jueves, 20 de diciembre de 2012

El Desarrollo Industrial en los demás Países Europeos


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En el resto de Europa, la industria estaba menos desarrollada, y todavía a mediados del siglo XIX la totalidad del continente estaba industrialmente atrasada en una generación en relación al Reino Unido y con una población predominantemente rural y ocupada, sobre todo, en las actividades agrícolas. Esto era debido a la coincidencia de una serie de factores: la existencia de vías de comunicación deficientes, la escasez de materias primas, el aglomerado de pequeños estados en un espacio relativamente pequeño, la distribución desigual de la renta, impuestos elevados, las continuas guerras que provocaban importantes pérdidas humanas y de capitales, una cultura que consideraba a la actividad empresarial como propia de las clases media y baja, y la escasa inversión en formación escolar.

Desarrollo industrial

Sólo después de 1840, en algunos países como Bélgica, Francia y Alemania, el estado intervino directamente en el desarrollo económico, proporcionando asistencia técnica, asesoramiento, subsidios y exenciones fiscales; y más tarde, intensificando la formación escolar. Al mismo tiempo, el estado invirtió mucho en la mejora de las infraestructuras: en Francia, a través de la inversión en obras públicas, y en Alemania, a través de la institución del Seehandlung, la financiación del comercio marítimo. Paralelamente se produjo un sensible incremento demográfico que permitió ocupar beneficiosamente en la industria al excedente de población agrícola.

A diferencia de lo que sucedía en el Reino Unido, lo que marcó la llegada de la revolución industrial en la Europa continental no fue la industria algodonera, sino la industria pesada, sobre todo la del carbón y el acero.

La industria siderúrgica belga fue la primera en utilizar el combustible mineral tanto por la accesibilidad a los lugares de abastecimiento como por la perspectiva de ganancias que el sector ofrecía a los inversores. Francia, que era más pobre en carbón, desarrolló la tecnología de la fuerza hidráulica para adaptar el vapor a varias formas de usos, mientras que en Alemania prevalecía la fabricación de productos acabados, como el acero de Renania, que requería una técnica elevada y más mano de obra. La típica empresa alemana presentaba una variedad de producción en relación a los demás países, y ello gracias a la superior preparación de sus técnicos.

En la segunda mitad del siglo XIX se asiste a un rápido desarrollo de la industria continental que reduce a la mitad su diferencia respecto a la británica, favorecido por algunos elementos: la extensión de las redes ferroviarias, que permitió intensificar el intercambio de mercancías a través de varios países; la libre constitución de sociedades, aunque extranjeras, que podían operar en términos de igualdad con las empresas nacionales; la acumulación de capitales disponibles para financiar las empresas industriales; una serie de importantes acuerdos comerciales entre países, con la finalidad de abaratar las barreras al comercio internacional, como la eliminación de los impuestos sobre el tráfico fluvial y la simplificación de la confusión monetaria.

En la industria textil se produjeron progresos significativos como consecuencia de la introducción de la máquina de vapor -que sustituyó definitivamente a la rueda hidráulica- y la posibilidad de adquirir el hilado británico a buen precio. La industria algodonera prosperó en Suiza, que a mitad de siglo era una de las naciones a la cabeza del continente europeo, gracias a la abundancia de agua y a su papel de país intermediario entre la Europa central y el Mediterráneo.

El sector financiero también sufrió una importante revolución: en Francia se constituyó el Crédit Mobilier, mientras que en Bélgica se creó la banca de inversiones por acciones, que concedía préstamos hipotecarios a las empresas industriales, la Société Générale y la Banque de Belgique, que promovieron la expansión de la empresa minera y metalúrgica.

La finalidad principal de estos bancos era la de ayudar al sistema industrial, incluso en los sectores que ofrecían buenas posibilidades de desarrollo pero que no atraían a los inversionistas, debido a que no prometían ganancias inmediatas.