jueves, 11 de junio de 2015

Metodología de la economía


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Nadie puede entender una materia complicada como la química sin antes realizar largos y concienzudos estudios. Esto es a la vez una ventaja y un inconveniente. Por una parte, ni el hombre de la calle ni el periodista se consideran a sí mismos autoridades en la materia, lo que es una suerte. Por otra parte, el que empieza a estudiar química ha de familiarizarse con todos los conceptos básicos, lo que requiere bastante esfuerzo. En cambio, desde nuestra infancia todos sabemos ya algo sobre economía, lo que si bien es una ventaja, ya que así pueden darse por sabidas muchas cosas, resulta a veces un inconveniente, puesto que es natural y humano aceptar superficialmente opiniones plausibles. Tener un conocimiento ligero de algo puede ser peligroso; en un examen profundo, el sentido común puede resultar en realidad falta de sentido.

Metodologia de la economia

Un dirigente sindical que ha negociado con éxito varios convenios laborales puede considerarse un experto en el campo de la economía de los salarios. Un empresario que "ha satisfecho la nómina de salarios" puede sentirse inclinado a creer que sus opiniones sobre el control de precios son definitivas. Un banquero que logra equilibrar sus cuentas puede concluir que sabe todo lo que puede saberse sobre la creación de dinero.

El individuo tiende, de forma natural, a ver solamente los efectos inmediatos que un hecho económico representa para él. Así, no hemos de esperar que un obrero despedido de un taller de carruajes se de cuenta de que quizá con eso haya nuevos empleos en la industria del automóvil; los estudiantes de economía han de estar dispuestos a investigar si realmente es así y en qué medida.

- La economía, valiosa base para determinadas actividades


En una visión introductoria, el economista se interesa por el funcionamiento de la economía en su conjunto, más que por el estudio de determinado grupo individual. Pero con demasiada frecuencia "los asuntos de todos son asuntos de nadie". Por esto, conviene insistir en que el estudio de la economía no aspira a enseñar a cada uno cómo llevar un negocio o un banco, cómo gastar bien el propio dinero o cómo hacerse rico en la Bolsa, lo cual no significa negar que la economía general sirva como una valiosa base para muchas de esas actividades.

Desde luego, el economista ha de saber bastante acerca de la forma en que los empresarios, los consumidores y los proveedores piensan y actúan; lo que no significa que todos ellos empleen, para llegar a sus decisiones, el mismo lenguaje y el mismo método que el que un economista considera conveniente para describir las actividades correspondientes; del mismo modo que un planeta no necesita saber que ésta siguiendo la órbita dibujada por el astrónomo, igual que la mayor parte de nosotros llevamos muchos años hablando en prosa sin saberlo, muchos hombres de negocios se quedarían asombrados si supieran que su modo de actuar es susceptible de análisis económico sistemático. Pero esto no quiere decir que sea preciso corregir su ignorancia, por la misma razón que un jugador de tenis no ganará más partidos por el hecho de conocer las leyes de la aerodinámica. En realidad, hasta el sencillo gesto de abotonarnos la camisa puede resultar bastante complicado si nos ponemos a pensar en el modo de hacerlo científicamente.

- La teoría y la práctica en economía


El mundo económico es muy complicado, y generalmente no es posible realizar observaciones económicas en las peculiares condiciones experimentales características de los laboratorios científicos.

Mientras que un fisiólogo, cuando desea determinar los efectos de la penicilina en la pulmonía, puede hacerlo en igualdad de condiciones empleando dos grupos de enfermos que no solo difieran entre sí por el hecho de que se les inyecte o no la penicilina, en cambio, el economista no se encuentra en tan buena situación, y si quiere averiguar en qué forma afectará un impuesto sobre la gasolina al consumo de combustibles líquidos, podrá verse comprometido por el hecho de que en el mismo año en que se creó el impuesto entraron en servicio los oleoductos. Sin embargo, debe intentar –aunque solo sea mentalmente– aislar los efectos del impuesto por el método de suponer que "todo lo demás ha permanecido igual"; de lo contrario, no comprenderá los efectos económicos de los impuestos, ni de los adelantos del transporte, ni de ambas cosas a la vez.

- La falacia "post hoc"


La dificultad de analizar las causas, cuando no es factible la experimentación controlada, se comprende claramente observando la confusión del médico-brujo primitivo, que cree que un sortilegio y un poco de arsénico son necesarios, ambos a la vez, para matar a su enemigo, o que solo después de haberse vestido él en primavera con un traje verde se decidirán los árboles a hacer lo mismo [este es el tipo de error que en lógica se denomina con la expresión Post hoc, ergo propter hoc (Sucede después de esto, luego es consecuencia de esto)]. A esta limitación y a muchas otras se debe que nuestros conocimientos económicos cuantitativos se hallen muy lejos de ser completos, lo cual no quiere decir que no dispongamos de numerosos y exactos datos estadísticos aprovechables. Los tenemos. Montones de datos censales, informaciones de mercados y estadísticas financieras son recogidos por organismos oficiales, asociaciones comerciales y empresas.

