miércoles, 21 de septiembre de 2016

La economía de los helenos


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Los griegos no encontraron para su actividad económica circunstancias tan favorables como los egipcios y Babilonia; no tuvieron a su disposición amplias llanuras que consintieran una ordenación unitaria, sino más bien planicies exiguas separadas por montañas, pero unidas por doquiera con el mar. Su economía estuvo por ello descentralizada: era una multitud de fortalezas y ciudades como Tirinto, Argos y Micenas, Atenas, Egina y Megara, todas las cuales trataban de afirmar su independencia.

Los helenos y su economia

Así comprendemos el asombro con que los helenos contemplaron la ordenación egipcia y el poderío de Oriente concentrado bajo los persas. Y es más asombroso el que mediante su constitución lograran, no sólo asegurar su independencia frente a ese poderío en duras luchas, sino al cabo alzarse contra él en calidad de conquistadores.

La civilización de Creta, que floreció en 2000-1400 a.C., descansaba en el matriarcado y en el imperio de la mujer. Del esmerado cultivo de la tierra se ocupaba un artesanado muy preparado, cuyos servicios podemos admirar en las ruinas de Knossos, Mallia y Phaistos, descubiertas a partir de 1898. La aparición, en esos hallazgos, de obsidiana de Melos, de oro y marfil egipcio, de cobre chipriota, indica un activo tráfico marítimo realizado desde Creta. Aparecen acumuladas como formando un tesoro hachas de bronce de dimensiones concretas. La presencia, hasta mucho más allá de los palafitos del Oeste, de utensilios de cobre de un peso igual parece demostrar que Creta debió gran parte de su riqueza al cultivo del comercio en utensilios de cobre y bronce. Sus cerámicas, finamente elaboradas, se hallan en las costas del Egeo, en Egipto, Palestina y Sicilia.

Como primera inmigración de los helenos organizados patriarcalmente en caballos y carros de combate, aparece la de los jonios, en 1700 antes de Cristo. Les siguieron en 1400 a.C. los aqueos, que aniquilaron el poderío cretense, rechazaron a los jonios hacia Atica y las islas y alzaron en Tirinto y Micenas las fortalezas en cuyo decorado la habilidad cretense se acomodó a las exigencias de la nueva clase dominante, que cultivaba la caza y la guerra.

Mucho tiempo se ha dicho de los fenicios que eran los más antiguos navegantes. Todavía BRENTANO encuentra en ellos la primera encarnación del espíritu capitalista en el Mediterráneo. Hoy sabemos que sólo adquirieron importancia después del señorío marítimo cretense. Con todo, sus servicios y su influencia no fueron pequeños. Eran esencialmente hábiles en el laboreo del hierro. Puede atribuírseles la expansión de la Edad del Hierro, que gradualmente fue rechazando al bronce. Sus barcos mercantes, de alto bordo, se diferencian claramente de los planos navíos de los cretenses. En la preparación del cristal y de los tintes de púrpura fueron, donde no los inventores, sí los perfeccionadores del arte. Sobre todo, al transformar la escritura representativa de palabras en la de letras, se convirtieron en maestros de los hebreos y helenos. En Fenicia terminaban los caminos terrestres del Asia Oriental. Los fenicios dilataron sus viajes hasta España. Cartago fue fundada en el Oeste como ciudad colonia de Tiro. Trasponiendo las Columnas de Hércules pasaron los cartagineses hacia la costa occidental africana y buscaron en el Norte el camino directo hacia el estaño inglés.

Isaías canta en el capítulo XXIII el esplendor de Tiro, la dispensadora de coronas: "Sus comerciantes eran príncipes y sus traficantes los más nobles de la tierra". Los artistas sidonios eran para Homero los mejores. Pero también florecía entre los fenicios la agricultura; las cercanías de la ciudad eran un jardín. Los cartagineses llevaban sistemáticamente a cabo plantaciones mediante esclavos.

