jueves, 15 de octubre de 2015

El capital y el tiempo


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Nadie tiene dificultad en comprender que utilizando factores como el trabajo y la tierra (incluyendo en esta última todos los recursos naturales en general) pueden producirse bienes económicos. Aquellos reciben a veces el nombre de "factores originarios de producción", por cuanto no son resultado de un proceso económico, sino que existen en virtud de fuerzas físicas y biológicas (1).

Capital, tiempo y economia

El capital, que es la palabra que con frecuencia se utiliza para designar los bienes de capital en general, es un factor productivo diferente de los anteriores. Un bien de capital se diferencia de los factores originarios en que es a su vez un producto de la economía.

Los bienes de capital son bienes "producidos" que pueden utilizarse, a su vez, como factores para elaborar otros productos, mientras que la tierra y el trabajo son factores originarios, no producidos por el sistema económico.

- La relación especial entre el capital y el tiempo


Así como los salarios y la renta de la tierra son los precios de los factores originarios, el tipo de interés anual puede ser considerado como el precio de otro factor, precio que remunera y raciona las existencias escasas de los distintos bienes de capital de un país y de los proyectos de inversión. Si en el tipo de interés un porcentaje por unidad de tiempo (por mes, año o decenio), nos indica que podemos considerar el capital de otra manera, de una forma que ponga de relieve la relación especial que existe entre el capital y el tiempo. Analicemos este importante papel económico desempeñado por el capital.

Si los hombres tuvieran que trabajar terrenos incultos con sus propias manos, la productividad y el consumo serían bajísimos. Así, cuando un antropólogo preguntó a ciertos hombres primitivos a los que encontró tristes si es que había muerto alguien, le respondieron: "¿Qué es la muerte? Hemos perdido la aguja". A lo largo del tiempo, nuestro sistema económico ha conseguido reunir una enorme cantidad de equipo, fábricas y viviendas, bienes en proceso de fabricación y tierras desecadas.

Los hombres aprendieron muy pronto que los métodos directos y sencillos de producción podían ser mejorados empleando métodos indirectos cuya realización exige más tiempo.

Nosotros, que estamos ya sumergidos dentro del sistema económico, no nos damos cuenta del tiempo acumulado que suponen los modernos procedimientos de producción; pero un observador externo se sorprendería ante el hecho de que casi nadie, en nuestro sistema, parece producir bienes acabados. Casi todo el mundo parece realizar trabajos preparatorios, siendo el consumo final un futuro y lejano fin. Así, p. ej., un granjero se pasa la vida criando y engordando cerdos, el conductor del camión solo los lleva al mercado y el conservero no hace sino empujarlos un poco más hacia el escalón final para el consumo; análogamente, las funciones fabrican lingotes de hierro, parte de los cuales se convertirán en martillos para construir una casa, mientras que otros acabarán por formar parte de un horno alto, que a su vez volverá a fabricar más lingotes para hacer más martillos y más hornos altos, y así sucesivamente.

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(1) Esto, se entiende, con algunas salvedades evidentes. La tierra puede a veces crearse mediante desecación o relleno, como ocurre en gran parte del lago de Chicago y en la Bahía Posterior de Boston. Recursos naturales como los minerales han sido creados y depositados por la naturaleza; pero localizarlos, extraerlos y refinarlos puede exigir un gran esfuerzo económico, lo que les asemeja en algunas cualidades a los bienes de capital. Aunque en los países occidentales prescindamos de la teoría malthusiana de la población (según la cual cabría decir que la gente lleva asignado un coste de producción, cual si fuera una máquina), hemos de reconocer que todo el proceso educativo consisten en una inversión en personas, que las convierte en factores de producción más productivos. Así, por ejemplo, cuando vemos un médico recién salido de la universidad, es como si estuviéramos contemplando, en cierto sentido, un importante capital.

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Fuente:
Curso de economía moderna | Paul A. Samuelson [Profesor de Economía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (EE.UU.) y Premio Nobel de Economía 1970] | Páginas 57 - 58.