Pero aunque tuviéramos más y mejores datos, todavía sería necesario –como en todas las ciencias– simplificar y abstraer la la infinita cantidad de pormenores, porque ninguna inteligencia puede comprender un montón de hechos inconexos. Todo análisis implica una abstracción. Es necesario, en definitiva, idealizar, omitir detalles, establecer sencillas hipótesis y esquemas que permitan relacionar los hechos, determinando así los verdaderos problemas antes de mirar al mundo tal cual es. Toda teoría, ya se trate de ciencias físicas, biológicas o sociales, falsea la realidad cuando la simplifica excesivamente; pero si es un teoría acertada, lo que omite queda sobradamente compensado por la claridad con que ilumina los diversos datos empíricos y por lo conocimientos que acerca de ellos facilita.

De aquí que, entendidas correctamente, la teoría y la observación, la deducción y la inducción de los hechos no puedan estar en contraposición. La prueba de la validez de una teoría nos la da su utilidad para aclarar la realidad observada, sin que tengan importancia su elegancia lógica y su belleza de composición. Por eso, cuando alguien dice: "Todo esto está muy bien en teoría, pero en la práctica es otra cosa", o quiere decir en realidad que "eso no está muy claro en teoría" o está diciendo una tontería.

- La tiranía de las palabras, también en economía


Especialmente en las ciencias sociales, hemos de estar alerta en la cuestión de la "tiranía de las palabras", pues el mundo está ya bastante enrevesado sin necesidad de añadir nuevas confusiones y ambigüedades, como cuando: 1) una misma cosa se designa, sin saberlo, con dos nombres diferentes; 2) se aplica una misma palabra a dos cosas distintas.

Así es como puede darse el caso de que A censure a B por sostener que la causa de la depresión es el exceso de ahorro, y diga que "la verdadera causa es la escasez de consumo", e incluso que C tercie en la discusión afirmando que "ambos están equivocados y que la causa real es la escasez de inversión". De este modo podrían continuar discutiendo toda la noche, cuando, en realidad, si se parasen a analizar sus frases, se encontrarían  con que de ningún modo discrepaban sus opiniones sobre los hechos, y que se trataba solo de una mera confusión verbal.

De forma análoga, las palabras pueden traicionarnos si no reaccionamos ante ellas de una manera neutral. Como ejemplo, baste decir que si alguien mira con aprobación un proyecto oficial para acelerar el crecimiento económico lo describirá como un programa de "planificación sensata", mientras que quien no esté conforme se referirá a la misma actividad como a una "reglamentación burocrática totalitaria". ¿Quién puede objetar nada al primero ni excusar totalmente al segundo? No obstante, ambos se refieren a la misma cosa. Así, pues, sin necesidad de ser un especialista en semántica –el estudio del lenguaje y su significado–, es fácil comprender que la argumentación científica ha de obligarnos, en lo posible, a no emplear terminologías que lleven consigo un matiz emocional.

- ¿Las ciencias sociales frente a las ciencias físicas?


Algunas tergiversaciones del pensamiento que resultan de las emociones y de los prejuicios son tan evidentes que se reconocen con claridad. Pero a un nivel más profundo podemos preguntarnos:

Puesto que la economía se ocupa del hombre y no de objetos inanimados, y puesto que el científico es necesariamente un hombre, ¿es posible la existencia de una ciencia económica objetiva?, ¿es posible aplicar los métodos de las ciencias físicas –observación y medición cuantitativa, construcción de modelos matemáticos– al estudio de los asuntos humanos?

No puede darse una contestación sencilla a esta profunda cuestión. En cierto sentido, y precisamente porque somos hombres, tenemos una ventaja sobre el científico de la naturaleza. Esto no puede decir: "Suponiendo que yo fuera una molécula de H2O, ¿qué podría hacer en esas circunstancias?. El científico social emplea con frecuencia, a sabiendas o sin saberlo, tales actos introspectivos.

Queda todavía un problema, que los estudiosos experimentados plantearían de esta forma:

La imitación exacta de las ciencias físicas en el estudio de la humanidad y de la sociedad es un error, pero no hay otro medio para la observación paciente de los hechos empíricos de la vida, ni para el razonamiento sistemático de esos hechos. Igual que en el caso de la moderna biología, se han logrado grandes avances con los métodos matemáticos, a pesar de las previas advertencias contra la imitación de las ciencias físicas. Dejemos que la experiencia diga la última palabra. Y que a nadie le impresione la simple elegancia técnica.

- Probabilidad de errores en economía: normal o no


Existe una importancia diferencia entre una ciencia exacta, como la física, y una menos exacta, como la economía. Nuestras leyes pueden cumplirse sólo "por término medio", con considerable dispersión de las excepciones en torno a la media.

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Fuente:
Curso de economía moderna | Paul A. Samuelson (Profesor de Economía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (EE.UU.) y Premio Nobel de Economía 1970 | Páginas 11 - 15.