Frente a los fenicios surgieron los helenos, tanto en el Mediterráneo oriental como en el occidental. Se habían extendido los jonios por los valles occidentales de Asia Menor. El avance de los lidios en el siglo VII les rechazó hacia la costa. Aquí acogió Mileto a los fugitivos y les proporcionó nuevas tierras mediante una grandiosa colonización que partió de las localidades costeras, especialmente del Mar Negro. Hacia el Sur servía Naucratis de enlace para el tráfico con Egipto, que había recobrado su independencia. En el Oeste, los focentes fundaron a Marsella. Galia y la España septentrional se abrieron a la influencia griega. Pero cuando los focentes huidos de su propia patria quisieron fijarse en Córcega, se lo impidieron etruscos y cartagineses (batalla de Alalia, en 540 ó 537 antes de Cristo).

Cartagineses y helenos se enfrentaron también en Sicilia. Pero la Italia del Sur se convirtió en Magna Grecia. Las dilatadas llanuras de este país permitían un cultivo más rico y una provechosa ganadería. Si la ciudad helénica fue residencia de labradores y grandes propietarios territoriales, podemos inferir de lo que nos cuentan sobre la fertilidad de las ciudades griegas de la Italia meridional que aquí tenía fuerte representación la gran propiedad territorial.

Los pequeños príncipes locales que combatían con carros vivían sobre todo de la agricultura, cual describe Homero la Corte de Ulises. Las exacciones de los súbditos llenaban el Tesoro. Los príncipes cambiaban regalos entre sí, caballos, trébedes y armas. Cuando Diomedes reconoció ante Troya a un amigo, trocaron sus armaduras. El heleno se regocijaba de haber cambiado la suya de hierro, que sólo valía nueve vacas, por una de oro, que valía cien. El comercio y la piratería marítimos completaban la ganancia, pero también podían conducir a la pérdida y la esclavitud.

Hesiodo nos muestra cómo la nobleza abusó de su poderío para oprimir a los labriegos. La ayudaban a ello un duro derecho de obligaciones. Si el labrador no obtenía sustento bastante con su parcela, tenía abierto el camino del mar.

La inmigración doria hizo retroceder a la industria griega, que en la época micenia lograra gran esplendor. Lentamente recobró su nivel y llegó a aprovechar por sí misma influencias orientales. Se honró al artesano. En Atenas encontramos demiurgos como Arcontas. Así como en Israel es el alfarero quien se toma como representación del Dios creador del hombre, fue más tarde para los helenos el demiurgo quien creó al Mundo. El artista era admirado. Pero la presencia de trabajo no libre junto al libre, según se nos muestra en la construcción del Partenón, así como en la restante industria, no permitió en Hélade al artesano lograr una unión eficaz a pesar de sus asociaciones.

La monarquía de la primera época estaba limitada por el poderío de la nobleza y reducida a funciones sacerdotales. En Esparta vemos que en la vida guerrera de los campamentos están reunidos los señores territoriales, dominando a los campesinos, los ilotas, y a los habitantes de regiones circundantes sujetos al pago de exacciones, los periecos. En duras luchas sojuzgaron los espartanos también a Mesenia, además de la llanura de Macedonia, y merced a su rígida organización aristocrática afirmaron su hegemonía entre los helenos.

En las ciudades marítimas de Jonia y del interior, como Corinto y Atenas, no pudo mantener la nobleza terrateniente su dominio. Tiranos que se apoyaban en las clases sociales inferiores, pequeños labriegos y obreros del campo, arrebataron para sí la supremacía.

La civilización helénica fue laica, y así, fundamentalmente distinta de la oriental. Fue sostén del Estado el ejército de hoplitas, la masa de hacendados armados. En Atenas, las antiguas asociaciones tribales fueron orilladas en la reforma de Kleisthenes por las organizaciones locales vecinales. Ya Solón había diferenciado las clases por la posesión. La masa de labradores formaba los peones. Los más acaudalados debían tener caballo de silla. De entre ellos, sólo una clase superior, los "de quinientas fanegas", tenían acceso a los cargos más elevados. La capa ínfima de ciudadanos que nada poseían no tuvo acceso en un principio a la Asamblea popular. Siguió siendo también en Atenas una finalidad el proporcionar a cada ciudadano una suerte de tierra: si a ello no alcanzaba el suelo de Atica, debían cooperar las colonias.

