sábado, 19 de diciembre de 2015

El mecanismo del mercado


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Poniendo un ejemplo, supongamos que usted se despierta por la mañana necesitando urgentemente un par de zapatos. Naturalmente, no se le ocurrirá decir: "Muy bien; iré al Ayuntamiento y votaré por el alcalde que me dé con más probabilidades un nuevo par de zapatos. Desde luego, ha de ser un par del número 43, de cuero flexible, y de color marrón oscuro".


O bien, tomando un caso real de la historia, supongamos que el nivel de vida de la población se va elevando hasta permitir a todos comprar carne todos los días, en vez de hartarse de patatas. ¿Cómo se traduce en actos este deseo de sustituir las patatas por carne?, ¿a qué político se lo dicen?, ¿qué órdenes da él, a su vez, para que los agricultores se trasladen, p. ej., de Maine a Texas?, ¿cuándo será necesario para convencer a los terratenientes de que abandonen el cultivo de patatas y dediquen sus tierras al pastoreo?, ¿cómo asegurarse de que van a tener las cantidades que desean de carne de vacuno, de porcino y cordero?, ¿y quién va a decidir el reparto? No es preciso insistir en lo que de por sí es evidente. Todos sabemos que nunca hemos obrado así. Lo que ocurre es que los consumidores empiezan a comrpar menos patatas y más carne. Esto hace descender el precio de las patatas y eleva el de la carne, ocasionando así pérdidas a los cultivadores de patatas y ganancias a los ganaderos. Los trabajadores de los ranchos se dan cuenta de que pueden pedir mayores salarios; muchos cultivadores de patatas dejan sus trabajos para ir a buscar otros mejor pagados. A su debido tiempo, el elevado precio de la carne da como resultado una mayor producción de hígado de vaca, cerdo y cordero, y sus diferentes partes –piel, riñones, costillas, etc.– se subastarán entre la población al mejor postor.

Para probar que no es algún empresario o algún funcionario público importante quien establece los precios relativos, veamos qué ocurrió al descubrirse que el hígado era bueno contra la anemia. Hasta aquel momento, y por razones oscuras, los riñones se vendían más caros que el hígado, hasta el punto de que, según las noticias que se tienen, resultaba difícil deshacerse de este último. En cambio, los papeles se han invertido; entre usted en una carnicería y vea el precio del hígado... y el de los riñones, si los encuentra. Se ha producido una verdadera revolución: el precio del hígado ha subido enormemente en comparación con el de los riñones, con lo cual se han racionado las disponibilidades escasas del primero entre sus ansiosos demandantes, y todo esto ha ocurrido a través del funcionamiento impersonal de la oferta y la demanda.

- El sistema de precios


Revoluciones como se producen continuamente en los mercados. Al variar los deseos y las necesidades de la población, al variar la técnica, al variar las disponibilidades de recursos naturales y de otros factores productivos, el mercado registra cambios en los precios y las cantidades vendidas de bienes y de servicios de la producción (té, azúcar, carne...; tierra, trabajo y maquinaria). Existe un sistema de precios, concepto este poco evidente.

El precio de mercado alcanzará el equilibrio competitivo en el punto en que se cortan las curvas de demanda y de oferta, en el punto en que las fuerzas de la oferta y la demanda se compensan mutuamente.

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Fuente:
Curso de economía moderna | Paul A. Samuelson [Profesor de Economía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (EE.UU.) y Premio Nobel de Economía 1970] | Página 66 - 67.