viernes, 23 de septiembre de 2016

La vida económica romana


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Después de que NIEBUHR hubo declarado el carácter legendario de la tradición romana, ha quedado situada la protohistoria de Roma en nuevo terreno, merced a las investigaciones arqueológicas. Restos de instalaciones de desecación hacen verosímil que en la primera ocupación figurasen a la cabeza las tribus dotadas con señorío territorial. Tales fueron los patricios con sus clientes. Les seguían los labradores libres con muy pequeñas suertes de tierra. Sólo cuando tuvo lugar la conquista de Veji se elevó esta suerte de dos a siete yugadas. Al fenecer una familia, sus clientes quedaban libres y se sumaban a los plebeyos. Por ello no tenemos que admitir, con NEUMANN, que todos los plebeyos hayan procedido de una especie de liberación de labriegos.

Economia en la antigua Roma

El agrupamiento urbano tuvo lugar, acaso, por medio de los etruscos, que hasta más adelante no reunieron sus dominios de Etruria y Campania mediante la sumisión del Lacio. El carácter etrusco de los reyes tarquínicos del siglo VI resuena inequívocamente en la leyenda. Se admite que los etruscos eran una clase social dominante que procedía de Asia y se difundió, conquistadora, por Italia.

Después de derrocada la monarquía tiene lugar, en el año 509 antes de Cristo, un tratado de comercio entre Roma y Cartago que indica la importancia de Roma como plaza mercantil, aunque los romanos mismos no tuvieron papel director en este tráfico.

La supremacía sobre el Lacio no pudo, en un principio, ser mantenida por la Roma republicana, y fueron necesarias difíciles luchas para recuperarla. Simultáneamente con estas guerras exteriores tuvo lugar en el interior la pugna entre patricios y plebeyos por la equiparación dentro del Estado. Los patricios estaban representados por los Comicios curiados, ordenados conforme a las tres gentes. Los plebeyos tenían su órgano en los Comicios tributos. Pero la Constitución romana halló su centro de gravedad en los Comicios centuriados, en que, clasificados por su patrimonio, se congregaba el Ejército, como en Esparta y Atenas, en el Campo de Marte. La infantería campesina formaba el núcleo de las Legiones. Una capa social superior, la de los caballeros, es decir, de aquellos a quienes su riqueza consentía mantener caballo, abarcaba 18 centurias, que con las 80 de la primera clase formaban la mayoría de votos. Las cuatro clases restantes tenían sólo 95 votos. En una última centuria se agrupaban los que nada poseían. Mediante las Leyes Licinias de 366 antes de Cristo alcanzaron los plebeyos equiparación de derechos con los patricios en la ocupación de cargos, ante todo en el Consulado.

Así robustecidos nuevamente, se dirigieron los romanos, en 343 antes de Cristo, llamados en su auxilio por los de Campania, contra las tribus montañesas de los samnitas. A su sumisión se añadió la de las ciudades griegas de la Italia meridional.

Las guerras púnicas alteraron el equilibrio del pueblo campesino conquistador. Sicilia fue tratada como provincia conquistada, cuyos impuestos beneficiaron al pueblo romano. La guerra de Aníbal anuló el poderío de la clase campesina romana, lo mismo que la guerra decélica había destrozado a los labradores del Ática. Después de la victoria, al fin lograda, faltaron cultivadores entre quienes hubiera podido distribuirse la tierra conquistada, que así quedó abandonada a los magnates, quienes la utilizaron para prados. La Ley Licinia, conforme a la cual nadie podía poseer más de 500 yugadas del Ager publicus, quedó olvidada. En vano intentaron más tarde los Gracos hacerla eficaz. De entre los labradores romanos, sólo algunos se mantuvieron en el campo, y aun éstos mismos se convirtieron más tarde en colonos; gran parte emigró a la ciudad, donde atendían a ellos distribuciones públicas de trigo procedentes de las provincias sometidas.

A disposición de los poseedores de latifundios había esclavos para la explotación. También en la ciudad de Roma llegaron los esclavos a ser elemento importante de la población. Los romanos eran generosos en liberar de la esclavitud: así pudieron, más adelante, completarse los ciudadanos romanos con libertos. FRANK admite que los "romanos" que después de las conquistas en Oriente aparecieron allí como mercaderes eran, en su mayoría, griegos italomeridionales. Después de las guerras civiles, aún se redujo más el número de romanos; en la época imperial, el 90% de los establecidos en la ciudad eran de origen extranjero. Según las inscripciones, aparecen en Roma misma hasta un 70% griegos; en el Lacio son el 64%, y hasta en la Galia cisalpina son 46%. Los esclavos nórdicos se dirigían más bien al campo, en que no se les otorgaba derecho matrimonial, o a las escuelas de gladiadores. César refiere que los cimbrios prisioneros se sumaron a la rebelión de Espartaco, y sobrevino su decadencia al ser ésta vencida.

