jueves, 29 de septiembre de 2016

La economía occidental de la Edad Media (I): la economía rural


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

La economía rural, que había sido base de la civilización de las ciudades de la antigüedad, se mantuvo aun después de la decadencia de aquéllas, e incluso fue verdadero sostén del ulterior desarrollo.

Edad Media y economia rural

Antigua era la civilización rural de los germanos. Al paso que, respecto de época primitiva, nos atestiguan los resultados de esta civilización los hallazgos en sepulturas y viviendas, hay tradición más abundante referente a la Edad Media. La distribución del suelo que aún existía en los siglos XVIII y XIX, cuando se implantaron nuevos métodos agrícolas, procede esencialmente de las condiciones en que se efectuaba la población a comienzos del medievo. En los mapas y cartas, como especialmente los publicados por MEITZEN, se nos presenta, por tanto, una fuente importante de la historia económica. Se añade a ello las indicaciones sobre transmisiones de propiedad territorial. Cierto que esta fuente es algo parcial, porque se trata, sobre todo, de enajenaciones a favor de señoríos eclesiásticos. Igualmente, en las listas de servicios y prestaciones al señor territorial destacan con gran relieve los documentos de los señores eclesiásticos al lado de los temporales. Y aunque respecto de la propiedad campesina libre son, naturalmente, más escasas las fuentes independientes, resalta su importancia en las eventuales indicaciones que contienen las reseñas de señoríos territoriales. En épocas subsiguientes tienen gran valor las Weistümer, documentos jurídicos en que los campesinos hacían consignar sus derechos y usos. En estos documentos se patentiza el afán peculiar de Occidente por lograr la determinación de relaciones jurídicas, referentes al suelo, que sean seguras y no susceptibles de caprichosas alteraciones.

La ocupación germánica continuó, en lo esencial, aprovechando las tierras utilizadas por los romanos. Pero fueron decayendo las poblaciones romanas, y frecuentemente se alzaron otras contiguas. Sobre todo, la distribución del suelo fue completamente distinta.

Las poblaciones germánicas de comienzos de la Edad Media se caracterizan por ser aldeas hacinadas. No alineadas en calle como en los núcleos romanos, sino en abigarrada contigüidad, se alza en la aldea cada casa con independencia de la próxima.

En la edificación se exteriorizan las peculiaridades de los diversos pueblos germánicos. La casa de Baja Sajonia y la alamana cobijan bajo el mismo techo viviendas y establos. La franca muestra, en un patio cerrado por la puerta del cortijo, la vivienda, y a un lado los establos y dependencias de la explotación. El estilo constructivo de las aldeas transilvanas recuerda las aldeas del Rin, de igual manera que el habla de los "sajones" transilvanos reproduce los dialectos hablados junto al Mosela.

La primera explotación del suelo se efectuó en la forma de cultivo pratense natural, Feldgraswirtschaft. En este sistema agrario se labra únicamente parte determinada del terreno, cultivándolo año tras año hasta su esquilmo. Entonces se echa mano de otra parte. Como hay tierra bastante, cabe ir cambiando de parcelas mientras se deja descansar a la primera. (Arva per annos mutant et superest ager, TÁCITO: Germania). Para este cultivo se prepara el terreno prendiendo fuego al matorral que hay sobre el terreno o el páramo. Semejante cultivo de quema de rozas no se ve sólo en un principio, sino que se ha conservado hasta el presente en regiones muy apartadas, como la montaña bávara o los pantanos de Baja Alemania.

En el siglo VIII vemos abrirse paso a otro sistema agrícola que preponderó durante toda la Edad Media: el cultivo de tres hojas, o el sistema de pradera permanente. En torno de la casa de labor se halla un terreno de huerta, cercado, en el cual despliega preferentemente la mujer su actividad. También quedan separadas extensiones menores, cercadas (Beunden), para cultivos especiales, como cáñamo, amén de los prados. En el resto tiene lugar una división entre tierra labrada y no labrada. La tierra de labor se dedica constantemente al cultivo, mientras el resto de la demarcación de la aldea, al principio su mayor parte, sigue dedicado a pradera, y de aquí el nombre de sistema de "pradera eterna".

