viernes, 14 de febrero de 2014

Consumo y ahorro


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La mayor parte de la renta nacional que pasa a los trabajadores, agricultores, tenedores de valores, hombres de negocios y otros productores se emplea en comprar bienes para el consumo corriente; el resto se ahorra.

Consumo y ahorro

- Ahorro e inversión


Por regla general, los ahorros, juntos, de mucha gente se invierten (bien directamente por los propios individuos o indirectamente mediante instituciones financieras o bancarias) en capital o en bienes, tales como casas, fábricas, ferrocarriles, explotaciones de servicios públicos u otros bienes semejantes. Así, pues, el caudal de renta en dinero se gasta, se transforma en una corriente aproximadamente igual de artículos y servicios; parte en bienes de consumo y parte en bienes que son empleados en una producción ulterior.

- Competencia y renta


Todos los productores compiten unos con otros para lograr una parte de la corriente anual de renta en dinero. La competencia entre los vendedores de bienes de consumo es patente para todo el mundo. Estamos acostumbrados a ver todos los días a nuestro alrededor la propaganda, la visita personal y todos los recursos técnicos para dirigir el dinero del consumidor hacia las cajas de los establecimientos detallistas.

Los fabricantes de bienes empleados en la producción compiten asimismo para lograr una parte de la corriente de renta. Esta competencia no es quizá tan evidente como la del detallista que vende directamente bienes para el consumo inmediato; sin embargo, existe. Tal competencia se demuestra con los informes de las sociedades en las páginas financieras de los periódicos y con el asesoramiento facilitado por los que hacen previsiones y dan consejos sobre el mercado de valores acerca del provecho probable de las diferentes oportunidades para inversiones. La Compañía que levanta una casa para alquilar sus pisos debe competir con el promotor de una Compañía explotadora de un servicio de utilidad pública para conseguir que la gente invierta los ahorros en su negocio.

Así, pues, los consumidores y los ahorradores eligen la forma en que emplearán sus rentas. Los productores tratan constantemente de influir sobre esta elección mediante el empleo de la propaganda y agentes de ventas, y hasta cierto punto la regulan. Pero, en último lugar, la hacen los mismos que perciben la renta. Cada día manifiestan sus predilecciones en el mercado, y esta corriente de preferencias diarias se convierte en el factor guía que determina lo que se producirá. A menudo, los productores cometen equivocaciones. Prevén incorrectamente los gustos del público, y construyen fábricas, producen automóviles y materias textiles, que no satisfacen la demanda del mercado. Sin embargo, este mecanismo asegura una rápida adaptación a los cambios de la demanda. La producción no se ajusta a un molde fijo y rígido. Debe adaptarse constantemente a las preferencias y decisiones de los que emplean sus rentas.

Fuente:
Principios de Economía, por Frederic B. Garver (Universidad Minnesota) y Alvin Arvey Hansen (Universidad de Harvard).