viernes, 10 de marzo de 2017

Carl Menger (1840 - 1921)

Constituye una excelente prueba para averiguar la fuerza de un argumento, la de examinar si puede considerarse como decisivo por sí mismo o, si, por el contrario, se sostiene apoyado por una larga cadena de argumentos subsidiarios. Análogamente, constituye una excelente prueba para averiguar la significación de la obra realizada por un hombre, a través de toda su vida intelectual, examinar si en la misma se puede apreciar una aportación singular que por sí misma entrañe grandeza, o si, por el contrario, debe ser contemplada como un mosaico formado por una gran cantidad de pequeñas piezas. MENGER fue uno de aquellos pensadores que pueden exhibir una única aportación decisiva que ha marcado época en la historia de la ciencia. Su nombre permanecerá vinculado para siempre a un nuevo principio interpretativo, que ha revolucionado la totalidad del campo de la teoría económica. Aun cuando sea posible recordar aspectos significativos y admirables de su carácter, aun cuando se puedan aducir otras aportaciones científicas adicionales, y aun cuando se pueda hablar de su entrega a la enseñanza y a la investigación –todo esto cede en importancia ante el pedestal sobre el cual se erige esta gran figura. Como es natural, el biógrafo de MENGER reunirá todo este material para obtener el retrato de una personalidad fuerte y atractiva. Pero dicho retrato deriva toda la importancia de su gran aportación, y, por lo tanto, no nos hacen falta aquellos detalles para hacer justicia a la fama de MENGER.

Carl Menger y economia
Carl Menger. Imagen: Economía y futuro

MENGER nos dejó después de veinte años de absoluto retiro, durante los cuales exploró gozosamente todos aquellos campos que atraían su interés. Gracias a esta circunstancia nos encontramos a una distancia suficiente para considerar su obra como parte de la historia de nuestra ciencia. Y su obra impresiona, ciertamente. El fondo del cual emerge la personalidad científica de MENGER puede ser bosquejado brevemente. Más allá de las preocupaciones prácticas, y al margen de las necesidades de la política práctica, se ha desarrollado, desde el siglo XVI, un pequeño caudal de conocimientos en torno a las cuestiones económicas; las cuestiones de política monetaria y comercial, desde entonces hasta ahora –es decir, desde que la moderna economía de cambio comenzó a desbordar los límites de la economía vilicaria y del manor– han conducido a discusiones en las cuales, y de manera primitiva, se reunían las causas y efectos de los acontecimientos económicos más destacados. La tendencia pausada hacia una economía individualizada y la libertad de comercio fue acompañada por una corriente siempre creciente de panfletos y libros dedicados a autores normalmente más inclinados a resolver los problemas económicos reales de cada día que a pensar sobre los problemas más fundamentales. Durante el siglo XVIII surgió una ciencia ya consolidada, con sus escuelas, resultados, disputas, libros de textos y especialistas competentes. Esta fue la primera época de nuestra ciencia, una época que creemos culminó en ADAM SMITH. Siguió después un período de análisis y de especialización, durante el cual los clásicos ingleses dominaron el terreno del cual nos ocupamos, toda vez que es en este campo donde se encuentra la realización de MENGER. RICARDO imprimió su nombre a esta época. En su transcurso, un sistema coherente de doctrinas con pretensión de carácter científico y de validez general dentro de amplios límites, se desarrolló plenamente; había aparecido la teoría económica pura.

lunes, 20 de febrero de 2017

El desarrollo del capitalismo (IX): el crédito a la producción y las crisis económicas

La lentitud del crecimiento en la gran industria británica permitió que su medro fuese financiado holgadamente por los superávits disponibles y procedentes de anteriores explotaciones lucrativas. Además, como desde los años 60 la ampliación de las empresas trabajo consigo la necesidad de investir a los nuevos capitales con el derecho de accionistas, la mayoría de tales acciones permaneció en el círculo de los propietarios del negocio y sus amigos. Cosa completamente distinta sucedió en el Continente, donde la gran industria hubo de ser implantada como cosa nueva y reclamó inmediatamente una gran concentración de recursos. A las inversiones en capital de la época anterior, a los fondos públicos y a las cédulas hipotecarias, se agregó a partir de los años 50 del siglo XIX, con grandes y crecientes pretensiones, las acciones de empresas industriales. Las acciones habían hallado su desarrollo en las empresas coloniales; Bancos y Sociedades de seguros se habían servido especialmente de ellas. En la era de los ferrocarriles, su pretensión, abstracta, y numéricamente concretada, se convirtió en medio principal de la organización industrial.