La tierra se halla dividida en diversas suertes, según la situación del terreno en el barranco o en los altos; el número de ellas puede aumentarse efectuando nuevas roturaciones. Por el nombre de las suertes se reconoce la época de su primera ocupación: el progreso de la ocupación de terrenos desde las cercanías de la aldea hacia los parajes extremos. Cada casa tiene sus posesiones distribuidas entre las diversas suertes. El hecho de que la ocupación acaeció en común se ve aún en los nombres de aquellos primitivos asentamientos, especialmente en las localidades cuyas denominaciones acaban en ingen y heim. Como las primeras suertes fueron ocupadas en común, la diseminación de las diversas parcelas exigía el cultivo en común. Faltaban caminos de acceso a las diversas parcelas; el poseedor individual no podía llegar a las suyas sino atravesando las tierras de su vecino; ello hizo necesario que el Municipio señalase épocas determinadas para labranza, siembra, cosecha, que eran obligatorias para todos. La posesión agraria individual estaba, por ello, sometida al laboreo coactivo (Flurzwang). Después de levantadas las cosechas utilizaba la comunidad el rastrojal para el pastoreo; por ello se denominó en Inglaterra a este sistema el de campo abierto (open field).

El prado era posesión común. Allí eran conducidas por pastores comunales las reses lanares, vacunas, de cerda, los ánsares, a los que aprovechaba la montanera. Del monte comunal podía sacar el aldeano leña y maderas de construcción. Aquí enjambraban las abejas. En un principio pareció ilimitada esta reserva económica; no había dificultad para conceder discrecionalmente parte del prado común, ya para nuevas roturaciones, o ya para establecer nuevas aldeas. Nombres como Neubruch, dados a una suerte, o de Bruchhausen, a una aldea, patentizan este desarrollo. Pero en el siglo XV se advirtió la necesidad de administrar más parcamente los tesoros comunales. Ahora empezó el Municipio a exigir que no se cortasen árboles sin previo permiso suyo. Los nuevos matrimonios venían obligados a cuidar del arbolado efectuando nuevas plantaciones. Se limitó el número de reses lanares que cada vecino podía llevar al prado común.

Además del prado común exclusivo de cada aldea, había "marcas comunes" que pertenecían conjuntamente a varias aldeas. Se trataba, unas veces, de extensiones que habían quedado indivisas al tener lugar la toma de posesión de la tierra en común; otras veces eran regiones liminares que, ante la imprecisión de los linderos, se conceptuaban pertenecientes a ambos comarcanos. Los bosques constituían los límites de las comarcas y de los territorios de nueva formación.

El laboreo se organizaba a tenor de la fertilidad del suelo. En tierras excepcionalmente fértiles, como en el valle del Nilo, un mismo terreno puede rendir varias cosechas. El suelo pobre de Escocia tiene que descansar cada dos años. Allí se habla del cultivo de una hoja; aquí, del de dos hojas. En el cultivo de tres hojas se divide el terreno en tres partes, que por turno se dedican, una, a cereales de invierno, trigo o centeno; la segunda, a los de verano, cebada o avena, y la tercera queda en barbecho. Después de éste, la parcela correspondiente se dedica otra vez, al siguiente año, a los cereales de invierno, y en el sucesivo, a los de verano. Al declinar la Edad Media se procedió, cerca de las ciudades, en Flandes y en el Rin, a utilizar con mayor frecuencia el barbecho sembrando en él plantas forrajeras. A este cultivo más intensivo se dio el nombre de "estivación de los barbechos" (Besömmerung der Brache). El abono aprovechaba menos a los campos lejanos que a las suertes más próximas, se reforzaba con especial energía en las viñas.