En Hélade alcanzó el hombre conciencia de sí mismo frente al ambiente que le rodeaba. Los dioses no eran para el heleno animales ni astros, sino seres elevados al Olimpo, con sentimientos humanos, pero fuerzas sobrehumanas. Los héroes de Homero no disimulan sus pasiones, pero están dispuestos a sobrellevar sus consecuencias. En los escritores trágicos, como en los Profetas, el hombre se halla directamente y con responsabilidad propia frente a su suerte. Tal conciencia de sí mismo permitía al individuo sentirse diferenciado de las cosas. La suerte de los hombres no parecía ya sujeta a la marcha de los astros; el cómputo de la marcha de éstos servía al hombre. El rayo de Jahvé surgía para el israelita impensadamente de entre las nubes. Pero se contaba del filósofo jonio Tales que el tiempo le había permitido predecir una desusada cosecha de aceituna, cuya aprovechamiento pudo asegurar arrendando oportunamente todas las prensas de aceite que tuvo a su alcance; y también se le atribuye ya la predicción de un eclipse de sol. Mientras los eclipses se conceptuaban hasta entonces signo de enojo de los dioses, que producía desánimo en los hombres, los capitanes del ejército de Alejandro, al anunciar a sus tropas tal acaecimiento, supieron infundirles mayor ánimo y confianza en sus caudillos.

En tiempo de los tiranos aparecieron los sabios, que no dirigían su mirada al pasado ni a un incierto porvenir, sino que conscientemente se entregaban a la contemplación del momento, de la ordenación de las circunstancias presentes. Así surgió el Estado como obra de arte por la nivelación de las fuerzas. La escritura llegó a resolver los signos representativos de palabras en otros fonéticos, y de estas letras se volvieron a hacer palabras y párrafos. En Lidia es donde primero se acuñaron monedas, pero la economía helénica supo servirse de las monedas como de un medio de evaluación, mediante el cual pudo lograr un gran impulso la economía de tráfico.

Las primeras acuñaciones pusieron en circulación piezas mixtas de oro y plata de mayor alcance. En ellas pudo haber tenido mucha importancia el matiz no racionalista; LAUM indica en su Heiliges Gold que fueron los sacerdotes los primeros en exigir, mediante monedas medidas con precisión, el sustitutivo de las exacciones en especie. Las monedas serían acuñadas al principio, como las medallas, en calidad de dádiva honorífica. Habla del poder mágico de la moneda repartida por el soberano. Ello no impide que más tarde se utilicen precisamente las monedas para que la circulación disponga de un medio racional de cálculo. Nos hallaríamos así frente a un caso más en que, como en la introducción del arado y del carro, una invención debida a relaciones religiosas se utilice más tarde esencialmente en provecho de la economía. HEICHELHEIM indicaba que hasta que tuvo lugar la acuñación de moneda pequeña no pudo el tráfico interior aprovecharse de la contabilidad económica monetaria. Los hallazgos de monedas muestran que también el tráfico entre países remotos obtuvo merced a ello un fomento de importancia. Egina se adelantó en el siglo VII a.C. con la acuñación de monedas que ostentaban el distintivo de la tortuga, siguiéndola Corinto y Atenas. En el siglo VI parecía la economía helénica plenamente orientada hacia la moneda. Al mismo tiempo tiene lugar una intensa exportación de vasos, en que además de Laconia y Corinto destaca también Atenas. En los productos atenienses consta la indicación del taller y también frecuentemente la de los artistas que allí trabajan; en estas vasijas se enviaría tal vez el aceite de Atica. En Hélade y Roma se empleaba aceite y vino en lugar de la manteca y cerveza, tan apreciados en Babilonia como en el Norte de Europa. "La dádiva de Baco, dice HEHN, desplazó la añeja y turbia bebida local elaborada con grano, y el regalo de Minerva ocupó el lugar de las grasas que el pastor había obtenido de la lecha de ovejas, vacas y yeguas".