Crisis economicas y economia

En la Bolsa hallaron mercado ante todo, una vez terminadas las guerras napoleónicas, los empréstitos de Estados, consecuencia de la liquidación de las mismas. Las grandes casas financieras, los Hope en Amsterdam, los Baring en Londres, además de los Bethmann y sobre todo de los Rothschild de Francfort, alcanzaron, en su virtud, una posición completamente distinta de los grandes proveedores de dinero en tiempo de los Fugger, dado que podían apoyarse en la oferta del público poseedor de capitales, aportada en Bolsas bien organizadas. Nadie acertó a valerse de este instrumento mejor que la casa Rothschild, cuyos hermanos se habían distribuido en las diversas capitales, en Londres, París, Viena y Nápoles. El Landgrave de Hessen había confiado al viejo Rothschild su patrimonio, que la casa supo salvar de las turbulencias de la guerra en Inglaterra. Después había mediado cerca de los ingleses para pagar las necesidades militares suyas y de sus subsidios en el Continente. Como también podían abonarse en libras esterlinas los intereses de los empréstitos recién emitidos, estaba asegurado su mercado en la Bolsa de Londres. No fue sólo el Viejo Mundo el auxiliado por tales empréstitos: desde el decenio de los 20 años prestó la casa Rothschild el mismo servicio a los Estados suramericanos recientemente surgidos. También ellos quedaron encadenados al mercado de Londres por la necesidad financiera que inmediatamente se presentó. Al modo como antaño la casa Fugger había servido a la antigua fe, apoyó la ortodoxa casa Rothschild a los Gobiernos de la Restauración. En el período hasta 1848 fue también trascendental su influencia en el orden político. Cuando en 1830 surgió la amenaza de una guerra europea por causa de la sublevación de Bélgica, pero también cooperaron a este resultado las influencias financieras de la casa Rothschild.

domingo, 19 de febrero de 2017

El desarrollo del capitalismo (VIII): el perfeccionamiento del tráfico de pagos y crédito mediante los bancos

Para el tráfico dinerario moderno, además de la legislación en materia de moneda, ha tenido mucha más importancia la constitución de los Bancos centrales. Su posición es especialmente difícil, por cuanto, mediante sus emisiones de billetes, no sólo influyen en la cantidad de medios de pago, sino que, al entregarse estos billetes a cambio de letras y análogos efectos, se hallan al propio tiempo en el centro del tráfico crediticio. Desde mediados del siglo XIX ha advertido el Banco de Inglaterra este cometido y procurado favorecerle mediante su política de descuento. El Banco central no debe hacer negocio a cualquier precio: antes bien, su misión económica nacional consiste en regular en determinadas circunstancias el mercado, renunciando al lucro. Law había llevado la especulación a punto de ebullición, frenando después súbitamente. La moderna política de descuento da una señal de alarma elevando sus tipos de descuento cuando vacila la especulación, y, recíprocamente, está dispuesta a auxiliar en el momento de depresión fijando condiciones módicas. Con todo, tal deferencia para con la economía tiene sus límites en los miramientos debidos a la seguridad de la moneda. Si ésta es ante todo base del tráfico mercantil internacional, sus deseos de otorgar créditos deben sacrificarse a la producción. Así se explica la diversidad de la política de descuentos en cada país.

