viernes, 21 de diciembre de 2012

La industrialización en España


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El proceso de industrialización en España se produjo con notable retraso en relación a otros países europeos, especialmente en relación con el Reino Unido y Francia. De hecho, el proceso de industrialización en España no tuvo lugar hasta bien entrado el siglo XX.

Industrializacion y economia

- Acontecimiento políticos en España durante el siglo XIX y la formación de capital y despegue económico


Los acontecimientos políticos que afectaron a España durante el siglo XIX, no favorecieron en absoluto la formación de capital y el despegue económico necesarios para seguir los pasos de la revolución industrial que se producía en sus países vecinos. En primer lugar, el erario público español sufrió un duro revés con la pérdida de las colonias americanas, que tuvo lugar en los años siguientes a la finalización de la guerra de la Independencia de 1808-1814. La invasión francesa supuso la destrucción de buena parte de las infraestructuras terrestres existentes, al tiempo que las incipientes instalaciones industriales se vieron afectadas. A partir de 1808, con la guerra contra los franceses en la metrópoli, los criollos americanos aprovecharon la ocasión para sentar las bases de su futura independencia. Al revés que el Reino Unido o Francia, que en el período 1801-1810 vieron como la expansión de su comercio exterior generaba los excedentes de capital comercial necesarios para financiar la industrialización, España vio como su situación económica y su comercio exterior empeoraban, como consecuencia de la pérdida de las colonias americanas, y cómo a su vez, no se generaban los recursos necesarios para financiar el nuevo proceso de industrialización en el que estaban abocados sus vecinos europeos.

- La desamortización de mediados de siglo, la Ley de minas de 1839 y el arancel librecambista de 1869


España intentó resarcirse de estos inconvenientes a través de la desamortización de mediados de siglo y con la ley de minas de 1839 y el arancel librecambista de 1869, que promovió la concesión a cambio del pago de un canon de los recursos mineros nacionales a empresas, especialmente extranjeras, pero los medios recaudados con estos dos importantes procedimientos fueron insuficientes para incentivar la industrialización.

- La iniciativa empresarial catalana


Durante la revolución industrial inglesa de finales del siglo XVIII, España no supo importar las novedades tecnológicas británicas, y su contribución a la revolución industrial fue prácticamente nula. Sólo en Cataluña, la actividad comercial (especialmente la exportación de aguardientes y productos vitivinícolas) había sido capaz de crear una clase empresarial inquieta y acumular capitales comerciales hacia finales del siglo XVIII, que fueron invertidos en la creación de una industria textil moderna. Hacia 1780, en Cataluña se habían importado máquinas de hilar Highs, que los técnicos locales mejoraron hábilmente en unas máquinas nuevas, las famosas bergadanas. La industria catalana de los hilados de algodón y las indianas de finales del XVIII y principios del XIX, sentó sin duda las bases económicas de la España moderna. En 1804, se había realizado en Cataluña una importación masiva de maquinaria textil procedente del Reino Unido y Francia, que por culpa de la invasión napoleónica no pudo renovarse hasta 1830. En 1844 se introdujeron las máquinas hiladoras automáticas "selfactinas", y la industria textil catalana se expandió a lo largo de los cursos fluviales, para aprovechar la energía hidráulica, y más tarde con la introducción de la máquina de vapor en sustitución de la mencionada energía, ya no tuvo necesidad de localizarse en los cursos fluviales. A finales de siglo se desarrolló la industria lanera, en las localidades catalanas de Terrassa y Sabadell. Pero Cataluña no poseía ni carbón ni mineral de hierro, hechos que impidieron completar su desarrollo industrial con la implantación de una industria pesada. Cataluña intentó diversificar su producción con la introducción de la industria siderúrgica. En 1833, los hermanos Bonaplata fundaron El Vapor, taller metalúrgico destinado a la producción de maquinaria textil, que fue incendiado en una revuelta popular en 1835. En 1836 se fundó la empresa Nueva Vulcano destinada a la construcción de buques de vapor y, en 1855, la industria mecánica La Maquinista Terrestre y Marítima.

- Último tercio del siglo XIX: iniciativa empresarial vasca


En el último tercio del siglo XIX surge en el País Vasco otro núcleo de empresarios innovadores, que como consecuencia de los beneficios comerciales derivados de la exportación de mineras de hierro vasco al Reino Unido, realizaron una acumulación de capital que invirtieron en el nacimiento de una importante industria siderúrgica. Dicha industria estuvo acompañada también por la modernización técnica de la extracción hullera en Asturias, a partir de 1848. De hecho, para la creación de la siderúrgica vasca, cuyo despegue definitivo se produjo en el decenio 1880-1890, además de la acumulación de capital procedente del comercio exportador, fueron determinantes las innovaciones técnicas de los procedimientos Bessemer, Thomas y Siemens. En 1859 habían empezado a funcionar los primeros altos hornos en la fábrica Carmen, de los hermanos Ybarra en el Desierto de Baracaldo, y la fábrica de Pedro Duro en la Felguera. El inicio de la siderúrgica española, que se había producido al mismo tiempo en Asturias (Mieres, Felguera) y el País Vasco (Vizcaya), tuvo su desarrollo definitivo en esta última zona. La fábrica de los Ybarra se convirtió, en 1882, en la sociedad anónima Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero. En 1882 se fundó La Vizcaya, y en 1888 la Sociedad Anónima Iberia. Estas tres últimas se fusionaron en 1902 para formar Altos Hornos de Vizcaya. En 1877, al final de la guerra carlista, la producción de duplicó, y su apogeo contribuyó a formar un importante grupo financiero en el norte.

- Otros factores que hicieron posible la industrialización en España


El proceso de industrialización en España en el siglo XIX, fue posible, además de las iniciativas empresariales catalana y vasca, por otros factores importantes: la proliferación de las sociedades anónimas y en comandita de tipo familiar en Cataluña y Vizcaya, el nacimiento de un sistema bancario, la protección arancelaria de los productos siderúrgicos y textiles, la inversión extranjera (inglesa, francesa y alemana) en el sector minero, con la formación de sociedades anónimas explotadoras, especialmente en 1869-1890 en la extracción de plomo (Córdoba y Jaén), mercurio (Almadén) y cobre (Riotinto), la utilización de hulla británica por la siderurgia vasca, de mejor calidad que el carbón español, y la introducción de la electricidad (primera central eléctrica en Barcelona en 1875, a la que siguieron la Compañía Madrileña de Electricidad en 1890, Sevillana de Electricidad, Eléctrica de Nervión, etc.). Pero el factor que tuvo especial relevancia fue la expansión del ferrocarril a partir de 1860. En 1848 había entrado en servicio la primera línea férrea española, en el tramo Barcelona-Mataró, al que siguieron Madrid-Aranjuez (1851) y Langreo-Gijón. pero no fue hasta la Ley General de Ferrocarriles de 1855 cuando realmente se produjo la expansión del ferrocarril, con un notable retraso con respecto a Europa. De 1860 a 1880 se construyeron en España 5.500 km de vía férrea, a la vez que se dictaron las leyes bancarias que permitían crear las sociedades de crédito y bancario que financió los proyectos. En 1900, había ya en funcionamiento un total de 13.200 km, y unas veinte compañías, de las que las más importantes eran de capital francés.