Las XII Tablas nos presentan un riguroso derecho de obligaciones. Al campesino que marchaba a la guerra amenazaba, incluso si volvía afortunado, el peligro de no poder recobrar su hacienda, descuidada en su ausencia, como no contrajera deudas respecto de los magnates. Las malas cosechas y las muertes de ganado le afectaban especialmente. Por ello se vio expuesto, como en Hélade, a ser explotado por los grandes terratenientes, "más poderosos en capital".

Las clases directoras, además del beneficio conseguido por arrendamiento del Ager publicus, obtuvieron lucros por la iniciación de obras públicas, como la construcción de carreteras y acueductos. A estas Munera se agregó como tercera fuente de ganancias el arrendamiento de contribuciones. Merced a él se garantizaron al Estado cifras determinadas de recaudación; pero la exacción de los impuestos por los publicani exponía a los contribuyentes a las mayores extorsiones. La fuerza con que se desarrolló la potencia financiera de los particulares en estas circunstancias se revela en el hecho de que la primera guerra púnica fue decidida por una escuadra cuyos gastos habían sufragado particulares.

Después de las guerras púnicas y de las conquistas en Oriente llegó a su culminación en Roma esta "economía capitalista". Los tesoros de Oriente afluían a Roma, y en la explotación de las provincias hallaban las familias dominantes una forma de invertir sus patrimonios. Singularmente sufrió de tal expoliación la provincia de Asia, cuyos ingresos había cedido Cayo Graco a los caballeros para obtener así recursos con que efectuar su reforma agraria. Cuando la provincia hubo sucumbido ante Mitrídates y sido conquistada por Sila, le impuso el victorioso caudillo un tributo de 20.000 talentos. Esta suma ascendió, en los catorce años comprendidos entre 88 y 74 antes de Cristo, al séxtuplo, a 120.000 talentos, a causa de la imposibilidad de pago en que se hallaron los deudores y la necesidad en que se vieron de contraer deudas usurarias. Lúculo se hizo impopular para los acreedores romanos por haber anulado los réditos, que sobrepujaban al capital, y reducido al máximo del 12% el tipo de interés. De esta manera, los intereses, que de momento habían ascendido al 48%, quedaron deprimidos prácticamente hasta el 6%. Así, se confiaba ver amortizada la deuda en cuatro años, mediante la implantación de impuestos cuantiosos, que representaban hasta la cuarta parte de la cosecha. Los discursos de Cicerón revelan que Verres saqueó a Sicilia, como gobernador, en los años 73-70 antes de Cristo.

Mas, a pesar de estas tendencias "capitalistas", no podemos denominar todavía plenamente capitalista a la economía de aquel tiempo. Como la naturaleza humana parte en todos los lugares de iguales condiciones básicas, pronto hubo estímulo para utilizar el patrimonio como medio de adquisición. THURNWALD ve ya entre los cazadores y los acopiadores, y después en la mayoría de los labriegos, a la mujer como la forma más antigua de "capital fructífero". El P. SCHMIDT habla del "capitalismo natural, y, por tanto, soportable, de ganado y tierras de los pueblos nómadas", que contrapone al "antinatural, y por ello insoportable, de dinero del industrialismo y banca modernos". De hecho, la ganadería, con su cría, presenta sensiblemente la posibilidad de cómputo del patrimonio y de su acrecentamiento (en griego Tokos = interés).

Que la formación de patrimonio es posible, no sólo con "capital" propio, sino también con el prestado, se nos muestra en la historia de Jacob. WILHELM habla de "capitalismo del Estado" en la época de economía natural, con motivo del monopolio del hierro y la sal que el Estado divisionario de Tsi había establecido antes de la fundación del Estado unitario chino. El propio HEICHELHEIM ve al factor capital adquirir importancia con el avance de la economía agraria. OPPENHEIER opone al "capitalismo feudal" de los últimos tiempos de la República romana el revivir del "capitalismo helénico de ciudad" en la época de los emperadores. Pero tiene que conceder que también aquí se trata de propietarios territoriales, aunque menores, como, por ejemplo, en Pompeya. BRENTANO encuentra economía capitalista entre los asirios, babilonios y fenicios. En el comercio de préstamos, como el ejercido en Babilonia por los propietarios urbanos respecto del campesino necesitado, así como en el que vuelve a encontrar en el mundo heleno y en el romano, podemos hallar, ciertamente, elementos de capitalismo, estimado en dinero. La propiedad urbana en las ciudades era una inversión arriesgada, pero muy fructífera gracias al crecimiento de población de Roma. Craso debía su riqueza a especulaciones en la propiedad territorial. Bruto y Ático, el amigo de Cicerón, prestaban a altos réditos a los municipios de las provincias. Pero faltan motivos esenciales para denominar capitalista a toda la economía de entonces.