Los avances de la economía monetaria dieron a la helénica mayor multiplicidad y más compleja estructura, diferenciándola de la ordenación de los grandes Imperios.

Aunque Hélade es la patria del pensar científico, todavía no surgió entonces una ciencia especial de la economía; la Oikonomia se ocupó más bien por modo genérico de la administración doméstica, e incluso de la crianza de los hijos y la tenencia de esclavos.

Motivo para que no se llegara todavía a conocer el problema económico especial pudo ser que también en Hélade proveía el Estado ampliamente a las necesidades de sus ciudadanos mediante el ejercicio de su autoridad. El dominio del mar permitía tributos como los que Atenas pudo percibir de sus confederados después de vencer a los persas. Estos recursos no servían sólo para atender a los gastos de la administración pública, sino que incluso permitían a todo ateniense frecuentar el teatro. El Estado proveía al sustento de la ciudad cuando obligaba a los buques que zarpasen a regresar con cargamento de trigo. El dominio del Helesponto, el acceso al Mar Negro, en cuyas costas se obtenían superávits de cosechas, era cuestión vital para Atenas. Pero también trató la ciudad de poner pie en Egipto y Sicilia para asegurar el abastecimiento de trigo. El suelo de Atica no era singularmente fértil. Merced al imperio sobre los mares pudieron los atenienses bajo Pericles hacer que su ciudad fuera de las más abundantemente abastecidas (autarkestate, Tucídides).

Se agrega a ello que gran parte del trabajo económico quedó desplazado sobre los esclavos, obtenidos en su mayoría mediante la guerra. Mientras el ciudadano podía dedicarse al Estado y a la ciencia, menospreciaba como banausoi a quienes se veían obligados a realizar trabajos manuales. La conservación de lo heredado, no la obtención de ganancias, era lo que se conceptuaba objetivo más importante de la economía.

Y sin embargo hubo superávits. En el comercio era factible enriquecerse mediante el auxilio del crédito, aun empezando modestamente. El préstamo marítimo de que nos hablan los discursos de Demóstenes, medía el interés por la duración del viaje. Ponía a disposición de los navegantes los recursos de los propietarios que permanecían en la patria, y al propio tiempo cumplía la misión después de realizada por el seguro y el cambio. Por escrito, en un síngrafo, se fijaba el pormenor de las condiciones del viaje, su destino, la cuantía de lo entregado y el tipo de interés. Además del naviero y del mercader había en el mercado el comerciante de por menor, muy diversificado con arreglo a sus artículos. Del comercio surgió y se desarrolló el negocio bancario. El trapecita, así llamado por su mesa, aceptaba depósitos y facilitaba los pagos en tierra remota, pero también operaba en géneros. En todos estos negocios del comercio marítimo de Atenas se ocupaban preferentemente los metecos, extranjeros autorizados únicamente para establecerse, pero que no podían formar parte de la Asamblea nacional.

Las responsabilidades de la propiedad territorial se aseguraron mediante la elaboración del Derecho hipotecario. A veces se aliviaba la sobrecarga mediante perdones de deudas, como en la seisachtheia de Solón. Las guerras asolaron los campos. Así los labradores atenienses se arruinaron en la guerra del Peloponeso a causa de las irrupciones de los lacedemonios.

La industria no era ejercida sólo por artesanos independientes, sino también por esclavos, cuyos servicios podía utilizar el señor, e incluso alquilarlos. Otras fuerzas serviles se agrupaban en talleres (ergasterios), como, por ejemplo, en la fabricación de cerámica, lámparas, espadas y camas.

Mientras en Atenas prevalecía el comercio, era en Megara la industria lo que constituía la base del bienestar, especialmente la preparación de la lana de carneros. Análogamente, además de la ciudad comercial de Corinto, era celebraba la de Sikyon como primera sede del trabajo en metales. Cualquier alfarero, sastre, hornero o molinero podían labrarse su propio bienestar.

