia de la economía de ciudad en la Edad Media

+ Infiltraciones capitalistas en la ciudad medieval

+ El Estado y la economía de circulación en la Edad Media

+ Los empréstitos municipales y el mercado de capitales

+ La unión de la potestad política y el crédito en el siglo XVI

----------

Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 93 - 98.