En una economía que, por lo pronto, estaba atenida en lo principal a servicios personales, en que más tarde los tributos representaron papel principal, en que en caso extremo se apeló a confiscaciones, no podía formarse lo que más adelante habría de ser base esencial de la economía capitalista: la utilización del préstamo por el Estado y el desarrollo, unido a ello, de un mercado de capitales. La economía de la época no podía ni necesitaba utilizar el crédito del Estado, aunque se poseía concepto exacto de las condiciones únicas en que ello era posible. Así, dice Demóstenes: "Pido ante todo a los dioses que poseamos mucho dinero, y si no, que podamos continuar siendo tenidos por personas dignas de crédito y leales" (Contra Leptines, 25, en 355 a.C.).

Únicamente el suelo, que en realidad también daba estimación política, se consideraba inversión segura de riqueza. Así, incluso la riqueza adquirida en el comercio derivaba hacia inversiones en tierras. Sobre el cultivo del suelo tenemos también, por esa causa, la bibliografía propiamente económica más antigua. Catón el mayor reunió la práctica entonces dominante en su tratado De Agri Cultura o De Re Rustica. Dice que se puede ganar dinero también mediante el comercio y el préstamo, pero que el cultivo de la tierra es la actividad económica más segura y más digna.

Catón cultiva por sí mismo. Tiene en Italia posesiones que le permiten dedicarse por entero a la vida política en Roma. Su negocio le rendirá sobrantes; pero estos sobrantes deben servirle, ante todo, para asegurarle un vivir adecuado a su clase.

El romano cultivaba con un ejército de esclavos. En la villa urbana, en la casa de la ciudad, regía una amplia división del trabajo: allí no faltaba el griego que, como pedagogo de sus hijos, había de proporcionar educación más afinada; un esclavo acompañaba al señor en sus salidas para hacer notar su presencia cuando hubiera de saludar solemnemente. En el campo, en la villa rústica, estaban los esclavos rigurosamente reunidos en un cuarto común. Catón tenía sólo esclavos varones. Eran para el romano el instrumentum vocale, el único ganado dotado de palabra. Vendía los esclavos viejos. Especialmente el vino y el aceite eran de propia fabricación. El cultivo de trigo se entregaba a arrendatarios. Como la administración del patrimonio vendía aceite y vino, tenía que adquirir de los artesanos de la ciudad artículos diversos, como objetos de alfarería y metal, pero también mantos y túnicas para esclavos. Catón aconsejaba que las ventas fuesen mayores que las compras. Así es que su explotación no tenía carácter de economía cerrada.

Los escritores posteriores, como Varrón y Columela, que escribían en tiempo de Nerón, no tienen presente un hacendado cultivador como Catón, sino un propietario de latifundios, como el ya conocido por los cartagineses, para quien sólo se trataba de obtener renta de su propiedad. Como la propiedad territorial se acumula en manos de pocos, el campo se despuebla; en las explotaciones de fincas, al lado de los cultivos de vid y olivo, adquiere importancia creciente la economía pratense.

Pero Catón dedica también al comercio una parte de su patrimonio, y aconseja no confiar todo a una sola nave, sino asegurar sus inversiones distribuyéndolas variamente. Los comerciantes romanos invadían los campos junto a los guerreros romanos. Después de asegurada la paz, el comercio y el tráfico adquirió en el Imperio romano un considerable aumento. Del mundo helénico se tomaron las formas de explotación del comercio, como el préstamo marítimo. También floreció la banca, pero permaneció unida a otros negocios. El banquero romano era muchas veces también subastador, como aquel Jucundus de Pompeya cuyo busto y archivo han llegado hasta nosotros, y que además era arrendatario de contribuciones. La expansión del tráfico halló fuerte amparo en el perfeccionamiento del Derecho romano.