Los productos de las minas de plata de Laurión ayudaron a los atenienses a construir su escuadra contra los persas, y merced al oro macedón pudo el rey Filipo escalar los muros de Tebas. La economía del Estado obtenía, además de los ingresos de aduanas, otros recursos procedentes del monopolio de ciertas ramas de negocios, y a los ricos se encomendaban, en calidad de liturgias, determinados cometidos: tales el armar los trirremes o el atender al coro en el teatro.

Los egipcios compartían con el muerto los tesoros reunidos en vida del señor. En la época micenia, ésta fue también la costumbre de Grecia. Pero más adelante, a partir de Solón, los helenos confiaban sus tesoros a los templos, y éstos supieron aprovecharlos. El templo de Delos prestaba dinero durante los siglos V a II a.C., principalmente a los Municipios, aunque también a particulares. Pericles llevó a Atenas el tesoro de los confederados, que estaba en Delos. La ciudad lo utilizó como reserva y apoyo para sus gastos, para las construcciones de la paz y el armamento de las naves en la guerra.

La Polis abarcaba toda la vida social de los helenos. Además del círculo más reducido de la casa, también sus medidas determinaban la economía. Las conquistas de Alejandro dilataron el horizonte. Se desdibujó la diferencia entre helenos y bárbaros y advino el concepto de una economía que abarcaba la totalidad del mundo habitado, la Oikumene. Es verdad que a la muerte de Alejandro el Imperio se dividió en los reinos de los Diádocos; junto a los Imperios mayores de Egipto, Siria y Macedonia, se alzaron otros menores, como Pérgamo, y ciudades libres, como Rhodos. Entre ellos se estableció un tráfico que no permitió olvidar la comunidad de intereses. Pero mientras en el Imperio persa habían logrado independizarse los sátrapas, fueron ahora los potentados, los Basileiai, los sujetos activos de la política económica. Con ello vino la Edad Antigua a abarcar los diversos grados de la economía doméstica, la de ciudad, la de Estado e incluso la mundial.

El exceso de población helénica había venido encontrando acomodo hasta entonces en concepto de milicias mercenarias de los orientales. Ahora se establecieron en las ciudades con arreglo al Derecho griego. Alejandría llegó a ser la más importante de estas colonias. Como los tesoros de que se apoderaron los macedonios fueron repartidos a los persas, obtuvo el Oriente las ventajas de la economía monetaria, hasta entonces sólo desarrollada en el mundo griego. Los países del mundo helénico mantuvieron activo tráfico recíproco, así como con el mundo que les rodeaba. El helenismo irradió hasta India, la tierra de los escitas, hacia el Mediterráneo occidental, y por el Sur hacia los oasis del desierto africano.

Los papiros egipcios nos informan con singular exactitud respecto de la economía de esta época. Los Tolomeos se encargaron de suceder a los faraones. La tierra pertenecía al rey; podía otorgarla a templos, magnates y soldados, pero aun entonces el cultivo seguía sometido a las disposiciones del rey; sólo en las ciudades griegas, Alejandría, Naucratis y Ptolemais, había propiedad libre. El rey aprovechaba los productos, ya que también monopolizaba la transformación y venta de los mismos. Hallamos un monopolio desarrollado en el cultivo, elaboración y despacho del aceite. Se fijaban los precios de salida para el aceite y de venta por los comerciantes de por menor en la plaza y de reventa en Alejandría. Se estimulaba a los obreros otorgándoles participación en las ganancias. El Estado arrendaba los ingresos que esperaba obtener en el cultivo, recolección, elaboración y venta. Asimismo estaban monopolizadas la obtención de sal y la elaboración de la cerveza. Asalariados provistos de cebada suministrada por el Estado tenían que preparar una cantidad determinada, que se expendía en establecimientos de bebidas del Estado. Algo menos rígidos eran los monopolios de fabricación del papiro y de vestidos y el negocio bancario. Además de los puestos del Estado cuyos rendimientos se arrendaban por comarcas, se toleraba la producción de papiro en los templos. En el trabajo de lino, lana y cáñamo, junto a las manufacturas del Estado existían talleres de los templos para productos especiales, y otros particulares que se otorgaban por vía de concesión y debían satisfacer al Estado determinadas exacciones. El Banco central del Estado en Alejandría monopolizaba el negocio de moneda y el préstamo. Por todo el territorio se extendía una red de Bancos Reales sometidos a la intervención de los Bancos de las capitales comarcales y que, al propio tiempo, eran Cajas del Estado en que debían hacer sus ingresos los arrendatarios de contribuciones. Se permitía a los Bancos privados que se dedicaran al negocio de préstamos, pero sometiéndose a intervención concreta y a normas sobre intereses.

