miércoles, 7 de octubre de 2015

La solución de los problemas económicos fundamentales en el sistema de libre empresa


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En un sistema de libre empresa privada ningún individuo u organismo se preocupa conscientemente del terceto de problemas económicas esenciales: Qué, Cómo y Para Quién producir. Este hecho es realmente notable.

Comercio maritimo y economia

Parafraseando un ejemplo económico ya famoso, consideremos la ciudad de Nueva York, que, sin el constante movimiento de mercancías que salen y entran en la ciudad, llegaría en una sola semana al extremo del hambre, dada la diversidad de las cantidades y tipos de alimentos necesarios para su abastecimiento. Desde sus alrededores, desde los 50 estados de la Unión y desde los más lejanos rincones del Globo, las mercancías viajan días o meses para llegar a su destino en Nueva York.

¿Cómo es posible que tantos millones de habitantes puedan dormir tranquilamente y no sientan un terror mortal de que llegue a derrumbarse ese complicado proceso económico del cual depende la vida de la ciudad? Pues todo eso se lleva a cabo sin ninguna coacción ni planificación centralizada.

Lo importante, en este caso, no es lo que hace el Estado para controlar la actividad económica (aranceles, leyes sobre adulteración de alimentos, fijación de salarios mínimos, leyes para mantener la competencias, limitaciones de precios, obras públicas, defensa nacional, impuestos locales y nacionales, servicios de policía y administración de la justicia, servicios municipales de agua y gas, etc.), sino las muchas cosas que no hace.

En efecto, cientos de miles de productos son fabricados por millones de personas que actúan según su libre voluntad, sin una dirección central o un plan general.

Nueva York y libre empresa

- Orden económico, no caos


Esto constituye por sí solo prueba convincente de que el sistema de competencia basado en los mercados y precios (sea lo que quiera en otros aspectos, y por imperfectamente que funcione) no produce el caos y la anarquía, sino que existen en él cierto orden y una línea de conducta. El sistema funciona.

Un sistema competitivo es un mecanismo de un sistema de precios y mercados, un artificio de comunicaciones por el que circulan los conocimientos y los actos de millones de personas distintas. Resuelve, sin una inteligencia central, uno de los más complejos problemas imaginables, lleno de intrincadas relaciones y de variables desconocidas. Nadie lo proyectó, se desarrolló espontáneamente, y, lo mismo que la naturaleza humana, presenta cambios, pero soporta, por lo menos, la primera prueba de toda organización social, puesto que es capaz de sobrevivir.

Un ejemplo dramático de la importancia de un sistema de precios lo encontramos, después de la segunda guerra mundial, en Alemania occidental. En 1946-1947, el consumo y la producción se redujeron a su mínima expresión. Ni los demoledores bombardeos de la guerra, ni el pago de las reparaciones a los vencedores, podían ser la causa de este derrumbamiento. La causa era la paralización del sistema de precios. El dinero no tenía valor, las fábricas cerraban por falta de material, los trenes no circulaban por falta de carbón; el carbón no podía extraerse porque los mineros tenían hambre, ya que los agricultores se negaban a vender sus productos por dinero y no existían mercancías manufacturadas que entregarles a cambio. Los precios se fijaron por medio de leyes; pero a esos precios poco o nada se podía comprar. Se desarrolló un mercado negro que se caracterizó por sus precios astronómicos y por el trueque. En 1948 se realiza un "milagro". Una reforma completa del dinero puso de nuevo en marcha el mecanismo de los precios. Casi inmediatamente la producción y el consumo renacieron. De nuevo el Qué, Cómo y Para Quién fue resuelto por los precios y los mercados.

Lo que queremos recalcar es que eso que hemos llamado milagro está ocurriendo continuamente a nuestro alrededor. Nos daremos cuenta de ello con solo abrir los ojos al funcionamiento diario del mercado. Un revolucionario que quisiera destruir el sistema capitalista no podría pedir nada más a propósito que una inflación o deflación que paralizara el mecanismo de los precios.

Dinero y sistema economico

- La mano invisible y la "competencia perfecta"


El estudiante de economía procurará no caer en el error de imaginarse que el mecanismo de los precios tiene que funcionar de manera caótica si no hay alguien que lo dirija. Una vez aprendido esto, debe cuidar de no caer en el otro extremo, que es el de enamorarse de la belleza del mecanismo de los precios, considerándolo como la perfección misma, como la esencia de lo providencialmente armónico y como algo en lo que no deben posarse manos humanas.