Banco Central Suizo y economia
Banco Central Suizo. Imagen: Público

A comienzos del siglo XX, Londres había tenido que ceder a los puertos continentales una parte de su posición como centro del tráfico mercantil y marítimo internacionales, pero siguió siendo centro del comercio internacional de pagos y capitales. De ahí que para el Banco de Inglaterra fuera totalmente primordial la seguridad de la moneda. En la guerra boer se había asegurado Inglaterra el dominio del manantial más importante de oro. Este oro afluía a Londres, pero tenía que ser retirado nuevamente para las obligaciones de pago de Inglaterra. Cuando tales retiradas empezaron a parecer graves, el Banco de Inglaterra elevó el tipo de su descuento para así atraer en lo posible a la nación el oro. Estas fluctuaciones obligaban al Banco de Inglaterra a variar con frecuencia sus tipos. La riqueza que por el ahorro de sus nacionales se iba acumulando, y que no tenía inversiones posibles en la nación, permitió a Francia mantener constantemente bajo su descuento. El tipo de descuento alemán fue siempre más alto antes de la guerra, en parte porque era menor la potencia de capital de Alemania, y además porque el mayor espíritu de empresa de Alemania suscitaba apremiantes demandas de crédito. Alemania tenía que alterar su descuento con más frecuencia que Francia. Pero los miramientos hacia su industria le hacían efectuarlo más morosamente que en Inglaterra. En Bélgica predominaban los intereses de la industria exportadora, que obligaban a que la política belga de descuento pospusiera incluso la consideración de estabilidad de la moneda. A pesar de la Unión Monetaria Latina, pudo el franco belga estar en peor situación que el francés.

viernes, 10 de febrero de 2017

El desarrollo del capitalismo (VII): la fundación y conservación de un sistema monetario estable

Las prolijidades de producción que trajo la moderna técnica exigieron la aportación de enormes recursos. A la organización de la gran industria tuvo que unirse el desarrollo de la organización financiera.

Oro, plata y sistema monetario en economia

Fue preciso crear valores futuros. Para ello hubo que contar con la permanencia de los actuales: la estabilidad de la moneda hubo de ser básica en todo desarrollo ulterior.

jueves, 9 de febrero de 2017

El desarrollo del capitalismo (VI): la revolución de los medios de transporte y la creación del mercado mundial

En la era del mercantilismo habían conseguido adelantarse notablemente las potencias marítimas, merced a su situación costera y sus medios interiores de transporte: Holanda, por sus canales, e Inglaterra, por su cabotaje. Los restantes países se apresuraron a proporcionarse iguales ventajas. Inglaterra construyó su red de canales a partir del siglo XVIII. El canal construido por Brindley en 1758-65 para el duque de Bridgewater enlazó a Liverpool con Manchester y proporcionó mejor salida al carbón del duque. Merced al canal se abarataron los carbones de Manchester alrededor del 40%. En Inglaterra se dedicaron sociedades por acciones a la construcción de canales y caminos, percibiendo tasas por los mismos. En Francia sufragó el Estado con largueza los gastos de construcción de una red de caminos. Napoleón construyó como caminos militares las calzadas que salían de París, dedicando también su atención a la construcción de canales. Todavía reinando Luis Felipe se duplicó la red francesa de canales.

El ferrocarril como medio de transporte en economia
El ferrocarril supuso una revolución para el transporte de personas y mercancías.

Pero el ferrocarril inició una nueva era. Se había intentado, en un principio, dar mejor acceso al carbón mediante carriles de madera, que luego fueron sustituidos por otros de hierro. Los carros de carbón eran arrastrados, en un principio, por caballos o perros desde el pozo hasta la vía fluvial. Después se estableció la máquina de vapor. En 1825 se inauguró el primer ferrocarril entre Stockton y Darlington. En Alemania pedía vanamente Harkort, en el año 1826, un ferrocarril carbonero para el valle de Wupper. Fue una sorpresa que resultara ser la locomotora de Stephenson el medio más rápido de transporte, de suerte que en la primera línea de mayor importancia que el ferrocarril tenía para el aprovechamiento de los tesoros hulleros; proyectó para Alemania un plan de red ferroviaria uniforme que, en unión de la línea aduanera del Zollverein, debía ser la base de desarrollo de las fuerzas productivas alemanas. En 1839 pudo inaugurarse la línea de Leipzig a Dresden, fundada por él.