Sobre el fondo de esta economía estatal se desarrolló Alejandría hasta convertirse en plaza de comercio mundial. El gobernador de Alejandro, Cleómenes, utilizó los sobrantes de cereales del país para organizar un monopolio de exportación que hizo así tributarios también a los consumidores extranjeros de las Islas y de la Hélade antigua. Cleómenes disponía a tal efecto de agentes en todos los puertos mediterráneos importantes, y aquéllos le tenían al tanto de las existencias y precios locales. En tiempo de Tolomeo II, su ministro de Hacienda Apolonio regía, además del tráfico interior, el de Egipto con Palestina y Asia Menor. Se ha conservado un rico archivo de su agente Zenón que nos muestra a éste como fundador de ciudades, arrendatario de contribuciones, traficante, prestamista, hacendado y administrador de tierras. Zenón extendía también sus relaciones comerciales hasta las tierras del incienso de Arabia.

Los papiros conservados nos permiten conocer, no sólo detalles, sino toda la marcha del desenvolvimiento económico. Vemos cómo un país ayuda a otro. En una época de hambre en Grecia, el año 330 antes de Cristo, envió Cirene de Africa 805.000 medimnas de trigo. Cuando hubo un terremoto en Rhodos, el 227 antes de Cristo, se llevaron a la ciudad auxilios de todas partes. Los reyes egipcios gustaban de nominarse Euergetes, bienhechores, porque debían acudir al sustento de sus súbditos. La relación entre el oro y la plata, que hasta entonces había sido 1:13 y 1:14, retrocedió, a causa del oro macedónico, a 1:10, pero volvió más adelante a 1:13 1/3. Alejandro abarató el oro y la plata. Hasta entonces, la plata y el cobre habían estado en la relación de 1:120, y ahora, en la de 1:60. La emigración de los griegos hacia el recién logrado espacio vital se muestra durante el siglo III a.C., en que en Delos bajan los jornales y suben en Egipto. El esplendor de Egipto en el siglo III a.C. va, sin embargo, seguido por un retroceso en los siglos II y I antes de Cristo. Bajo los romanos, los siglos I y II después de Cristo muestran un ascenso; el III representa el derrumbamiento general, que, sin embargo, va seguido de un ascenso en el IV, hasta que el siglo V después de Cristo trae consigo el descenso final con la feudalización de Egipto. En todos estos movimientos, el impulso no procede de mudanzas en la constitución económica, sino que está condicionado por causas políticas.

Cuando, en la época helenística, desplazaron Alejandría y Antioquía a Atenas incluso como centro de la civilización, se modificó la actitud espiritual de los helenos. El pensar oriental adquirió sobre ellos influjo cada vez mayor. Se acumuló en Alejandría una abundancia de saber; pero con la libertad política padeció también la espiritual. Desde Egipto se extendieron los libros de sueños y los cultos de misterio; Dionisio, con su culto oriental, expulsó de Hélade incluso al claro Apolo; la mirada no quedó ya clavada en un luminoso presente: empujada por la astrología, se dirigió nuevamente hacia el pasado como objetivo inaccesible, o trató de derivar hacia un porvenir mejor, abandonándose a un salvador.

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- La economía desde sus comienzos hasta el fin de la Edad antigua


+ Los comienzos de la economía

+ Las altas civilizaciones de la Antigüedad y su economía

+ La vida económica romana

+ El fin de la Edad antigua. La economía de Roma oriental y del Islam

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Fuente:
Historia económica universal, Heinrich Sieveking, páginas 46 - 55.