A la ruptura de las ligaduras mágicas hecha por la religión judía, y a la elaboración de fundamentos de la Ciencia que hicieron los helenos, añadieron los romanos la organización del Derecho. El comercio con los extranjeros obligó al pretor a estatuir fórmulas determinadas para las demandas; las características objetivas que tenía su fondo condujeron menos a abandonar el caso concreto a decisión arbitraria del juez, por la peculiaridad del caso, que a ordenarlo en los grupos mayores a que podría encontrar aplicación la fórmula. Se estatuyeron así reglas determinadas para el tráfico privado del comercio y de la posesión de propiedad territorial por las cuales podría gobernarse el explotador. Junto al derecho vigente sólo para el ciudadano se desarrolló otro aplicable a todos los partícipes de la comunidad de comercio, el ius gentium, en que había necesidad de remontarse a la convicción jurídica común a todos, que por ello, frente a los usos diferenciadores, apareció como "natural". Los dictámenes de los juristas ayudaron después, bajo el influjo de la filosofía estoica, a sistematizar los casos concretos, de suerte que en la época ulterior imperial surgió en Roma una Ciencia del Derecho. Las disposiciones de los Césares desarrollaron más esta ciencia. Al Edicto del pretor se añadieron los Digestos, extractos de los dictámenes de los juristas reunidos más tarde, en tiempo de Justiniano, y a ellos el Codex.

Los romanos adoptaron la técnica desarrollada por los orientales y los helenos. En la construcción naval se pasó por vez primera en Siracusa de los trirremes a los quinquerremes. Tomando por modelo una pentera cartaginesa varada, construyeron los romanos sus primeros buques de guerra. El Mediterráneo se llenó más adelante de un activo tráfico marítimo. Es que Roma estuvo en un principio atenida a importar trigo de Sicilia, y después de Egipto. De Alejandría iban los barcos de trigo primeramente a Puteoli. Admirables fueron los caminos con que los romanos atravesaron su Imperio, grandiosos los edificios públicos levantados por doquiera.

Para desarrollar la técnica habría proporcionado base la ciencia griega. De hecho, en la construcción de relojes de sol y clepsidras se exteriorizó la nota racionalista. Mas la abundancia de fuerza humana de trabajo barata impidió el desarrollo de esas tendencias: faltaba motivo para hallar sustitutivo de fuerzas de trabajo mediante desarrollo de la técnica. El despilfarro con que se procedía respecto de la fuerza humana de trabajo se ve en las huellas de antiguas explotaciones mineras en España, en que es patente se quitaba a mano la capa arcillosa que cubre el mineral. Las galerías y pasadizos son todo lo bajos que era posible. No había miramiento alguno para con la vida de los ocupados en estas explotaciones.

Ante el robustecimiento de los muros hubieron de perfeccionarse las máquinas de asedio, y arcos y hondas se convirtieron en complicadas máquinas de tiro. Pero, en tesis general, las invenciones sirvieron más de recreo que para finalidades prácticas. La fundición de metales conservó su carácter místico.

Mientras el hilar y el tejer seguían siendo principalmente labores caseras, se ocupaban libres y esclavos en una serie de trabajos manuales, como batanería, tinte, herrería, horno, alfarería; aisladamente se encuentran grandes explotaciones de base capitalista, como las fabricaciones de cerámica vidriada roja en Arezzo, Puteoli y el valle del Po, al paso que en la de lámparas predominaba la pequeña industria local;además hallamos grandes explotaciones en la fabricación de ladrillos y de cristalería y artículos de bronce y cobre en Capua. En un taller que ocupaba muchos esclavos en Arezzo se señalan 40 dibujantes; en otro, 20. Proveían a todas las comarcas del Imperio.

Entre el Oriente y el Occidente del Imperio Romano se advierte una diferencia digna de notarse. La densa de población de Oriente ofrecía tanta fuerza de trabajo, que no había que ocuparse especialmente de disciplinarla. Cosa diferente sucedía en el tenuamente poblado Occidente: aquí se hallaban unos pocos propietarios frente a tropeles de esclavos. La cuestión de los esclavos había representado ya un papel en la Hélade. En la guerra decelia escaparon a los atenienses millares de esclavos, especialmente de las minas de Laurion, y se pasaron a los lacedemonios. Para los romanos significó un serio peligro la rebelión que en 135 antes de Cristo fomentó el sirio Eunus en Henna, en Sicilia; también el tracio Espartaco, que en 73 antes de Cristo escapó de la escuela de gladiadores de Capua al Vesubio, supo sostener varios años contra los ejércitos romanos.

En dos direcciones fueron atajadas las propensiones capitalistas que mostraba la economía romana en los últimos tiempos de la República.