Además de las aldeas hacinadas con suelo distribuido en suertes, hallamos caseríos individuales con valla que circunda ese caserío y sin traba alguna colectiva. La colonización de caserío individual es técnicamente más racional, porque las parcelas quedan más próximas al caserío; pero presupone circunstancias de paz y una gran proporción de equipado técnico de la explotación individual. Hallamos actualmente el asentamiento aldeado en Rusia, el individual en Norteamérica. Intentó MEITZEN explicar por peculiaridades raciales la existencia de caseríos aislados: le parecían característicos de la colonización celta. Con razón se ha declarado desde luego KNAPP adverso a tal apreciación, ya que se encuentran caseríos individuales incluso en suelo plenamente germánico, como en Noruega o en tierras suizas de colonización alamana. Se deben a las peculiaridades del terreno. Se implantó el caserío individual en tierras difíciles que sólo admiten un cultivo extensivo. Ya había sorprendido a MEITZEN la diversidad de formas en la repoblación de Westfalia: aldeas en la llanura; en el resto, predominio del cortijo individual. Las investigaciones más recientes han mostrado que estos caseríos individuales proceden de la colonización más tardía del país, que se extendió por tierras más desfavorables y pantanosas.

Lo suficiente para sustento de una familia campesina recibió el nombre de hufe. Se hallaba integrada por la casa, la huerta cercada, la participación en las tierras sometidas al laboreo obligatorio y el derecho de aprovechamiento en terrenos comunales. La extensión de la hufe dependía de la calidad del suelo. La división de una hufe completa se hacía en medias hufen, cuartos de hufe, etc.; por otra parte, los nobles podían poseer varias hufen. El fraccionamiento fue especialmente grande en las viñas. Ahí se hallan más adelante parcelas de media morgen (1) y cuarto de morgen. Incluso en una misma aldea era a veces distinta la extensión de las hufen. Así, en el siglo XIV, en una aldea perteneciente al Monasterio de Bebenhausen, junto a Tubinga, había siete cortijos de 20, 27, 28, 38 1/2, 41, 42 y 69 morgen. Las hufen reales en que se dividía el terreno de nueva población abarcaban el cuádruplo de las corrientes, o sea unas 120 morgen. Mayores fueron las que obtuvieron después los Monasterios en que había cría de ganado. Aquí se encuentran fincas de 230 a 480 morgen.

Además de los aldeanos de plenos derechos, había en la aldea otros pobladores que acaso, además de su cabaña, no tenían sino una huerta y participación en la dula, estando atenidos al pago de sus servicios; entre ellos era el herrero uno de los que lograron mayor consideración. Sobre esta base campesina se alzaba el señorío territorial.

----------

(1) La morgen es una unidad superficial variable, que por término medio es unos tres mil metros cuadrados; recibió, al parecer, este nombre relacionándolo con el espacio que una yunta puede labrar durante la mañana (morgen). Respecto de la hufe o hube, que alguna vez se traduce en español por mansos (comp. S. MINGUIJÓN en sus cuadernos de Historia del derecho español, y J. BENEYTO: Estudios), el texto muestra su complejo concepto de unidad económicamente bastante, su carácter familias, su relativa indivisibilidad y su extensión, que varía según las circunstancias de tiempo, lugar y categoría social.

----------

- La economía occidental de la Edad Media


+ El señorío territorial

+ La situación de la agricultura bajo el influjo de la economía de tráfico

+ La fundación de la ciudad medieval

+ La esencia de la economía de ciudad en la Edad Media

+ Infiltraciones capitalistas en la ciudad medieval

+ El Estado y la economía de circulación en la Edad Media

+ Los empréstitos municipales y el mercado de capitales

+ La unión de la potestad política y el crédito en el siglo XVI

----------

Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 81 - 85.