lunes, 6 de enero de 2014

La economía primitiva de los isleños de Trobriand, de Branislaw Malinowski


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Hace unos días releí “La economía primitiva de los isleños de las Trobriand”, de Branislaw Malinowski, antropólogo polaco, considerado el padre del funcionalismo británico y de la etnografía, por ser él quien describió las pautas metodológicas mediante las cuales había que llevar a cabo el trabajo de campo, utilizando la técnica de la observación participante.

Economia trobriand

El funcionalismo, en antropología, constituye una reacción académica contra el evolucionismo, arguyendo que cada elemento de la cultura es lo que es en relación al resto de elementos de dicha cultura, y que aislándolos carecen de todo sentido.

Malinowski llevó a cabo su trabajo de campo entre los aborígenes de las Islas Trobriand (Papúa-Nueva Guinea), y de esas largas estancias surgieron sus escritos “Los argonautas del pacífico occidental” (1922), “Islas Trobriand” (1915), “La familia entre los indígenas australianos” (1913), o “Sexo y represión en la sociedad salvaje” (1926) entre otros.

Este artículo está basado también en la sociedad de las Trobriand, y pretende ser un llamamiento a realizar una ciencia económica de los pueblos primitivos fiable y veraz, así como un primer ejemplo de este tipo de antropología. Malinowski critica la idea de Buecher de que los salvajes no tienen organización económica, sino que se encuentran en una fase de búsqueda individual de alimentos o, en el mejor de los casos, en una fase de economía doméstica autónoma, y se propone demostrar que no es así, analizando para ello la economía de los isleños de las Trobriand. Éstos forman parte de una sociedad pre-económica catalogable como salvaje, pese a tener una gran maestría en el arte y varios oficios, y una institución de jefatura bien desarrollada.

Para explicar el proceso económico en las Trobriand, toma como ejemplo la agricultura, siendo la explicación aplicable a cualquier otro proceso. En cuanto a la producción, se plantean dos problemas: en primer lugar, el problema de la tenencia de la tierra, y en segundo lugar, ¿cómo se realiza el trabajo en los huertos?

En cuanto a la primera cuestión, la tierra tiene dos máximos propietarios: el jefe, y el mago. Luego cada parcela pertenece a un individuo, y el propietario puede usarla o arrendarla con un complicado sistema de pago. A estos derechos y complicaciones los indígenas les dan un gran valor, y conllevan funciones económicas.

El jefe se encarga de que no hayan conflictos y de mediar en ellos cuando los hay. El mago se encarga de supervisar el desarrollo de la producción, haciendo las funciones de líder. Así, en la producción intervienen la autoridad del jefe, la creencia en la magia y el prestigio del mago como fuerzas sociales y psicológicas.

La distribución tiene dos importantes rasgos de interés económico: las obligaciones impuestas por el parentesco y las deudas y tributos pagados al jefe. En el primer caso, la norma es que cada hombre debe distribuir casi la totalidad del producto de su huerto entre sus hermanas y sus familias.

Por otro lado, cerca del 30% de la cosecha del distrito va para el jefe. Además, el jefe es el único con suficiente poder para crear elementos de riqueza permanente (Vaygua), que sirven para condensar riqueza. Estos objetos son símbolo de gran poder y riqueza, y suelen cambiarse por comida, o ser ofrecidos como dote. El 80% de estos objetos está en manos del jefe, y junto a la comida, son los símbolos de su rango, dignidad y poder. El jefe, además, es el propietario de tres cuartas partes de los cerdos, los cocos y los frutos del distrito. La posesión de estos diferentes tipos de riqueza le permite ejercer su poder de forma dinámica.

Recibe servicios de cualquier habitante del distrito, incluso para lo más trivial, y lo recompensa con un regalo, como cualquier otro habitante haría. Malinowski describe el rol del jefe como el de un “banquero tribal”.

El intercambio, por otro lado, es un proceso complejo en las Trobriand, y en el artículo se trata de forma superficial. Existe el trueque, y, por lo general, las equivalencias suelen estar ya establecidas por la costumbre.

Pese a existir objetos que sirven para intercambiarse por una gran cantidad de productos, los indígenas no piensan en ellos como unidad de cambio, por lo que “dinero” como tal, no existe.

Malinowski acaba haciendo un llamamiento a realizar una antropología económica veraz, ya que el acercamiento a ésta permitirá una mayor comprensión de la realidad sociológica de las culturas.

Al analizar este artículo, recuerdo otro libro del mismo autor: “Los argonautas del pacífico occidental”, y, no pudiendo estar más de acuerdo con Malinowski en que la economía salvaje puede llegar a ser muy compleja, creo que el ejemplo más claro es el que en este artículo se obvia: el Kula.

Suponer que las sociedades pre-económicas son tan simples como dice Buecher, constituye un error que podría haber comprometido peligrosamente el estudio antropológico de las sociedades primitivas.

Quizá el problema de suponer la falta de instituciones económicas en las sociedades salvajes provenga del mismo error en el que se cae al realizar un mal estudio etológico: de suponer que aquello que se estudia, funciona de la misma manera que lo conocido. Así, igual que, erróneamente, en ocasiones se trata de comprender el comportamiento animal desde la óptica del comportamiento humano, el tratar de comprender las instituciones económicas primitivas desde la óptica de nuestra historia económica, puede –y, probablemente, debe- conducir al error. Sobradamente se conoce ya que la creatividad humana ha dado cientos de soluciones al mismo problema.

Por tanto, no debería sorprender que para abarcar aquellas cuestiones relacionadas con lo económico, las diferentes culturas hayan utilizado diferentes vías, siendo la nuestra tan sólo una de ellas. Suponer que nociones como “dinero”, “fuerza de trabajo”, “salario”, o incluso “producción”, “distribución”, “intercambio”, etc. son rasgos transculturales es un error que sólo mediante una buena etnografía, conocimiento de los actuales trabajos en antropología económica, y visión crítica alejada del etnocentrismo puede ser subsanado.

A la hora de analizar otros sistemas económicos, nuestros conocimientos sobre ciencia económica e historia económica deberían olvidarse prácticamente en su totalidad, con el fin de descubrir su verdadero sentido, y el que le da la sociedad en cuestión.