Adam Smith, cuyo libro monumental La riqueza de las naciones (1776) es el germen de la economía moderna o economía política, ya quedó impresionado al reconocer un orden en el sistema económico, hasta el punto de proclamar el principio místico de la "mano invisible", según el cual cada individuo, al perseguir solamente su propio bien particular, era guiado, como por una mano invisible, hasta realizar lo que había de ser más conveniente para todos, de tal modo que cualquier interferencia por parte del Estado habría de resultar casi inevitablemente perjudicial. El propio Smith ya reconoció algunas de las limitaciones realistas con las que tropezaba su doctrina, pero solamente más tarde descubrieron los economistas que las virtudes que se atribuían a la libre empresa solo se dan plenamente cuando actúan de lleno los frenos y compensaciones de la "competencia perfecta".

La competencia perfecta la definen los economistas como un término técnico: la "competencia perfecta" solo existe cuando ningún agricultor o empresario o trabajador representa una parte del mercado total lo suficientemente grande para poder influir personalmente en el precio del mercado. Por el contrario, cuando la cantidad de cereales, mercancías o trabajo de esas personas es lo bastante grande para poder tener efectos depresivos o alcistas sobre los precios del mercado, existe cierto grado de imperfección monopolística, y las virtudes de la "mano invisible" disminuyen correlativamente.

La realidad es que muchas de las alabanzas dedicadas al sistema de competencia están fuera de lugar, porque, como hemos dicho antes, el nuestro es un sistema mixto de empresa pública y privada; es también un sistema mixto de monopolio y competencia. Un cínico podría decir de la competencia perfecta lo que Bernard Shaw dijo en cierta ocasión del cristianismo: que su único defecto consiste en que nunca ha sido puesto en práctica.

Jamás ha existido un siglo de oro de la libre competencia, y ciertamente la competencia no es perfecta en el sentido económico, e incluso, probablemente, cada vez lo es menos, debido en gran parte a la índole peculiar de la producción en gran escala y a la técnica, a los gustos de los consumidores y a la organización comercial. Las estadísticas indican, al menos, un ligero debilitamiento de la concentración monopolística de poder, ya que coexisten conglomerados gigantes en diversas industrias.

En cualquier caso, la sociedad no necesita aceptar como inevitable la tendencia hacia las grandes empresas, fusiones, asociaciones y agrupaciones de las mismas que empezaron a surgir en los años del decenio iniciado en 1890. La tarea a que estamos llamados es la de elaborar leyes y usos que contribuyan a mejorar el funcionamiento de nuestro sistema de competencia, que dista mucho de ser perfecto. Los casos extremos de laissez faire y de dictadura totalitaria de la producción sirven para dramatizar los principios económicos, pero hoy no se trata de elegir uno de esos dos polos como política, sino de decidir el grado en que los poderes públicos han de intervenir más o menos para modificar la actividad económica privada.

Mercado y competencia perfecta

- El sistema de precios


¿Cómo opera el inconsciente mecanismo automático de los precios? Es fácil bosquejar las líneas principales de la competencia basada en el juego de los beneficios y de las pérdidas.

Lo esencial es que todas las cosas tienen su precio, sean bienes o servicios; e incluso las diferentes clases de trabajo tienen precios distintos, llamados salarios. Todo el mundo recibe dinero por lo que vende, y emplea, a su vez, este dinero para adquirir lo que desea.

Si se quiere más cantidad de cualquier producto (p. ej., zapatos), habrá numerosos pedidos de ellos, lo que hará subir su precio y aumentar la producción. Paralelamente, si se produce una mercancía, como el té, en cantidad superior a la que la población desea comprar el precio que venía rigiendo en el mercado, su precio bajará como resultado de la competencia, y al bajar de precio la gente beberá más té y ya los fabricantes no producirán demasiado. Así se equilibrarán nuevamente la oferta y la demanda.

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Fuente:
Curso de economía moderna | Paul A. Samuelson (Profesor de Economía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (EE.UU.) y Premio Nobel de Economía 1970 | Páginas 47 - 50.