Con la institución del Principado tuvo lugar la expoliación de las provincias, al estilo de cómo había podido llevarla a cabo un Verres. En lugar del arrendamiento de contribuciones y la contrata de obras públicas, se implantó la administración por el propio Fisco, a que atendían el César con su familia, sus esclavos y libertos. La provincia de Egipto conquistada, no bajo el Senado, sino por César Augusto, formó la base del poderío imperial y el modelo de su administración.

Por otra parte, la gran propiedad territorial hubo de organizarse de manera distinta cuando cesaron las importaciones de esclavos, una vez pacificado el Imperio. Los propietarios territoriales no vigilaban ya permanentemente a sus esclavos. La extensión y alejamiento de sus haciendas hizo se otorgase mayor libertad de acción a los esclavos, si es que su trabajo había de continuar siendo fructífero. Se añadió a ello que la batalla de la Selva de Teutoburgo cerró al mercado de esclavos su campo de reclutamiento más importante, al cual habían lanzado una oferta en masa las guerras de los dos últimos siglos anteriores a la Era cristiana. Ahora hubieron de atenerse los señores territoriales a completar con sus propias haciendas las fuerzas de trabajo que no podían volver a llenar acudiendo al mercado. Por ello se otorgó a los esclavos un régimen doméstico independiente, y la esclava fue estimada como continuadora de la raza, de manera distinta que en tiempos de Catón. Pero también hubo que dejar mayor libertad en lo económico a los esclavos. Los que atendían al comercio y a la industria en beneficio de su señor habían disfrutado de independencia: podían adquirir patrimonio propio con el peculium. Ahora los obreros del campo se convirtieron con frecuencia en colonos, en hombres no libres, fuerzas de trabajo adscritas a la gleba, pero que, más bien que obligados al trabajo, lo estaban a satisfacer exacciones.

La introducción del colonato hizo que retrocediera en importancia la administración por cuenta del propietario. Para el Villicus, el inspector de la hacienda, la percepción de los derechos se convirtió en cometido más importante que la vigilancia de las fuerzas de trabajo no libres. El desarrollo del colonato se efectuó diversamente en cada provincia. Si por una parte pudo verse en ello un ascenso de la clase obrera desde la esclavitud a la servidumbre, en cambio los arrendatarios libres, los que seguían a los labradores romanos más pequeños, descendieron a la condición de colonos. Para poder satisfacer sus derechos, se trocaron en sujetos a la tierra, glebae adscripti, y perdieron su independencia.

Las conquistas habían convertido al Imperio Romano en heredero del helénico. Recogió su tradición, pero también decayó su actitud espiritual. Con el gobierno de Augusto pareció haberse alcanzado una cumbre que los sucesivos soberanos intentaron, a lo sumo, instaurar, pero nunca superar. Cierto que, merced a los romanos, la antigua civilización de la ciudad se expandió por un amplio círculo, por Occidente hacia España, Galias y Britania; por el Norte hacia Germania, Panonia y Dacia. Pero faltó a esa civilización la posibilidad de seguir desarrollándose independientemente. Copias de los antiguos llenaban los Foros. Cuán estacionarias permanecieron las artes mecánicas entre los romanos y cuán lejos se hallaba de ellos la Naturaleza como objeto de investigación racional, enséñalo, según HEHN, especialmente, la historia de la navegación romana y del cultivo romano. Vientos, olas y estaciones del año se miraban míticamente; la proa del barco era tallada graciosa y artísticamente, pero el buque mismo se construía de un modo defectuoso. Se conocían los abonos y la rotación de cosechas, pero no se apreciaban en su debido valor y no se dedujeron las últimas consecuencias. Los cultos mágicos de Oriente penetraron cada vez más en Occidente. En las inscripciones y edificios se muestra su influjo, que llegó a su punto culminante bajo el emperador Heliogábalo. Pero ya bajo Septimio Severo se alzó en la vertiente suroeste del Palatino el Septizonium, una construcción que representaba a los siete planetas, una especie de "reloj calendario semanal". Bajo el dios del Sol había una estatua colosal del emperador. "Allí reinaba bajo las divinidades planetarias, por decir así, en el centro del cosmos, al modo que antaño entre los antiguos babilonios el Dios en la celestial cúspide sagrada del Zikkurat (torre-templo)..., como Señor de las siete regiones del Mundo".

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- La economía desde sus comienzos hasta el fin de la Edad antigua


+ Los comienzos de la economía

+ Las altas civilizaciones de la Antigüedad y su economía

+ La economía de los helenos

+ El fin de la Edad antigua. La economía de Roma oriental y del Islam

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 57 - 65.