lunes, 14 de diciembre de 2015

Especialización en el trabajo y alienación del trabajador


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A pesar de la eficiencia de la especialización, puede tener también el efecto de hacer el trabajo aburrido y absurdo. Una especialización extremada significa que cada trabajador hace una sola cosa. La película clásica de Charlie Chaplin Tiempos modernos, en la que el operario emplea toda su vida no haciendo otra cosa que girar una tuerca en la cadena de montaje, pone de relieve el problema. Con demasiada frecuencia, la especialización crea seres humanos a medias: empleados anémicos y obreros manuales brutalizados. No es, pues, de extrañar que hombres y mujeres, a la vez que aumenta su renta en la sociedad moderna, se encuentren socialmente "alienados".

Especializacion y economia

- Karl Marx y la alienación


El joven Karl Marx, todavía en su etapa neohegeliana y sin haber estudiado aún economía política, profetizó la inhumana alienación que supondría la industria moderna. Aun cuando en su madurez ya no fue esta su principal preocupación, nunca perdió de vista la alienación. En su magna obra El capital, escribió que en la sociedad mejor del futuro la industria de la sociedad moderna se verá obligada, "bajo pena de muerte, a sustituir el actual trabajador, especializado en un detalle, aniquilado por la repetición durante toda su vida de una sola operación trivial y reducido, por tanto, a un simple fragmento de hombre, por el individuo plenamente desarrollado, adaptado a una gran variedad de trabajos, dispuesto a enfrentarse con cualquier cambio en la producción y para el que las diferentes funciones sociales que realiza no son sino distintos modos de plasmar sus capacidades naturales y adquiridas" (1).

- El relajamiento de la división del trabajo y su posible rentabilidad para la empresa


Por interés propio, los jefes de personal de las grandes empresas están aprendiendo que puede ser rentable el relajamiento de una demasiado estricta división del trabajo. La mejor manera de mandar un ejército no es necesariamente la mejor manera de llevar una industria. Si el jefe, lo mismo que un oficial superior del ejército, siempre tiene razón y nunca se le puede contradecir, es posible que nadie se atreva a decirle que la empresa es un buque que hace agua y amenaza hundirse. La democracia con participación puede ser un lujo que quizá solo una sociedad opulenta puede permitirse; pero en esa sociedad opulenta, donde los antiguos patrones de subordinación y dominación en una inflexible jerarquía quizá ya no son apropiados, la empresa prudente puede encontrar que ya no puede permitirse el lujo de negarse a escuchar las propuestas de trabajadores alienados de mayor autonomía y respeto a las características de cada oficio.

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(1) Karl Marx: El capital, vol. 1 (1867). Más de un siglo después, la huelga de trabajo lento de los trabajadores jóvenes de General Motors en Lordstown, Ohio, en protesta por la aceleración de la monótona cadena de montaje de Chrevrolet, confirma la profecía de Marx (aunque sus elevados salarios sean una burla de cualquier simplista ley del empobrecimiento y miseria progresivos del trabajo asalariado).

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Imagen: El País

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Fuente:
Curso de economía moderna | Paul A. Samuelson [Profesor de Economía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (EE.UU.) y Premio Nobel de Economía 1970] | Páginas 61 - 62.