viernes, 10 de enero de 2014

Ley económica


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La economía no pretende anticipar el comportamiento individual de la gente. Ni pretende predecir tampoco la actuación del grupo social con una gran exactitud. No establece leyes referentes al comportamiento económico del individuo, ni siquiera de pequeños grupos. Hablando en general, establece que la gente, por término medio y como masa, se comporta de cierta manera bajo la influencia de ciertos estímulos.

En forma semejante indica que, si se dispone de suficientes ejemplos o datos sobre la masa, se pueden establecer relaciones. Así, pues, si los vendedores aumentan el precio y lo mantienen al nuevo nivel más elevado, la demanda tiende a disminuir. Pero esta afirmación sólo es verdadera en el caso de que la compra se efectúe por gran número de personas y si las demás condiciones, tales como la cuantía de las rentas de la gente, no varían. Es perfectamente factible que cualquier individuo, considerado aisladamente, siga comprando la misma cantidad al nuevo precio. Todas las leyes económicas son indicaciones de tendencias. Todas las leyes económicas son indicaciones de tendencias. Son expresiones aproximadamente correctas de relaciones.

Ley economica

Las leyes económicas son más bien tendencias que fórmulas matemáticas exactas. Esto es consecuencia, en parte, del hecho de que las relaciones económicas son muy complejas. En cada ejemplo de variación económica intervienen muchos factores. Aunque las relaciones complejas también intervienen en los fenómenos de la Naturaleza, por lo general, las ciencias exactas están en condiciones de aislar los factores causales de una manera definida y precisa. Sin embargo, por la complejidad de las fuerzas que intervienen es por lo que ninguna ley del universo físico parece actuar como establecen las leyes científicas. Si los resultados observados en el mundo real correspondiesen para descubrir las leyes científicas. La complejidad de los factores que intervienen es la causa de que todas las leyes científicas, al ser formuladas por vez primera, parezcan titubeantes e irreales. Los cuerpos no caen de acuerdo con la ley de la gravedad, pues son retardados por la presión atmosférica. El resultado anunciado no parece presentarse en la vida real. No hay que asombrarse de que los llamados hombres prácticos suelan tener poca fe en la teoría.

Las conclusiones obtenidas con el estudio científico pueden llamarse con propiedad leyes si sobre cada serie de condiciones se actúa en forma tal, que cada fuerza puede ser medida separadamente y el efecto resultante ser predicho con certeza. Por otra parte, en economía, muchas de las fuerzas que actúan son completamente desconocidas con mucha frecuencia: otras no pueden medirse, y, por tanto, el efecto resultante de las fuerzas que pueden ser medidas está sujeto a considerables variaciones, puesto que está viciado por las fuerzas desconocidas y por aquellas no susceptibles de medida. Así, pues, la previsión exacta es imposible, aunque a veces es factible está dentro de ciertos límites de variación. En tales casos debe emplearse con preferencia el término "tendencia" en vez de "ley".

Como la economía puede medir el resultado probable de ciertas condiciones y, además, la variación aproximada de este resultado, puede decirse con propiedad que es una verdadera ciencia. Esencialmente, las leyes económicas son de este tipo estadístico. Se cumplen para conjuntos, pero no para casos aislados. Establecen la relación media entre los fenómenos. Son aproximaciones o tendencias.

A menudo oímos hablar de las leyes "naturales" de la economía, especialmente de la ley de oferta y demanda. Se nos dice que no podemos alterar la ley de la oferta y la demanda. Esta afirmación indica una gran verdad y un falso concepto. Contiene una gran verdad porque afirma que no pueden impedirse los efectos de una ley o tendencia científica por el hecho de no tenerlos en cuenta ciegamente -que los resultados son consecuencias de causas definidas-. Sin embargo, contiene un falso concepto porque da la impresión de que los seres humanos se hallan indefensos porque da la impresión de que los seres humanos se hallan indefensos ante las leyes científicas. Si se dan ciertas condiciones, es indudable que los hombres son, en efecto, incapaces de impedir los resultados consiguientes, dentro de un cierto margen apreciable. Pero las condiciones mismas pueden ser alteradas, y cuando lo son se siguen inevitablemente resultados distintos. En este respecto, la economía y otras ciencias sociales no difieren de las ciencias naturales. Por el hecho de que ciertas condiciones producen inevitablemente ciertas enfermedades, no hemos de desesperar y someternos negligentemente a éstas. Podemos alterar las condiciones y variar así los resultados. Las condiciones económicas están especialmente sujetas a alteraciones porque forman parte de instituciones creadas por el hombre. Por tanto, nuestra vida económica está sometida al dominio del hombre: no es el juego ciego de fuerzas externas ingobernables.

La economía no es, ni probablemente será, una ciencia exacta en el sentido en que lo son la física y la química. Por tanto, se puede preguntar desde el principio si es siquiera una ciencia y si puede obtenerse algún beneficio de su estudio. Estas preguntas pueden contestarse satisfactoriamente. No todas las investigaciones útiles pueden realizarse con el mismo grado de exactitud que las hechas en el laboratorio del químico. La utilidad de cualquier estudio debe juzgarse no sólo por la exactitud de sus resultados, sino por el valor de ellos para el bienestar social. Es indudable que se puede estudiar la economía por el deleite puro que con ello se obtenga, o simplemente para satisfacer la curiosidad acerca del comportamiento de determinados fenómenos económicos. Tales motivos han actuado seguramente como acicate para el estudio de la astronomía, por ejemplo. Pero es probable que se haya hecho más por el bienestar del género humano, mediante el descubrimiento de la generalización (que se admite es aproximada) denominada ley del rendimiento decreciente, que con todos los cálculos exactos acerca de la masa de los planetas o los eclipses de la luna. Es evidente que en la actualidad muchos de los problemas más importantes que se presentan a los pueblos son económicos. También revisten gran importancia los problemas técnicos -de ingeniería, manufactura- y sanitarios. Sería vano el intento de clasificar estos problemas por orden de importancia. Pero es evidente que, a menos de que lleguen a ser mejor comprendidos los problemas del dinero, salarios, depresiones y precios, es probable que la civilización no disponga de los medios para resolver los problemas técnicos y sanitarios, y las gentes no tengan la oportunidad de disfrutar los beneficios de los descubrimientos hechos en estos campos. Por tanto, el estudio de la economía debe justificarse con la creencia de que, mediante él, pueden obtenerse explicaciones con la creencia de que, mediante él, pueden obtenerse explicaciones útiles y encontrarse soluciones para los muchos problemas económicos con que se enfrenta la civilización en la actualidad.